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Religiosas Siervas de la Pasión
Las Siervas de la Pasión es una Congregación Religiosa originaria de España con más de 120 años de historia en pro de la vida.


Por: Religiosas Siervas de la Pasión | Fuente: https://siervasdelapasionqro.wordpress.com



Las Siervas de la Pasión es una Congregación Religiosa originaria de España con más de 120 años de historia en pro de la vida.

La comunidad de Querétaro se establece canónicamente en la Diócesis de Querétaro el 16 de marzo de  1992.

 

Carisma y Misión
“Defensa de la Vida natural del niño y su incorporación a la Iglesia a través del Bautismo”

El niño tiene derecho divino a nacer, tiene derecho a una madre y a un padre unidos en matrimonio, tiene derecho a una vida familiar normal, a un crecimiento total. – Pablo VI, Juan Pablo II



 

Nuestra Misión:

Al Servicio de la Vida Humana en el aspecto natural y sobrenatural.

Esta misión la hemos recibido mediante la Madre Teresa, quien creyó que la Obra de las Siervas de la Pasión era Voluntad de Dios.

 



Apostolado:
Nos dedicamos comunitaria y personalmente a la implantación del Reino de Dios en sectores bien determinados de la Sociedad:

En primer lugar nos entregamos a diversas actividades allí donde corre peligro la vida de los niños, antes o después de nacer, y nos comprometemos a luchar contra las teorías, prácticas e instituciones que les niegan sus derechos, contra el aborto, el abandono de los recién nacidos, la educación de los infantes en ambientes que les perjudican para el futuro de sus vidas.


Estamos también al servicio de las madres rechazadas por la sociedad por carecer de vida matrimonial o haber fracasado en ella, para ofrecerles un nuevo hogar en el que puedan gozar de los beneficios de la vida familiar y de una buena Comunidad Cristiana.


Se complementa con el Servicio a los enfermos, viendo en ellos el rostro de Cristo.

 

Madre Fundadora

 

La Madre Teresa Gallifa y Palmarola nació el 21 de Junio de 1850, en San Hipólito de Voltregá (Barcelona, España). Su hogar fue escuela de Cristo. Acrisolada de niña en la adversidad, la configuró Cristo con Él, mostrándole la misión que en la Iglesia había de confiarle y cuánto tendría que sufrir.

Modélica en los diversos estados de su vida, fue de joven un ángel en carne humana. Casada, fue esposa enamorada que hizo de su marido un caballero cristiano. A pesar de que nunca llegó a ser monja, fundó la Congregación de las Siervas de la Pasión: apasionadas por Cristo y por sacar adelante a esas chicas que, una vez embarazadas, nadie quería. Teresa había trabajado en un taller textil y conocía el problema de cerca. Se casó y tuvo siete hijos que se le fueron muriendo por las enfermedades de la época: tifus, sarampión, pulmonía, aunque para ella todo en esta vida era voluntad del Señor. Al quedarse sola empezó la obra aprendiendo el oficio de matrona, eso sí,  alentando siempre a las parteras que tenían que bautizar al niño. Su vida de matrimonio le valió el aprendizaje para desarrollar la vocación a que Dios la tenía predestinada.

Ardió de caridad para con el prójimo, contagiándose de tifus, en San Hipólito, lavando en el río ropa de una familia apestada. Sintió amor de predilección por los niños, procurándoles, cuanto antes, la regeneración bautismal. Se dolía por la triste suerte de aquellas vidas en flor o ya avanzadas en su gestación, que eran víctimas inocentes de la malicia del mundo y de la inconsciencia de sus padres.

Abrió sus entrañas de madre amantísima a las jóvenes que, seducidas por la vanidad de sus sentidos, iban camino de la maternidad, repudiadas de propios y extraños. Para remedio de esa lacra social. se fundó en Barcelona el Asilo u Hogar de Santa Isabel. Las Religiosas Siervas de la Pasión, sus hijas, dilatan su obra.

Por amor a sus acogidas, mendigó de puerta en puerta; padeció humillaciones y desprecios, sombreándola la cruz de la maledicencia y de la calumnia. Consta históricamente que multiplicó la comida insuficiente que ella servía a sus acogidas. Tocando la región afectada, curó instantáneamente de cáncer a una hermana suya. Pasó toda la vida haciendo el bien.

Dos la dotó de un carácter ideal para la obra apostólica que le confiara. Fue enérgica y recta en materia de fe, de moral y de fidelidad a la Iglesia. Modelada según la Pasión del Señor, agotada físicamente y ardiendo como místico holocausto en olor de suavidad, durmióse para el Cielo, en Barcelona, el 17 de marzo de 1907.

SU HERENCIA SAGRADA

El preciado tesoro de la Obra de la Fundadora pervive activo y dinámico, con su espíritu, virtudes y carisma social. Lo encarnan, genuino y auténtico, sus Hijas las Siervas de la Pasión, adaptándolo fielmente a las exigencias evolutivas de nuestro tiempo. Ellas recuerdan, por siempre y para siempre, de qué cantera han sido talladas. He aquí por qué a imitación de su Fundadora siguen acogiendo, en sus Hogares, a las jóvenes gestantes y, en sus Residencias, a las madres solteras con sus retoños, para realizar lo que podríamos llamar “estrategia y operación de retorno y conversión”.

Para la realización de su misión, las Siervas de la Pasión tienen en Barcelona, Valencia y Vigo (España) tres Hogares y Residencias, así como otro más en Celaya (México).

CAMINO DE LOS ALTARES

La Madre Teresa Gallifa va camino de los altares. Esta es una gran noticia, señal evidente de que su Obra es de Dios y del agrado de la Santa Sede. Con fecha de 22-2-72, Roma autorizaba la iniciación del Proceso diocesano de beatificación constituyéndose, a tal efecto, la Comisión correspondiente, nombrada por el señor Cardenal-Arzobispo de Barcelona, Dr. Jubany.

Forman legión las personas que, invocando a la Madre Teresa, en trances apurados – como gestaciones, alumbramientos, enfermedades propias o de sus pequeños – han experimentado su valiosa protección.

Origen de la Congregación

La Congregación de Religiosas Siervas de la Pasión fue fundada cropped-cropped-escudo1.jpgen la Iglesia por la Sierva de
Dios Teresa Gallifa Palmarola, el 25 de octubre de 1886 en la ciudad y diócesis de Vic, provincia de Barcelona – España – y es de derecho Pontificio.

El Espíritu Santo inspiró a la Madre Fundadora una misión apostólica específica, no como algo personal, sino como forma comunitaria dentro de la Iglesia para la gloria de Dios, la santificación de sus miembros y el servicio de las almas.