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¿Cuándo triunfa la democracia?
¿Cómo distinguir entre el fracaso y el triunfo en una democracia?


Por: Fernando Pascual, L.C. | Fuente: Analisis y Actualidad



Unas elecciones o un referéndum. Tras el resultado, algunos lanzan las famosas frases: “ha vencido la democracia”; “ha sido un triunfo de las urnas”.
 
Hablar así supone que también existen fracasos, pues declarar un triunfo solo es posible si existe el riesgo de la derrota. ¿Cómo distinguir entre el fracaso y el triunfo en una democracia?
 
Aquí las respuestas pueden ser muy diferentes. Para algunos, la democracia triunfa si el alcanza un buen nivel participativo. ¿Entonces sería un fracaso la baja participación, aunque luego implique decisiones importantes?
 
Otros pensarán que una democracia alcanza la victoria cuando a través de la misma son elegidos buenos candidatos y programas justos. Pero, ¿quién determina si realmente los candidatos y los programas son buenos?
 
No faltará quien diga que la democracia vence cuando se escoge lo que a él le gusta, y que fracasa si los votos van hacia la dirección opuesta. Lo cual, aunque parezca extraño, es admitido por algunos historiadores y por no pocos periodistas...
 
Habría un modo de considerar el triunfo en una democracia que podría ser compartido por muchos: hay victoria si se toman decisiones justas y eficaces, decisiones elegidas por una mayoría de la población que garantiza cohesión social y fuerza para ponerlas en marcha.
 
Lo anterior, desde luego, parece un ideal difícilmente alcanzable. En parte, porque en muchas democracias existe una clara división entre los votantes. En parte, quizá de modo principal, porque es muy difícil reconocer, a la hora del recuento de votos, si realmente lo decidido por la mayoría va a beneficiar al país en cuestión.
 
¿Cuándo triunfa la democracia? No es fácil dar con la respuesta. O, quizá, hay otros aspectos que merecen nuevas reflexiones, para ver si realmente las leyes electorales y los modos de trabajar de parlamentos y gobiernos que actualmente se practican en muchos Estados sean realmente adecuados para promover lo que es el fin de la sana política: construir sociedades justas y respetuosas de los derechos fundamentales de todos

 

 

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