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Un sendero, un corazón, un regalo.
Mateo 3, 1-12. II Domingo de Adviento. Ciclo A. Él los bautizará en el Espíritu Santo


Por: H. Javier Castellanos LC | Fuente: www.missionkits.org



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

María, enséñame a recibir a Jesús como tú lo recibiste. Ruega por mí y por toda la Iglesia. En esta oración, ayúdame a escuchar la voz del Señor que ya viene, y buscar agradarle a lo largo de este día.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)



Del santo Evangelio según san Mateo 3, 1-12

En aquel tiempo, comenzó Juan el Bautista a predicar en el desierto de Judea, diciendo: "Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”. Juan es aquel de quien el profeta Isaías hablaba, cuando dijo: Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos.

Juan usaba una túnica de pelo de camello, ceñida con un cinturón de cuero, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre. Acudían a oírlo los habitantes de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región cercana al Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el río.

Al ver que muchos fariseos y saduceos iban a que los bautizara, les dijo: "Raza de víboras, ¿quién les ha dicho que podrán escapar al castigo que les aguarda? Hagan ver con obras su conversión y no se hagan ilusiones pensando que tienen por padre a Abraham, porque yo les aseguro que hasta de estas piedras puede Dios sacar hijos de Abraham. Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé fruto, será cortado y arrojado al fuego"

"Yo los bautizo con agua, en señal de que ustedes se han convertido; pero el que viene después de mí, es más fuerte que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. Él los bautizará en el Espíritu Santo y su fuego. Él tiene el bieldo en su mano para separar el trigo de la paja. Guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se extingue".

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

¿Qué encontrarás, Jesús, al nacer? Seguro te va a encantar ver luces por todas partes, árboles decorados, cantos y regalos… Pero te gustará mucho más aún encontrar un obsequio especialmente para Ti en esta Navidad: un corazón preparado para recibirte…

Has querido hacerte en todo semejante al hombre, menos en el pecado. Y dentro de unas semanas veremos el comienzo de esta vida humana: te haces un bebé, alguien vulnerable, pequeño, necesitado de aprendizaje. Junto con María, tu Madre, quiero recibirte de la mejor manera posible. Mi vida y mi alma no son perfectos, pero puedes encontrar en ellos el amor y el deseo de acogerte.

Aun siendo verdadero hombre, eres mi Dios. Yo creo en Ti, Señor, y por eso mi amor a Ti también se expresa en el deseo de cumplir tu voluntad. Te quiero recibir con el regalo de una vida nueva, apartada de todo pecado y orientada al bien. Quiero preparar el camino para que entres en mi corazón, enderezar el sendero para acercarme a Ti.

Tú, Señor, conoces mi debilidad para convertirme sinceramente. Ayúdame con tu gracia, para que estos deseos de acogerte se conviertan en frutos concretos. ¡Venga tu Reino en mi corazón! ¡Ven, Señor Jesús, no tardes!

«Juan Bautista, el más grande de los profetas nos enseña una regla fundamental de la vida cristiana: hacernos pequeños con humildad para que sea el Señor quien crezca. Es este el estilo de Dios, diverso del estilo de los hombres.»
(Homilía de S.S. Francisco, 5 de febrero de 2016, en Santa Marta).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Procuraré vivir este domingo abierto a los demás, buscando servir a Cristo en mi prójimo.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

 




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