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Pregúntale al Catecismo
Acaercarnos a este Libro es vital para entender nuestra Fe

Por razones parecidas a que todos los cristianos debemos tener una Biblia a mano para leer, consultar y meditar, debemos tener el Catecismo de la Iglesia Católica como libro de consulta.


Por: Javier Ordovás | Fuente: Catecismo de la Iglesia Católica



Presentación

  1. ¿Cómo y por qué se redactó el Catecismo? ?
  2. Estructura del Catecismo ?
  3. ¿Por qué Dios se encarnó? ?
  4. 30 años de vida normal ?
  5. Estamos asociados al Sacrificio de Jesucristo ?
  6. Fieles laicos ?
  7. Arte sacro ?
  8. ¿Tienes clara la conciencia? ?
  9. ¿Hasta dónde puede llegar el Estado? ?
  10.  Respeto a la verdad

Presentación

Por razones parecidas a que todos los cristianos debemos tener una Biblia a mano para leer, consultar y meditar, debemos tener el Catecismo de la Iglesia Católica como libro de consulta.

Aparte de las distintas versiones impresas en cada idioma, lo tenemos disponible en la red, en:

http://www.vatican.va/archive/ccc/index_sp.htm en bastantes idiomas y en dos versiones:



La versión oficial con 2.865 puntos y la versión reducida (Compendio) con 598 preguntas.

El Catecismo es un verdadero tratado de fe y moral, de contenidos profundos, acumulados durante veinte siglos, de ciencia teológica, filosófica y bíblica. Es un libro muy denso destinado originariamente a expertos, para su posterior difusión y divulgación.

Por eso hay que leerlo estudiándolo, con dedicación. Hay que leerlo despacio, poco a poco; es un libro de consulta.

Este escrito es simplemente la selección de unos cuántos temas, de los miles del Catecismo, para que el lector pueda comprobar que ahí va a encontrar muchas respuestas a sus preguntas.

Basta con tenerlo a mano y “curiosear” los índices. Javier Ordovás?www.javierordovas.blogspot.com regalameelcielo@gmail.com



1. San Juan Pablo II nos explica cómo y porqué se redactó el Catecismo de la Iglesia Católica

En la Constitución Apostólica “Fidei depositum”

El Catecismo de la Iglesia Católica es una profunda y sólida exposición de la fe y la moral católica, un excelente tratado de teología dogmática, fruto de veinte siglos de vida e investigación teológica cristiana.

El Papa Juan Pablo II nos explica en la Constitución Apostólica “Fidei depositum”, cómo y porqué re redacto y publicó. Estos son algunos párrafos seleccionados de dicha Constitución firmada por el Papa Juan Pablo II el 11- 10-1992:

Desde su clausura, el Concilio no ha cesado de inspirar la vida eclesial. En 1985, yo pude afirmar: «Para mí —que tuve la gracia especial de participar en él y colaborar activamente en su desarrollo—, el Vaticano II ha sido siempre, y es de una manera particular en estos años de mi pontificado, el punto constante de referencia de toda mi acción pastoral, en un esfuerzo consciente por traducir sus directrices en aplicaciones concretas y fieles, en el seno de cada Iglesia particular y de toda la Iglesia Católica. Es preciso volver sin cesar a esa fuente»

En este espíritu, el 25 de enero de 1985 convoqué una asamblea extraordinaria del Sínodo de los Obispos, con ocasión del vigésimo aniversario de la clausura del Concilio. El fin de esta asamblea era dar gracias y celebrar los frutos espirituales del concilio Vaticano II, profundizando en sus enseñanzas para una más perfecta adhesión a ellas y promoviendo el conocimiento y aplicación de las mismas por parte de todos los fieles cristianos.

En la celebración de esta asamblea, los padres del Sínodo expresaron el deseo de que fuese redactado un Catecismo o compendio de toda la doctrina católica, tanto sobre la fe como sobre la moral, que sería como el punto de referencia para los catecismos o compendios que se redacten en

los diversos países. La presentación de la doctrina debería ser bíblica y litúrgica, exponiendo una doctrina segura y, al mismo tiempo, adaptada a la vida actual de los cristianos. Desde la clausura del Sínodo, hice mío este deseo juzgando que «responde enteramente a una verdadera necesidad de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares».

De todo corazón hay que dar gracias al Señor, en este día en que podemos ofrecer a toda la Iglesia, con el título de «Catecismo de la Iglesia Católica», este «texto de referencia» para una catequesis renovada en las fuentes vivas de la fe.

Un Catecismo debe presentar fiel y orgánicamente la enseñanza de la Sagrada Escritura, de la Tradición viva de la Iglesia y del Magisterio auténtico, así como la herencia espiritual de los Padres, de los santos y santas de la Iglesia, para que se conozcan mejor los misterios cristianos y se reavive la fe del Pueblo de Dios. Debe recoger aquellas explicitaciones de la doctrina que el Espíritu Santo ha sugerido a la Iglesia a lo largo de los siglos. Es preciso también que ayude a iluminar con la luz de la fe las situaciones nuevas y los problemas que en el pasado aún no se habían planteado.

El Catecismo, por tanto, contiene «lo nuevo y lo viejo» (cf. Mt 13, 52), pues la fe es siempre la misma y fuente siempre de luces nuevas.

Pido, por tanto, a los pastores de la Iglesia, y a los fieles, que reciban este Catecismo con espíritu de comunión y lo utilicen constantemente cuando realicen su misión de anunciar la fe y llamar a la vida evangélica. Este Catecismo les es dado para que les sirva de texto de referencia seguro y auténtico en la enseñanza de la doctrina católica, y muy particularmente, para la composición de los catecismos locales. Se ofrece también, a todos aquellos fieles que deseen conocer mejor las riquezas inagotables de la salvación (cf. Jn 8, 32)

Este Catecismo no está destinado a sustituir los catecismos locales debidamente aprobados por las autoridades eclesiásticas, los Obispos diocesanos o las Conferencias episcopales, sobre todo cuando estos catecismos han sido aprobados por la Sede Apostólica. El Catecismo de la Iglesia Católica se destina a alentar y facilitar la redacción de nuevos catecismos locales que tengan en cuenta las diversas situaciones y culturas, siempre que guarden cuidadosamente la unidad de la fe y la fidelidad a la doctrina católica.

 

2. El Catecismo de la Iglesia Católica: libro de consulta

Exposición orgánica de la fe y la moral católica en 2.865 puntos.

La Biblia, con el Antiguo y Nuevo Testamento, es un libro que todo cristiano debe tener en su casa, para leer, consultar, meditar y rezar diariamente.

Lo mismo pasa con el Catecismo: necesitamos tener un ejemplar de la versión oficial del Catecismo de la Iglesia Católica para consultarlo y estudiarlo frecuentemente.

Se puede tener y consultar esa versión, en distintos idiomas, en http://www.vatican.va/archive/ccc/index_sp.htm

En realidad, la versión oficial está dirigida a personas con cierta preparación teológica y filosófica (Obispos, sacerdotes, profesores, catequistas, etc.) pero, todos la debemos conocer, y consultar aunque haya contenidos que no acabemos de entender bien por falta de capacitación. De hecho, esa versión es como la guía de seguridad para las versiones “populares” del catecismo.

De ese “texto maestro” se van realizando versiones divulgativas que se orientan a la catequesis de distintos tipos de personas: jóvenes, niños, adultos, catequistas,... Por ejemplo, la Conferencia Episcopal Española tiene un catecismo para la iniciación sacramental de niños y adolescentes; de igual manera otras Conferencias Episcopales.

Por eso, en el prólogo de esta versión oficial, se dan una serie de indicaciones prácticas para su uso:

         -  Este catecismo está concebido como una exposición orgánica de toda la fe católica. Es preciso, por tanto, leerlo como una unidad. Por ello, en los márgenes del texto se remite al lector frecuentemente a otros lugares (señalados por números más pequeños y que se refieren a su vez a otros párrafos que tratan del mismo tema) y, con ayuda del índice analítico al final del volumen, se permite ver cada tema en su vinculación con el conjunto de la fe. ?

         -  Con frecuencia, los textos de la sagrada Escritura no son citados literalmente, sino indicando sólo la referencia (mediante cf.). Para una inteligencia más profunda de esos pasajes, es preciso recurrir a los textos mismos. Estas referencias bíblicas son un instrumento de trabajo para la catequesis. ?

         -  Cuando, en ciertos pasajes, se emplea letra pequeña, con ello se indica que se trata de puntualizaciones de tipo histórico, apologético o de exposiciones doctrinales complementarias. ?

         -  Las citas, en letra pequeña, de fuentes patrísticas, litúrgicas, magisteriales o hagiográficas tienen como fin enriquecer la exposición doctrinal. Con frecuencia estos textos han sido escogidos con miras a un uso directamente catequético. ?

         -  Al final de cada unidad temática, una serie de textos breves resumen en fórmulas condensadas lo esencial de la enseñanza. Estos "resúmenes" tienen como finalidad ofrecer sugerencias para fórmulas sintéticas y memorizables en la catequesis de cada lugar. ?La estructura del "Catecismo de la Iglesia Católica" ?El plan de este catecismo se inspira en la gran tradición de los catecismos, los cuales articulan la catequesis en torno a cuatro "pilares": la profesión de la fe bautismal (el Símbolo), los sacramentos de la fe, la vida de fe (los Mandamientos), la oración del creyente (el Padre Nuestro). ?Primera parte: la profesión de la fe ?Los que por la fe y el Bautismo pertenecen a Cristo deben confesar su fe bautismal delante de los hombres (cf. Mt 10,32; Rom 10,9). Para esto, el catecismo expone en primer lugar en qué consiste la Revelación por la que Dios se dirige y se da al hombre, y la fe, por la cual el hombre responde a Dios. El Símbolo de la fe resume los dones que Dios hace al hombre como Autor de todo bien, como Redentor, como Santificador y los articula en torno a los "tres capítulos" de nuestro Bautismo —la fe en un solo Dios: el Padre Todopoderoso, el Creador; y Jesucristo, su Hijo, nuestro Señor y Salvador; y el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia. ?

Segunda parte: Los sacramentos de la fe

La segunda parte del catecismo expone cómo la salvación de Dios, realizada una vez por todas por Cristo Jesús y por el Espíritu Santo, se hace presente en las acciones sagradas de la liturgia de la Iglesia, particularmente en los siete sacramentos.

Tercera parte: La vida de fe

La tercera parte del catecismo presenta el fin último del hombre, creado a imagen de Dios: la bienaventuranza, y los caminos para llegar a ella: mediante un obrar recto y libre, con la ayuda de la ley y de la gracia de Dios; mediante un obrar que realiza el doble mandamiento de la caridad, desarrollado en los diez mandamientos de Dios.

Cuarta parte: La oración en la vida de la fe

La última parte del catecismo trata del sentido y la importancia de la oración en la vida de los creyentes. Se cierra con un breve comentario de las siete peticiones de la oración del Señor. En ellas, en efecto, encontramos la suma de los bienes que debemos esperar y que nuestro Padre celestial quiere concedernos.

Los índices

El texto contiene tres prácticos índices, muy útiles para localizar temas y relacionarlos:

Índice de textos

Índice temático

Índice general

3. Por qué Dios se hizo hombre

La Iglesia nos da cuatro grandes razones

Necesitamos, de vez en cuando, repasar nuestras verdades fundamentales porque eso nos ayuda a fortalecer nuestros cimientos.

Cuando recitamos el Credo decimos: "Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre".

La Iglesia llama "Encarnación" al hecho de que el Hijo de Dios haya asumido una naturaleza humana para llevar a cabo por ella nuestra salvación.

San Pablo, en Flp 2, 5-8 «Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo: el cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz»

San Gregorio de Nisa, Padre de la Iglesia, escribe en su hermosa “Oración Catequética” que nos introduce en el tema:

«Nuestra naturaleza enferma exigía ser sanada; desgarrada, ser restablecida; muerta, ser resucitada. Habíamos perdido la posesión del bien, era necesario que se nos devolviera. Encerrados en las tinieblas, hacía falta que nos llegara la luz; estando cautivos, esperábamos un salvador; prisioneros, un socorro; esclavos, un libertador. ¿No tenían importancia estos razonamientos? ¿No merecían conmover a Dios hasta el punto de hacerle bajar hasta nuestra naturaleza humana para visitarla, ya que la humanidad se encontraba en un estado tan miserable y tan desgraciado?»

En el Catecismo, se nos presentan estas cuatro grandes razones:

El Verbo se encarnó para salvarnos reconciliándonos con Dios: "Dios nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados" (1 Jn 4, 10). "El Padre envió a su Hijo para ser salvador del mundo" (1 Jn 4, 14). "Él se manifestó para quitar los pecados" (1 Jn 3, 5)

El Verbo se encarnó para que nosotros conociésemos así el amor de Dios: "En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él" (1 Jn 4, 9). "Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna" (Jn 3, 16).

El Verbo se encarnó para ser nuestro modelo de santidad: "Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí... "(Mt 11, 29). "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí" (Jn 14, 6). Él es, en efecto, el modelo de las bienaventuranzas y la norma de la Ley nueva: "Amaos los unos a los otros como yo os he amado" (Jn 15, 12). Este amor tiene como consecuencia la ofrenda efectiva de sí mismo (Mc 8, 34).

El Verbo se encarnó para hacernos "partícipes de la naturaleza divina": "Porque tal es la razón por la que el Verbo se hizo hombre, y el Hijo de Dios, Hijo del hombre: para que el hombre al entrar en comunión con el Verbo y al recibir así la filiación divina, se convirtiera en hijo de Dios" (San Ireneo de Lyon)

"Porque el Hijo de Dios se hizo hombre para hacernos Dios" (San Atanasio de Alejandría).

"El Hijo Unigénito de Dios, queriendo hacernos partícipes de su divinidad, asumió nuestra naturaleza, para que, habiéndose hecho hombre, hiciera dioses a los hombres" (Santo Tomás de Aquino)

La fe en la verdadera encarnación del Hijo de Dios es el signo distintivo de la fe cristiana: "Podréis conocer en esto el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios" (1 Jn 4, 2). Esa es la alegre convicción de la Iglesia desde sus comienzos cuando canta "el gran misterio de la piedad": "Él ha sido manifestado en la carne" (1 Tm 3, 16).

4. Jesús, el hijo del carpintero, 30 años de vida ordinaria, el 90% de su vida.

El valor extraordinario, santificador de la vida corriente de un cristiano. Hay muchos cristianos no declarados santos pero lo son.

Hasta la edad de 30 años en que Cristo inició su actividad pública, permaneció en el seno de su familia, en el ejercicio de su modesta profesión de carpintero, heredada de José, su padre.

Los evangelistas, biógrafos de Jesús, no narran más de sus primeros 30 años porque no había más que relatar.

La redención del género humano lograda por Cristo, culmina con su muerte y resurrección pero, toda la vida de Cristo es redentora, todos sus actos nos han redimido. Los 30 años de vida ordinaria de Jesucristo son redentores y son ejemplo, modelo, para los cristianos.

Aunque se suele llamar a ese período de su vida, “vida oculta” no es porque la ocultara sino, simplemente porque no aparece nada destacable, todo es ordinario: familia, trabajo, relación con parientes amigos, vecinos, clientes,...

El Catecismo en el n. 531 nos dice: Jesús compartió, durante la mayor parte de su vida, la condición de la inmensa mayoría de los hombres: una vida cotidiana sin aparente importancia, vida de trabajo manual, vida religiosa judía sometida a la ley de Dios (cf. Ga 4, 4), vida en la comunidad. De todo este período se nos dice que Jesús estaba "sometido" a sus padres y que "progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres" (Lc 2, 51-52).

Y en 533: La vida oculta de Nazaret permite a todos entrar en comunión con Jesús a través de los caminos más ordinarios de la vida humana:

«Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio. [...] Finalmente, aquí aprendemos también la lección del trabajo. Nazaret, la casa del "hijo del

Artesano": cómo deseamos comprender más en este lugar la austera pero redentora ley del trabajo humano y exaltarla debidamente. [...] Queremos finalmente saludar desde aquí a todos los trabajadores del mundo y señalarles al gran modelo, al hermano divino

Es lógico que fijemos nuestra atención en los sorprendentes acontecimientos de la vida pública de Cristo y en lo llamativo de la vida ejemplar de muchos cristianos declarados como modelos de santidad pero, a lo largo de la historia, hay muchos cristianos no declarados santos, pero que lo son por haber vivido cristianamente una vida corriente.

La familia, el trabajo, la calle,... son “los templos” donde el cristiano busca y encuentra a Dios, es la vida real lo que se cristianiza, no hay otra vida.

El cristiano no vive en la parroquia, sino en la vida real. Esa es la actitud de ?salir ? de la que nos habla el Papa Francisco. Se podría decir que no tenemos que ?salir ? porque ya estábamos fuera, intentando ser ?sal y luz ?.

Los resultados, la eficacia de la Iglesia y de una parroquia, no están el número de asistentas a actividades parroquiales, sino en el número de fieles que están cristianizando la sociedad: en el cumplimiento de los muchos deberes familiares, sociales y profesionales. Los cristianos van al templo para fortalecerse en la doctrina y recibir la gracia de Dios a través de los sacramentos, lo que les da fortaleza para cristianizar su propio entorno.

Desde que se levanta hasta que se acuesta, un cristiano tiene un panorama enorme para enriquecer su persona y embellecer su entorno. Casi sin darse cuenta tiene la oportunidad de desplegar el arsenal de valores a aplicar en cada uno de las pequeñas acciones y decisiones que se toman cada día.

Cumplir cristianamente con los deberes familiares, profesionales, sociales, de amistad,... es el único camino de santidad completa para los cristianos. Esa vida es heroica, es santa.

Y,... la guinda final: el acabado de la sencillez. Cuando el Papa Francisco dice que no hay que ser héroes, sino hacer actos humildes, seguramente se refiere a eso. La vida de cada día está llena de esos actos humildes, realizados con sencillez, que no destacan, no llaman la atención pero, son un verdadero despliegue de valores humanos.

Así es como se cristianiza la sociedad entera, desde dentro. Y ese es el único espacio del cristiano, no hay otro.

5. ¿Estamos asociados al sacrificio de Jesucristo?

Los fieles corrientes ejercen un “sacerdocio santo”, en y por Jesucristo.

Muchas veces los cristianos ignoramos la alta responsabilidad y dignidad a la que Cristo nos ha llamado o, quizás, preferimos ignorarlo para evadir nuestra responsabilidad. Sin embargo, Cristo nos ha asociado, nos hace colaboradores de su redención. Por eso, el Catecismo nos recuerda la alta dignidad a la que hemos sido llamados:

618: La Cruz es el único sacrificio de Cristo "único mediador entre Dios y los hombres" (1 Tm 2, 5). Pero, porque en su Persona divina encarnada, "se ha unido en cierto modo con todo hombre". Él "ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de Dios sólo conocida [...] se asocien a este misterio pascual". Él llama a sus discípulos a "tomar su cruz y a seguirle" (Mt 16, 24) porque Él "sufrió por nosotros dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas" (1 P 2, 21). Él quiere, en efecto, asociar a su sacrificio redentor a aquellos mismos que son sus primeros beneficiarios (cf. Mc 10, 39; Jn 21, 18-19; Col 1, 24). Eso lo realiza en forma excelsa en su Madre, asociada más íntimamente que nadie al misterio de su sufrimiento redentor (cf. Lc 2, 35).

Estos son los textos de las citas anteriores del Catecismo: Mt 16,24:

«El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”.

1P 2: “también vosotros, a manera de piedras vivas, sois edificados como una casa espiritual, para ejercer un sacerdocio santo y ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo”.

1 P 21: “A esto habéis sido llamados, porque también Cristo padeció por vosotros, y os dejó un ejemplo a fin de que sigáis sus huellas”.

Mc 10,39: “Podemos», le respondieron. Entonces Jesús agregó: “Vosotros beberéis el cáliz que yo beberé y recibiréis el mismo bautismo que yo”.

Jn 21,18-19: “Te aseguro que cuando eras joven tú mismo te vestías e ibas adonde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras. 19 De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios”.

Col 1,24: “Ahora me alegro de poder sufrir por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia”.

Col 1,29: “que os ha concedido la gracia, no solamente de creer en Cristo, sino también de sufrir por él”.

Lc 2,35: “y a ti misma una espada te atravesará el corazón”.

Todos los cristianos son correctamente llamados a ser imitadores, colaboradores o “corredentores” con Jesucristo (Col 1:24) en la recepción y cooperación con la gracia necesaria, para la propia redención y la redención de otros. Los fieles corrientes ejercen un “sacerdocio santo”, en y por Jesucristo (único mediador).

6. Los fieles laicos se encuentran en la línea más avanzada de la vida de la Iglesia.

La vocación de los laicos: cristianizar todas las realidades humanas

Si en el mundo hay actualmente 1.165 millones de católicos, la gran mayoría de ellos son laicos, muchos de ellos mujeres y hombres casados y, un pequeño porcentaje de sacerdotes y religiosos.

Con frecuencia, “los de a pie” cargamos el peso y la responsabilidad de la Iglesia sobre la Jerarquía, olvidándonos de que el pueblo de Dios, somos los que estamos “ahí fuera”.

Una prueba de ese protagonismo dentro de la Iglesia se recoge en los 16 puntos que dedica el Catecismo a recordarnos que tenemos una verdadera vocación cristiana., desde el no 897 hasta el 913. Veamos la selección de algunos de esos textos:

La vocación de los laicos: cristianizar las realidades temporales

898: "Los laicos tienen como vocación propia el buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios [...] A ellos de manera especial corresponde iluminar y ordenar todas las realidades temporales, a las que están estrechamente unidos, de tal manera que éstas lleguen a ser según Cristo, se desarrollen y sean para alabanza del Creador y Redentor".

899:...«Los fieles laicos se encuentran en la línea más avanzada de la vida de la Iglesia; por ellos la Iglesia es el principio vital de la sociedad...

900: “Los laicos...tienen la obligación y gozan del derecho, individualmente o agrupados en asociaciones, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres y en toda la tierra; ésta obligación es tanto más apremiante cuando sólo por medio de ellos los demás hombres pueden oír el Evangelio y conocer a Cristo. En las

comunidades eclesiales, su acción es tan necesaria que, sin ella, el apostolado de los pastores no puede obtener en la mayoría de las veces su plena eficacia.

La vida corriente es sacrificio agradable a Dios

901: "... En efecto, todas sus obras, oraciones, tareas apostólicas, la vida conyugal y familiar, el trabajo diario, el descanso espiritual y corporal, si se realizan en el Espíritu, incluso las molestias de la vida, si se llevan con paciencia, todo ello se convierte en sacrificios espirituales agradables a Dios por Jesucristo...”

902:“De manera particular, los padres participan de la misión de santificación "impregnando de espíritu cristiano la vida conyugal y procurando la educación cristiana de los hijos".

El apostolado del buen ejemplo y la palabra

905: Los laicos cumplen también su misión profética evangelizando, con "el anuncio de Cristo comunicado con el testimonio de la vida y de la palabra". En los laicos, "esta evangelización [...] adquiere una nota específica y una eficacia particular por el hecho de que se realiza en las condiciones generales de nuestro mundo".

«Este apostolado no consiste sólo en el testimonio de vida; el verdadero apostolado busca ocasiones para anunciar a Cristo con su palabra, tanto a los no creyentes [...] como a los fieles».

907: "Los laicos tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia...

Cristianizar las estructuras humanas

909: "Los laicos, además, juntando también sus fuerzas, han de sanear las estructuras y las condiciones del mundo... y favorezcan en vez de impedir la práctica de las virtudes. Obrando así, impregnarán de valores morales toda la cultura y las realizaciones humanas".

912: “Los fieles... en cualquier cuestión temporal han de guiarse por la conciencia cristiana. En efecto, ninguna actividad humana, ni siquiera en los asuntos temporales, puede sustraerse a la soberanía de Dios".

7. El arte, una forma de manifestar la verdad

La belleza de la verdad ha inspirado a muchos artistas porque fue Dios quien creó la belleza.

Dios, Jesucristo, la verdad, los santos, por la belleza que poseen y reflejan han sido la fuente de inspiración de muchos artistas en música, pintura, arquitectura, escultura, literatura, poesía, fotografía, cine, teatro,...

El arte es un valor humano en sí, que se siente atraído por la verdad completa del hombre, que alcanza su dimensión trascendente y espiritual. Todas las religiones han inspirado artistas. El arte de todos los tiempos está repleto de obras maestras cristianas, es decir, inspiradas en la verdad que Cristo nos ha revelado que se añade a la atractiva verdad natural con que Dios nos creó.

El Catecismo curiosamente habla del arte dentro de los capítulos dedicados a la verdad, en concreto el capítulo VI se denomina “Verdad, belleza y arte sacro”, del que seleccionamos algunos textos:

2500 La práctica del bien va acompañada de un placer espiritual gratuito y de belleza moral. De igual modo, la verdad entraña el gozo y el esplendor de la belleza espiritual. La verdad es bella por sí misma. La verdad de la palabra, expresión racional del conocimiento de la realidad creada e increada, es necesaria al hombre dotado de inteligencia, pero la verdad puede también encontrar otras formas de expresión humana, complementarias, sobre todo cuando se trata de evocar lo que ella entraña de indecible, las profundidades del corazón humano, las elevaciones del alma, el Misterio de Dios. Antes de revelarse al hombre en palabras de verdad, Dios se revela a él, mediante el lenguaje universal de la Creación, obra de su Palabra, de su Sabiduría: el orden y la armonía del cosmos, que percibe tanto el niño como el hombre de ciencia, “pues por la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor” (Sb 13, 5), “pues fue el Autor mismo de la belleza quien las creó” (Sb 13, 3).

2501 El hombre, “creado a imagen de Dios” (Gn 1, 26), expresa también la verdad de su relación con Dios Creador mediante la belleza de sus obras artísticas. El arte, en efecto, es una forma de expresión propiamente humana; por encima de la satisfacción de las necesidades vitales, común a todas las criaturas vivas, el arte es una sobreabundancia gratuita de la riqueza interior del ser humano. Este brota de un talento concedido por el Creador y del esfuerzo del hombre, y es un género de sabiduría práctica, que une conocimiento y habilidad (cf Sb 7, 16-17) para dar forma a la verdad de una realidad en lenguaje accesible a la vista y al oído. El arte entraña así cierta semejanza con la actividad de Dios en la creación, en la medida en que se inspira en la verdad y el amor de los seres. Como cualquier otra actividad humana, el arte no tiene en sí mismo su fin absoluto, sino que está ordenado y se ennoblece por el fin último del hombre.

2502 El arte sacro es verdadero y bello cuando corresponde por su forma a su vocación propia: evocar y glorificar, en la fe y la adoración, el Misterio trascendente de Dios, Belleza sobreeminente e invisible de Verdad y de Amor, manifestado en Cristo,... El arte sacro verdadero lleva al hombre a la adoración, a la oración y al amor de Dios Creador y Salvador, Santo y Santificador.

2503 Por eso los obispos deben personalmente o por delegación vigilar y promover el arte sacro antiguo y nuevo en todas sus formas, y apartar con la misma atención religiosa de la liturgia y de los edificios de culto todo lo que no está de acuerdo con la verdad de la fe y la auténtica belleza del arte sacro.

Y en el Capítulo II, hablando de la liturgia, nos habla de la música sacra:

«El que canta, reza dos veces» (San Agustín). Canto y música

En los Evangelios de Mateo 26:30 y Marcos 14:26 dicen que Jesús junto a sus discípulos entonaron un himno antes de que él se entregara para ser crucificado, por medio de Judas. El apóstol Pablo en el libro de los Efesios 5:19 exhorta a la iglesia de Éfeso a entonar salmos, Himnos y canciones espirituales al Señor. En la Epístola a los colosenses 3:16 el mismo Pablo urge a la iglesia de Colosas para enseñar y amonestarse unos a otros, con himnos y cantos espirituales.

1156 "La tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor inestimable que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la liturgia solemne" . La composición y el canto de salmos inspirados, con frecuencia acompañados de instrumentos musicales, estaban ya estrechamente ligados a las celebraciones litúrgicas de la Antigua Alianza.

1157 El canto y la música cumplen su función de signos de una manera tanto más significativa cuanto "más estrechamente estén vinculadas a la acción litúrgica", según tres criterios principales: la belleza expresiva de la oración, la participación unánime de la asamblea en los momentos previstos y el carácter solemne de la celebración.

1158 La armonía de los signos (canto, música, palabras y acciones) es tanto más expresiva y fecunda cuanto más se expresa en la riqueza cultural propia del pueblo de Dios que celebra. Por eso "foméntese con empeño el canto religioso popular, de modo que en los ejercicios piadosos y sagrados y en las mismas acciones litúrgicas", conforme a las normas de la Iglesia "resuenen las voces de los fieles". Pero "los textos destinados al canto sagrado deben estar de acuerdo con la doctrina católica; más aún, deben tomase principalmente de la Sagrada Escritura y de las fuentes litúrgicas".

8. ¿Tienes clara la conciencia? Pregúntale al Catecismo.

El Catecismo es una de las fuentes para educar tu conciencia?.?El Catecismo abreviado (Compendio) está planteado en forma de 598 preguntas para hacerlo más atractivo. La lectura y consulta del Catecismo es una forma excelente de adquirir formación y explicar los “por qué” de la fe y la moral.?Ver en: http://www.vatican.va/archive/index_sp.htm?Al Catecismo podemos plantearle muchas de nuestras preguntas. ¿Qué nos dice el Catecismo acerca de la conciencia??La dignidad de la persona incluye la rectitud de conciencia que supone la libertad y la correspondiente responsabilidad.

La conciencia recta y veraz se forma con la educación, con la asimilación de la Palabra de Dios, las enseñanzas de la Iglesia y la asistencia del Espíritu Santo y ayudada con los consejos de personas prudentes.?La conciencia debe seguir unas pautas de comportamiento que el Catecismo nos resume en tres normas.

A pesar de todo, la conciencia puede emitir juicios erróneos, en parte con culpabilidad personal.

Al final de cualquier decisión, el mejor juez que podemos tener es Dios que conoce perfectamente nuestra rectitud de intención y es Padre y misericordioso?A continuación tienes los puntos del Catecismo abreviado sobre este tema, con la referencia a los números del Catecismo extenso. Vale la pena que los eches un vistazo:

372. ¿Qué es la conciencia moral? (1776-1780), (1795-1797)?La conciencia moral, presente en lo íntimo de la persona, es un juicio de la razón, que en el momento oportuno, impulsa al hombre a hacer el bien y a

evitar el mal. Gracias a ella, la persona humana percibe la cualidad moral de un acto a realizar o ya realizado, permitiéndole asumir la responsabilidad del mismo. Cuando escucha la conciencia moral, el hombre prudente puede sentir la voz de Dios que le habla.

373. ¿Qué supone la dignidad de la persona en relación con la conciencia moral? (1780-1782), (1798)?La dignidad de la persona humana supone la rectitud de la conciencia moral, es decir que ésta se halle de acuerdo con lo que es justo y bueno según la razón y la ley de Dios. A causa de la misma dignidad personal, el hombre no debe ser forzado a obrar contra su conciencia, ni se le debe impedir obrar de acuerdo con ella, sobre todo en el campo religioso, dentro de los límites del bien común.

374. ¿Cómo se forma la conciencia moral para que sea recta y veraz?

(1783-1788), (1799-1800)?La conciencia recta y veraz se forma con la educación, con la asimilación de la Palabra de Dios y las enseñanzas de la Iglesia. Se ve asistida por los dones del Espíritu Santo y ayudada con los consejos de personas prudentes. Además, favorecen mucho la formación moral tanto la oración como el examen de conciencia.

375. ¿Qué normas debe seguir siempre la conciencia? (1789)?Tres son las normas más generales que debe seguir siempre la conciencia:

1) Nunca está permitido hacer el mal para obtener un bien. 2) La llamada Regla de oro: «Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos» (Mt7, 12). 3) La caridad supone siempre el respeto del prójimo y de su conciencia, aunque esto no significa aceptar como bueno lo que objetivamente es malo.

376. ¿Puede la conciencia moral emitir juicios erróneos?

(1790-1794), (1801-1802)?La persona debe obedecer siempre al juicio cierto de la propia conciencia, la cual, sin embargo, puede también emitir juicios erróneos, por causas no siempre exentas de culpabilidad personal. Con todo, no es imputable a la persona el mal cometido por ignorancia involuntaria, aunque siga siendo objetivamente un mal. Es necesario, por tanto, esforzarse para corregir la conciencia moral de sus errores.?.

9. ¿Hasta dónde puede llegar el Estado?

La Iglesia mantiene el principio de subsidiariedad

La polémica entre los límites de los derechos del Estado y de los individuos es histórica y universal y, lo seguirá siendo.

El hombre es naturalmente un ser destinado a la sociabilidad se agrupa en comunidades en distintos niveles. La presión de esas comunidades locales nacionales y supranacionales, con frecuencia extralimita sus competencias, limitando la dignidad y libertad del individuo como persona.

Distintos grupos ideológicos utilizan esas estructuras para imponer sus intereses y, como dijo Francisco recientemente, “hay colonizaciones ideológicas que destruyen”.

Por ejemplo, cuando el Papa Francisco dice que “hay una guerra mundial para destruir el matrimonio”, es un ejemplo de cómo entes supranacionales, manipulados por grupos ideológicos, intentan imponer una legislación que se enfrenta a los derechos de las familias, de los padres a educar a los hijos, de los centros de enseñanza a elegir su proyecto curricular o, de los individuos a exponer sus creencias religiosas. Por no mencionar la injerencia de algunos poderes públicos en la vida de los individuos a través de la información virtual.

Por ello, la Iglesia elaboró el principio de subsidiariedad que establece que

“una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior”.

En cuatro breves puntos el Catecismo nos resume y aclara hasta dónde puede llegar el Estado:

1883. “La socialización presenta también peligros. Una intervención demasiado fuerte del Estado puede amenazar la libertad y la iniciativa personales. La doctrina de la Iglesia ha elaborado el principio llamado de subsidiariedad. Según éste, “una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándole de sus competencias, sino que más bien debe sostenerle en caso de necesidad y ayudarle a coordinar su acción con la de los demás componentes sociales, con miras al bien común” (CA 48; Pío XI, enc. Quadragesimo anno).

1884. Dios no ha querido retener para Él solo el ejercicio de todos los poderes. Entrega a cada criatura las funciones que es capaz de ejercer, según las capacidades de su naturaleza. Este modo de gobierno debe ser imitado en la vida social. El comportamiento de Dios en el gobierno del mundo, que manifiesta tanto respeto a la libertad humana, debe inspirar la sabiduría de los que gobiernan las comunidades humanas. Estos deben comportarse como ministros de la providencia divina.

1885. El principio de subsidiariedad se opone a toda forma de colectivismo. Traza los límites de la intervención del Estado. Intenta armonizar las relaciones entre individuos y sociedad. Tiende a instaurar un verdadero orden internacional.

1894. Según el principio de subsidiariedad, ni el Estado ni ninguna sociedad más amplia deben suplantar la iniciativa y la responsabilidad de las personas y de las corporaciones intermedias.

10. El respeto a la verdad y el uso de los medios de comunicación.

El derecho a la comunicación de la verdad no es incondicional.

Vivimos inundados de información y frecuentemente nos planteamos el dilema entre el derecho a la privacidad y a la información.?La privacidad no es secretismo, es protección de la intimidad de las personas que forma parte de la propia dignidad. Hay muchas cosas verdaderas que solo deben ser conocidas en distintos ámbitos o escalones de privacidad: individuo, pareja, familia, parientes, amigos,...Incluso, el “secreto profesional” forma parte de ese derecho a la privacidad.

Hasta el punto de que solamente por motivos legales o de justicia puede ser traspasada la puerta de la intimidad.?El Catecismo de la Iglesia, en el capítulo dedicado al octavo mandamiento, «No darás testimonio falso contra tu prójimo» (Ex 20, 16), establece unas pautas que son excelente referencia para lograr ese equilibrio entre privacidad e información y son base para la ética profesional de la información.

Previamente, el Catecismo nos habla del derecho a la buena reputación:

2477 El respeto de la reputación de las personas prohíbe toda actitud y toda palabra susceptibles de causarles un daño injusto. Se hace culpable:?— de juicio temerario el que, incluso tácitamente, admite como verdadero, sin tener para ello fundamento suficiente, un defecto moral en el prójimo; — de maledicencia el que, sin razón objetivamente válida, manifiesta los defectos y las faltas de otros a personas que los ignoran;

— de calumnia el que, mediante palabras contrarias a la verdad, daña la reputación de otros y da ocasión a juicios falsos respecto a ellos.

El derecho a la comunicación de la verdad no es incondicional

2488 El derecho a la comunicación de la verdad no es incondicional. Todos deben conformar su vida al precepto evangélico del amor fraterno. Este exige, en las situaciones concretas, estimar si conviene o no revelar la verdad a quien la pide.

2489 La caridad y el respeto de la verdad deben dictar la respuesta a toda petición de información o de comunicación. El bien y la seguridad del prójimo, el respeto de la vida privada, el bien común, son razones suficientes para callar lo que no debe ser conocido, o para usar un lenguaje discreto. El deber de evitar el escándalo obliga con frecuencia a una estricta discreción. Nadie está obligado a revelar una verdad a quien no tiene derecho a conocerla.

2492 Se debe guardar la justa reserva respecto a la vida privada de la gente. Los responsables de la comunicación deben mantener un justo equilibrio entre las exigencias del bien común y el respeto de los derechos particulares. La injerencia de la información en la vida privada de personas comprometidas en una actividad política o pública, es condenable en la medida en que atenta contra su intimidad y libertad.

Y en el capítulo V: El uso de los medios de comunicación social?2493 Dentro de la sociedad moderna, los medios de comunicación social desempeñan un papel importante en la información, la promoción cultural y la formación. Su acción aumenta en importancia por razón de los progresos técnicos, de la amplitud y la diversidad de las noticias transmitidas, y la influencia ejercida sobre la opinión pública.

2494 La información de estos medios es un servicio del bien común. La sociedad tiene derecho a una información fundada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad:?«El recto ejercicio de este derecho exige que, en cuanto a su contenido, la comunicación sea siempre verdadera e íntegra, salvadas la justicia y la caridad; además, en cuanto al modo, ha de ser honesta y conveniente, es decir, debe respetar escrupulosamente las leyes morales, los derechos legítimos y la dignidad del hombre, tanto en la búsqueda de la noticia como en su divulgación».

2497 Por razón de su profesión en la prensa, sus responsables tienen la obligación, en la difusión de la información, de servir a la verdad y de no ofender a la caridad. Han de esforzarse por respetar con una delicadeza igual, la naturaleza de los hechos y los límites el juicio crítico respecto a las personas. Deben evitar ceder a la difamación.

2498 “La autoridad civil tiene en esta materia deberes peculiares en razón del bien común [...] al que se ordenan estos medios. Corresponde, pues, a dicha autoridad [...] defender y asegurar la verdadera y justa libertad”. Promulgando leyes y velando por su aplicación, los poderes públicos se asegurarán de que el mal uso de los medios no llegue a causar “graves peligros para las costumbres públicas y el progreso de la sociedad”. Deberán sancionar la violación de los derechos de cada uno a la reputación y al secreto de la vida privada. Tienen obligación de dar a tiempo y honestamente las informaciones que se refieren al bien general y responden a las inquietudes fundadas de la población. Nada puede justificar el recurso a falsas informaciones para manipular la opinión pública mediante los mass- media. Estas intervenciones no deberán atentar contra la libertad de los individuos y de los grupos.

2499 La moral denuncia la llaga de los estados totalitarios que falsifican sistemáticamente la verdad, ejercen mediante los mass-media un dominio político de la opinión, manipulan a los acusados y a los testigos en los procesos públicos y tratan de asegurar su tiranía yugulando y reprimiendo todo lo que consideran “delitos de opinión”.

El Catecismo es un libro de consulta. Dedícale veinte minutos a la semana. Pregúntale al Catecismo

 





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