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Federico Rubio Álvarez y 3 compañeros, Beatos
Mártires, 25 de julio


Por: Cristina Huete García | Fuente: hagiopedia.blogspot.com



Mártires hospitalarios

Martirologio Romano: Cercano a Talavera de la Reina en el territorio de Toledo, España, beatos mártires Federico (Carlos) Rubio Álvarez, sacerdote, Primo Martínez de San Vicente Castillo, Jerónimo Ochoa Urdangarín y Juan de la Cruz (Eloy) Delgado Pastor, religiosos, que, todos miembros de la Orden de San Juan de Dios, en la misma persecución consiguieron merecidamente la corona de la gloria († 1936). 

Fecha de beatificación: Integrando el grupo de 71 mártires hospitalarios, beatificados por S.S. Juan Pablo II el 25 de octubre de 1992.

Breves Biografías


El centro de Talavera de la Reina en Toledo era una Escuela Apostólica misionera hospitalaria fundada el año 1935.  La comunidad estaba compuesta por 4 miembros a parte de los estudiantes.  Hasta el 23 de julio de 1936 no se deja sentir directamente la persecución religiosa.  El 25 de julio por la mañana son arrestados con gran atropello los 4 hermanos y son llevados ante un tribunal; por la tarde los sacaron de la ciudad y junto al Santuario de la Virgen del Prado los fusilaron bárbaramente.

Federico Rubio Álvarez nació en Benavides de Órbigo (León) en 1862. Ingresó en la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios a los 19 años, profeso en 1899. Estudió en la universidad Gregoriana de Roma, y fue ordenado sacerdote. Fue nombrado superior en Gibraltar, Granada y San Rafael, de Madrid, maestro de novicios, provincial de España y director espiritual de las Escolanías de Ciempozuelos y Talavera. En esta última localidad fue donde recibió el martirio cuando tenía setenta y cuatro años de edad.

Sobresalió por su devoción y confianza en la Providencia, sencillez, mortificación y devoción a la Sagrada Familia y al Sagrado Corazón de María.



Era de espíritu ingenuo, lo cual lo demostró hasta el final. Cuando fue arrestado le ordenaron que se vista de paisano, él expresó que era sacerdote y debía vestir como tal, esto irrito a sus custodios quienes le abuchearon con insultos. En el tribunal declaró: “Me llamo Federico y soy sacerdote, y como no sé el tiempo que he de estar aquí, traigo unas hostias por si puedo celebrar Misa” y sacó para mostrarles una cajita que tenía en uno de sus bolsillos. Esto soliviantó el ánimo de quienes lo rodeaban y al fusilarlo le destrozaron la cabeza a balazos. Al exhumar sus restos aún llevaba el escapulario de la Virgen del Carmen..

Primo Martínez de San Vicente Castillo nació en San Román de Campezo (Álava) en 1869. Ingresó en la Orden Hospitaria en 1885. Su vida la transcurrió en una continua entrega de fidelidad a Dios y a su vocación dentro de la Orden, en centros psiquiátricos y de niños lisiados. En 1915 fue destinado a Méjico.

Era superior de la comunidad de Talavera de la Reina. De su bondad habla el gesto de ofrecer un refresco a los milicianos, aunque no lo aceptaron, después del primer registro. Al pedirle declaración dijo que era el superior y dio cuenta del centro con sencillez. En su agonía dijo: “Virgen del Carmen, ten piedad de mí; Señor, perdónalos como yo los perdono”.

Jerónimo Ochoa Urdangarín nació en Goñi (Navarra) en 1904. Profesó como Hermano Hospitalario en 1923. De índole buena y carácter sencillo, se transparentaba un alma noble, de buen humor, con alegría contagiosa y capacidad para quitar penas de alrededor, pero al mismo tiempo era de temperamento fuerte y vehemente.

Cuando fue detenido, estando en la plaza de Talavera, incitados a levantar el puño y proferir vivas al comunismo, que lógicamente refutaron, el H. Jerónimo con voz vigorosa dio un “¡Viva Cristo Rey! Y ¡Viva España!” que se oyó en toda la plaza. Esto le acarreó golpes e insultos por su osadía.



Juan de la Cruz Delgado Pastor nació en Puebla de Alcocer (Badajoz) en 1914. Ingresó como Hospitalario en 1929. En Talavera de la Reina era profesor de la Escolanía Misionera Hospitalaria. Su disposición para el martirio la expresó la noche anterior, cuando al oír los disparor en la ciudad y estando temerosos los escolares, el H. Juan, muy animoso, les dijo: “Debemos estar contentos; contentos y prontos a dar nuestra vida, si Dios nos la exige”.

 





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