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La vida interior y la vida de oración
“Es muy bello practicar la maternidad espiritual, porque antes de hablar de Dios, hay que hablar con Dios, debemos temer a las personas que hablan mucho de Dios pero no hablan con Dios.”


Por: n/a | Fuente: Escuela de la fe



Los muchachos cuando entran a un convento de clausura demuestran un sentido de reverencia por muy gamberros que sean. Esto porque la religiosa lleva como un alo de santidad que provoca esa reverencia por pare de la gente.


1. El amor por la oración

Una tarea irrenunciable de toda formadora es ayudar a crear un auténtico hábito de oración, desde el noviciado. La primera tarea es ser nosotras mismas mujeres de oración. Si vosotras sois mujeres de oración, Dios bendecirá a vuestras hermanas. Es muy bello practicar la maternidad espiritual, porque antes de hablar de Dios, hay que hablar con Dios, debemos temer a las personas que hablan mucho de Dios pero no hablan con Dios.


Instruir a nuestras religiosas sobre el valor de la oración: Desde los primeros pasos en la vida consagrada. A través de la oración se gusta a Dios y se encuentra conforto espiritual. Este medio de la oración debe ser aprovechado a fondo por la persona. Y la maestra de novicias, debe introducir a las novicias en este arte. Le hará gustar el meollo de la vida consagrada. Así se asegurará su perseverancia y el gusto por las cosas de Dios. Hay que tener mucha paciencia especialmente en los momentos de sequedad. Orar es ponerse a la escucha de Dios, esto se da de diversas maneras pues, Dios no es percibido como las demás cosas. A Dios no lo vemos y no nos entra por los sentidos. Lo vemos con los ojos de la fe. Acercándonos a Él , sentiremos la necesidad de orar con más frecuencia. Los momentos de desolación pueden venir de la propia falta de lucha o de una permisión de Dios. Es común entre los jóvenes de hoy y las jóvenes, que tengan muy poco hábito de oración por el esfuerzo que conlleva. En ellos especialmente hay que formar el hábito serio de la oración, por ello tienen más necesidad de una guía. Orad por ellas.

Hay que explicar bien la naturaleza de la oración: Debemos introducir progresivamente a las religiosas en al arte y en el ejercicio de la oración. Comenzando por qué es la oración, aunque lo sepan por experiencia personal. Presentamos unas cuantas definiciones de oración:

Sta. Teresa de Lisieux “Para mí la oración es un lanzamiento al corazón, una simple mirada al cielo, un grito de gratitud y de amor, en la prueba como en el gozo”.
Sta. Teresa de Jesús: “la oración no es otra cosa que un acto de amor, una relación de amor y de amistad, un frecuente entretenimiento a solas con Aquel que sabemos que nos ama”.
San Juan Damasceno: “elevatio mentis in Deum. Una elevación de la mente a Dios”
Santo Tomás de Aquino: “La elevación de la mente a Dios para alabarlo y pedirle cosas que nos lleven a la vida eterna”.

La oración es un diálogo íntimo con Dios, que fortalece el alma. Y da razón de ser a nuestras vidas llevándonos a la voluntad de Dios. Es una renovación a partir de Dios. En ella hay que meter toda la persona: imaginación, sentimientos, corazón, voluntad e inteligencia. No es un tratado de teología, sino una experiencia con Dios. Es un diálogo íntimo con Dios Amor.


Haremos bien explicando la diferencia entre el fervor sensible y el fervor resoluto. El fervor es la actividad permanente de perfección espiritual. Esta definición es importante y esconde el éxito de tantas almas. En la vida espiritual trabajar con pureza de intención es sinónimo de victoria, actividad permanente, disponibilidad total a Dios. Como el caso de Josefina Bakhita, una religiosa conversa del Sudán, que después de haber vivido terribles humillaciones, como la esclavitud, siendo religiosa durante más de cincuenta años, en el “Istituto di S. Maddalena di Canosa”, fue testimonio de oración y de amor a los demás en Schio: fue cocinera, camarera, portera... Esto es fervor de toda una vida. El fervor puede ser sensible, si la voluntad va de acuerdo, con gusto, con el cumplimiento de la voluntad de Dios. El fervor es resoluto si falta el gusto sensible.

Es importante explicar el papel que juegan los sentimientos en la oración, sobre todo a las jóvenes religiosas, que no oran cuando no experimentan consolación. Entonces creen que no están haciendo verdadera oración. “Quien ha comenzado la vida de oración, que no se retire”, solía decir Santa Teresa de Jesús, con determinación, porque la oración no consiste en sentir cosas bonitas, sino en un diálogo con Dios.


2. Las dificultades de la oración

- Las distracciones son las dificultades más comúnes en la oración. A pesar de los esfuerzos, la imaginación se pone a volar. Apenas uno comienza a orar y a meditar, vienen a la mente miles de cosas pendientes. En ese momento parece que cualquier otra cosa es más imortante. Esa lucha por no distraerse, hace sufrir al alma. Hay que diferenciar las distracciones voluntarias de las involuntarias.
- Otra dificultad es la aridez espiritual, por la que el corazón parece insensible a las realidades espirituales. Esto puede llegar en el noviciado una vez que han pasado las consolaciones de Dios o pueden venir en la vida religiosa madura. Es el momento para aplicar la fe y permanecer con Jesús en el apostolado o acompañar a Cristo en el Huerto de los Olivos. “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, no puede dar fruto” (Jn, 12,24).
- Debemos distinguir la aridez de la pereza. A veces nuestras jóvenes llaman aridez a lo que no es más que pereza y flojera. Con la pereza no hay lucha espiritual, no se recoge el alma. La persona huye del esfuerzo, se duerme, se asoma por la ventana.... Esta situación deriva en la acedia.
- Otra dificultad es la rutina o tibieza de alma. Con ella el alma va a la oración sin entusiasmo, sin fervor, parece la tarea más ardua. Es una dificultad peligrosa que se puede convertir en un estado en el que se debilita el alma y pierde, poco a poco, la energia espiritual. Es como un enfermo que un día se debilita y deja de comer, hasta que muere y con ello la ruina de la vocación. Debemos combatir con esfuerzo la tentación de la rutina y ayudar a las religiosas a no dejarse llevar y a no abandonar el camino de la perfección, sin dejar de vivir en profundidad su vocación de esposas de Cristo.


3. Finalidad de la oración

- Adorar a Dios, como Creador, como Señor, reconocerlo como nuestro principio y único fin y adorarlo.
- Agradecerle todos los beneficios que de Él hemos recibido durente la vida.
- Pedirle favores. Dios quiere que sintamos necesidad de Él, para que nos orientemos a Él con confianza.
- Pedir perdón por todas las deficiencias en su servicio y por las ofensas.
- Ofrecerle lo que somos. En la base de toda oración está siempre el concepto de ofrenda.


4. Los tipos de oración: introducir a las religiosas en los diversos tipos de oración

- Oración vocal: En la vida común, la oración vocal es muy importante, expresa la unión de la comiunidad con Dios a través de gestos, cantos, etc. Ayuda a formar la unidad en la comunidad, porque orar juntos es imitar a los apóstoles en el cenáculo con Maria. Orar juntas. Lo importante es que las palabas expresen el deseo del corazón.

- Oración litúrgica: Por nuestra vocación religiosa estamos llamadas a la santificación de cada momento de la jornada a través de la oración . Esta oración es la que hace a la Iglesia y la dirige a Cristo como esposa. En ella se encuentra toda una catequesis bíblica, especialmente en los Salmos.

- Meditación mental: Hablaremos de la oración discursivo afectiva. Debemos introducir a las religiosas desde los primeros pasos. Ésta se realiza en particular sea en la capilla o en la propia habitación:

a) Preámbulos: Puede durar una hora o media según el reglamento de cada orden. Se hace al inicio del día para que marque el resto del día. Comienza con el canto del Veni Creator, para pedir ayuda al Espíritu Santo. Luego se hace un acto de presencia de Dios: “Señor, que estás aquí. Creo en Tí, espero en Tí, te amo sobre todas las cosas, Tú eres el amor de mi alma”. Es importante hacer un sincero acto de humildad. Dice el catecismo de la Iglesia Católica: “La humildad es el fundamento de la oración” (n. 2559). Cuando estamos delante de Dios nos debe invadir el estupor y exclamar: “Señor aléjate de mí, que soy un hombre pecador”. Después de esto, pongamos en las manos de Dios el fruto de la meditación . Es importante para que la oración discurra con naturalidad.

b) El cuerpode la meditación: Luego de lo anterior de desarrollan los puntosde la meditación Si la meditaicón es discursiva: reflexiones, consideracionees. En la afectiva, vienen los coloquios, la conversación íntima con Dios. Un consejo es que la maestra de novicias haga la oración en voz alta, como la mamá en casa. La novicia descubre cómo se hace la oración y ya puede hacerla por sí sola. Los puntos que se van a considerar, se toman de la Sagrada Escritura, del magisterio de la Iglesia de un buen libro espiritual. De los escritos de la fundadora o fundador, de los Padres de la Iglesia, etc. Debéis ayudar a las religiosas a encontrar buenos textos para la meditación, para que no caigan en autores que parecen católicos y no lo son. Debéis responder a Dios de cada consejo y cada orientación que habéis dado a vuestras hemanas.

c) Finalmente se hace un propósito acorde a los puntos que se han desarrollado y que vaya en sintonía con el fruto que se ha perseguido y por el que se ha pedido a Dios. Es bueno escribirlo para recordarlo durante el día.

d) Las otras partes de la oración son: la preparación remota, es una preparación durante el día por medio del silencio, el recogimiento, los actos de presencia de Dios, etc. Preparación próxima: el gran silencio durante la noche nos ayuda a prepararnos para la oración. La preparación de los puntos constituye la preparación inmediata, al levantarnos debemos recordar y reflexionar sobre estos puntos.


5. La oración de la fundadora o del fundador.

Para las religiosas, la oración de la fundadora o del fundador, es una escuela de oración. Dios ha querido dar a cada congregación un carisma a través de una persona; sus escritos, cartas, oraciones, son tesoros.. Los primeros maristas se ponían guantes para consultar los estritos de Marcelino de Champagnat, como ejemplo de veneración por los escritos del fundador.


Los institutos están invitados a proponer con esfurzo la inventiva y la santidad de los fundadores como respuesta a los signos de los tiempos. Esta invitación va ante todo dirigida a la perseverancia en el camino de santidad. Invita también a encontrar un apostolado propio del carisma y con él ofrcer a la Iglesia la dinámica de la propia aportación. Para ello hay que adaptar el carisma a las necesidades de hoy en la fidelidad al mismo, renovando cuanto de renovable tenga. Es muy importante no alejarse de la inspiración de la Regla para mantenerse fieles a lo genuino del carisma. (Vita Consecrata n. 37).


La llamada a la santidad es acogida y debe ser cultivada en el silencio de la adoración delante de Dios. Debemos confesar que todos tenemos necesidad de este silencio. Debemos ser como Moisés que bajaba de la presencia de Dios irradiándola a quienes encontraba en el camino. Debemos buscar la fidelidad a los tiempos dedicados a la oración y a la contemplación a riesgo de convertirnos en robots, fieles a la adoración y al cultivo de la vida espiritual en nosotros, buscando los medios que vayan en esa línea como retiros mensuales, ejercicios espirituales, etc. Necesitamos también recurrir a los ejercicios de piedad como la ascesis y la tradición espiritual de cada instituto. Éstos constituyen un excelente medio para el auténtico camino de santidad La ascesis ayuda a dominar y corregir las tendencias de la naturaleza humana, herida por el pecado, es indispensable a la persona consagrada para seguir el camino de la Cruz de Cristo. Por ello también se debe conocer la sociedad moderna para responder a sus necesidades más profundas y ser ejemplo y fermento en la masa sin ceder a las tentaciones diabólicas que por todas partes nos acechan. Debemos cuidar siempre que el fervor no disminuya o dé paso al desánimo. Tampoco debe insinuarse un complejo de superioridad por la formación espiritual adquirida, respecto a otros fieles. Recordemos también que toda eficacia en el apostolado depende sólo de Dios y no del propio esfuerzo ni de los medios humanos, llevándo el mensaje del Reino a todos, cualquiera que sea su condición social o espiritual. Es importante superar los nacionalismos. Y todo lo que vaya en esa línea que sea susceptible de ser purificado y elevado a la luz del Evangelio. En el pasaje de la lucha de Jacob con el ángel, toda persona consagrada debe ver el esfuerzo ascético que se requiere para realizar la propia vocación y la unión con Dios, para dilatar el corázón y abrirlo para acoger a los hermanos y al Señor.


6. El recogmiento

Estar tranquilo: Superar todas las divisiones internas propias de la sociedad moderna y del ajetreo de la vida diaria con sus preocupaciones y pasiones. Es preciso alejar los deseos desordenados y retornar al Único que realmente importa. Recogerse es decirse a uno mismo “Ahora no tengo más cosa que hacer que orar durate los próximos minutos y quiero estar libre en este momento sólo para esto”. Las distracciones son lo más normal en una sociedad vuelta a lo externo. Pero, por ello, tiene necesidad de ser escuchado y de serenarse. En esas circunstancias parece que todo es importante y urgente por encima de la oración. Entonces lo que hay que hacer es serenarse, ponerse en las manos de Dios. Recogerse, significa vencer el engaño de que las cosas externas son más importantes y liberarse de las mil preocupaciones tontas, dando importancia sólo a Dios

Estar presente es ser consiente de uno mismo y estar en presencia de Dios, es tener la conciencia de que se está delante de Dios. La finalidad de estar en presencia de Dios es la de estar unido a Él. Implica estar despierto, es decir, con la clara conciencia de lo que uno está haciendo, en este caso consiente de que estamos en compañía de Dios.

El recogimiento no es un acto, sino una actitud del alma que se ha retirado para estar con el Amado. No es fácil el recogimiento, sobre todo cuando desaparece el interés, despues del primer empuje. Aquí hay que ser constantes, no dejando el esfuerzo y motivándonos con razones espirituales y sobre todo, no quedándonos en la dificultad sino yendo a los motivos últimos por los que estamos haciendo las cosas.

La oración debe comenzar con el recogimiento. Esto no es fácil porque implica romper con cualquier otra actividad por urgente o importante que parezca. Debemos estar sobre nosotros mismos para no dejarnos llevar por las distracciones.

Del recogimiento depende todo el resto de la oración. De ello depende el que saquemos fruto, pues el recogimiento es ya una oración. Debemos aprovechar las distracciones para convertirlas en oración.

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