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Bodas metálicas preciosas
Bodas de oro (50 años) y de plata (25 años) en el matrimonio


Por: Máximo Alvarez Rodriguez |




Ustedes perdonen si el título del artículo es un poco hortera. Es una manera de llamar a las bodas de plata o de oro, que no dejan de ser metales preciosos. Con relativa frecuencia se acercan a nosotros matrimonios que desean celebrar los veinticinco o cincuenta años de su matrimonio. Incluso, en la parroquia, tenemos establecido un día para que todos los que lo deseen puedan celebrarlos conjuntamente.

Esta misma semana tuve el gusto de presidir la celebración de las bodas de plata del primer matrimonio que casé (aunque los que se casaron eran ellos). Y no deja de ser un motivo de satisfacción el saber que no todo son malas noticias de matrimonios que se rompen, sino que también son muchos los que están contentos de haberse casado y que incluso cada día que pasa se quieren más.

Desgraciadamente a los veinticinco o cincuenta años de la boda no todos pueden celebrarlo, porque alguno de ellos, o los dos, ya han muerto. Pero otro tanto sucede si el matrimonio se ha roto. Y puede ser que no falten quienes no tengan muchas ganas de fiestas porque en el fondo se van soportando a duras penas.

Por eso es muy hermoso encontrarse con parejas deseosas de renovar su compromiso matrimonial, que sienten necesidad de dar gracias a Dios por haberse encontrado y vivido juntos tantos años, por los hijos, por todas las cosas compartidas... por haber superado las pruebas y las crisis.

Al mismo tiempo, se trata de seguir invocando la bendición de Dios hasta el resto de sus vidas. Que muchos de los que se casan fracasan en su matrimonio es un hecho cada vez más frecuente. Tal vez sea porque su amor es un amor inmaduro. Sería interesante saber si se rompen muchos o pocos matrimonios de aquellos que han renovado su compromiso mediante las bodas de plata u oro. En todo caso se supone que su amor es ya mucho más maduro y sereno y que tienen más garantías de éxito. Ojalá pudiera cundir su ejemplo en tantas y tantas parejas que no terminan de encajar, que parecen no tener fuerzas para ir sorteando las pequeñas o grandes dificultades que van surgiendo.

Aparentemente este ritmo de vida en el que se rompe un matrimonio como quien cambia de coche puede parecer un signo de progreso y de libertad. Pero bendita esclavitud la de aquellos que experimentan la felicidad de vivir siempre unidos sin necesidad de buscar aventuras fuera de casa. Creo que era Romeo quien decía a Julieta que sólo estaba temiendo que amaneciese y que la noche fuese tan corta. Con mayor razón es más hermosa aún la experiencia de aquellos para quienes veinticinco o cincuenta años o ³toda una vida² les parece demasiado corta para estar juntos.

Es posible que algunos cuando eligen a su cónyuge ya admitan la posibilidad de que no sea para toda la vida. Y debemos tener la comprensión suficiente como para entender que a algunos se les haga demasiado largo el tener que vivir con una persona acaso insoportable, que de todo hay. Pero sin duda que el ideal sería que todos pudieran llegar a celebrar gustosamente las preciosas bodas metálicas.


Comentarios al autor maximoalva@telefónica.net


 

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