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10 enseñanzas de la vida de Santa Bernardita de Lourdes
Ser santo en la actualidad


Por: María José César de Espinoza | Fuente: Catholic.net



"Mi Padre, el árbol que más quiere, más lo poda (con sufrimientos) para que produzca más frutos" (Jn. 15).

María Bernarda Soubirous, nació en 1844 en Lourdes, Francia. Era la mayor de varios hermanos y creció en una familia muy pobre, en la que la falta de alimentación suficiente en su niñez y las condiciones dónde dormía, le generaron ciertas enfermedades que la acompañaron toda su vida. “Bernardita” cómo todos le decían, se destacó siempre por ser un alma pura y sencilla. A sus 16 años, desde el 11 de febrero del 1859 hasta el 16 de julio de ese año, la Santísima Virgen se le apareció 18 veces.

Las enseñanzas que nos deja de cómo vivir a través del sufrimiento, son maravillosas para aprender a vivir hoy en día y cómo afrontar la enfermedad y nuestros pesares con amor. Apliquémosla y pidámosle a Santa Bernardita, nos de un corazón tan puro y obediente a Nuestra Madre, que sea depositado tan cerca del Corazón de Jesús cómo el de ella.

1. Buscar sólo agradar a Dios y a Nuestra Madre.
En una aparición, la Virgen le pide que se coma un lodo de la gruta y unas hierbas. La gente comenzó a burlarse de ella y a decir que estaba loca. Un día, después del suceso, su mamá le preguntó porqué lo hacía si la gente decía que estaba loca. Ella con una respuesta singular contestó, Nuestra Señora me lo pidió en penitencia por los pecadores. En ocasiones huimos del sacrificio o de las cosas que no nos gustan, aprendamos de Bernardita a ofrecer una comida que no nos gusta y a buscar el sacrificio, ofreciéndoselo a Dios en silencio, con amor, por amor, y en penitencia por los pecadores. De ese lugar lleno de lodo, brotó un manantial de agua, que ha sido agua viva en la que Dios ha actuado milagrosamente.

2. Aprender a esperar.
Santa Bernardita, nos enseña a aprender a esperar los tiempos de Dios. Ella le pedía a Nuestra Señora que le dijera su nombre, pero jamás perdió la paz, aunque todas las personas pensaran que estaba loca o sufría alucinaciones. Muchas personas la presionaban queriendo que ella dijera que veía, y ella solo contestaba una hermosa señora. Ella esperó el momento en el que la Virgen decidió decirle que ella era la “Inmaculada Concepción.”



3. No dejarnos llevar por la vanidad.
Personas le llevaban dinero, pero ella nunca aceptó nada, al contrario pedía que dieran esa limosna a los pobres o a alguien que la necesitara. Aprendamos de Santa Bernardita a desprendernos y a querer necesitar o poseer.

4. Decir la verdad a toda costa, jamás una mentira.
En una ocasión, el papá le jugó una broma respecto a que las ovejas morirían por una mancha verde, y ella comenzó a llorar. El papá le dijo que era una mentirilla, a lo que ella contestó, “Cómo yo jamás he dicho una mentira, me imaginé que los demás jamás decían.” Pidamos su pureza y honestidad.

5. Recibir visitas y atenderlas con paciencia y amor.
A Bernardita le costaba mucho atender a las visitas porque siempre le preguntaban lo mismo y lo que había visto y en ocasiones le decían que era imposible. Pero ella ofrecía con paciencia y en silencio escuchaba todo.

6. Ofrecer nuestra inutilidad.
Cuando entró al convento de la Comunidad de Hijas de la Caridad de Nevers, no le asignaron ninguna misión porque aparentemente no sabía hacer nada. Era demasiado inútil, el Padre le pide que ella se dedique a rezar por los demás, y eso a ella le emocionó mucho.

7. “La mayor experiencia no viene de lo que se hace, sino de lo que se da con amor.”
El Sr. Obispo le enseñó una pequeña historia sobre el “árbol inútil”. Nadie quería podarlo porque no servía ni para la leña, ya que su olor no era agradable. Su confesor le decía: “Sé ese árbol, inútil, pero amando a Dios en todo, la mayor experiencia no viene de lo que se hace, sino de lo que se da con amor.”
Bernardita aprendió con su inutilidad a ofrecer cada pequeña actividad de servicio y hacer las cosas de la vida diaria con amor, aunque no parecieran de valor ni tuvieran reconocimiento.



8. Abrazar la vida o cruz que Dios nos mande.
En sus primeras apariciones, Nuestra Madre le dijo: “No te voy a hacer feliz en esta vida, pero sí en la otra.” Y la realidad es que su vida estuvo llena de enfermedades, sufrimientos, persecuciones y humillaciones, pero todo eso dio pie al grado de santidad tan grande que le hizo merecer el cielo. Aprendamos a ofrecer la misión que Dios nos da, aceptarla con amor y a darle un sentido redentor.

9. Ofrecer los sufrimientos y la enfermedad como penitencia por la conversión de los pecadores.
Cuando Bernardita vivía ataques, ella proclamaba “Lo que le pido a Dios Nuestro Señor no es que me conceda la salud, sino que me conceda valor y fortaleza para soportar con paciencia mi enfermedad. Para cumplir lo que recomendó la Santísima Virgen, ofrezco mis sufrimientos como penitencia por la conversión de los pecadores.”

10. Rezar mucho a la Virgen.
Bernardita atesoraba poder ir a la gruta y ella se hacía notar por su fervor al rosario y a rezarle a Nuestra Madre. Antes de morir, a sus 35 años, exclamó emocionada: “Yo vi a la Virgen. Sí, la vi, la vi, ¡Qué hermosa era! Y después de unos momentos de silencio exclamó emocionada “Ruega Señora por esta pobre pecadora” y apretando el crucifico sobre su corazón murió.

Aprendamos de Santa Bernardita, a vivir con sencillez, a ofrecer todo en nuestra vida diaria, a amar en nuestras debilidades, ofrecer nuestras enfermedades y pesares, buscar en todo agradar a Dios y a Nuestra Madre.

Santa Bernardita: tú que tuviste la dicha de ver a la Santísima Virgen aquí en la tierra, haz que nosotros tengamos la dicha de verla y acompañarla para siempre en el cielo.





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