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Altamira. Historia de una polémica, de José Calvo Poyato (Stella Maris)
Marcelino Sanz de Sautuola era católico. Su esfuerzo, como aficionado a la prehistoria, también el del profesor Vilanova y Piera, igualmente católico, fue el de tratar de explicar que no había necesariamente contradicciones entre el relato bíblico y lo que la prehistoria, una ciencia en pañales entonces, empezaba a desvelar. Sanz de Sautuola, siendo defensor del creacionismo, no compartía los planteamientos de los sectores más integristas de cristianismo -católicos, anglicanos, luteranos…- que rechazaban cualquier antigüedad del hombre que se remontara más allá de unos 6.000 años, que era la fecha que le habían puesto, sin fundamento alguno, a la creación.


Por: Luis Javier Moxó Soto | Fuente: Catholic.net



José Calvo Poyato (Córdoba, 1951) es doctor en Historia. En su obra ha compatibilizado la divulgación y el cultivo de la novela histórica. Sus estudios de historia, centrados principalmente en los siglos xvii y xviii, cuentan con títulos como Así vivían en el Siglo de Oro (Anaya), La guerra de Sucesión (Anaya), De los Austrias a los Borbones (G-16), Carlos II el Hechizado y su época (Planeta), Felipe V: el primer Borbón (Planeta), Los Orleans en España (Plaza & Janés) o Momentos estelares de la Historia de España (Destino).

Entre sus novelas históricas —traducidas entre otros, al alemán, italiano, francés, ruso, portugués, polaco y esloveno— encontramos La Biblia Negra (2000), Los galeones del rey (2002), El manuscrito de Calderón (2004), El ritual de las doncellas (2005), La Orden Negra (2005), La Dama del Dragón (2006), El sueño de Hipatia (2009), Sangre en la calle del Turco (2011), Mariana, los hilos de la libertad (2013) y El Gran Capitán (2015), todas ellas publicadas en Plaza & Janés.

 

Dr. Calvo Poyato,  hace unos meses celebramos el treinta aniversario de la declaración de la cueva de Altamira como Patrimonio Mundial de la UNESCO. Por eso mis primeras preguntas, acerca de su libro “Altamira. Historia de una polémica”, son: ¿fue Marcelino Sáenz de Sautuola, el descubridor de dicha cueva, católico, antidarwinista  y creacionista? ¿podemos decir hoy en día que creación y evolución no se excluyen sino que son compatibles y complementarias, lo mismo que puede darse entre la razón y la fe?

Marcelino Sanz de Sautuola era católico. Su esfuerzo, como aficionado a la prehistoria, también el del profesor Vilanova y Piera, igualmente católico, fue el de tratar de explicar que no había necesariamente contradicciones entre el relato bíblico y lo que la prehistoria, una ciencia en pañales entonces, empezaba a desvelar.  Sanz de Sautuola, siendo defensor del creacionismo, no compartía los planteamientos de los sectores más integristas de cristianismo -católicos, anglicanos, luteranos…-  que rechazaban cualquier antigüedad del hombre que se remontara más allá de unos 6.000 años, que era la fecha que le habían puesto, sin fundamento alguno, a la creación. Por otro lado, el concepto que los darwinistas tenían el hombre prehistórico era el de un ser primitivo en los primeros estadios de la evolución y, por lo tanto, incapaz de llevar a cabo una obra como las pinturas de Altamira. Los ataques le llegaron desde las dos posiciones porque razón y fe se consideraban entonces poco menos que incompatibles.



 

¿En qué momento y por qué razones la “cueva de Juan Mortero” pasó a llamarse la “cueva de Altamira”? ¿quizá porque Sautuola tuvo que mirar hacia arriba, como le indicaba su hija María, para descubrir las pinturas rupestres?

La cueva, cuando se descubren las pinturas a finales de verano o en el otoño de 1879, no tenía nombre. Era lógico porque se había tenido conocimientos de su existencia hasta muy pocos años antes. Durante un tiempo se le conoció como la cueva del  sitio de Juan Mortero, en el lugar de Vispiéres, en el término municipal de Santillana del Mar. Pero a los pocos meses, cuando empezó a difundirse la noticia del descubrimiento de las pinturas, empezó a llamarse cueva de Altamira, que era  como se denominaban unos prados cercanos. Es lo que  el propio Sanz de Sautuola nos dice en sus Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander, publicada en 1880.

 

La polémica que relata su libro acerca de la cueva, ¿se refiere sobre todo al calvario del descrédito que sufrieron el abogado Sáenz de Sautuola, su descubridor, y el catedrático Vilanova y Piera, su principal defensor; o en general de la lucha entre los creacionistas y evolucionistas de la época; o a la envidia generada por prejuicios –especialmente de origen francés- acerca de la incipiente disciplina de la Prehistoria; o bien a otros motivos?



En “Altamira. Historia de una polémica” he tratado de recoger el calvario que supuso para Sanz de Sautuola y Vilanova y Piera su defensa del carácter prehistórico de las pinturas de Altamira, frente al rechazo muy generalizado; incluso se llegó a acusar a Sanz de Sautuola de haber ordenado pintar las aquellos bisontes, ciervos, caballos... Esa lucha por el carácter prehistórico he querido enmarcarla en la pugna que sostenían creacionistas y evolucionistas. Los enfrentamientos eran muy fuertes. Tanto que Gabriel de Mortillet, un  prehistoriador francés de la época, llegó a escribir a Émile Cartailhac, el gran santón de los prehistoriadores de la época, advirtiéndole de que había recibido información de que detrás de la falsificación de las pinturas estaban los jesuitas, cuya pretensión era desprestigiar a los prehistoriadores. Por supuesto que la envidia jugó un papel importante en el rechazo, tanto dentro como fuera de España. En ese rechazó fue muy importante el papel del ya mencionado Cartailhac, que sólo dos décadas después del descubrimiento admitió su error y acabó visitando Altamira, acompañado del abate Henri Breuil, el gran prehistoriador francés de comienzos del siglo XX.

 

¿Puede datarse -con todo el rigor científico posible actualmente- hace cuánto fue habitada la cueva, y luego abandonada, quizá más que por el hombre de Cromagnon por el de Neandertal (como apuntaba Alistair Pike en la revista Science hace cuatro años), y cuál fue la razón de su abandono?

Es muy difícil. La cronología de la prehistoria se ve continuamente modificada por nuevos hallazgos. Después de ser admitida la autenticidad de las pinturas, se situó su antigüedad en el paleolítico superior. Se habló de 10.000 a.C. más tarde se situó entre 13.000 y 15.000 a.C. Hoy se ha remontado su fecha a los 30.000 años a.C. En cuanto a sus autores, los neandertales parece ser que se extinguieron algunos milenios antes de la fecha más antigua en que se datan las pinturas. No sabemos con seguridad porque se abandonó la cueva. Es posible que las condiciones de habitabilidad se modificaran o que hubiera cambios importantes en el medio ambiente estamos en tiempo de glaciaciones y periodos interglaciares.

 

Muchas gracias, Dr. Calvo Poyato. No podemos despedirnos sin formularle algunas preguntas en relación con la actualidad: ¿sigue habiendo cierta polémica por el aprovechamiento económico que de ésta se ha hecho en el pasado de cara al turismo, en detrimento de las condiciones de conservación de la misma, o se reconoce (por parte de la comunidad científica) que el verdadero perjuicio es la pérdida de pigmento por lavado o filtración de agua en la roca? ¿en qué estado se encuentra la cueva original? ¿es posible visitarla actualmente? ¿es la neocueva una réplica que satisface las necesidades de divulgación de la original?

Las pinturas se mantuvieron miles de años en un magnífico estado de conservación. Lo que podemos llamar el “microclima” de la cueva se mantuvo inalterable. Cuando las visitas empezaron a ser muy frecuentes afectaron a las pinturas  negativamente, sin duda. Que sobre ellas estén actuando otros agentes que no son exclusivamente humanos, existe la posibilidad. Pero limitar su entrada me parece una medida acertada, aunque nos prive de ver la obra original. Por otra parte, la llamada neocueva es una reproducción excelente del original que, en mi opinión, satisface las necesidades de la divulgación. Otra cosa es que a las personas les gustase ver lo que aquellos antepasados nuestros pintaron allí y no una copia actual. Pero correríamos el riesgo de que el deterioro sea tan grave que las pinturas originales de Altamira terminen siendo sólo un recuerdo y eso sería imperdonable.





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