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Volvió la cara hacia la pared, oró al señor
Hay personas que cuando no sienten nada en la oración, o se consideran inexpertos en la oración, dicen que es como si estuvieran hablando con una pared


Por: Arturo Guerra, LC | Fuente: Catholic.net



VOLVIÓ LA CARA HACIA LA PARED, ORÓ AL SEÑOR

De Isaías, 38

 

Una vez un rey que se llamaba Ezequías estaba en un momento muy difícil de su vida y al recibir una mala noticia dice la Biblia que:  volvió la cara hacia la pared, oró al Señor.

Hay personas que cuando no sienten nada en la oración, o se consideran inexpertos en la oración, dicen que es como si estuvieran hablando con una pared.



Yo creo que el bueno de Ezequías nos puede ayudar a acabar con esta mala fama que las paredes han ido adquiriendo a través de los siglos entre las almas que hacen oración.

Muy probablemente estamos ante la mejor oración que Ezequías hizo en toda su vida, y la hizo frente a una pared. No fue porque no le quedaba de otra más que mirar a una pared, sino que conscientemente él buscó la pared, pues así lo cuenta la Biblia:  dice que volvió la cara hacia la pared.  Es decir, él tenía la opción de hacer su oración mirando al paisaje de la ventana, o agarrando un pergamino, o con los ojos cerrados, y, sin embargo, en esta ocasión no vio mejor instrumento de oración que la pared.

O sea que a veces una pared sí puede ser el mejor puente entre el Señor y nosotros.  Y en este momento veo necesario aclarar que ninguna asociación de arquitectos vino conmigo a pedirme una publicidad subliminal sobre la importancia de construir paredes…

Aquella oración de Ezequías fue tan buena que el Señor le dijo:  “he escuchado tu oración y he visto tus lágrimas”.  O sea que al Señor una pared no le supone un obstáculo molesto para estar con aquella alma que pide hablar con Él, y poder verla con todo lujo de detalles:  podemos pensar que en aquella ocasión el Señor pudo ver segundo a segundo el rostro de Ezequías, cómo fue derramando lágrima por lágrima y cómo se encontraba su corazón por dentro y por fuera.

Así que agárrale cariño a tu pared…  Podrá ser impermeable al ruido, a la lluvia o al sol pero no a la acción de Dios.  El Señor, que está más allá de la pared, te ve, te acompaña, te escucha diáfanamente.







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