Menu


Nicolás Barré, Beato
Sacerdote y Fundador, 31 de mayo


Por: santopedia.com | Fuente: santopedia.com



Sacerdote y Fundador

Martirologio Romano: En París, en Francia, beato Nicolás Barré, presbítero, el cual, siendo maestro en teología y célebre educador de almas en el espíritu del Evangelio, instituyó en toda Francia las Escuelas Cristianas y de Caridad, así como el Instituto de Hermanas del Niño Jesús, para impartir educación gratuita a los hijos del pueblo ( 1686).

Fecha de beatificación: 7 de marzo de 1999 por S.S. Juan Pablo II

Breve Biografía


Nicolás Barré nace en Amiens (Francia), el 21 de octubre de 1621 y muere en París, el 31 de mayo de 1686, en el convento de los Mínimos de la Plaza Real, rodeado de su comunidad y atendido solícitamente por el P. Thuillier, mínimo, que luego nos dejaría unos apuntes biográficos sobre él. Sus últimas palabras fueron: "Jesús, María" repetidas por tres veces (enlace de palabras muy querido por los mínimos, debido a la mucha frecuencia con que eran usadas de palabra y por escrito por San Francisco de Paula, su fundador).

Nicolás fue el primer hijo del matrimonio formado por Louis Barré y Antoinette Pellé, familia acomodada de comerciantes. El nacimiento del primogénito fue seguido por los de cuatro niñas: Catherine, Louise, Françoise y Marie.

Sus padres deseando para él la fe y la entrada en la Iglesia. lo llevan a bautizar el día 17 de diciembre, a la iglesia de San Germán de Amiens. Le educan en la fe y le dan ejemplo de vida evangélica, enseñándole a orar y a confiar en Dios. El aprende con facilidad estas enseñanzas y comienza a vivir su fe, su relación con Dios, convencido de que está a su lado y le quiere.



La convicción de su oración y su gran confianza en Dios se nos hace patente por un suceso de su infancia que nos cuentan sus biógrafos: Su hermanita Louise, estaba al borde de la muerte (quizá la peste), él observa la consternación e impotencia de sus padres, mira a su querida hermana agonizante, se vuelve a Aquel en quien confía; y su fe inocente arranca de Dios la total curación de la niña. Más tarde Louise, siendo monja mínima en el monasterio de Abbeville, dirá haciendo referencia a este hecho: "Mi hermano se convirtió en mi padre, porque me dio de nuevo la vida. Y se puede decir que es doblemente mi padre porque, en el terreno de la gracia, le debo el ser hija de San Francisco de Paula". (P. Thuillier).

Aunque, la situación económica desahogada de la familia Barré, libre a Nicolás de muchos males, no por ello crece ignorante y despreocupado de la situación precaria que vibra a su alrededor. Ve y oye a las personas necesitadas que llaman a las puertas de su casa y son socorridas por sus padres. Percibe el horrible rumor y consecuencias de la guerra, sus estragos, sus incertidumbres, miedos y zozobras. Todo este dolor, inseguridad, miseria quedará impresa en su ser y tendrá su influencia en el desarrollo de toda su vida y espiritualidad.

Desde los diez años hasta los diecinueve, cursa sus estudios en el colegio de San Nicolás, dirigido por los jesuitas, con resultados brillantes. Allí conoció la encantadora figura de San Luis Gonzaga y en él inspiró su conducta. Sus compañeros de estudios le aprecian y buscaban su compañía, a pesar de que sabían que junto a Nicolás tenían que comportarse correctamente, pues no consentía un lenguaje vulgar y tosco, ni la utilización de ciertas expresiones, juegos o bromas, ni las críticas. Nicolás quiere ser del agrado de Dios, sus compañeros lo saben, y goza viendo cómo ellos también agradan a Dios. Sus modales, sus palabras, sus anhelos influyen en el comportamiento de sus compañeros, así lo observan sus educadores.

Antes de terminar sus estudios confió a sus padres el deseo que anidaba en su corazón de entregarse totalmente al Señor en la vida religiosa. Sus padres renuncian a todas las ilusiones que se habían forjado sobre su primogénito y único varón, al que veían dotado de excelentes cualidades intelectuales y con un carácter agradable y atractivo. Si Dios le llama por este camino, ellos aceptan cristianamente la determinación de su hijo, cuando llegue el momento le ayudarán y ofrecerán su apoyo para que lo pueda realizar.

En 1.659, cuando Nicolás cuenta ya 38 años, es enviado a Rouen. Allí vuelve a constatar la miseria e ignorancia que reina, el abandono de niños y jóvenes y sobre todo las niñas que son las más desfavorecidas. Medita, ora sobre esta situación en la que los ve sumergidos sin posibilidad de salir por ellos mismos; se pregunta una y mil veces ¿qué es lo que puedo hacer? ¿qué es lo que debo hacer?. Le supone una presión tremenda verlos explotados en trabajos impropios porque tienen que ayudar a la familia: hacinados por la falta de espacio, con los graves perjuicios morales que esto supone; supersticiosos y alejados de la grandeza de la fe que recibieron en el bautismo.



Nicolás cada día que pasa reflexiona más sobre este asunto, va entrando en contacto con otras personas que se hacen éstas o parecidas preguntas. Las autoridades de Rouen por su parte, adoptan las mismas medidas que ya se han tomado en otras localidades francesas, recoger a estos niños y jóvenes en el Hospital General; intentan con ello remediar estos males y quitar de la vista a aquellos que pueden hacer desdecir la buena marcha de la sociedad; pero esta situación es mucho peor si cabe: las condiciones son todavía más duras y lastimosas, junto a los niños están recogidos dementes, alcohólicos, vagabundos, lisiados, incapaces, enfermos crónicos, etc.

Nicolás Barré en su convento da conferencias a los miembros de la Tercera Orden de San Francisco de Paula. Tiene bastantes oyentes entre los cuales podemos encontrar a Adrien Nyel, administrador del Hospital General, Claude de Grainville y Pierre Fauvel, Consejeros del Parlamento, el Sr. Maillefer Consejero del Tribunal de Cuentas, entre otros; además de una gran cantidad de personas humildes. De aquí saldrían quienes le han de ayudar en su empresa de atención a las niñas y jóvenes.

Bajo la iniciativa de Nicolás Barré, un grupo de mujeres de Rouen y sus alrededores, se consagraron totalmente a la formación humana y cristiana de las jóvenes y mujeres que la pobreza y la miseria habían dejado sin recursos. Las hermanas dedicadas a esta labor se multiplicaron prodigiosamente y de todos los rincones de Francia solicitaban su presencia benéfica. Ellas por su parte vivían en un total abandono en la Divina Providencia, atareadas en la labor educativa y de formación humana y religiosa:

"El espíritu del Instituto de las hermanas maestras de las Escuelas Caritativas del Santo Niño Jesús, es el de enseñar al prójimo de su sexo los primeros elementos de la doctrina cristiana, de una manera apostólica, y en este espíritu de desinterés que impulsó a los Apóstoles a instruir a todo el mundo, es necesario que todas las personas que se ofrezcan para ser admitidas y recibidas en él, estén bien informadas, y que sepan que la casa del Instituto, no es como las de otros institutos, un establecimiento fijo, permanente y que da seguridades a los sujetos que allí se reciben de conservarles en él hasta el fin de sus días o por largo tiempo; pues hay tan pocos que los superiores nombrados no se comprometen ni siquiera a darles recompensas temporales en caso de despido del Instituto."(Texto de Fundación)

El Padre Barré las animaba con sus consejos y palabras de aliento para el duro trabajo que realizaban:

"Dábamos clase en las Escuelitas desde las ocho hasta las once. Después, llevábamos a los niños a Misa, eran unos ciento treinta o más. Desde las doce (horas) hasta los dos, hacíamos leer a las chicas mayores, y les dábamos catecismo; luego, las pequeñas hasta las cinco. Después, íbamos por las casas, para instruir a la buena gente, enseñándoles los principales misterios, y sobre todo a confesarse bien y a comulgar, dándoles facilidades para hacer confesiones generales, particularmente a todos aquellos que no lo habían hecho nunca y a aquellos que lo necesitaban".

Así nos cuenta Margarita Lestocq, primera hermana que entró en la comunidad, el comienzo de la fundación y en qué consistía:

"El reverendo Padre nos preguntó-¿Queréis vivir en comunidad, con la condición de que no tendréis ninguna seguridad?. No tendréis más que lo necesario, y aún escasamente, y si estáis enfermas, se os mandará al hospital. Hay que estar dispuesta a morir en un rincón al borde del camino, abandonada por todos y permanecer en esta disposición toda la vida. Ved, dijo su reverencia, lo que tenéis que responder. Respondimos de todo corazón: Sí, lo queremos, y nos abandonamos a la Divina Providencia con total desinterés. Dicho y hecho, entramos en comunidad, bajo la obediencia de una superiora, que en aquel tiempo era Mme. du Buc, persona muy virtuosa, allí vivimos en santa unión amabilidad, humildad, condescendencia unas con otras; sobre todo el recogimiento y el silencio eran exactamente observados. Hay que señalar que no hubo ninguna dificultad entre las hermanas durante varios años. Así, la comunidad continuó creciendo más y más, y las Escuelas se fueron multiplicando y la gracia de Dios se derramaba en abundancia. Sin embargo, hubo grandes dificultades después de varios años. No puedo detallar las que nos vinieron por parte de los sacerdotes, de los clérigos, religiosos y seglares, que causaron muchas penas a nuestro muy reverendo padre Barré que tuvo que sufrir, sudar y trabajar, y sacrificarse mucho para establecer la casa, y se cansó mucho y arruinó su salud para darnos santos y sobrenaturales consejos, llenándonos el corazón y el espíritu de todo lo necesario para nuestra salvación y la del prójimo. No se puede expresar el penoso trabajo a que se entregó nuestro reverendo padre".

Los estatutos de l685 están dirigidos a los Hermanos maestros y a las Hermanas maestras de las escuelas a los cuales formaba en seminarios para que realizasen su labor educativa de la forma más fecunda. Constatamos aquí el comienzo de las Escuelas Normales.

Las Hermanas maestras, formaron pronto una comunidad sólida y estable; se multiplicaron rápidamente, incluso fueron germen o apoyo de otras congregaciones diocesanas que surgieron como ellas para cubrir las necesidades latentes en aquella sociedad. Pronto se repartieron por toda Francia, y curiosamente el año siguiente a la muerte de Nicolás, Servien de Montigny solicitó oficialmente al rey permiso para que varias hermanas se embarcasen rumbo a Siam (Thailandia); pero el rey no dio su autorización.

En la actualidad las Maestras Caritativas forman una Confederación, con dos ramas diferentes: Hermanas del Niño Jesús-Providencia de Rouen que han saltado con sus casas desde Europa hasta Madagascar y Africa Central y las Hermanas del Niño Jesús-Nicolás Barré que desde Europa se han extendido por Asia, Africa y América Latina

Los Hermanos Maestros no perduraron, las condiciones de vida para ellos son más duras que para las maestras, son inconstantes, no perseveran. Necesitarían otro tipo de atención y dedicación que el P. Barré no puede tener con ellos.

San Juan Bautista de la Salle consulta al Padre Barré (1688) sobre el tema de los maestros, en el cual ha quedado envuelto de forma un poco involuntaria. El P. Barré se alegra de que alguien emprenda este camino; le aconseja desde su experiencia, le exige desde su posición de guía y consejero. Juan Bautista le pide consejo en varias ocasiones sobre el mismo tema y sobre la forma en que ha de actuar. Barré sabe que si Juan tiene a los maestros organizados y junto a sí, podrá conseguir aquello en lo que él fracasó. El no podía por su condición de religioso llevarlos a su convento y organizarlos allí de forma estable y permanente. Pero el Sr. De La Salle sí puede, aunque para hacerlo tenga que oponerse a toda su familia, quedar en ridículo delante de sus amigos y conocidos, invertir toda su fortuna y renunciar a todas sus seguridades. Juan Bautista de la Salle tiene madera de Santo, se deja modelar por la mano de Dios a través de su guía experto, Nicolás, y funda los Hermanos de las Escuelas Cristianas que hasta el día de hoy juegan un papel muy importante en la educación de niños y jóvenes.





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |