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Fidel Fuidio y otros paleontólogos mártires
El agustino Velasco, el jesuita de la Cerda, el laico Fidel Fuidio y otros, al ser científicos y católicos ¿eran más molestos?, fueron asesinados en 1936


Por: Alfonso V. Carrascosa | Fuente: Religion en Libertad



Hay activistas de ideología laicista que intentan presentar a la Iglesia Católica como enemiga de la ciencia. Un tema recurrente de estos activistas es el de la Teoría de la Evolución.

Algunos paleontólogos ateos, que no conocen bien la doctrina católica, piensan que la Iglesia defiende una interpretación literal del texto bíblico en cuanto al origen del cosmos y del hombre. Eso no es así, y la historia de la ciencia en España, y más aún la de la paleontología, muestra que ser católico fervoroso y ser un científico riguroso son cosas perfectamente compatibles.

Laicistas que matan científicos ya en el s.XVIII

La ideología laicista no es necesariamente amiga de la ciencia. Un ejemplo clásico lo vemos en el caso del gran químico y católico francés Antonie Laurent Lavoisier (1743-1794), guillotinado en la Revolución Francesa al grito de: "¡La República no necesita ni científicos ni químicos, el curso de la justicia no puede ser detenido!".

Lavoisier, que es considerado padre de las Ciencias Químicas, estudio en el Colegio Mazarin, fundado por el Cardenal Mazarino, y tenía como ayudante en sus investigaciones a su esposa, Marie-Anne Pierette Paulze (1758-1836). No era un católico sólo de nombre, sino que se tomaba en serio las Escrituras. Escribió a un amigo: "Has hecho algo noble al sostener la revelación y la autenticidad de las Sagradas Escrituras [refiriéndose a una diatriba] y es de destacar que estás utilizando contra ellos las mismas armas con las que te atacan”.

El caso de Lavoisier nos sirve de preámbulo para abordar el asesinato de varios científicos católicos, paleontólogos, durante la persecución religiosa de la Guerra Civil española.



La paleontología española la hicieron católicos

La historia de la paleontología española la han protagonizado católicos practicantes. Es un hecho histórico incontestable, y una prueda de la armonía entre la fe católica y la investigación científica.

Los científicos con fe son incómodos para la leyenda negra que dice que el catolicismo impide la Ciencia.

Quizá este "ser incómodos" fue un elemento que llevó al asesinato del beato Fidel Fuidio (1880-1936) y de otros seis compañeros: todos ellos eran católicos y miembros de la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria. Defensores de la armonía entre ciencia y fe, entre evolución y Creación, fueron asesinados durante la persecución religiosa.

Fidel Fuidio: arqueólogo y docente renovador

Fidel Fuidio ingresó con doce años en la congregación de los Marianistas, a la que perteneció toda su vida. Se licenció en Filosofía y Letras y se doctoró en Historia en la Universidad de Madrid, en 1934, con una tesis sobre la “Carpetania romana”. Se le considera un precursor de la arqueología madrileña y sus múltiples hallazgos todavía se conservan en el actual Museo de los Orígenes de Madrid, o en el Museo del Colegio del Pilar, de los religiosos marianistas.

Con muchos alumnos de ese colegio excavó importantes yacimientos durante su docencia allí, de 1910 a 1933. Este colegio religioso fue de los primeros en España en explicar prehistoria a sus alumnos y sus excavaciones representaban toda una innovación pedagógica.



Fidel Fuidio trabajó codo con codo con el eminentísimo paleoantropólogo (y sacerdote católico) Hugo Obermaier, vinculado al “Institute de Paléontologie Humaine” de Paris. Fuidio también desarrolló una ingente labor arqueológica en Ciudad Real, en cuyo Museo Provincial se conservan todavía las piezas que él extrajera de yacimientos con sus alumnos del Colegio Nª Sª del Prado, donde también dio clase.

Mientras se recuperaba de una operación, fue apresado en Ciudad Real el 7 de agosto de 1936. Alguien había notado que llevaba un crucifijo colgado. A partir de ese momento se preparó para morir, como los supervivientes que le acompañaron en el cautiverio, rezando mucho y confesándose con frecuencia hasta ser fusilado en Carrión de Calatrava del 16 al 17 de octubre de 1936. La Iglesia lo beatificó como mártir en 1995 junto a otros dos compañeros marianistas, Carlos Eraña y Jesús Hita.

Los científicos de la SEAEP asesinados por su fe

Una suerte similar corrieron otros paleontólogos que como Fidel Fuidio pertenecieron a la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria (SEAEP), sociedad que a todos ellos les dedicó en homenaje un volumen de estudios científicos titulado “Corona de estudios que la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria dedica a sus Mártires”. Este libro fue publicado en 1941 por el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) y editado por Julio Martínez Santa Ollala, que da cuenta en dicha obra de las profundas convicciones religiosas de todos los biografiados.

La imagen de dicha obra está tomada de un ejemplar que se conserva en la biblioteca del Museo Nacional de Ciencias Naturales, que probablemente fuera propiedad de otro científico católico, Eduardo Hernández Pacheco, a juzgar por la escritura de su nombre en la portada.

Médico estudioso de incas y aztecas... fusilado

El doctor en Medicina por la Universidad de Madrid Angel de Tuya y G. del Solar (1904-1936), que cursara también Filosofía y Letras en la capital de España, fue nombrado en 1934 vicesecretario de la SEAEP. Destacaron sus publicaciones antropológicas sobre la medicina y cultura inca y azteca. También se interesó por la antropología y como Fuidio estudió prehistoria con el padre Hugo Obermaier.

Le faltaba poco para partir en una expedición científica al África dirigida por el famoso africanista Frobenius, cuando fue detenido y encarcelado, primero en la checa de Bellas Artes de Madrid, después en la Cárcel Modelo. De allí fue llevado a Torrejón de Ardoz y fusilado en noviembre de 1936.

Un jesuita, un agustino, un ingeniero...

Similar suerte corrió Antonio Alonso Sarasa (1882-1936), también muy interesado en estudios históricos y etnológicos y vinculado a la SEAEP, teniente coronel del cuerpo de Intendencia apresado en la Cárcel Modelo que terminó sus días en una saca en noviembre de 1936 en Paracuellos del Jarama.

De igual modo Manuel de la Cerda y de las Bárcenas (1900-1936), jesuita y licenciado en Ciencias Naturales en Madrid, que pasó por la Cárcel Modelo, la de Porlier, hasta diciembre de 1936. (Su madre, detenida por agentes de la Dirección General de Seguridad el día 30 de septiembre, apareció asesinada el día siguiente en la carretera de Andalucía. A su hermano Tomás lo asesinaron en Paracuellos el 27 de noviembre).

Emilio de la Cruz Díaz, Ingeniero de Minas y director de las Minas de Caralt, corrió igual suerte en octubre de 1936 en Gerona.

Francisco Galiana Serra (1913-1937), se licenció en Derecho y Filosofía y Letras, aficionándose mucho a los estudios prehistóricos que llevara adelante dirigido por Julio Martínez Santa Ollala, el autor de la Corona de Mártires. Galiana fue detenido por católico y fusilado en los pinares de Valsaín en la Sierra de Guadarrama.

Valentín Velasco (1892-1936), sacerdote agustino, se dedicó a la enseñanza en el Real Colegio Alfonso XII del Monasterio de El Escorial, donde estudiaran Azaña y José Castillejo, secretario de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones científicas, entre otros. Velasco cursó también Derecho y Filosofía y Letras y dedicaba parte de su tiempo a los estudios arqueológicos. Fue apresado y ejecutado en Madrid en agosto de 1936.

Estos hechos ponen de manifiesto que los ejecutores, militantes en organizaciones políticas de ideología laicista, actuaron muy alejados del interés científico y racional, de cuya defensa se autodenominaban los únicos protagonistas. Su violencia se llevó por delante a personas de ciencia que ya entonces propagaban la conciliación de la fe católica con la Teoría de la Evolución.

(El autor, Alfonso V. Carrascosa, es científico del CSIC; las afirmaciones de este artículo no coinciden necesariamente con las oficiales de la institución en la que desarrolla su actividad profesional)

 



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