Menu



Proyecto educativo de la escuela católica
La escuela es «católica», cuando los principios evangélicos se convierten para ella en normas educativas, motivaciones interiores y al mismo tiempo metas finales.


Por: Pio Card. Laghi | Fuente: Congregación para la Educación Católica, La Escuela Católica





Esquema:
1. El carácter específico de la escuela católica
2. Síntesis entre fe y cultura
3. Síntesis entre fe y vida
4. Enseñanza religiosa
5. La Escuela Católica, lugar de encuentro de la comunidad educativa cristiana
6. Otros aspectos del proyecto educativo de la Escuela Católica
7. La Escuela Católica como servicio eclesial y social


Carácter específico de la Escuela Católica

33. Después de haber tratado de definir la Escuela Católica a partir de la noción de escuela, es posible ahora concentrar la atención en aquello que la especifica como católica. Lo que la define en este sentido es su referencia a la concepción cristiana de la realidad. Jesucristo es el centro de tal concepción.

34. En el proyecto educativo de la Escuela Católica, Cristo es el fundamento: El revela y promueve el sentido nuevo de la existencia y la transforma capacitando al hombre a vivir de manera divina, es decir, a pensar, querer y actuar según el Evangelio, haciendo de las bienaventuranzas la norma de su vida. Precisamente por la referencia explícita, y compartida por todos los miembros de la comunidad escolar, a la visión cristiana -aunque sea en grado diverso- es por lo que la escuela es «católica», porque los principios evangélicos se convierten para ella en normas educativas, motivaciones interiores y al mismo tiempo metas finales.

35. De este modo la Escuela Católica adquiere conciencia de su empeño por promover al hombre integral porque en Cristo, el Hombre perfecto, todos los valores humanos encuentran su plena realización y, de ahí, su unidad. Este es el carácter específicamente católico de la escuela, y aquí se funda su deber de cultivar los valores humanos respetando su legítima autonomía, y conservándose fiel a su propia misión de ponerse al servicio de todos los hombres. Jesucristo, pues, eleva y ennoblece al hombre, da valor a su existencia y constituye el perfecto ejemplo de vida propuesto por la Escuela Católica a los jóvenes.

36. Si la Escuela Católica, como todas las demás escuelas, tiene por fin la comunicación crítica y sistemática de la cultura para la formación integral de la persona, persigue este fin dentro de una visión cristiana de la realidad «mediante la cual, la cultura humana, adquiere su puesto privilegiado en la vocación integral del hombre». (13) Consciente de que el hombre histórico es el que ha sido salvado por Cristo, la Escuela Católica tiende a formar al cristiano en las virtudes que lo configuran con Cristo, su modelo, y le permiten colaborar finalmente en la edificación del reino de Dios. (14)

37. Estas premisas permiten indicar la tareas y explicitar los contenidos de la Escuela Católica. Las tareas se polarizan en la síntesis entre cultura y fe, y entre fe y vida; tal síntesis se realiza mediante la integración de los diversos contenidos del saber humano, especificado en las varias disciplinas, a la luz del mensaje evangélico, y mediante el desarrollo de las virtudes que caracterizan al cristiano.
Síntesis entre fe y cultura

38. Al proponerse promover entre los alumnos la síntesis entre fe y cultura a través de la enseñanza, la Escuela Católica parte de una concepción profunda del saber humano en cuanto tal, y no pretende en modo alguno desviar la enseñanza del objetivo que le corresponde en la educación escolar.

39. En este contexto se cultivan todas las disciplinas con el debido respeto al método particular de cada una. Sería erróneo considerar estas disciplinas como simples auxiliares de la fe o como medios utilizables para fines apologéticos. Ellas permiten aprender técnicas, conocimientos, métodos intelectuales, actitudes morales y sociales que capaciten al alumno para desarrollar su propia personalidad e integrarse como miembro activo en la comunidad humana. Presentan, pues, no sólo un saber que adquirir, sino también valores que asimilar y en particular verdades que descubrir.

40. A la luz de tal concepción global de la misión educativa de la Escuela Católica, el maestro se encuentra en las mejores condiciones para guiar al alumno a profundizar en la fe y, al mismo tiempo, para enriquecer e iluminar el saber humano con los datos de la fe. La enseñanza ofrece numerosas ocasiones para elevar al alumno a perspectivas de fe, pero aparte de tales circunstancias, el educador cristiano sabe descubrir la válida aportación con que las disciplinas escolares pueden contribuir al desarrollo de la personalidad cristiana. La enseñanza puede formar el espíritu y el corazón del alumno y disponerlo a adherirse a Cristo de una manera personal y con toda la plenitud de una naturaleza humana enriquecida por la cultura.

41. Además, la escuela considera el saber humano como una verdad que hay que descubrir. En la medida en que las diversas materias se cultivan y se presentan como expresión del espíritu humano que, con plena libertad y responsabilidad busca el bien, ellas son ya en cierta manera cristianas, porque el descubrimiento y el reconocimiento de la verdad orienta al hombre a la búsqueda de la verdad total. El maestro, preparado en la propia disciplina, y dotado además de sabiduría cristiana, trasmite al alumno el sentido profundo de lo mismo que enseña y lo conduce, trascendiendo las palabras, al corazón de la verdad total.

42. El patrimonio cultural de la humanidad comprende otros valores que están más allá del ámbito específico de lo verdadero. Cuando el maestro cristiano ayuda al alumno a captar, apreciar y asimilar tales valores, lo orienta progresivamente hacia las realidades eternas. Tal dinamismo hacia su fuente íncreada explica la importancia de la enseñanza para el crecimiento de la fe.

43. Es evidente que semejante orientación de la enseñanza no depende tanto de la materia o de los programas, sino principalmente de las personas que los imparten. Mucho dependerá de la capacidad de los maestros el que la enseñanza llegue a ser una escuela de fe, es decir, una trasmisión del mensaje cristiano. La síntesis entre cultura y fe se realiza gracias a la armonía orgánica de fe y vida en la persona de los educadores. La nobleza de la tarea a la que han sido llamados reclama que, a imitación del único Maestro Cristo, ellos revelen el misterio cristiano no sólo con la palabra sino también con sus mismas actitudes y comportamiento. Se comprende así la fundamental diferencia que existe entre una escuela en la cual la enseñanza estuviera penetrada del espíritu cristiano y otra que se limitara a incluir la religión entre las otras materias escolares.

Síntesis entre fe y vida

44. Fundada en la asimilación de los valores objetivos, la enseñanza, en su dimensión apostólica, no se limita a la síntesis entre fe y cultura, sino que tiende a realizar en el alumno una síntesis personal entre fe y vida.

45. La Escuela Católica asume como misión específica -y con mayor razón hoy frente a las deficiencias de la familia y de la sociedad en este campo- la formación integral de la personalidad cristiana. Para lograr la síntesis entre fe y vida en la persona del alumno, la Iglesia sabe que el hombre necesita ser formado en un proceso de continua conversión para que llegue a ser aquello que Dios quiere que sea. Ella enseña a los jóvenes a dialogar con Dios en las diversas situaciones de su vida personal. Los estimula a superar el individualismo y a descubrir, a la luz de la fe, que están llamados a vivir, de una manera responsable, una vocación específica en un contexto de solidaridad con los demás hombres. La trama misma de la humana existencia los invita, en cuanto cristianos, a comprometerse en el servicio de Dios en favor de los propios hermanos y a transformar el mundo para que venga a ser una digna morada de los hombres.

46. La Escuela Católica enseña a los jóvenes a interpretar la voz del universo que les revela al Creador y, a través de las conquistas de la ciencia, a conocer mejor a Dios y al hombre. En la vida diaria del ciclo escolar, el alumno aprende que a través de su obrar en el mundo él está llamado a ser un testimonio vivo del amor de Dios entre los hombres, porque él mismo forma parte de una historia de salvación que recibe su último sentido de Cristo salvador de todos los hombres.

47. Consciente de que no basta ser regenerados por el bautismo, para ser cristianos, sino que es necesario vivir y obrar conforme al Evangelio, la Escuela Católica se esfuerza por crear en el ámbito de la comunidad escolar un clima (15) que ayude al alumno a vivir su fe de una manera cada día más madura, y a adquirir gradualmente una actitud pronta para asumir las responsabilidades de su bautismo. En la educación tiene presente el puesto insustituible que la doctrina católica da a las virtudes, como orientación permanente y profunda, que deben instaurarse gradualmente en la conciencia. Las virtudes teologales las asumen para sublimarlas en la caridad, que viene a ser, por así decirlo, el alma que transforma al hombre virtuoso en cristiano. Por tanto, el centro de la acción educativa es Cristo, modelo según el cual el cristiano debe configurar la propia vida. En esto la Escuela Católica se diferencia de toda otra escuela que se limita a formar al hombre, mientras que ella se propone formar al cristiano y a hacer conocer a los no bautizados, por su enseñanza y y su testimonio, el misterio de Cristo que supera todo conocimiento. (16)

48. Aunque la específica acción educativa de la Escuela Católica se desarrolla junto con la de otras instituciones educativas (como son, además de la familia, las comunidades cristianas y parroquiales, las asociaciones juveniles, culturales, deportivas, etc.) , existen también muchas otras esferas sociales que constituyen, de múltiples formas, una fuente de información y de participación cultural. Frente a esta «escuela paralela», se impone la presencia activa de la escuela que, mediante una educación sistemática y crítica, prepare a los jóvenes a un autocontrol, (17) que los capacite para hacer opciones libres y conscientes frente a los mensajes que le presentan los medios de comunicación social. Es necesario enseñarles a someter tales mensajes a un juicio crítico personal, (18) a ordenarlos en buenas síntesis y a integrarlos en su cultura humana y cristiana.

Enseñanza religiosa

49. En el desempeño de su misión específica, que consiste en trasmitir de modo sistemático y crítico la cultura a la luz de la fe y de educar el dinamismo de las virtudes cristianas, promoviendo así la doble síntesis entre cultura y fe, y fe y vida, la Escuela Católica es consciente de la importancia que tiene la enseñanza de la doctrina evangélica tal como es trasmitida por la Iglesia Católica. Ese es, pues, el elemento fundamental de la acción educadora, dirigido a orientar al alumno hacia una opción consciente, vivida con empeño y coherencia.

50. Sin entrar en la problemática que plantea la enseñanza religiosa en las escuelas, es necesario subrayar que esta enseñanza -que no puede limitarse a los cursos de religión previstos por los programas escolares- debe ser impartida en la escuela de una manera explícita y sistemática, para evitar que se cree en el alumno un desequilibrio entre la cultura profana y la cultura religiosa. Una enseñanza tal, difiere fundamentalmente de cualquier otra, porque no se propone como fin una simple adhesión intelectual a la verdad religiosa, sino el entronque personal de todo el ser con la persona de Cristo.

51. Pero, aun reconociendo que el lugar propio de la catequesis es la familia ayudada por las otras comunidades cristianas, particularmente la parroquial, nunca se insistirá suficientemente en la necesidad y en la importancia de la catequesis en la Escuela Católica con el fin de conseguir la madurez de los jóvenes en la fe.

52. La Escuela Católica estará, pues, atenta para aprovechar los avances que se logran en el campo de los estudios psicopedagógicos, especialmente catequéticos, pero, sobre todo, a las iniciativas y directivas emanadas de los órganos eclesiales competentes. Además sentirá el deber de colaborar, mediante la preparación cada día más cualificada de quienes tienen a su cargo la catequesis escolar, en la mejor realización del mandato catequístico de la Iglesia.

La Escuela Católica, lugar de encuentro de la comunidad educativa cristiana

53. Por todos estos motivos, las escuelas católicas deben convertirse en «lugares de encuentro de aquéllos que quieren testimoniar los valores cristianos en toda la educación». (19) Como toda otra escuela, y más que ninguna otra, la Escuela Católica debe constituirse en comunidad que tienda a la trasmisión de valores de vida. Porque su proyecto, como se ha visto, tiende a la adhesión a Cristo, medida de todos los valores, en la fe. Pero la fe se asimila, sobre todo, a través del contacto con personas que viven cotidianamente la realidad: la fe cristiana nace y crece en el seno de una comunidad.

54. La dimensión comunitaria de la Escuela Católica viene, pues, exigida no sólo por la naturaleza del hombre y la del proceso educativo, como ocurre en las demás escuelas, sino por la naturaleza misma de la fe. Consciente de sus limitaciones para responder a los compromisos que se derivan de su propio proyecto educativo, la Escuela Católica sabe que ella constituye una comunidad que debe alimentarse y confrontarse con las fuentes de las que se deriva la razón de su existencia : la palabra salvífica de Cristo, tal como se expresa en la Sagrada Escritura, en la Tradición sobre todo litúrgica y sacramental, y en la existencia de aquellos que la han vivido o la viven actualmente.

55. Sin la constante referencia a la Palabra y el encuentro siempre renovado con Cristo, la Escuela Católica se alejaría de su fundamento. Es del contacto con Cristo, de donde la Escuela Católica obtiene la fuerza necesaria para la realización de su propio proyecto educativo y «crea para la comunidad escolar una atmósfera animada de un espíritu evangélico de libertad y caridad», (20) en la cual el alumno pueda hacer la experiencia de su propia dignidad. Reconociendo la dignidad del hombre y la llamada que Dios dirige a cada uno, la Escuela Católica contribuye a liberarlo, es decir, a hacer que sea lo que él está destinado a ser, el interlocutor consciente de Dios, disponible a su amor.

56. «Esta doctrina religiosa elemental, que constituye el eje de la metafísica existencial cristiana», (21) es erigida en criterio de actividad educativa por la comunidad escolar católica. No trasmite, pues, la cultura como un medio de potencia y de dominio, sino como un medio de comunión y de escucha de la voz de los hombres, de los acontecimientos y de las cosas. No considera el saber como un medio de crearse una posición, de acumular riquezas, sino como un deber de servicio y de responsabilidad hacia los demás.

Otros aspectos del proyecto educativo de la Escuela Católica

57. Si la comunidad católica recurre a una solución alternativa para dar a los jóvenes una formación específica en la fe cristiana mediante la escuela Católica, ésta, lejos de impartir un saber que divida a los hombres y fomente la presunción, exasperando las posiciones contrarias, favorece y promueve el encuentro y la colaboración. Se abre a los demás respetando su modo de pensar y de vivir, comprendiendo sus preocupaciones y esperanzas, compartiendo su situación y participando en su futuro.

58. La Escuela Católica, movida por el ideal cristiano, es particularmente sensible al grito que se lanza de todas partes por un mundo más justo, y se esfuerza por responder a él contribuyendo a la instauración de la justicia. No se limita, pues, a enseñar valientemente cuáles sean las exigencias de la justicia, aun cuando eso implique una oposición a la mentalidad local, sino que trata de hacer operativas tales exigencias en la propia comunidad, especialmente en la vida escolar de cada día. En algunas naciones, como consecuencia de la situación jurídica y económica en la que desarrolla su labor, corre el riesgo de dar un contratestimonio, porque se ve obligada a autofinanciarse aceptando principalmente a los hijos de familias acomodadas. Esta situación preocupa profundamente a los responsables de la Escuela Católica, porque la Iglesia ofrece su servicio educativo en primer lugar a «aquellos que están desprovistos de los bienes de fortuna, a los que se ven privados de la ayuda y del afecto de la familia, o que están lejos del don de la fe». (22) Porque, dado que la educación es un medio eficaz de promoción social y económica para el individuo, si la Escuela Católica la impartiera exclusiva o preferentemente a elementos de una clase social ya privilegiada, contribuiría a robustecerla en una posición de ventaja sobre la otra, fomentando así un orden social injusto.

59. Es evidente que un proyecto educativo, basado en una concepción que compromete profundamente a la persona, exige ser realizado con la libre adhesión de todos aquellos que toman parte en él: no puede ser impuesto, se ofrece como una posibilidad, como una buena nueva y, como tal, puede ser rechazado. Sin embargo, para realizarlo con toda fidelidad, la escuela debe poder contar con la unidad de intención y de convicción de todos sus miembros.
Participación de la comunidad cristiana en el proyecto educativo de la Escuela Católica

60. Declarando desde el principio su proyecto y decidida a realizarlo fielmente, la Escuela Católica forma una comunidad auténtica y verdadera que, cumpliendo su tarea específica de trasmisión cultural, ayuda a cada uno de sus miembros a comprometerse en un estilo de vida típicamente cristiano. De hecho en una comunidad semejante, el respeto al prójimo es servicio a la persona de Cristo, la colaboración se realiza bajo el signo de la fraternidad; el compromiso político por el bien común es asumido con plena responsabilidad, como una misión para la construcción del reino de Dios.

61. La colaboración responsable para llevar a cabo el común proyecto educativo es considerada como un deber de conciencia por todos los miembros de la comunidad -maestros, padres de familia, alumnos, personal administrativo- cada uno de los cuales la ejecuta según las responsabilidades y funciones que le atañen. Esa participación, vivida con espíritu evangélico, es por su propia naturaleza un testimonio que no sólo «edifica» a Cristo en la comunidad, sino que lo irradia y se convierte en «signo» para todos.

La Escuela Católica como servicio eclesial y social

62. De esta manera la comunidad escolar presta un insustituible servicio no sólo a la persona de los alumnos y de cuantos por diverso título la integran, sino también a la sociedad que hoy, particularmente dividida entre aspiraciones a la solidaridad y el surgir de formas siempre nuevas de individualismo, puede por lo menos, hacerse consciente de la posibilidad de dar vida a auténticas comunidades, que llegan a serlo gracias a la convergente tensión hacia el bien común. Además, la Escuela Católica asegurando institucionalmente, a la sociedad pluralista de hoy, una presencia crítica en el mundo de la cultura y de la enseñanza, revela con su misma existencia las riquezas de la fe, presentándola como respuesta a los grandes problemas que oprimen a la humanidad. Sobre todo, la Escuela Católica está llamada a prestar un humilde y amoroso servicio a la Iglesia haciéndola presente en el campo educativo escolar en beneficio de la familia humana.

63. Así es como ella desarrolla un «auténtico apostolado». (23) Dedicarse, pues, a este apostolado «significa cumplir una tarea eclesial insustituible y urgente». (24)

Notas
13. #13 CONCILIO VATICANO II, Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo «Gaudium et Spes», 57. [Regresar]
14. #14 Cf. CONCILIO VATICANO II, Declaración sobre la Educación Cristiana «Gravissimum Educationis», 2. [Regresar]
15. #15 Cf. CONCILIO VATICANO II, Declaración sobre la Educación Cristiana «Gravissimum Educationis», 8. [Regresar]
16. #16 Cf. Eph 3, 18-19. [Regresar]
17. #17 Cf. Instrucción Pastoral «Communio et Progressio», 67. [Regresar]
18. #18 Cf. ibid. 68. [Regresar]
19. #19 PAULO VI, Alocución al IX Congreso de la O.I.E.C., en «L´Osservatore Romano», 9 de junio de 1974. [Regresar]
20. #20 CONCILIO VATICANO II, Declaración sobre la Educación Cristiana «Gravissimum Educationis», 8. [Regresar]
21. #21 PAULO VI, Valor de la oblación en la vida, en «Insegnamenti di Paolo VI», vol. 8 #1970 97. [Regresar]
22. #22 CONCILIO VATICANO II, Declaración sobre la Educación Cristiana «Gravissimum Educationis», 9. [Regresar]
23. #23 CONCILIO VATICANO II, Declaración sobre la Educación Cristiana «Gravissimum Educationis», 8. [Regresar]
24. #24 PAULO VI, Al Prof. Giuseppe Lazzati, Rector Magnífico de la Universidad del Sagrado Corazón, en «Insegnamenti di Paolo VI», vol. 9 #1971 1082. [Regresar]


Reportar anuncio inapropiado |


Compartir en Google+
Publicar un comentario sobre este artículo



(no será publicado)








* Gracias por su comentario. El número de mensajes que pueden estar en línea es limitado. La longitud de los comentarios no debe exceder los 500 caracteres. Catholic.net se reserva el derecho de publicación de los mensajes según su contenido y tenor. Catholic.net no se solidariza necesariamente con los comentarios ni las opiniones expresadas por sus usuarios. Catholic.net no publicará comentarios que contengan insultos o ataques y se reserva el derecho de publicar direcciones de correo o enlaces (links) a otras páginas.


Ver Comentarios


Reportar anuncio inapropiado |