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Reflexiones sobre el consumo responsable
Es conveniente un cambio de mentalidad, que por el momento no parece fácil


Por: Antoni Pedragosa | Fuente: ForumLibertas



29 FEBRERO, 2016

Las tradiciones sapienciales siempre han alabado la sobriedad como una virtud que da excelencia al carácter de una persona. En la antigüedad, personajes como Marco Aurelio o Séneca, ya alababan esta virtud, como también lo hacían pensadores de la tradición cristiana como San Agustín o Santo Tomás, que la relacionaban estrechamente con la pobreza evangélica. También las tradiciones orientales como el taoísmo o el budismo, ven la sobriedad como una manera de vivir liberada del deseo de poseer. Sería como librarse de todo aquello que es superfluo y no consumir más que lo estrictamente necesario. La ausencia de esta virtud, genera unos contravalores muy negativos, como la avaricia, la envidia, la arrogancia… esto genera una forma de vida frívola, desvinculada, individualista, insolidaria.

Reconozcamos que estos tipos de conducta, ya le van bien a la sociedad de consumo, porque aceleran los deseos, especialmente los de posesión. I se nos dice que esto es bueno para el mercado y para el crecimiento. Y se nos hace creer también que la calidad de una sociedad está en función de su crecimiento, y que es conveniente crecer más y más y más. El hecho de que todo esté orientado al consumo, lo pagamos muy caro. Nuestra vida se transforma en un escaparate, o lo que es peor, en una mercadería. A veces lo que nos interesa es exhibir el objeto adquirido y ponemos más atención en las cosas que en las personas. Como decía el gran educador López Castellote “en lugar de usar las cosas y amar las personas, amamos las cosas y usamos las personas.”

Es conveniente un cambio de mentalidad, que por el momento no parece fácil. Hemos de reivindicar el consumo responsable. Es decir: que la persona consumidora se transforme en ciudadano responsable…conviene que antes de comprar nos planteemos unas preguntas previas. ¿Que necesidad tengo de este objeto? ¿Quien lo ha hecho?  ¿Como lo ha hecho?  ¿Que repercusiones medioambientales tiene su consumo?  ¿Que caducidad tiene?  ¿Se puede reparar en caso de estropearse?  Si hacemos esto, ya es un paso previo, pero conviene tomar conciencia de la situación que vivimos.  La conciencia es la fuerza motriz del cambio.  La conciencia individual es importante pero insuficiente. Hay que transformarla en conciencia colectiva. Nosotros no hemos de ser unos títeres al servicio del mercado, sino unos ciudadanos libres de nuestras decisiones, y con capacidad de plantar cara a la cultura de la desvinculación y de la banalidad.







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