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El Papa y las Familias
No renunciemos al esfuerzo cotidiano de renovar nuestro amor


Por: Martín Elío Eugenio LC | Fuente: Catholic.net




Está de moda hablar de valores. Hasta las instituciones que se proclaman laicas no renuncian a hablar de ellos.  Pero ¿qué son los valores? ¿dónde se perciben y en qué escuela se aprenden? ¿cómo se hacen realidad en la vida de las personas? Sin duda el primer ámbito natural donde aprendemos a dar valor y significado a nuestra vida es la familia.
 
El Papa Francisco no ignora las dificultades por las que atraviesa hoy esta institución. Al convocar un sínodo extraordinario dedicado al tema de la familia no partió de un modelo ideal de familia. Más bien involucró a toda la iglesia en un estudio de campo, para analizar la realidad plural y compleja que se da hoy en nuestras sociedades democráticas.
 
 “Prefiero una familia con cicatrices, muestra de amor y fidelidad, que una familia maquillada y que no ha sabido de ternura y compasión”. No existe el padre perfecto, la madre perfecta, la familia perfecta. Pero los integrantes de una auténtica familia manifiestan su amor en la voluntad de afrontar juntos sus dificultades para salir adelante. En la homilía del inicio de su pontificado, el 19 de marzo del 2013, ponía a San José como modelo custodio de la sagrada familia. “Custodiar es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres”.
 
Si bien la familia nuclear tradicional está sufriendo una de sus peores crisis, sería una desgracia para la sociedad renunciar a ella. Retrasaría demasiado el ya de por sí difícil equilibrio psicológico de las personas y su capacidad para vivir los valores. Pondría en arriesgo la comunidad que contribuye de manera más natural a la protección y el respeto de los derechos humanos. No renunciemos al esfuerzo cotidiano de renovar nuestro amor, de tener la ilusión cada día de volver a empezar, de poner bajo la protección de la Morenita nuestra precariedad. ¡Qué distinta sería nuestra sociedad si tuviera más sabor a hogar y a familia!







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