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Educados para el ejercicio de la libertad
En el ejercicio de la libertad está la posibilidad de mejorar nuestra vida logrando una realización personal y social, o de arruinar el futuro por decisiones equivocadas


Por: Hna. Ma. Guadalupe Rosas congregación de las Hijas de María, Trono de la Sabiduría | Fuente: Catholic.net



 El curso de la historia depende , en gran medida, de la libertad humana. No hay un fatalismo  que defina las acciones del hombre sino que es su voluntad la que  dirige sus caminos. Mientras la naturaleza tiene leyes que la rigen y pueden ser conocidas por sus mecanismos  exactos y sus reacciones  constantes, en la historia está la apertura  del hombre hacia derroteros distintos que dependen de sus opciones ante hechos concretos, de tal forma que cada desición  personal conlleva una consecuencia y una reponsabilidad. El conjunto de las desiciones  personales va configurando tambien una realidad social.

Es  tal la importancia de la libertad que podemos considerarla  como uno de los distintivos básicos del ser humano, en contraste con el resto de los seres que integran el universo. El hombre es libre para pensar, para desplazarse, para crear y recrear, para comunicarse, pero especialmente, el ámbito más grande y fundamental de su libertad es el amor.

Muchas circunstancias de la vida pueden limitar la expresión de nuestra libertad, pero difícilmente pueden afectar el núcleo más íntimo y personal: nuestra capacidad para optar por el amor. Es el amor donde confluye  la búsqueda del bien, de la verdad, de la belleza y la justicia que todo ser humano anhela.

En el ejercicio de la libertad está la posibilidad de mejorar nuestra vida logrando una realización personal y social, o de arruinar el futuro  por decisiones equivocadas, ya sea del propio sujeto o de la sociedad en su conjunto, ya que la libertad  es una oportunidad y un riesgo, sobre todo tomando en cuenta  que nos desenvolvemos en circunstancias que muchas veces nos impiden actuar con claridad y oportunidad. Nuestra naturaleza humana que está definida  por la libertad para buscar y realizar el bien, se encuentra también limitada por un entendimiento  y una voluntad  oscurecidos por el mal, de ahí que a lo largo de la historia   humana se haga siempre una pregunta inevitable  ¿ de dónde procede el mal? Ante esta realidad inquietante, las respuestas son incontables, ya sea desde el humanismo de los griegos, la sabiduría  de las culturas indígenas o el racionalismo  de los modernos.

Como creyentes  hemos encontrado  en la respuesta bíblica  un dato que va desde  el origen mismo de esta contradicción. La oposición de la creatura  hacia el plan del creador, más aún,  la oposición al Creador  mismo, al grado de afectar nuestra propia naturaleza humana, no en la vocación radical hacia el bien y la felicidad, sino en la capacidad de buscar y encontrar  las formas auténticas  para  lograrlos. Esta es la realidad del pecado  que está presente  en toda la historia de la humanidad “ sería vano intentar ignorarlo  o dar a esta oscura realidad otros nombres”.
“Quienes no comparten la fe cristiana  pueden constatar  que el misterio del mal no alcanza  su explicación  definitiva  apelando a las puras fuerzas de la razón. Este hecho, nos permite advertir de un modo particularmente dramátco la necesidad de contar con una respuesta trascendente, en orden a descifrar el significado de nuestra vida, particularmente en sus momentos más dolorosos y contradictorios.”    
CEM. Educar para una nueva sociedad, Reflexiones y orientaciones sobre la educación en México, # 49 página 101 _ 102.







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