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¿Cansancio Matrimonial?
En el matrimonio no podemos bajar la guardia de nuestra vida interior, el afecto humano necesita del afecto divino.


Por: Guillermo Urbizu | Fuente: Catholic.net



Es el agotamiento normal del vértigo de vida que llevamos. Llegas a la noche que no puedes más, y ni fuerzas tienes para hablar con tu mujer o con tu marido, para entablar esa relación de intimidad tan necesaria para la ternura y el crecimiento de la unidad conyugal. Y se nos olvida incluso rezar alguna avemaría.

El agotamiento cotidiano no debe influir en nuestra vida de oración, de trato con Dios, y tampoco en nuestra vida matrimonial. Esa es la lucha. No debemos acostumbrarnos a la maravilla de nuestro amor. Somos tan burros que nos pasa, y nos dispersamos en mil cosas anodinas que a nada llevan. Y detectamos cierta acidez espiritual, un amago de tristeza o melancolía de tiempos mejores. Y nos dejamos llevar por el silencio empecinado o por contestaciones bruscas.

Es preciso reaccionar. Para los cristianos este nuevo impulso que necesitamos lo debemos encontrar en nuestro trato con Dios. ¿Cómo es ahora? ¿Nos limitamos a cuatro vaguedades? ¿Nos conformamos con dedicarle al Señor el tiempo sobrante? ¿No pensamos con frecuencia que Él es el quicio de nuestra familia y por lo tanto de nuestra alegría?

El matrimonio es también la intimidad de Dios, imagen de la Luz. Es la ternura de una oración que se manifiesta en la mutua y completa entrega de los dos. Cada gesto tiene una importancia infinita. Cada beso es signo de un milagro del que generalmente no somos conscientes. ¿Por qué? Sencillamente porque andamos despistados en nuestro yo. Ése museo de instantes disecados, carentes de gracia y de verdadero don.

Sí, la vida adquiere todo su color y calor cuando se vuelca en los demás. Es entonces cuando el significado de nuestro respirar se transforma en amor, en la sustancia espiritual que define nuestra existencia y nos identifica con Dios.

Nadie mínimamente sensato -y maduro- puede pensar que el matrimonio es un camino de rosas. Desengañémonos: no lo es. Pero cuidado, hoy en día cunde un sentimentalismo ciego que hace del sentimiento un garabato intrascendente. ¿El amor? Unos años -o meses o semanas- de pasión que hay que aprovechar mientras dure. La falta de formación, el acostumbramiento, la rebeldía ante el sufrimiento o la superficialidad ambiente ocasiona un conjunto de espejismos que se superponen en unas vidas donde la clave de casi todo está en el placer, en el capricho. Y ese es el comienzo del desamor, el inicio de una noche bastante oscura para las almas. El que lo crea así no es consciente del compromiso que ha adquirido, del "sí quiero". Y ojo, nadie está libre de hacer tonterías.

En el matrimonio no podemos bajar la guardia de nuestra vida interior. Es fundamental. El afecto humano necesita del afecto divino. Ambos lo conforman en comunión de personas. Esposo, esposa y Dios. Padre, Hijo y Espíritu Santo. Vocación de santidad. Mientras la eternidad enhebra el tiempo, el dolor y los cuerpos.

Comentarios al autor: guilleurbizu@hotmail.com

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