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Amor de adolescentes
¿Cómo mantener el amor joven en el matrimonio?


Por: Sres. Jorge y María Elena Allende | Fuente: Libro: Secretos del Amor




Buenos Aires, Argentina
8 de abril de 1997

Somos María Elena y Jorge Allende. Nos casamos hace 26 años en Buenos Aires, República Argentina.

Durante todo este tiempo de vida matrimonial creemos que los momentos más felices de nuestra vida como esposos y como padres de familia, han sido el día de nuestra Boda, la llegada de nuestro hijo y los logros que hemos hecho en la parte del trabajo.

El momento más difícil para nuestra unión entre nosotros y para la familia fue el sufrimiento provocado por la pérdida de nuestros padres, seguido de muchos reproches mutuos, pues cada uno tenía y mantenía su propio punto de vista. Pero lo superamos - después de largos meses muy difíciles- con el amor y con la ayuda de Dios.

Lo que nos ha mantenido unidos como familia ha sido, precisamente, nuestro amor de adolescentes que aún conservamos vivo. En los momentos de dificultad nos ha unido nuestra fe en Dios y actualmente nos une el mismo amor y la necesidad espiritual de caminar el resto del camino juntos, muy unidos a Dios y muy unidos entre sí.

Si Dios nos diera la gracia de comenzar nuevamente nuestro matrimonio, no cambiaríamos el sentimiento de amor y de compañerismo. No dejaríamos tampoco de disfrutar y agradecer nuestra vida en común y la de nuestro queridísimo hijo.

Mejoraríamos las cosas ordinarias, las de cada día, las que parece que ´tienen´ que ser así ´porque son así´, pero que con un poco de iniciativa, de entendimiento mutuo y de flexibilidad pueden mejorarse enormemente. Nos pondríamos de acuerdo mejor sobre lo referente a nuestro entorno familiar, que muchas veces nos hicieron discutir en el pasado, evitando algunos arrebatos -¿quién no los tiene?- y la intolerancia.

Desearíamos vivir juntos todos los años que Dios quiera concedernos de vida. Sí, hasta que la muerte nos separe, e incluso entonces, con la ayuda de Dios, seguiremos unidos para siempre, ¿verdad?

Reflexión:

Por supuesto, ya lo creo. En verdad, aún mantienen su amor de adolescentes. Sí, son humanos, tienen sus defectos –por verde que esté, no hay árbol sin alguna hoja seca-, visten la misma arcilla que nosotros, pero aún mantienen la frescura de su amor primero.

¡Qué importante es mantener y aumentar ese amor primero! Es necesario amar, amar mucho, amar cada día más y más. Renovar ese amor. Cada mañana, despertar al amor; al anochecer, dormir por amor. En cada hora, en cada minuto, en cada segundo: amar siempre.

Y así, cada día ser de nuevo, comprometerse de nuevo. Yo, personalmente, no quiero sentir a mi amor envejecer. Quiero sentir cada mañana la plenitud lozana, fuerte, atrevida, de mi juventud. ¡El amor! Esta palabra, cuando es vida, es milagrosa. Absorbe e ilumina todas las realidades cotidianas del ser, del querer y del obrar.

Ojalá nunca escuches de la persona amada aquel reproche del Apocalipsis: “Tengo en contra tuya que has dejado el amor primero” (Ap. 2, 4). Ojalá, más bien, te susurre al corazón cada noche: “Tienes aguante, has sufrido por mí y no te has rendido a la fatiga” (Ap. 2, 3).

Este artículo es parte del libro "Secretos del Amor" del Juan Ramón de Andrés
 

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