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Mi esposo perdió su trabajo
Tetimonio de un Matrimonio


Por: Mr. B y Mrs. D | Fuente: Libro: Secretos del Amor



Arizona, Estados Unidos
7 de mayo de 1997

Este año cumplimos 30 años de casados y creemos que nuestro matrimonio es un sacramento y que la presencia de Dios en nuestra relación ha sido la razón por la cual hemos mantenido la fe y la entrega entre nosotros. Ambos hemos creído fuertemente en la permanencia del matrimonio antes de nuestra boda y esta fe en el matrimonio, con el compromiso activo en nuestra fe católica por muchos años, ha sido la fuerza de nuestra unión.

Hemos tenido muchos momentos alegres y apreciados como familia. Naturalmente el nacimiento de todos nuestros hijos fue nuestra experiencia más gozosa, así como verlos crecer, madurar y elegir su vocación en la vida. El día de la boda de nuestra hija y el día de la profesión de votos de nuestro hijo mayor en el camino del sacerdocio fueron momentos de gran alegría para nosotros. Además estamos viendo a nuestros dos hijos más pequeños encontrar su camino y rezamos para que Dios guíe estas importantes decisiones de su vida.

Como esposos, otros tiempos felices fueron el ir haciéndonos con una casa, ir de compras a los negocios, pasar juntos grandes vacaciones o simples épocas, paseando o cenando fuera.

Nuestras dificultades han significado todo un reto para cada uno en particular y también para el otro, viendo cómo sufría el cónyuge. Mi mujer enfermó en las primeras semanas de nuestro matrimonio y permaneció crónicamente enferma por muchos años hasta que una operación fuerte la curó definitivamente.

La enfermedad ha dejado sus efectos físicos hasta el día de hoy pero también nos ha enseñado mucho espiritualmente. Nosotros hemos aprendido a rezar y confiar mucho más en Dios y hemos descubierto que Dios tiene un designio para todas las cosas.

Yo perdí mi trabajo inesperadamente cuando estrenaba mis cincuenta y fue para mí muy “estresante”. Esto cambió totalmente nuestras vidas… tanto que fue necesario que mi esposa comenzase a trabajar -algo que ella no había hecho mientras los niños crecían-.

Aún no nos hemos recuperado en nuestras relaciones después de todos estos cambios de nuestras vidas. Pero hemos aprendido, todavía más, a confiar mucho más en Dios y hemos aprendido que nuestras voluntades pueden diferir de la Voluntad de Dios y que la aceptación de su Santísima Voluntad es un proceso, no un sólo instante de elección.

Si hoy comenzáramos nuestro matrimonio de nuevo, ¿qué mejoraríamos? Pondríamos a Dios en primer lugar en nuestra relación, desde el primer momento. Buscaríamos su Voluntad inmediatamente, en todo, en lo referente a nuestros trabajos, a la financiación familiar, a la familia misma y a todas nuestras decisiones.

Disfrutaríamos más de la vida, y nos divertiríamos más, pasando juntos más tiempo, a pesar de los quehaceres de la vida ordinaria. Eso sí, mantendríamos nuestra apertura recíproca, nuestra buena comunicación y nuestros fuertes valores.

En los años que nos quedan, esperamos vivir, luchar, forjar juntos nuestro futuro, y conocernos y amarnos el uno al otro mucho más, cada día más.

Reflexión:

Poner a Dios en primer lugar, ¡qué consejo tan estupendo! He aquí la clave del éxito seguro, de la felicidad cierta y de la fidelidad duradera. Dios: número uno. Se dice rápido -lo sé- pero quien lo vive ya es un santo, porque ¿qué es la santidad sino vivir la Voluntad de Dios con amor y constancia?

La santidad, así de fácil. Es Dios quien hace un santo de cada alma, de cada pareja que se le presta. No temamos a Dios. Tanto sus caricias como sus apretones, son caricias y apretones de amor.

Y cuando hablo de santidad no hablo de infalibilidad, como tampoco de ojitos en blanco, manos juntos, cuello torcido, y… mirada en la luna. No. Hablo de una santidad atrayente, seductora, contagiante, entusiasta, alegre.

Y… ¿concretamente?
Pregúntate, preguntáos los dos juntos, sin cesar, a todas horas, en todas partes, con todas las amistades: “Dios mío, ¿qué quieres de mí? ¿Qué quieres de nosotros?” En lo más profundo de vuestro corazón y de vuestra conciencia, oiréis los ecos de Su Voz. Seguidla. No temais. Si Él está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?

Este artículo es parte del libro "Secretos del Amor" del Juan Ramón de Andrés

 

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