Menu



Perdonemos y pidamos perdón
Testimonio de un Matrimonio


Por: Sr. Francisco del Toro y Sra. María Elia Cardoso | Fuente: Libro: Secretos del Amor



México, D.F., 7 de abril de 1997

Hace 18 años que nos casamos, el 17 de diciembre de 1978.

Uno de los momentos más felices de nuestra vida matrimonial ha sido el día de nuestra boda sacramental, al darnos cuenta que éramos uno en dos y que necesitábamos conocernos más, ahora demostrándonos respeto, generosidad, fidelidad y pleno amor sin máscaras.

Otro momento feliz de nuestra vida familiar fue la espera y nacimiento de nuestros hijos. Y después, empezar a convivir con ellos, hacernos sus amigos, poder escucharlos, disfrutar algún suceso familiar. Por último, otra fuente de felicidad en nuestro matrimonio es cuando logramos ser capaces -muy importante- de pedirnos perdón al ofendernos y luchar por ser perdonados.

En cuanto a alguno de los momentos difíciles en nuestra unión como esposos ha sido la tenaz lucha por mantenernos unidos en la toma de decisiones indispensables en nuestra vida familiar, así como aquellos momentos en los que el dolor y el sufrimiento entraron en casa y parecía que reinaba sólo el silencio hecho resignación y oración.

Hemos superado estos momentos con la certeza de que existe Dios, que nos ama y que nos da la oportunidad de luchar y salir adelante, y al mismo tiempo dando una importancia máxima al valor que exige la sinceridad, la caridad, la fidelidad como cónyuges, y como dijimos antes, el perdón. Hemos procurado, además, enseñar estos mismos valores a nuestros cuatro hijos.

Lo que nos ha servido para mantenernos unidos hasta ahora ha sido el mantener un diálogo como pareja con sinceridad, el respeto a nosotros mismos y, sobre todo, el frecuentar los sacramentos de la reconciliación y la sagrada Eucaristía dentro de la celebración de la Eucaristía.

Otro medio que nos ha iluminado es el asistir a algunos retiros para matrimonios; éstos nos han ayudado a reconocer mejor los valores y virtudes que posee el cónyuge, más que los defectos. También es importante para nosotros el factor apoyo, es decir, fomentar e interesarse por lo que piensa y proyecta mi pareja o nuestros hijos.

Si volviésemos a comenzar nuestra vida matrimonial cambiaríamos los momentos en que hemos sido piedra de tropiezo para la realización plena de alguno de los miembros de nuestra familia. Pero no cambiaríamos los momentos difíciles de nuestra vida conyugal, ya que nos han hecho comprender la existencia de un sólo Dios y Padre Santo. Estos momentos nos han provocado a buscar medios para madurar nuestro comportamiento, nuestras creencias, nuestra cultura, nuestro servicio y -por qué no- nuestro trabajo particular, que consideramos base de nuestra economía familiar.

No dejaríamos de preocuparnos por nuestros hijos que son el tesoro más preciado que Dios nos ha concedido como fruto de nuestra unión, sin olvidarnos de nosotros mismos como pareja.

Mejoraríamos, eso sí, las reglas familiares, nuestra comunicación, la organización familiar, el ser mejores amigos para nuestros hijos. Evitaríamos los disgustos y los malos tratos, algunas murmuraciones, algunos errores pequeños que luego se convierten en mayores, así como hacer cosas buenas que parezcan malas y malas que parezcan buenas, o hablar con falsedad a nuestros hijos.

Los años que Dios quiera aún concedernos queremos vivirlos con más diálogo, conservando el respeto, la generosidad, la fidelidad a nuestra palabra dada, apoyándonos en la palabra de Cristo, Hijo de Dios Padre Omnipotente.

Creemos que para nosotros no hay salvación más que en Jesucristo, que con su luz y fuerza podremos vivir, sufrir, obrar y morir de un modo verdaderamente humano, puesto que estamos enteramente en manos de Dios, comprometidos hasta el fin de nuestras vidas en el servicio de Dios a través de nuestro prójimo, única forma de mantenernos libres de la esclavitud, haciendo de nuestra vida una verdadera Historia de Salvación, en un mundo reconciliado.

Reflexión:

El perdón, ¡fuente de felicidad!
Es curioso, pero para progresar en el perdón siempre se requieren dos personas, como los dos remos de una barquilla -si remas sólo con uno, no haces más que dar vueltas sobre el mismo lugar, sin ir a ningún lado-.

¡Qué bien lo ha exclamado el Papa Juan Pablo II!, en su histórica visita a Sarajevo, el 12 de abril de 1997: "Perdonemos y pidamos perdón". Ahora bien, pediremos perdón sólo si nuestra conciencia reconoce los propios errores y nuestro corazón es auténticamente humilde. Y... perdonaremos sólo si somos capaces de olvidar, de comprender, de excusar, y sobre todo, de amar, de amar mucho, por encima de las grandes o pequeñas ofensas.

¿Soy acaso de los que ‘perdono’ pero ‘no olvido’? Si no puedo olvidar las caídas ajenas, ¿por lo menos he aprendido a silenciar sus errores, de una vez para siempre, o soy de los que escarbo en la herida, una y otra vez, sin dejar nunca que cicatrice? ¿Soy sincero cuando pido perdón? ¿Totalmente franco y veraz? ¿Espero con humildad y confianza el perdón?

Aquí tienes un modo sencillo, al alcance de tu mano, de gustar esa felicidad y paz del alma: aprende a perdonar de corazón y de corazón a pedir perdón.

Pues, no viene mal recordarlo, todo hombre es débil. Es cierto, pero con todo y todo, como nos lo susurra Víctor Hugo, en Los Miserables: “Mas si a pesar de sus esfuerzos, cae, es una caída, sí, pero caída sobre las rodillas que puede transformarse en oración”. Y esa oración, merece la pena escucharla…

Este artículo es parte del libro "Secretos del Amor" del Juan Ramón de Andrés




 

Reportar anuncio inapropiado |


Compartir en Google+
Publicar un comentario sobre este artículo



(no será publicado)








* Gracias por su comentario. El número de mensajes que pueden estar en línea es limitado. La longitud de los comentarios no debe exceder los 500 caracteres. Catholic.net se reserva el derecho de publicación de los mensajes según su contenido y tenor. Catholic.net no se solidariza necesariamente con los comentarios ni las opiniones expresadas por sus usuarios. Catholic.net no publicará comentarios que contengan insultos o ataques y se reserva el derecho de publicar direcciones de correo o enlaces (links) a otras páginas.


Ver Comentarios


Consultorios
Salvador Casadevall
Espiritualidad conyugal, etapas del matrimonio, perdón, solidaridad y educación de los hijos
Ma. Luisa Gabriela Deras Malacara
Consultoría y ayuda personal y familiar
Francisco Mario Morales
Problemas con hijos incrédulos. Educación sexual en familia.
Maria Isabel Álvarez Gaitán
Asesorías familiares, cursos prematrimoniales
Javier Mandingorra Gimenez
Orientador Familiar
Estanislao Martín Rincón
Educadores católicos – Orientación Familiar – Apologética
Enrique Santiago Ellena
Especialidad en temas de familia, especialmente en la relación de las personas
Francisco Mario Morales
Problemas con hijos incrédulos. Educación sexual en familia.
Marta Grego
Consultora Familiar. Aborto, post aborto, adicciones
Rosa María Villegas-Smith
Acompañamiento a mujeres con embarazos no deseados
[+] Ver más consultores
Reportar anuncio inapropiado |