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Alegría y educación
Educar para la vida

La persona alegre viene a significar persona encantadora, con una personalidad psicológicamente muy atractiva, que hace la relación muy grata, persona en la cual brilla esa joya que es la alegría.


Por: Estanislao Martín Rincón | Fuente: Catholic.net



 

Se trata del primero de una serie de diez artículos dedicada a ver el papel de la alegría en la educación, una cuestión que tal vez pueda parecer como de poca importancia, cuando es justamente lo contrario, al menos algunos estamos convencidos de que es fundamental.

Alegría y educación

En mi opinión, socialmente, al menos en España, hemos perdido alegría respecto de otras épocas. Y me temo que esta pérdida sea generalizada en los países ricos y esté en aumento en los que no lo son. No me atrevo a decir si somos o no sociedades tristes pero yo veo mucho síntomas de tristeza. Uno de ellos es la ausencia de canto. Vas por la calle y no oyes cantar. En los trabajos la gente no canta. En nuestras celebraciones no cantamos o cantamos mal y a medias. ¿Qué nos pasa?

Estaría bien tomar conciencia de que la alegría en el hombre no es un asunto menor ni una cuestión baladí, sino un rasgo exclusivamente humano, pluridimensional y de hondo calado que afecta intensamente a la vida personal.



- Exclusivamente humano porque la alegría solo se da en el hombre.

- Pluridimensional porque la alegría puede ser entendida como sentimiento (cuyo origen es a la vez causa y efecto del bien), como motor de nuestras acciones, como virtud y como valor.

- Y de hondo calado porque la vivencia de la alegría (o su carencia) es para toda persona el ítem clave del test de su vida. Cuando tenemos que valorar cómo nos va la vida en general o cualquiera de sus áreas (trabajo, familia, relaciones, vida de fe, economía, amistades, etc.), la pregunta definitiva es esta: ¿Estás contento/a? Digo 'definitiva' con toda intención, porque la respuesta a esa pregunta nos define, dice quiénes somos y dice mucho sobre nuestro modo de estar en el mundo.

Insisto en que no es un asunto menor. Por eso interesa especialmente -o debería interesar- a la educación. Una de las figuras eminentes de la Pedagogía española del siglo XX, Víctor García Hoz, hizo hace años la propuesta educativa más atractiva de que tengo noticia: el homo gaudens, el hombre que vive asentado en la alegría. El fin último de la educación no es otro, según él, que el homo gaudens, "el hombre que sabe descubrir el aspecto positivo que hay en todas las cosas, actividades y relaciones, y tiene la fuerza de voluntad suficiente para mantener su actitud positiva, de alegría, frente a cualquier situación en que se pueda encontrar"[1].

A reflexionar sobre estos temas pretendo dedicar una serie de artículos. Hoy sería suficiente con centrarnos en uno que atañe al lenguaje. He seguido la pista a la palabra “alegría” tanto en su etimología como en algunas lenguas hermanas y llegado a una conclusión que me parece muy iluminadora.



Etimológicamente, alegría viene del latín vulgar alícer-alecris, que a su vez procede del clásico alacer-alacris, cuyo significado es vivo, animado. Este origen nos hace pensar en la alegría como dinamismo, chispa, movimiento, y es el significado con el se aplica en el lenguaje común de la vida diaria y también en el lenguaje musical.

Por lo que respecta a algunas lenguas hermanas, he visto que en francés nos encontramos dos palabras que traducen la española "alegría": principalmente «joie», y de manera secundaria «allègresse». Paralelamente nos encontramos con las mismas voces en italiano y en catalán. En italiano aparecen, por una parte «allegria» y «allegrezza», y por otra «gioia». En catalán «alegría» se mantiene como en castellano, pero al tiempo, esta lengua acuña la voz «joiós» que significa alegre, gozoso.

«Allègresse», «allegria» y «allegrezza» evidencian la misma raíz latina antes señalada: alacer-acris, dinámico, ágil y vivaz.

Ahora bien, la traducción primaria de alegría en francés es «joie». Así se pone de manifiesto en cualquier diccionario español-francés cuando se busca el término alegría, o en expresiones tales como «la joie de vivre», (la alegría de vivir), o «faire la joie de la maison» (ser la alegría de la casa). «Joie», etimológicamente, se corresponde con la española «gozo», ambas procedentes de la voz latina gaudia, plural de gaudium. Gaudia derivó en francés hacia «joie» (alegría) y hacia «joiyau» (joya). Una vez instalada la voz «joie» pasó al italiano como «gioia», con el doble significado de «alegría» y «joya», al inglés como «joy», al español como «joya» y al catalán como «joia».

Y esta es la conclusión que nos sirve el lenguaje, que la alegría es una auténtica joya, una joya psicológica de incalculable valor. Como quiera que por joya entendemos algo de gran valor cuya función habitual es el adorno, nada nos impide considerar a la alegría como una cualidad humana muy valiosa, digna de estimación, y a la vez también como un ornato psicológico. Según esto decir persona alegre viene a significar persona encantadora, con una personalidad psicológicamente muy atractiva, que hace la relación muy grata, persona en la cual brilla esa joya que es la alegría.

Pues bien, todo esto no es para elegidos o privilegiados, esto es lo que corresponde vivir a un cristiano habitualmente, sin esfuerzos especiales, con normalidad, de manera ordinaria a lo largo de todo el año y especialmente en los momentos fuertes para la fe como son la Navidad, el tiempo de Pascua o las grandes solemnidades religiosas con las que tenemos salpicado el calendario a lo largo de todo el año.

Gracias por tu atención, lector. Que Dios te bendiga.

 

[1]       GARCÍA HOZ, V. (1985) Sobre la alegría. El homo gaudens. Anales de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, 62, p. 43.

 

¿Tienes alguna pregunta, comentario o sugerencia? Escribe a Estanislao Martín Rincón consultor en Catholic.net

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