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Despierta de la resaca
El alcohol no es tan divertido como parece


Por: Catholic.net | Fuente: .



Despierta de la resaca: el alcohol no es divertido

Muchos jóvenes asocian el ocio y la fiesta con el consumo de alcohol, lo que para los psicólogos es una bomba de relojería. Cada fin de semana se reproducen y multiplican los comas etílicos y los actos vandálicos inducidos por el consumo de alcohol. Por ello los especialistas llaman a educadores, padres y otros agentes sociales para que les ayuden a deshacer esta falsa idea en los jóvenes. Si se divierten no es gracias al alcohol, al contrario, éste puede provocarles muchos más dolores de cabeza que los simples de la resaca.


¿Esclavos del alcohol?

El alcohol es uno de los más grandes peligros que atentan hoy contra el joven y contra la sociedad. Es causa de grandes males y desdichas, tanto para la persona afectada como para sus amigos y familiares. La aparición de otros peligros como, por ejemplo, la drogadicción o la violencia irracional lejos de disminuir el riesgo del alcoholismo, lo han aumentado y, a su vez, el mismo alcoholismo hoy se da la mano con la droga y la violencia inhumana.

Se denomina alcoholismo a la enfermedad crónica o al desorden mismo de la conducta, caracterizados por la ingestión repetida de bebidas alcohólicas en una medida que excede lo corriente, de modo que termina perjudicando gravemente la salud del individuo y alterando el orden familiar y social.

El alcohol es una sustancia tóxica llamada "alcohol etílico" o "etanol". Paradójicamente, el alcohol etílico es un potente depresor del Sistema Nervioso Central. La euforia que desata en la intoxicación aguda se explica por este mecanismo de acción: lo que hace en realidad es inhibir los frenos morales del sujeto. A altas dosis, actúa como narcótico, produciendo incoordinación muscular, delirio y coma.

Son varias las etapas y muy distintos los casos que conducen al alcoholismo. En un primer momento podemos mencionar una eventual intoxicación alcohólica aguda –la común "borrachera". Quien es un bebedor ocasional –en diversas oportunidades y cada tanto– puede llegar a convertirse en un bebedor habitual. Es el momento en que el consumo de alcohol se transforma en un hábito. De aquí se pasa casi inevitablemente a la tercera etapa, que es la del propiamente llamado "alcohólico". En este último caso el sujeto es incapaz de detenerse una vez iniciada la ingesta (pérdida de control). Si deja de beber por unas horas, aparece el síndrome de abstinencia –semejante al caso del drogadicto–.

El consumo indiscriminado de alcohol produce efectos verdaderamente nocivos: psicosis alcohólica –es decir, "delirio"–, afecciones serias al corazón, al hígado, trastornos al sistema nervioso central y al sistema nervioso periférico, amnesia, pérdida de la capacidad de concentración, dependencia psíquica –el sujeto siente que no puede estar sin alcohol–.

Esta triste amenaza no conoce ningún estrato cultural que le sea extraño. Abarca todos los estratos socio–culturales. Se da en mayor porcentaje en jóvenes y adultos (20% de la población de mayores de quince años). Luego siguen los adolescentes, las mujeres y los niños. En Argentina hay aproximadamente un millón de personas alcohólicas. Pero por la repercusión del alcoholismo en la familia y en la sociedad, el porcentaje de perjudicados directa o indirectamente asciende a unos cuatro millones.

Las causas que llevan al alcoholismo son muy variadas. Obedecen a diversas índoles:

–Personales: personalidad débil, sumisa, bebe por que otros lo hacen; inseguridad; sentimientos de incapacidad para resolver problemas cotidianos; pérdida del sentido de la vida, diversos fracasos.

–Familiares: conflictos familiares graves, disolución familiar.

–Sociales: desempeño en tareas que requieren manipulación de bebidas alcohólicas, lugares fríos o calurosos con mucho consumo de alcohol, fiestas, fracasos laborales o sociales.

Entre los jóvenes hay causas más particulares. La inclinación a la bebida procede, a veces, de la misma moda o del ambiente, con consecuencias nefastas. Recuerden, por ejemplo, las "competencias" de consumo de tequila que se hacían hace poco en algunos boliches de Buenos Aires, y que terminaron con la muerte de varios jóvenes. En muchos casos detrás de un joven entregado a la bebida se halla el ansia de ser considerado como "vivo" o "más grande". Comienzan algunos queriendo "seguir el ritmo" de algunos "amigos" mayores y terminan "enganchados"...

También es una causa el ocio: estar sin hacer nada..., sin estudiar, sin trabajar... O el desconocer los grandes ideales. Al no tener un "norte" firme, al tener la "brújula fallada", el joven se queda con lo poco que le proponen otros incapaces de aspirar a cosas grandes y de ensanchar el horizonte de sus corazones.

¿Cuál es la consecuencia de todo esto? La esclavitud. La frustración. La tristeza. La incapacidad de valorar lo que de verdad tiene sentido. Para un joven alcohólico la realidad misma es un efecto insoportable de la carencia de alcohol... Es un camino a la nada.

Si queremos ayudar a un alcohólico lo primero que hay que desaconsejar son las actitudes de escarnio y de reproche, o de indiferencia y aislamiento. Esas actitudes, lejos de estimularlo, conducen al alcohólico a una profundización de su cuadro. Se siente incomprendido y humillado; en consecuencia, acentúa su tendencia a la evasión. Es muy importante considerar los múltiples aspectos que inciden directa o indirectamente sobre la génesis del alcoholismo: familiares, sociales, laborales, etc. Se ha comprobado que con la ayuda de médicos, asistentes sociales, párrocos y enfermos recuperados, se puede recobrar un 90% de los casos.

Una forma eficaz de ayudarlo es hacerle ver su condición de enfermo y la necesidad que tiene de recurrir al médico. En un primer momento, el individuo que se inicia en el alcoholismo esconde su enfermedad y oculta sus síntomas al médico. Pero si se llega a advertir el problema en su etapa inicial, la cura es más fácil de alcanzar.

Si el alcohólico ha ingresado en la etapa de dependencia, se hará desde todo punto de vista indispensable la asistencia médico-social y espiritual, el apoyo y la comprensión de los familiares, amigos y compañeros. Es necesario proponerse generar en el afectado una toma de conciencia de su enfermedad, para poder iniciar el tratamiento. Es muy importante, pues si el paciente no colabora voluntariamente, reconociendo su enfermedad, la recuperación es imposible.

Ciertamente es muy difícil liberarse de esta esclavitud; sobre todo porque el alcohólico tiene como comportamiento característico el negar su afección, ocultarla y jamás reconocerla.

Pero, precisamente, allí está el punto clave de todo tratamiento: hacer comprender al enfermo que puede enfrentar sus problemas sin necesidad de recurrir al alcohol; que el alcohol no es necesario en su vida; que es uno de los peores compañeros de viaje que podría haber elegido porque no lo libera, sino que lo esclaviza; que el alcohol es otro de los tristes paladines de la muerte.

El que padece este mal tiene que tomar conciencia de lo hermosa que es la vida; de que la vida merece ser vivida; de que no ha nacido para ser esclavo, sino para ser señor.
Por el P. Carlos Miguel Buela, V.E. de su libro Jóvenes hacia el Tercer Milenio


Estudio sobre el uso del alcohol en la juventud

Con la publicación de este estudio, pretendemos dar a conocer lo arraigado que está en nuestra cultura el consumo de alcohol y, por otra parte, sensibilizar sobre la aparente contradicción que existe entre el modelo cultural y de ocio permisivo y muy tolerante con el consumo de alcohol, y la consideración de esta sustancia como la droga más peligrosa que tenemos en nuestra sociedad, tanto pos sus efectos en la salud, como por su extensión entre los jóvenes y su relación con la convivencia familiar, social y laboral de jóvenes y adultos.

No pretendemos demonizar el alcohol ni su consumo, ni erradicarlo de nuestra cultura, pero sí pretendemos que seamos conscientes de su consumo, que éste sea responsable, que los intereses económicos no estén por encima de los derechos de las personas y, sobre todo, proteger a los más débiles, los más indefensos, a los jóvenes y adolescentes, de unos modelos que propiciados desde la publicidad alteran su desarrollo.

La prevención de las drogodependencias y la educación para la salud, desde la familia y en la escuela, sólo puede ser eficaz desde la responsabilidad y la coherencia, la orientación y el diálogo para conseguir una sociedad cada vez más libre de todo tipo de adicciones.

Carlos Ladrón de Guevara
Presidente de CEAPA


Carta Europea Sobre el Alcohol

Como formento del Plan de Acción Europeo sobre Alcohol, la Conferencia de París insta a todos los Estados Miembros a elaborar políticas globales sobre el alcohol y llevar a cabo programas que trasladen a la acción, dependiendo en cada caso de las diferentes culturas y entornos sociales, legales y económicos...


 

 

 

 

 



 

 

 

 

 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 







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