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Entrevista a Andrés Beltramo, autor del libro La reforma en marcha (Ed. Stella Maris)
El Papa está indicando un camino de reforma “radical”, no por “extremista” sino porque propone un regreso a la raíz del evangelio. Quizás por eso se trata de un mensaje tan “revolucionario”, porque la palabra de Jesús es revolucionaria.


Por: Luis Javier Moxó Soto | Fuente: Catholic.net



Andrés Beltramo Álvarez nació en La Plata, Argentina, en 1979. Corresponsal en Roma de la agencia mexicana Notimex y de Radio La Red de Buenos Aires. Escribe para Vatican Insider de La Stampa de Turín.

 

En el presente libro “La reforma en marcha. Emoción y desconcierto en tiempos de Francisco” ofrece una crónica de los dos primeros años de pontificado del papa, revelando el sentido de su figura mediática y su estrategia de conducción política a través de sus conocidos más cercanos. Un libro para conocer quién es Francisco y el porqué de las reformas que está llevando a cabo en la Iglesia.

 

 



Andrés, teniendo en cuenta el aforismo católico:“Ecclesia semper reformanda est” (“La Iglesia está siempre en estado de reforma”), ¿podemos afirmar que hemos llegado ya a un punto de madurez, en la historia de la Iglesia, en el que se hacían necesarias muchas reformas y cambios de mentalidad, que en anteriores pontificados no se podían siquiera pensar o imaginar?

 

Como bien comenta, la Iglesia siempre ha afrontado reformas a lo largo de los siglos. Si se revisa la historia, se podrá ver que estos cambios han sido precedidos por debates muy intensos sobre los temas que en cada época se encontraban entre las preocupaciones de los Papas y los obispos. Es más, esta característica ha hecho de la Iglesia una institución siempre abierta a las transformaciones, pero sin perder su esencia. La llegada al pontificado de Francisco ha puesto de manifiesto un nuevo deseo de reforma. No será ni la primera ni la última de la historia, pero resulta evidente que el Papa está indicando un camino de reforma “radical”, no por “extremista” sino porque propone un regreso a la raíz del evangelio. Quizás por eso se trata de un mensaje tan “revolucionario”, porque la palabra de Jesús es revolucionaria. De todas maneras no creo que el deseo de cambio responda a una “madurez”, sino –más bien- a una necesidad de los mismos cristianos.

 

¿Podemos esperar incluso, en un tiempo no lejano, un Concilio Ecuménico Vaticano III o algo de similar trascendencia, o quizás aún es pronto para tal afirmación?



 

Apenas han pasado 50 años del Concilio Vaticano II y muchas de sus enseñanzas todavía no han sido “digeridas”. No veo en el horizonte otro Concilio. Quizás existe una expectativa por ello producto de un tiempo de importantes transformaciones en la Iglesia. Pero el mismo Papa Francisco ha dicho que mínimo se requieren 50 años para apenas digerir un Concilio, y el Vaticano II fue uno de los más completos de toda la historia.

 

 

Si entendemos los dos anteriores pontificados centrados, en la esperanza (con San Juan Pablo II) y en la fe (el del Papa emérito Benedicto XVI), ¿podemos afirmar que lo que mueve, sobre todo, a esta reforma eclesial en marcha del Papa Francisco es la caridad y misericordia divinas?

 

Efectivamente. El pontificado de Francisco es el de la misericordia, sin dudas. Él lo tiene claro y así lo ha manifestado en numerosas ocasiones. Además, la prueba más tangible de esto es la convocatoria al Año Santo de la Misericordia. Apenas este fin de semana, el Papa auguró que el Jubileo levante un viento de santidad que atraviese la Iglesia. Y ese nuevo viento implicará también comprender la misericordia no sólo a la luz de la relación de Dios padre con sus hijos, sino también en la forma en que sus hijos se relacionan entre sí.

 

 

Podemos decir que ha habido reformas esperadas y temidas, proyectadas y realizadas, sugeridas,… pero en el caso del Papa Francisco, ¿ de qué tipo y cuáles han sido las más importantes en estos dos años de pontificado?, y ¿cuáles son las que actualmente son más necesarias, oportunas y urgentes -a su juicio- en la Iglesia Católica?

 

Creo que se ha magnificado un poco la vocación reformadora del Papa Francisco. En el sentido que, una corriente dentro de los grandes medios de comunicación vive del fenómeno de la ruptura y la revolución. A estos y a un amplia sector de la opinión pública internacional les viene “como anillo al dedo” un pontífice renovador, porque para ellos resulta fácil presentar su acción como completamente revolucionaria, como si la Iglesia comenzara todo desde cero. En cambio, la vocación reformadora del Papa si es profunda, pero no es rupturista. Al contrario, como dije antes, es una reforma “radical” porque va a la raíz del evangelio. No deja de ser un proceso profundo, que interpela, que cuestiona, un proceso dinámico y que conlleva consecuencias, pero no se trata de que la Iglesia se traicione a sí misma. Aunque algunos piensen eso, tanto dentro como fuera de la Iglesia. Es una tentación bastante común. Es difícil convivir con la idea de que uno está siendo fiel a una causa y al mismo tiempo debe cambiar, en teoría resulta contradictorio pero es la misma condición humana la que nos obliga a ello. Francisco ha tenido la virtud de evidenciar más concretamente este fenómeno y de ahí que muchas de sus acciones provoquen desconcierto.

 

En cuanto a las reformas específicas, en estos dos años se ha cambiado la estructura económica de la Santa Sede, se han cambiado algunos nombres en puestos clave y se ha preparado (todavía no concluido) el nuevo diseño de la Curia Romana. Para el Papa la reforma más urgente es la que cité anteriormente, una “transformación cultural” que ponga al centro de manera “radical” el mensaje evangélico.

 

 

Por último y a su juicio, Andrés, ¿cuáles son los principales retos que actualmente tiene el Papa Francisco,  los centros de su mayor interés y dedicación y cómo los está planificando o resolviendo? Y ¿qué dificultades y apoyos está encontrando, de dentro y fuera?

 

El Papa tiene varios frentes abiertos. Por un lado el Jubileo de la Misericordia, que es la manifestación tangible de esa “reforma cultural-evangélica” que desea para la Iglesia. Buena parte de su predicación, de sus gestos y su labor cotidiana va en este sentido. Por otra parte está preocupado por el mundo actual: la deriva económica, política, los grandes dramas como la inmigración, el desempleo, la degradación ética de la sociedad moderna, la persecución a los cristianos. De esto también se está ocupando, promoviendo un nuevo enfoque en la política internacional: la “diplomacia de los pequeños pasos”. Secuela directa de la “cultura del encuentro”, que él mismo promueve en todo momento. Otro tema que le preocupa es la situación de la familia en la actualidad. Por eso convocó dos asambleas del Sínodo. En todos los casos su mensaje de respuesta a estas situaciones resulta no-convencional. Eso le ha generado resistencias tanto dentro como fuera de la Iglesia. Grupos que pretenderán mermar su autoridad moral y de liderazgo. Él esto lo sabe bien, pero no parece dispuesto a cejar en su misión.





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