Menu


Eligiendo la muerte
Enganchados en la droga


Por: Marcelino de Andrés y Juan Pablo Ledesma |



El mítico Maradona, que para algunos anduvo pisando los talones en cuanto a nivel de fútbol al legendario Pelé, por lo que se refiere al nivel de valores humanos, aún le quedan muchos peldaños que subir para situarse en una posición aceptable. Y no es ninguna crítica. Él mismo, hace un par de días, en una entrevista hecha pública, se lamentaba de no poder dejar su adicción a las drogas; y reconocía que las “cosas malas” que hace con su cuerpo le hacen sentir “como si estuviera eligiendo la muerte”. Y está claro que esto no tiene nada de valores humanos.

Sin embargo, al menos es sincero y reconoce que el camino de la droga, que él decidió iniciar, le está llevando a la muerte. Debe ser bastante angustiante sentirse sin recursos para poder volver atrás en un sendero que conduce inexorablemente a la autodestrucción.

Tuve un amigo que pasó por las mismas. Y hace algunos años, antes de que los efectos de la droga acabasen con su vida, me escribió esto: “...la heroína llegó a ser tan vital para mí como mi propia existencia. Cuando comencé a tratar de vivir sin ella, me ocurrían cosas terribles. Me ponía muy nervioso y no paraba ni un instante de temblar. Me asaltaban continuas tandas de frío y luego de calor. Vomitaba durante horas hasta no expulsar más que sangre. Los calambres me recorrían el cuerpo por las piernas y la espalda y me hacían rodar por el suelo a causa del dolor. Me subía y bajaba el ritmo respiratorio, la presión y la temperatura. También tenía repentinas contracciones musculares, diarrea, me ardían los ojos... Te prometo que quería morirme...”

Quizá también tú tengas algún amigo o conocido que ha caído en las manos asesinas de la drogadicción. ¿Y quién no lo tiene hoy día? El número de los que engruesan las filas de la adicción a la droga se infla día a día. Y parece que esa tragedia humana ya apenas hiere nuestra sensibilidad, ni nos llama la atención.

Sin ir más lejos; ya hasta nos resulta lo más normal que, en determinados lugares de la ciudad en la que vivimos, estén tirados, como las hojas secas de los árboles, grupos cada vez más numerosos de jóvenes con la jeringa en las manos.

Y todos esos jóvenes ahí postrados, se engancharon a la droga, embobados por la alucinación de la curiosidad. Todos cedieron ante el deseo de experimentar sensaciones nuevas. Y la mayoría iniciaron por poca cosa... algo “sin importancia” -como muchos creen-. “Al fin y al cabo, -ellos mismos afirmaban hace unos meses- fumarse un poco de mariguana de vez en cuando es totalmente inofensivo...”. “Además -añadían muy seguros de sí mismos-, lo puedo dejar en cuanto yo quiera”. Mentira. Porque, por desgracia, a todos los amigos que hacía tiempo oí asegurar eso, los he vi después, uno a uno, ir sucumbiendo cada vez más irreversiblemente en el vicio mortal de la drogadicción. Y ahí yacen ahora, esclavizados por esa cadena de la que posiblemente nadie podrá librarlos.

Y con todo, ¡cuántos miopes sigue habiendo ante males tan evidentes! Porque creo que ya van siendo demasiados los que hoy día necesitan que se les caigan de los ojos esas escamas de indiferentismo y relativismo moral que les hacen ir como zombis por la vida hacia la muerte prematura tras la alucinación de la droga.

Urge que muchos abran los ojos a esa realidad, antes de que sea demasiado tarde para volver atrás. Que no tenga que venir Maradona a recordarnos que la droga es algo malo y te acaba matando. Que no tenga que morírsenos un compañero a causa de la droga para despertar ante ese enemigo de la vida del hombre y de su felicidad auténtica.





Envía tus comentarios al autor













Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |