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Hnas de Caridad de Nuestra del Buen y Perpetuo Socorro
Somos un Instituto religioso femenino que quiere vivir el Evangelio según el carisma de nuestra Fundadora Madre María Agustina Lenferna de Laresle


Por: Catholic.net | Fuente: Catholic.net



Quiénes Somos

Somos un Instituto religioso femenino que quiere vivir el Evangelio según el carisma de nuestra Fundadora Madre María Agustina Lenferna de Laresle, para contribuir al progreso del Reino; para lograr este objetivo trabajamos por nuestra santificación y por el bien de nuetros hermanos mediante la observancia de los votos de castidad, pobreza y obediencia, bajo la proteción de Nuestra Señora del Buen y Perpetuo Socorro.

También vos ponete en camino con Jesús que te dice
"Seguime", que te invita a permancer con El para ser
testimonio de Su Amor, para ser Hermana de Caridad
entre los más pobres, los que sufren y los jóvenes.


Misión

Colaboramos en la obra de Evangelización de la Iglesia dedicándonos a la educación cristiana de la juventud, al cuidado de los enfermos y a la asistencia de los más pobres.

Nuestro Instituto nace el 18 de junio de 1850 en Isla Mauricio (Oceano Indico), y sucesivamente se expande en Bélgica, Italia, Argentina, Francia, Inglaterra, India, Filipinas, Polonia, República Democrática del Congo y Corea del Sur.


Historia

Es seguro que muchos se preguntarán donde queda Mauricio. Es tan pequeña esta isla que hasta es difícil encontrarla en los mapas. Es una punta de alfiler… pero todo de oro, perdida en el Oceano Indico.

Se dice que Dios primero creó Mauricio y después lo copió para hacer el Paraíso.

Su vivencia religiosa nos demuestra que Dios tiene necesidad del hombre…

La vida religiosa en Mauricio, entre los años 1790 y 1840, sufre una profunda crisis por la falta de sacerdotes, por la influencia de la Revolución Francesa, por la llegada de los protestantes, por la imigración de los no cristianos y por muchos otros motivos.

En el 1810 la isla pasa bajo el dominio inglés y la Iglesia Católica caé en un abandono irreparable. Justamente bajo este clima nace nuestra Carolina y no nos puede maravillar que viva, sin bautizarse, hasta la edad de 11, ni tampoco debe maravillarnos que Dios elija a una no bautizada para sus designios de gracia…

Es así que en esta punta de alfiler toda de oro, en esta lejana isla tan variante y múltiple en su configuración, en sus hijos y en su historia, nosotros encontramos en el siglo XVIII, a el señor Gabriel Lenferna De Laresle, oficial y noble francés. Puede ser que él, atraido por el encanto del lugar y por la posibilidad de un provechoso trabajo, termina por etablecerse definitivamente en Mauricio formando junto con su querida esposa, Fanny de Chaumont, un cálido hogar.

De este matrimoni viene a la luz, en el año 1795, la sonrisa de un niño de nombre Carlos Onorato…; que luego será el papá de nuestra querida heroína.

Carlos Onorato Lenferna de Laresle fue una de aquellas figuras que supieron afrontar con corage e intrepidez la aventurosa vida de los habitantes en las colonias. A su lado encontramos, en el año 1819, a una dulcísima joven; a Carolina Enouf decendiente de los condes de Marassé. De este noble matrimonio, en el distrito de Pamplemousses, el 20 de marzo de 1824, nace una nena a la que le ponen de nombre María Francisca Carolina Adelaida. Esta graciosa niña será la futura fundadora de las Hermanas de Caridad de Nuestra Señora del Buen y Perpetuo Socorro.

No tenía todavía tres años, en noviembre de 1827, cuando pierde a su mamá.

Su padre se casa en segundas nupcias, en el año 1828, con Nelly Marchand di San Hilaire. De este matrimonio nacerán dos hijas. Algunos años después de su matrimonio Carlos Onorato, con su familia, parten para la isla Rodríguez donde se establecerán dejando, al cuidado de la abuela paterna, a Carolina.

El papá de Carolina, influenciado por la corriente filosófica de su tiempo, había postergado el bautismo de su hija hasta que ella tuviera la edad de poder elegir. Cuando se acercaba a los doce años, encontrándose en el pensionado de la señora Farquarson, Carolina pidió para bautizarse. Lo hizo el 7 de diciembre de 1835. Esa misma noche cuando estaba mirando, desde la ventana de su habitación, el cielo estrellado sintió una profunda alegría y con inmenso fervor le dice a Dios: "seré Hermana de Caridad".

Al día siguiente, 8 de diciembre, hace su primera Comunión y recibe la Confirmación.

La señora Farquarson se va a Italia y Carolina continúa su educación de la señora Duvivier. Este fue el primer campo donde su caridad comenzó a producir copiosos frutos sabiéndose ganar el afecto de los maestros y compañeras. Desde ese momento se podrá admirar su bondad, su dedicación hacia los enfermos y su habilidad para curarlos.

Desde joven Carolina mostró, además de sus muy bellas cualidades de espíritu y de corazón, una viva inteligencia, una tierna bondad y una marcada firmeza de carácter.

Cuando terminó su formación, volvío a vivir con su familia para ocuparse de sus dos hermanas, que habián quedado huérfanas de madre, y también de sus dos primas. Ella renunció varias veces a propuestas de matrimonio porque no queria a ningún otro esposo, más que a Jesucristo.

Desde ese momento, el campo de su caridad, se expande más allá de su familia en favor de los pobres, los huérfanos y los enfermos a los que ella cuidaba hasta extenuarse.

Ese tesoro de caridad tenía la necesidad de ser dirigido y asegurado por la obediencia. La Divina Providencia se ocupó de ello estupendamente confiando, en el año 1841, la Diócesis de Port-Louis a Monseñor Collier que se transforma en protector y en el padre de la obra de Madre Agustina. Monseñor Collier fue ayudado, sobre todo, por dos maravillosos sacerdotes: el beato padre Laval, un santo religioso y el padre Masuy, condicípulo del Cardenal Déchamps, arzobispo de Malines en Bélgica. El padre Masuy, sacerdote sabio, elocuente, lleno de celo apostólico, había rechazado el episcopado para ser misionero. Hizo construir la Iglesia de la Inmaculada Concepción de la cuál es nombrado párroco. En 1845, el obispo hizo venir desde Irlanda a ocho religiosas de Nuestra Señora de Loreto para ocuparse de la educación de las jóvenes.

Carolina elige como director espiritual al Padre Masuy por su gran devoción a la Virgen María.

Carolina hace su noviziato de las Hermanas de Loreto, y viste el hábito con el nombre de María Agustina. En el año 1850 hizo sus votos convirtiéndose en Hermana de Caridad, sin pertenecer a alguna Congregación.

Es así que Monseñor Collier, antes de partir por dos años a Europa, le ofrece, simbolicamente, un Luis de oro para iniciar su fundación, que ella se la dedicó a Nuestra Señora del Buen Socorro. La condujo a una pequeña casa de la Diócesis, donde había nada más que dos camas, y es propiamente allí donde ella recibe a sus primeros enfermos.

Muy pronto tres postulantes se unioron a ella y en el año 1851, la pequeña comunidad se instaló en una casa más grande, donde tiene inicio el orfelinato.

Cuando Monseñor Collier volvió, en el año 1852, fue felíz al encontrar, en su obispado, a cuatro Hermanas de Caridad. Era el momento justo de consolidar esta naciente obra con la profesión de los votos públicos de la fundadora y de sus primeras compañeras ligadas, hasta el momento, solamente por los votos privados. Es así que en ese mismo año, el día de la fiesta de Nuestra Señora del Buen Socorro hicieron, en la Catedral, sus votos públicos.

Un local más grande se había vuelto necesario, y Monseñor Collier les ofrece una nueva casa… y no es otra que el pensionado de la señora Farquarson, en la calle Edith Cavell donde todavía hoy residen las Hermanas. Madre Agustina había siempre amado esta casa poque en ella había estado bautizada y había hecho su primera comunión.


Enseguida fue agrandada y se transformó en la Casa Madre del Instituto de las Hermanas de Caridad de Nuestra Señora del Buen y Perpetuo Socorro.

Monseñor Collier confió al padre Masuy la redacción de las Reglas del nuevo Instituto las que fueron aprobadas en febrero del año 1854. En abril del año 1855 el padre Masuy las presentó en Roma para su aprobación. Las Reglas fueron aprobadas por 10 años "ad experimentum", en el año 1871, siendo aprobadas definitivamente el 30 de agosto de 1882.
En el año 1854 estalló e cólera en isla Mauricio. La Caridad Heroica de Madre Agostina y de sus primeras compañeras se reveló, no solamente durante esta epidemia, sino también durante la epidemia de la viruela y de la fiebre amarilla. Consecuencia de estas epidemias fue la fundación de importantes orfelinatos, pero también la escuela católica ocupaba un puesto importante en la pastoral de la Diócesis.
El 24 de diciembre del 1856, la Hermana sacristana, cuando fue a poner al Niño Jesús en el pesebre que estaba en la gruta de Nuestra Señora de la Salette, con sorpresa se encontró con un recién nacido que tenía escrito sobre sus pañales: "Ha nacido hoy, nosotros se lo confiamos a las Hermanas". Desde ese instante Madre Agustina incluye en sus Obras el Asilo.

En el año l857, Madre Agustina da inicio a la obra más allegada a su corazón: el Leprosario, que llamó "Ospizio San Lazzaro".
El gobierno entre otras cosas tenía un hospizio para los locos en Grande-Rivière a Nord-Ovest, sabiendo que los enfermos eran maltratados le direon a Madre Agustina, sin dificultad, la direzión del mismo.

En el año 1859 el cónsul francés hace llamar a Madre Agustina para que se ocupase de los marineros franceses que estaban enfermos ó heridos. Es entonces que fue inagurado un hospital donde fueron curados millares de marineros entre los años 1859 y 1900. Es hospital fue conocido bajo el nombre de: Hospital de los Marinos, el edificio existe todavía hoy.

Como Monseñor Hankinson, el sucesor de Monseñor Collier, no comprende los problemas y la necesidad de la comunidad de las Hermanas del Buen Socorro en Mauricio, cuyas Constituciones todavía no habían estado aprobadas por Roma, surge una disputa. Madre Agustina se da cuenta que la tensión es tan grande, que solamente el Papa Pio IX, podría ayudarla para evitar una catástrofe. Después de haber pasado una noche entera en oración, se convense que debe ir a Roma para pedir la aprovación de las Reglas de su Instituto y así poder asegurarles el porvenir a las Hermanas que le habián sido confiadas.

Dejó la isla el 5 de junio del año 1869.
La Congregación contaba, ha esta fecha, con 108 Hermanas divididas en 19 comunidades y todas dependián de la Casa Madre en Port-Louis.
A la muerte de Monseñor Hankinson, ocurrida en setiembre del año 1870, fue nominado Monseñor Scarisbrick, en noviembre del año 1871, como nuevo Obispo de Mauricio, quien llegó a la isla recién el mes de mayo del año 1872.

Durante su estadía en Roma, Madre Agustina se encontró con Monseñor Deschamps, Arzobispo de Malines, en Bélgica. Este encuentro fue una bendición porque signó el inicio, el 13 de abril de 1872, de nuestra comunidad en Bélgica.
Después de haber estado en Roma algún tiempo, finalmente, en el mes de julio del año 1878, Madre Agustina se establece definitivamente en Via Merulana donde hasta el momento se encuentra la Casa General de la Congregación.

En el año 1882 el Instituto fue definitivamente aprobado por la Santa Sede bajo el título de: "Congregación de Hermanas de Caridad de Nuestra Señora del Buen y Perpetuo Socorro".
Madre Agustina muere en Roma el 28 de enero del año 1900. La causa de su beatificación fue introducida en el año 1827. Cuando el Tribunal Eclesiástico ordenó, el 18 de diciembre del año 1930, que se habriera el cajón, el cuerpo se encontró perfectamente conservado. Su rostro estaba blanco como la nieve y cuando se le levantó un brazo, volvió a tomar su posición natural.




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