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Un recorrido de la palabra carisma
La palabra carisma es hoy un lugar teológico para la vida consagrada


Por: Germán Sanchez Griese | Fuente: Catholic.net



 

1. Introducción

La palabra carisma es hoy un lugar teológico para la vida consagrada1. La introducción de dicha palabra en el Concilio Vaticano II, especialmente en la Constitución Dogmática Lumen gentium (n. 12)  y en el Decreto Apostolicam actuositatem (n. 3); la primera aparición de ella en referencia con la vida consagarada en la Exhortación apostólica Evangelica testificatio (n. 11); su primera y escueta definición en referencia al carisma del fundador en el documento Mutuae relationes (n. 11); y la definitiva inclusión y desarrollo de ella en la Exhortación apostólica Vita consecrata nos habla de un desarrollo casi exponencial de esta palabra en la época del postconcilio.

Para muchas realidades eclesiales como Institutos de Vida Consagrada, Sociedades de Vida apostólica y nuevas formas de vida consagrada, así como para personas consagradas en particular el redescubrimiento de esta palabra en el contexto de la vida consagrada ha significado la fuerza vital para el rejuvenecimiento y  la adaptación al mundo actual.

Siendo de tal importancia el carisma en el contexto de la vida consagrada de nuestros días, cabe preguntarnos si la concepción que se tiene hoy de la palabra carisma corresponde a aquella que se encuentra ene. Nuevo Testamento. El Concilio Vaticano II ha significado un parte aguas en la historia de la vida consagrada y a él se deben no pocos esfuerzos por lograr colocar la vida consagrada en un contexto de continuo cambio, como el que caracteriza a nuestra cultural actual.



A fuerza de caminar ya tantos años con el empuje que esta palabra ha dado a la renovación de la vida consagrada, conviene hacer una revisión para cerciorarnos si el significado que hoy damos a la palabra carisma dentro del contexto de la renovación de la vida consagrada corresponde a aquel que se ha utilizado en el Nuevo Testamento.

Para dicho análisis propongo un estudio comparativo entre el significado de la palabra carisma en el Nuevo Testamento y aquel que hoy se le da en el contexto de la vida consagrada. Analizaré en primer lugar el significado que tiene la palabra carisma en el Nuevo Testamento para después pasar a su inserción en la Constitución Dogmática Lumen gentium y en la Exhortación apostólica Evangelica testificatio verificando la aplicación y adaptación del significado original al contexto de la vida consagrada.


2. Significado de la palabra carisma en el Nuevo Testamento.
Normalmente, y ya es bastante común esta práctica, siempre que se enseña la palabra carisma en el contexto de la vida consagrada, se hace referencia al original griego de dicha palabra. Se nos dice que la palabra Χάρισμα proviene de dos palabra Χάρισ, que es la raíz, a la cual se le añade el sufijo  μα.

Esta es una forma bastante sencilla de complicar las cosas. Lo que una palabra puede significar en una lengua, bien puede cambiar al ser llevada a otra lengua. Olvidamos fácilmente, como dice Battista Mondin2, que en una lengua refleja un ambiente cultural, una forma de ser, de vivir y de apreciar la vida. Lo vemos por ejemplo ahora con la palabra española fomentare,  que puede significar según el Diccionario de la Real Academia Española: “1. tr. Excitar, promover, impulsar o proteger algo. 2. tr. Atizar, dar pábulo a algo. 3. tr. Med. Aplicar a una parte enferma paños empapados en un líquido. 4. tr. p. us. Dar calor natural o templado que vivifique o preste vigor”3. El uso que comúnmente se hace en español es para significar la promoción de diverso tipo de acciones, positivas o negativas. Sin embargo, al querer aplicar la misma palabra al contexto italiano, nos encontramos con problemas semánticos. En italiano, la acepción utilizada para esta lengua es “1. non com. Applicare fomenti su una parte del corpo.  2. fig. Eccitare, infiammare, promuovere (spec. inclinazioni o condizioni dannose, immorali e sim.): f. l’erotismo; f. disordini; f. l’odio, la discordia, la ribellione”4. Grandes sorpresas nos llevamos si en italiano quisiéramos decir: “Debéis fomentar en vuestras vidas el amor a Cristo”, y utilizáramos la misma palabra fomentar.

De la misma manera, el querer utilizar la palabra carisma en su misma connotación griega, aplicada a las lenguas neolatinas, puede originarnos algunos tropiezos. En primer lugar la palabra Χάρισ viene del verbo charizomai, que significa decir o hacer una cosa agradable a alguno, mostrarse gentil o generoso, o también regalar algo. El sufijo μα expresa el resultado de la acción. Por lo tanto, cuando al verbo charizomai  se añade el sufijo μα tenemos la palabra Χάρισμα que es una palaba que en griego significaba una cosa que se daba con cortesía, con amabilidad, un regalo. La palabra venía a entenderse completamente según el contexto en el que se estaba hablando5.



Pero en español y en las lenguas neolatinas, todo cambia porque la palabra carisma, así sin más traducida directamente del griego, se halla sin un contexto de referencia. Entonces lo que en griego quería significar simplemente una cosa que se daba con gentileza y amabilidad, como un regalo dependiendo del contexto en el que se hablaba, al entrar en el latín y posteriormente en las desinencia neolatinas, pierde el contexto y de cualquier cosa que puede ser regalada, pasa a ser una cosa extraordinaria, algo que entra en el misterio, en lo oculto. Por ello debemos entender y hacer siempre referencia al contexto en el que estamos hablando del carisma. Ya san Pablo se encontró con dicho problema, pues si bien la palabra era de origen griego y él escribía en griego, el contexto al que escribía era distinto a la cultura helenística. Era el naciente contexto cultural cristiano que aún no podía entender plenamente el significado de esta palabra.

Lo anterior queda confirmado cuando, analizando el contexto del uso de esta palabra en las cartas de San Pablo, nos damos cuenta de la diversidad y la heterogeneidad de los usos que se le da, en contraposición a lo que quizás viene fácilmente enseñado. En muchas ocasiones se habla de un uso generalizado de la palabra carisma por San Pablo en la que se da por descontado su uso aplicado a una necesidad en la comunidad cristiana. Sin embargo, creemos, esto no es del todo cierto.

Son 16 veces las que San Pablo usa dicha palabra en sus cartas. En ellas el uso que le da es muy distinto para cada una de ellas, ya que toma la palabra carisma no como un concepto técnico, como el que ahora usamos en las lenguas neolatinas, sino que “expresa simplemente el concepto general que corresponde a su etimología, es decir a , : así como en Rm 5, 15.16; 6, 23; 11, 29; 2Cor 1, 11. Por causa de este sentido amplio, la palabra puede ser utilizada a una gran diversidad de casos: desde un hecho muy particular y concreto, como el de la liberación de un peligro (2Cor 1, 11), al caso más universal del don de la vida eterna a todos los creyentes (Rm 6, 23), y al caso más indeterminado de los dones de Dios en general (Rm 6, 23)”6.

Podemos entonces preguntarnos de dónde proviene la aplicación que se hace tan corrientemente en nuestros días de decir que los carismas son dados para la utilidad de la comunidad y no sólo par el individuo que los recibe. A través de un análisis más profundo de los textos paulinos, nos damos cuenta que el Apóstol de las gentes insiste en algunos textos (especialmente 1Cor 12; Ef 4, 11; 1 Tm 4, 14; 2Tm 1, 6) en que algunos dones han sido dado para el beneficio de la comunidad. “En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común” (1Cor 12, 7). Y subrayará la importancia que sean verdaderamente aplicados dichos dones para el bien común.

Es ésta pues la acepción que más se ha tomado en nuestros días. Se ha pasado de la ambigüedad del concepto general de un don gratuito, en el orden de la gracia, al concepto técnico de don para el bien de la comunidad. Podemos por tanto resumir el uso de la palabra carisma en el Nuevo Testamento con lo que apunta el Diccionario Teológico de la Vida Consagrada. “Pablo lee en los carismas la acción y la eficacia de la única gracia, ofrecida benévola y gratuitamente por el único Espíritu, que se diversifica sensiblemente en cada persona singular, para producir en cada una de ellas una determinada capacidad, apta para servir a la entere comunidad eclesial”7.


3. Significado de la palabra carisma en Lumen gentium
Dejando a un lado las peripecias que durante dos mil años ha tenido que sufrir la palabra carisma para ser rescatada actualmente, nos limitaremos a estudiar la aplicación que de ella hace la Constitución Dogmática Lumen gentium.

Si hemos mencionado la importancia del contexto cultural no podemos dejar de mencionar lo que estaba sucediendo en el momento de la redacción de la Lumen gentium para entender de qué manera fue acogida la palabra carisma dentro del documento. Sin querer caer en el error del reduccionismo, sino por la brevedad de este pequeño ensayo, podemos decir que la Lumen gentium estaba representando el esfuerzo por pasar a una nueva visión eclesiológica y por ello se prestó a muchas discusiones en el aula conciliar. “Aquello que estaba sucediendo era que los Padres religiosos estaban convencidos que en los textos presentados, la Iglesia venía visto sólo desde el aspecto jerárquico y jurídico, olvidando el pneumatológico”8.

En este contexto, se introduce después de casi 2000 años la palabra carisma. Analizaremos si dicha introducción responde al significado que le dio San Pablo en sus escritos. El texto lo encontramos en Lumen gentium 129. Haciendo un resumen del mismo podemos decir que “son gracias especiales que el Espíritu Santo distribuye”. En esta primera parte, vemos una gran concordancia con el significado paulino de la palabra carisma. San Pablo  expresa el origen divino de los carismas de distintas maneras. Pero subraya la relación con el Espíritu Santo en 1Cor 12, 4.7 – 1110. Podemos entonces afirmar que Lumen gentium recoge esta tradición paulina de atribuir la distribución de los carismas al Espíritu Santo.

Estos dones, según el texto de la Lumen gentium, son distribuidos “a fieles de cualquier condición” lo cual significa no sólo la liberalidad del Espíritu sino que el criterio de distribución de los dones no está fijado por la cualidad de las personas. No se requiere ningún grado de santidad o de perfección para recibir un carisma. De nuevo encontramos una gran concordancia con el sentido paulino de los carismas, ya que San Pablo en 1Cor 12, 11 nos dice que “Es el mismo y único Espíritu el que actúa, distribuyendo sus dones a cada uno en particular como él quiere”. Hay por tanto una relación entre el texto paulino que no establece ninguna regla en la distribución de los carismas, ya que el Espíritu los da como quiere y el texto conciliar en el que los carismas se distribuyen a los fieles de cualquier condición.

En cuanto a la utilidad de dichos carismas, Lumen gentium indica “que sean útiles para la renovación y la mayor edificación de la Iglesia.” Y es el mismo texto de este documento que hace la correlación con el texto paulino de 1Co 12, 7: “A cada uno... se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad.” Este será pues uno de los aspectos más característicos para distinguir los carismas de los talentos o dones particulares. Mientras que éstos son gracias necesarias que se infunden desde el bautismo para la salvación personal, los carismas son distribuidos esencialmente para el bien de la comunidad, siendo que el receptor de los carismas es un medio para la distribución de las gracias contenidas en el carisma. La teología del carisma desarrollada a partir del Concilio Vaticano II encontrará un punto basilar en la distinción que se hace entre un carisma y un don o talento personal. Los carismas se distinguen porque se distribuyen siempre en función de una utilidad para la Iglesia. El texto de la Lumen gentium,  haciéndose eco del texto paulino de 1Co 12, 7, lo repetirá dos veces recalcando siempre el criterio de utilidad como el motivo principal por el cual se han distribuido. “(…) con los que les hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean útiles para la renovación y la mayor edificación de la Iglesia (…). Estos carismas (…) porque son muy adecuados y útiles a las necesidades de la Iglesia”.

Encontramos por tanto el texto de Lumen gentium  que habla de los carismas una gran concordancia con la acepción que San Pablo dio a esta palabra.


4. Significado de la palabra carisma en Evangelica testificatio.
Escrita en los albores del post concilio, el 29 de junio de 1971, la Exhortación apostólica Evangelica testificatio  de Pablo VI se ha caracterizado por un fuerte llamado a mantener clara y viva la identidad de la vida consagrada11, adaptándola a las cambiante situaciones de los tiempos, siempre de acuerdo con las orientaciones del Concilio Vaticano II, especialmente del decreto Perfectae caritatis.

Podemos asegurar que este documento del magisterio es el primero que incluye la palabra carisma y lo adapta a la vida consagrada, vida religiosa como se solía llamar en aquella época. Aunque tímidamente, la palabra carisma comienza a abrirse paso como lugar teológico para la vida consagrada. Han pasado 6 años de la clausura del post-concilio y Pablo VI con esta Exhortación se apresta a dar alguna directrices que orienten sobretodo el proceso de adaptación de la vida consagrada.

Dos son entonces las veces en que aparece la palabra carisma aplicada a la vida consagrada. Las dos en el mismo número. “Sólo así podréis despertar de nuevo los corazones a la verdad y al amor divino, según el carisma de vuestros fundadores, suscitados por Dios en su Iglesia. No de otra manera insiste justamente el Concilio sobre la obligación, para religiosos y religiosas, de ser fieles al espíritu de sus fundadores, a sus intenciones evangélicas, al ejemplo de su santidad, poniendo en esto uno de los principios de la renovación en curso y uno de los criterios más seguros para aquello que cada Instituto debería emprender. El carisma de la vida religiosa, en realidad, lejos de ser un impulso nacido "de la carne y de la sangre", u originado por una mentalidad que "se conforma al mundo presente", es el fruto del Espíritu Santo que actúa siempre en la Iglesia”12.

Quiero referirme en primer lugar a la última acepción de la palabra carisma en este número, es decir, cuando habla de la vida consagrada (vida religiosa) como un carisma. Si queremos aplicar el sentido paulino a la vida consagrada, como lo define Evangelica testificatio,  entonces tenemos que verificar que cumpla con los criterios que elencazos anteriormente, es decir, que sea un don que se entrega a cualquier persona y que dicho don sea para beneficio de la Iglesia, para una utilidad eclesial. Creo percibir que la vida consagrada cumple con ambas características ya que la elección a ella proviene de Dios y Él lo otorga con toda libertad, sin acepción de personas.

Por otro lado, al analizar la segunda característica de un carisma bajo el significado paulino del término, nos damos cuenta que es un don para la Iglesia. La utilidad ha sido siempre, como la misma Lumen gentium la enuncia y que será después profundizado en distintos documentos postconciliares “Y como el Pueblo de Dios no tiene aquí ciudad permanente, sino que busca la futura, el estado religioso, por librar mejor a sus seguidores de las preocupaciones terrenas, cumple también mejor, sea la función de manifestar ante todos los fieles que los bienes celestiales se hallan ya presentes en este mundo, sea la de testimoniar la vida nueva y eterna conquistada por la redención de Cristo, sea la de prefigurar la futura resurrección y la gloria del reino celestial. El mismo estado imita más de cerca y representa perennemente en la Iglesia el género de vida que el Hijo de Dios tomó cuando vino a este mundo para cumplir la voluntad del Padre, y que propuso a los discípulos que le seguían. Finalmente, proclama de modo especial la elevación del reino de Dios sobre todo lo terreno y sus exigencias supremas; muestra también ante todos los hombres la soberana grandeza del poder de Cristo glorioso y la potencia infinita del Espíritu Santo, que obra maravillas en la Iglesia”13.

Por último, la inclusión y aplicación de la palabra carisma a la vida consagrada, encuentra una segunda versión en Evangelica testificatio cuando dice habla del carisma  de los fundadores. En este caso aplica la palabra carisma a los fundadores, como un medio para lograr la renovación de la vida consagrada auspiciada por el Concilio. Si queremos aplicar el significado paulino de carisma, los fundadores deben haber recibido un don para beneficio de la Iglesia. Varios estudios que vendrán posteriormente14 y que constituirán la Teología del carisma del fundador, nos halan explícitamente del carisma del fundador como un don distribuido por Dios a los fundadores. Harán grandes esfuerzos para distinguir entre los dones personales del fundador15 y aquel don que recibe el fundador no para beneficio personal, sino para los demás, para la Iglesia.

Como segunda característica, este carisma del fundador debe ser aplicado para el beneficio de la Iglesia. De alguna forma es algo comprobado a lo largo de la multisecular historia de la vida consagrada que el carisma del fundador ha sido distribuido por el Espíritu Santo para remediar una necesidad urgente que se daba en la Iglesia. Si bien la procedencia de dicho don no tiene una fenomenología tipificada, pues cada historia de los fundadores es original en sí misma, siempre coinciden en que son para beneficio de la Iglesia.


5. Breve conclusión.
Hemos hecho un breve y sucinto recorrido de la palabra carisma con el fin de analizar la acepción que se daba en el Nuevo Testamento y ver si se aplicaba en la terminología hoy en uso de esa palabra en la vida consagrada.

Comprobamos en primer lugar que en el Nuevo Testamento es San Pablo quien la utiliza, siendo él mismo quien la ha “inventando” creando así un neologismo. Al analizar la aplicación de dicha palabra a los tiempos actuales y en especial a la vida consagrada, nos dimos cuenta que si bien la palabra es la misma, tiene una connotación distinta a la que utilizó San Pablo. La diferencia estriba principalmente en que mientras San Pablo la utilizaba en un sentido amplio, al ser traducida e  introducida dicha palabra en un nuevo contexto, pierde su generalidad y se reduce generalmente al sentido técnico de un don específico. Un don que proviene del Espíritu y que se distribuye para fines muy específicos, generalmente con un beneficio eclesial.

Las dos acepciones que analizamos fueron las que encontramos en Lumen gentium  y en Evangelica testificatio. La primera de Lumen gentium era la aplicación general de la palabra carisma al contexto de la Iglesia del Concilio Vaticano II en su afán por lograr la adecuada renovación. La segunda acepción en Evangelica tetsificatio, nos llevó a hablar de dos aplicaciones de carisma a la vida consagrada: carisma del fundador y carisma de la vida consagrada. En ambas connotaciones se respetaron las características paulinas del significado de la palabra carisma.

 

 

 

 

 

NOTAS

1 “Carisma” vale para los consagrados como el nuevo nombre para la propia identidad”. GARCÍA CASTRO F., Dimensione carismatica della Chiesa e identità della vita religiosa, L’insegnamento del Concilio Vaticano II e la sua ricezione nella riflessione teologica postconciliare, Àncora Editrice, Milano  2003, p. 5.

2 Cf. MONDIN B., Manuale di Filosofia sistematica, Volume 5 Antropologia Filosofica, Edizioni Studio Domenicano, Bologna  2000, pp. 169 – 188.

3 http://lema.rae.es/drae/?val=fomentar (26.2.2015).

4 http://www.treccani.it/vocabolario/fomentare/ (26.2.2015)

5 Cf. VANHOYE A., I carismi nel Nuevo Testamento, Gregorian & Biblical Press, Roma  2011, p. 32 - 35

6 Ibídem., p. 42

7  ROMANO A, Carisma en RODRÍGUEZ A – CANALS J., (edd), Diccionario Teológico de la Vida Consagrada, Publicaciones Claretianas, Madrid  1989, p. 142

8 ROVIRA J., La vita consacrata Oggi, Rinnovarsi tra slide e vitalità, (sussidio per gli Alunni) (Testo riveduto, ampliato e aggiornato), Istituto di Teologia della Vita Consacrata Claretianum, Roma  2010, p. 134.

9 “Además, el mismo Espíritu Santo no sólo santifica y dirige el Pueblo de Dios mediante los sacramentos y los misterios y le adorna con virtudes, sino que también distribuye gracias especiales entre los fieles de cualquier condición, distribuyendo a cada uno según quiere (1 Co 12,11) sus dones, con los que les hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean útiles para la renovación y la mayor edificación de la Iglesia, según aquellas palabras: «A cada uno... se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad» (1 Co 12,7). Estos carismas, tanto los extraordinarios como los más comunes y difundidos, deben ser recibidos con gratitud y consuelo, porque son muy adecuados y útiles a las necesidades de la Iglesia. Los dones extraordinarios no deben pedirse temerariamente ni hay que esperar de ellos con presunción los frutos del trabajo apostólico. Y, además, el juicio de su autenticidad y de su ejercicio razonable pertenece a quienes tienen la autoridad en la Iglesia, a los cuales compete ante todo no sofocar el Espíritu, sino probarlo todo y retener lo que es bueno (cf. 1 Ts 5,12 y 19-21)”. CONCILIO VATICANO II, Constitución dogmática Lumen gentium, 21.11.1964, n. 12

10 Cf. VANHOYE A., I carismi nel Nuevo Testamento, Gregorian & Biblical Press, Roma  2011, p. 185 – 186.

11 “Para un ser que vive, la adaptación a su ambiente no consiste en abandonar su verdadera identidad, sino más bien en robustecerse dentro de la vitalidad que le es propia”. PABLO VI, Exhortación apostólica Evangelica testificatio, 29.6.1971, n. 51

12 Ibídem., n. 11

13 CONCILIO VATICANO II, Constitución dogmática Lumen gentium, 21.11.1964, n. 44.

14 Pueden leerse especialmente los libros de Ciardi, Moioli, Rocca, Romano, entre otros.

15 Emblemático es este párrafo del magisterio de la Iglesia: “Las notas características de un carisma auténtico son las siguientes: a) proveniencia singular del Espíritu, distinta ciertamente aunque no separada de las dotes personales de quien guía y modera.” SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LOS RELIGIOSOS E INSTITUTOS SECULARES, Mutuae relationes, 23.4.1978, n. 51

 

 

Puedes consultar:

Constitución dogmática «Lumen gentium»

 

 

 

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