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Carta a los cristianos que sufren
Francisco Javier Garrido Delgado nos ayudará a entender el sentido del sufrimiento


Por: Francisco Javier Garrido Delgado | Fuente: Catholic.net



Primero hay que tener en cuenta que todo lo que sucede en el mundo, sabe Dios que va a suceder. Existe el sufrimiento, y Dios lo sabe.

Si Dios se olvidara de las personas de la tierra, sería algo contradictorio, y no existiríamos. Es decir, crear algo (que no le aporta nada, la creación es fruto toda de su bondad, pues en nada le mejora) para luego olvidarse de eso mismo que ha creado sería impensable en un Dios.
Partimos de que Dios es justo, pues en Él, por su propia naturaleza no cabe mezcla de mal.  Es el Ser en el que su esencia (lo que es) está completa, por tanto, es perfecto. (Perfecto significa pleno, acabado, que no puede tener más ser del que ya tiene, o sea, mejorar, puesto que nada le falta).

¿O sea que para Dios es imposible mentir o engañarnos? Sí, pero no solo eso, sino que es contradictorio e imposible. También es imposible que pueda hacer el mal o que pueda quererlo.
Te preguntas, ¿por qué personas buenas (o no buenas, da igual) sufren?
Lo primero, como ya hemos dicho, es que Dios no hace ningún mal a nadie. Si no que tan solo lo permite, que no es lo mismo que querer.
¿Por qué? Únicamente para conseguir un bien aún mayor.

Existen dos tipos de males:

1. El mal que procede directamente del hombre y tiene consecuencias dolorosas, como el aborto, asesinatos, terrorismo, soberbia, odio, etc, (llamado mal moral, que es el que proviene del pecado



2. Por otra parte,  el mal natural: (terremotos, huracanes, cánceres, incendios…)

El segundo, es causa del precio que hay que pagar por la autonomía que Dios ha dado al mundo, es decir, Él no está directamente interviniendo, sino que lo deja hacerse a sí mismo. Y en su desarrollo, salen sobre todo cosas buenas, pero a veces también malas.
 
El primer mal, el mal moral, es producto de un bien aún mayor: la libertad.
¿Para qué nos da libertad si con ella vamos a sufrir? Si no hubiera libertad, no habría pecado, porque estaríamos ya determinados, no podríamos actuar libremente, obligados a cumplir un fin ya estipulado de antemano, pero no por nosotros. Pero tampoco existirían numerosas cosas buenas, que son infinitamente mejores que el mal, como el amor, misericordia, bondad... No tendríamos tampoco el premio eterno, el cielo, estado de completa felicidad, el cielo es aquello que ni ojo vio ni oído oyó, que no podríamos conseguir en ningún caso sin libertad. Sin esta, no podríamos ser tampoco felices. Y entonces la creación no tendría ningún sentido. Porque nuestro fin último es alcanzar la felicidad.

Precisamente, la fe, es crucial en los momentos especialmente dolorosos, pues se pueden producir dos hechos: o la tomas definitivamente o la dejas. No te alejes de Dios, sobre todo en tu sufrimiento. Tu dolor es parte de la cruz de Cristo, Jesús te pide que le ayudes a cargarla. Él ha visto cada lágrima derramada, cada penuria sufrida, todo el dolor que has atravesado, y te recompensará en el cielo con creces.

El dolor no es un fin en sí mismo, el dolor de ahora solo es parte de la felicidad futura. El dolor te quita las seguridades, tiene un deje de pánico. Pero porque Dios nos ama nos concede el dolor de sufrir, "los golpes de su cincel que tanto daño nos hacen también nos hacen perfectos"
Es importante no ser una persona triste porque llevamos, en el alma en gracia, a Cristo, no da lo mismo estar una hora en gracia o en pecado mortal, la diferencia es abismal.
El mejor sitio para llorar es en el oratorio. Todo esto que te digo, se mira con distintos ojos dependiendo de la fe que tengas, que es un don de Dios, yo le pido todos los días que me la aumente. Pídeselo. La fe da sentido a muchísimas cosas.

Llora ante Él, cuéntale tu angustia. Dios no se olvida de nadie. Si te parece que te está pidiendo mucho,  solo te pide uno, pero te dará, si no en esta vida, en el cielo, el ciento por uno. No te olvides.

Jesucristo llevó a cargas en el madero todos nuestros pecados. Pues algo similar pasa con nosotros, nuestro sufrimiento es nuestra cruz, nuestra carga.
La cruz es medio de salvación.

Quien confía en sus propias fuerzas y rechaza a Dios es víctima de la opresión del hombre y cae en la amargura y la desolación. Porque, todos esos que buscan placer en una vida vacía, vuelven luego pidiéndote ayuda. Pues claro que ser cristiano, seguir a Cristo merece la pena.
Si aceptas la cruz de Dios como muestra de Su amor, escucharás las palabras de Jesús: hoy estarás conmigo en el paraíso.

Cuando la esperanza se ha perdido, qué es lo último que se pierde, la vida queda sin sentido, por eso un católico nunca la pierde. Los malos momentos, temporadas, aunque te parezca que  duren mucho, siempre pasan de largo, después de la tormenta siempre llega la calma y la paz. La duración de nuestra vida es insignificante con respecto a la eternidad que nos aguarda.

La cruz es un regalo para hacerte santo

Dios da cargas distintas a los seres humanos según su capacidad de aguante, Él no te pediría nunca nada que no fueras capaz de soportar.
 
Confianza en Él, eso es tener Fe, pese a todas las dificultades. Si caemos, caemos en sus manos. No hay cabida para la tristeza y menos aún para la desesperanza y el sinsentido de los que viven sin Dios en un cristiano.

Nosotros somos templos del espíritu Santo, los que vivimos habitualmente en Gracia, participamos de la vida divina, del mismísimo Dios, "vivir con el corazón en el cielo, pero los pies en la tierra" esos son los santos. Hablar de alegría no significa ignorar el dolor, sufrimiento, sino de encontrar un significado a todo eso. Y el cristianismo te da ese significado. Este es un mundo acosado por el pesimismo y las lamentaciones, porque nadie que no sea cristiano entiende el sufrimiento, no puede entenderlo, nunca podrá. En Jesús se entienden nuestros padecimientos.

Dios no nos deja solos, todos los días se hace cuerpo y sangre para que podamos recibirle. No se olvida de nosotros, aunque a primera vista pudiera parecer que sí. Cristo nos pide más fe, él mismo dijo que es muy pequeña.

Un corazón egoísta no tiene cabida en el cielo. No se puede intentar entender a Dios con la inteligencia, quien lo intente caerá en el desánimo. Pues su sabiduría sobrepasa infinitamente nuestro pequeño entendimiento. En cambio, nos ha dado un corazón con el que sí podemos entenderle, amándole. “Señor, quiero, porque tú quieres.”





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