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Curación y reconciliación del aborto
Normalmente los sacerdotes ofrecemos como penitencia un proceso psicológico bastante efectivo


Por: José March | Fuente: catholic.net



La curación y reconciliación del tremendo crimen del aborto, debe pasar por una penitencia. Normalmente los sacerdotes ofrecemos como penitencia un proceso psicológico bastante efectivo, sobre todo donde tenemos agentes pastorales o psicólogos pastorales (yo lo soy) para sanar…como católicos, creemos en la medicina y en la psicología como medios queridos por el mismo Dios… ¿por qué no?

Método para curarse y reconciliarse

Primera etapa: rechazo. En el diálogo, el agente pastoral debe hacer preguntas muy concretas sobre el aborto: qué se vivió antes, durante y después de hacerlo; es conveniente que ayude a la persona, cuando lo crea necesario, a recordar todo, aunque le cueste. A la hora de valorar, debe procurar no reducir el sufrimiento moral y psicológico, de modo que la persona pueda expresar lo que ha vivido y cómo lo ha vivido. Se habrá dado un gran paso adelante si se adopta la terapia familiar, es decir, si la mujer inicia su camino junto con el padre del niño.

Segunda etapa: los padres toman conciencia de que su hijo era una persona. Las mujeres montan a veces en cólera contra sí mismas, contra el padre del niño, contra su familia y contra Dios. Ven que los motivos que las han llevado al aborto son miserables y desproporcionados con el acto y sus consecuencias. El agente pastoral puede ayudarles a que tomen conciencia del sentido que tiene su rebelión y de las motivaciones subyacentes.

Tercera etapa: intentos de negociación o compensación. El agente pastoral debe tratar de que los padres sean conscientes de que los intentos –a menudo inconscientes- de quietar importancia a la culpabilidad (por ejemplo, deseo de tener inmediatamente otro hijo, de anticipar el matrimonio, de ser unos padres modélicos, de adoptar un niño, de dar dinero, etc.) no pueden cambiar el pasado, ni pueden resucitar al hijo, ni hacer que revea indirectamente.

Cuarta etapa: sensación de vacío que lleva a la depresión. Cuando los padres reconocen que su niño ha muerto y que ya no pueden hacer nada, comienza el proceso de curación. Caen en la cuenta de que ya no conocerán nunca a su hijo. Por eso el agente pastoral deberá convencerles –al contrario de lo que cabría pensar- de que tienen pleno derecho a estar tristes, sentir el vacío y deprimirse, animándolos a vivir estos sentimientos con confianza y esperanza.

Quinta etapa: aceptación. La depresión empieza a decrecer cuando los padres se sitúan ante su hijo. Este es el momento de la aceptación que representa el final del viaje hacia la curación y la reconciliación. Los signos se ven cuando se dirigen a su hijo llamándolo “hijo mío, hija mía”, se reconocen responsables de su muerte y piden a Dios que lo acoja en su seno. Ahora el agente pastoral puede invitarlesa que pongan un nombre a su hijo, porque es un medio de reconocer que es una persona y que ellos son sus padres. Puede proponerles también que escriban una carta a Dios, a su hijo y a sí mismos (ya que a muchas personas les es difícil perdonarse y reconciliarse con el que ha compartido con ellos la decisión de abortar) o un diálogo que recoja el fluir de los sentimientos.

Finalmente, el agente pastoral debe orar para conseguir la ayuda de la Gracia Divina. Durante el proceso de curación, la oración es también indispensable para ponerse en presencia de Dios, pues es el único que pude lograr que la persona se reconcilie profundamente. Los sacramentos de la penitencia, de la unción de los enfermos o la eucaristía en recuerdo del niño, celebrados con otros cristianos pueden ser un gran consuelo y constituir el final y la recapitulación del largo camino de curación.
 

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