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Algunas cuestiones sobre el altar, las velas, las flores y la comunión en la mano.
Algunas cuestiones sobre el altar, las velas, las flores y la comunión en la mano.

El altar, mantel, flores, velas, y la comunión en la mano.


Por: Gustavo Daniel D´Apice | Fuente: Gustavo Daniel D´Apìce



Algunas cuestiones litúrgicas sobre:


1. El Altar, el crucifijo, las velas y los santos.
2. La eucaristía en la mano.


¿Qué simboliza el Altar en el culto católico?


El Altar en el culto católico significa a Jesús Resucitado.

Es el Altar de la Cruz, en donde se produce la Pascua de nuestra salvación.

Es el altar donde Jesús es inmolado, donde se produce el misterio pascual, donde Jesús es crucificado y donde resucita como primicia del rescate de nuestro cuerpo, alma y espíritu.

Es donde están las dos caras inseparables de la misma moneda, del acontecimiento de la Pascua: Jesús crucificado de un lado, Jesús resucitado del otro.

Jesús resucitado, la realidad. Jesús crucificado, el paso hacia la realidad total.

Viene del latín “altare”, que es el lugar propio donde se coloca la ofrenda para la divinidad.

Recordemos que Jesús en su inmolación es sacerdote, víctima y altar:

Sacerdote que ofrece, víctima que se ofrece, y altar donde es ofrecido el sacrificio.

En el altar se ofrece Él mismo a Dios Padre por nosotros.


El crucifijo.


La Cruz con Cristo debe estar en toda celebración litúrgica, sobre el altar o cerca de él, y mirando al Pueblo.

Es una explicitación del significado del Altar y de lo que se celebra en él.

Jesús ya no está en la cruz porque su cuerpo está resucitado, como estarán los nuestros también al final de los tiempos.

Pero ella nos recuerda el amor de dar la vida por los amigos, por cada uno de nosotros, y la posibilidad de unir nuestros sufrimientos amorosamente a los suyos para redimirnos y ayudar a redimir a los demás (Colosenses 1,24), y poder participar y “pasar” (paso, Pascua) de este mundo al Padre en una vida feliz y dichosa sin enfermedad, muerte, luto ni dolor (Apocalipsis 21,4).

Y de que vamos a resucitar como Él.


¿Por qué se saluda al Altar?


El Altar es el Centro de la celebración eucarística de la Misa.

Por eso se saluda al altar en diversas ocasiones, o cuando se pasa delante de él, ya sea para trasladarse en el Templo, proclamar alguna lectura bíblica, etc.

Es besado por por los sacerdotes y diáconos al comenzar la celebración litúrgica, y por quien preside al finalizar.

El incienso, el mantel, las flores y las velas.


Muchas veces se lo inciensa, queriendo así ofrecernos nosotros mismos, con nuestros actos, sufrimientos, alegrías, esperanzas y desdichas, oraciones y sacrificios, a Dios, junto a la víctima que se inmola, y significando el respeto y veneración que debemos a la divinidad allí presente, y como nuestro espíritu se eleva hacia Él en el Altar.

Se lo adorna con flores, significando la alegría de la presencia de Jesús Resucitado en él, y también se lo cubre delicadamente con mantel blanco de gloria para la celebración, y se encienden sobre él velas, que simbolizan a Jesús-Luz, Jesús Luz del Mundo (Juan 8,12), luz de la cual queremos participar y que ofrecemos también al Padre con nuestros espíritus alertas y vigilantes, bien despiertos como en la mañana de Pascua (Marcos 14,38).


¿Por qué se prenden velas a los santos en las Iglesias?


En ciertas ocasiones, fiestas, o solemnidades, solemos encender también velas en las imágenes de los santos, no sólo en las Iglesias, sino también en nuestras casas o grutas, ya sean públicas o privadas.

Significan nuestra oración y nuestro espíritu alerta a la voz de Dios, como que se quiere quedar así y allí.

Nos suplantan en nuestra presencia física y atención y suplen nuestra fragilidad en nuestra atención y permanencia corporal orante.

En el caso de los santos, simboliza que queremos quedarnos allí, con ellos, junto a Dios, como es en la realidad, orando e intercediendo por nuestras necesidades y por las de todo el mundo, dando gracias, alabando y adorando a Jesús, el único mediador entre Dios y los hombres (I Timoteo 2,5), al Padre y al Espíritu.

Nuestra intercesión pone de manifiesto más aún la única mediación universal de Jesús Resucitado ante Dios, a la cual nos unimos y de la cual participamos, resaltándola, así como nuestros sufrimientos amorosamente los unimos a los Suyos, y co-laboramos con nuestra redención y la de nuestros hermanos (Colosenses 1,24), a ejemplo del apóstol Pablo y de tantos seguidores de Jesús a través de los tiempos.


Actualmente recibimos la Eucaristía en la mano, ¿es correcto?


Recibir la eucaristía en la mano es una participación más activa del sacerdocio común de los fieles otorgado en el Bautismo, y demuestra la colaboración del sacerdocio ministerial en nuestra santificación, ya que el sacerdocio ministerial, que tiene una diferencia esencial y no de grado, está al servicio del sacerdocio común de los fieles, y ello lo hace depositando en la mano del cristiano consagrado por el Bautismo las santas especies consagradas.

Las manos, que dan como fruto el pan y el vino con su trabajo, reciben ahora lo que ellas mismas elaboraron y ofrecieron, pero transformadas en el Cuerpo Resucitado de Jesús, con su alma y divinidad; la ofrenda ha sido transubstanciada y retorna transfigurada por las manos del ministro consagrado.

Y reciben los fieles también en sus manos consagradas con todos su ser en el Bautismo, la Eucaristía como en un trono, como en un altar, en el que se deposita la víctima transfigurada, que con toda reverencia es recibida de manos del ministro y colabora activa y no pasivamente en su recepción, de una forma más evidente.

Gustavo Daniel D´Apice
Profesor de Teología
Pontificia Universidad Católica
http://es.catholic.net/gustavodaniel
http://gustavodaniel.autorcatolico.org
http://es.netlog.com/dialogando/blog

gusdada@uolsinectis.com.ar





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