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"Sacramentum Caritatis", Primera Parte, Nº 6 al 11.
"Sacramentum Caritatis", Primera Parte, Nº 6 al 11.

El Sumo Pontífice sigue abordando el tema de la Eucaristía, fuente y culmen de la vida y misión de la Iglesia.


Por: Gustavo Daniel D´Apice | Fuente: Gustavo Daniel D´Apice




Sacramentum Caritatis

(Primera Parte)


Tal como habíamos dicho al final de la Introducción, esta primera parte se coloca bajo el versículo bíblico de Juan 6,29: “Ésta es la obra que Dios quiere: que crean en Aquel que Él ha enviado”, y su título es: “Eucaristía, misterio que se ha de creer”.

Abarca los números 6 al 33 del documento de Benedicto XVI sobre el Santísimo Sacramento del Altar, e iremos mencionando las ideas fuerza de cada número. Ésta vez tomaremos desde el 6 hasta el 11.

La fe eucarística de la Iglesia.

6. “Éste es el Misterio de nuestra fe”, decimos al terminar la consagración. La eucaristía es el compendio y suma, el resumen de nuestra fe. De su mesa nos alimentamos especialmente. Fe que suscita el anuncio de la Palabra y sacramento que nos da la gracia de Jesús Resucitado se complementan en la vida cristiana.

Santísima Trinidad y Eucaristía.

7. La eucaristía nos remite al misterio central de nuestra fe: La Santísima Trinidad. En la eucaristía Jesús se da a sí mismo, el Padre nos lo entrega: Es el pan que baja del cielo y da la vida al mundo.

8. En ella se revela el designio salvífico del Dios Amor manifestado en toda la historia de la salvación. Se nos comunica la vida divina de los Tres: Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Dios Trino se une a nosotros a través de la eucaristía. Nos da su Amor.

Eucaristía: Jesús, el verdadero Cordero inmolado.

9. Jesús es el verdadero Cordero que quita el pecado del mundo. Lo repetimos en cada Eucaristía. Su sangre es la Alianza nueva y eterna. Su misión llega a su cumbre en el Misterio Pascual. Hemos sido liberados del mal y de la muerte, y la hostia consagrada actualiza y renueva esta Alianza y Liberación.

Institución de la Eucaristía.

10. Sucedió en lo que llamamos la Última Cena de Jesús, en la que se celebraba ritualmente la conmemoración actualizada de la liberación de Egipto, y que tendía en esperanza a una liberación definitiva que vendría dada por la aparición del Mesías Salvador.
En este contexto Jesús introduce su entrega, plasmada luego en la Cruz con el acontecimiento inseparable de la Resurrección. Anticipa la Pascua, que luego se seguirá actualizando en los altares eucarísticos hasta que vuelva. Así, el acontecimiento de la Pascua de Jesús manifestado sacramentalmente en la eucaristía, se convierte en el hito más alto y definitivo de la liberación del hombre, de su historia y del universo en el que está inserto.

La figura deja el paso a la realidad.

11. El cristiano no tiene ya que celebrar la antigua cena judía, sino la realidad de la cual ella era figura, y cuyo rito introdujo Jesús en esa cena pascual: Debe celebrar la eucaristía, liberación definitiva del pecado y de la muerte. La transubstanciación, es decir, el cambio del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre del Señor, es el comienzo del cambio, transformación o transfiguración de todo hombre y del mismo universo, hasta que Dios sea todo en todos y en todas las cosas (I Cor 15, 28), hasta que todo sea cristificado.




Gustavo Daniel D´Apice
Profesor de Teología
Pontificia Universidad Católica





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