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Eutanasia y suicidio asistido.
Eutanasia y suicidio asistido.

Nadie puede ponerse al servicio de la muerte, y menos los "profesionales de la salud".


Por: Gustavo Daniel D´Apice | Fuente: Ediciones "Dialogando"



CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA.

LA EUTANASIA (2276-2279)

2276. Es atentar contra la vida enferma, disminuida, debilitada o moribunda, que merece un respeto especial.

2277. Es moralmente inaceptable, ya sea por acción u omisión.

2278. Hay que rechazar el “encarnizamiento terapéutico”. Se pueden interrumpir tratamientos onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados: No se provoca la muerte, se acepta no poder impedirla.

La decisión la toma el paciente, si puede, o por los que tienen los derechos legales, respetando la voluntad e intereses del paciente.

2279. Los cuidados ordinarios no deben ser interrumpidos, ni ante la inminencia de la muerte.

El uso de analgésicos, aunque puede abreviar la vida, puede ser moralmente aceptable y digno humanamente, si la muerte no es pretendida, ni como fin ni como medio, aunque pueda ser prevista y tolerada como inevitable.

Los cuidados paliativos son una forma privilegiada de amor desinteresado, que debe ser alentado, para aliviar el sufrimiento y acompañar al que lo padece.

EL SUICIDIO (2280-2283)

2280. Dios es el Dueño de la vida.

Nosotros la administramos, no somos sus propietarios.

2281. El suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y perpetuar su vida.

Es contrario al amarse a sí mismo.

También se contradice con el amor al prójimo, porque rompe injustamente el nudo de relaciones humanas (familiar, civil, humana).

Es contrario al Amor de Dios, que vino a traernos Vida, y Vida en Abundancia.

2282. Si quiere servir de ejemplo, adquiere la gravedad del escándalo.

Es moralmente ilícito cooperar con el suicida.

Disminuyen la responsabilidad del suicida los trastornos psíquicos graves, la angustia, el temor, la tortura.

2283. Los suicidas, por lo anteriormente dicho, no necesariamente se condenan.

Dios tiene infinitos caminos para salvarlos.

La Iglesia como comunidad ora por ellos y los encomienda a la infinita misericordia de Dios, para que esté con Él y sus seres queridos en el Paraíso.

Gustavo Daniel D´Apice
gusdada@uolsinectis.com.ar





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