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Sentido salvífico del sufrimiento cristiano (II)
Sentido salvífico del sufrimiento cristiano (II)

Decir historia del hombre, implica decir una historia de sufrimiento y de dolor.


Por: Gustavo Daniel D´Apice | Fuente: Ediciones "Dialogando"





2. Comentario breve a la Salvifici Doloris.

II. EL MUNDO DEL SUFRIMIENTO HUMANO.
COEXISTE CON EL HOMBRE.

5. El sufrimiento como realidad humana inefable e intransferible.

Merece ser tratado y meditado como un problema manifiesto que exige preguntas de fondo y respuestas de sentido, al menos desde el punto de vista filosófico y teológico.
No como una mera descripción de lo que es.
La medicina, como ciencia y arte de curar, descubre el sector más conocido del sufrimiento, por medio de la terapéutica.

Pero el ámbito que abarca el sufrimiento es mucho más vasto. Es algo más amplio que la enfermedad.
Baste sólo a modo de ejemplo la distinción entre sufrimiento físico y sufrimiento moral. Abarca el elemento corporal y el psicológico-espiritual de los cuales se compone el hombre.
El sufrimiento físico se podría decir que es “dolor del cuerpo”. El espiritual es “dolor del alma”, del sufrimiento psíquico. Que acompaña a ambos.

El sufrimiento moral parece menos identificado y alcanzado por la terapéutica.

6. La Sagrada Escritura es un gran libro sobre el sufrimiento. Presenta, en el Antiguo Testamento, como ejemplos de sufrimiento, principalmente moral: el peligro de muerte, la muerte de los hijos, principalmente la del primogénito o la del hijo único. La falta de descendencia, la nostalgia de la patria, la persecución y hostilidad del ambiente, la burla hacia el que sufre, la soledad y el abandono. El remordimiento de la conciencia, el por qué los malos prosperan y los justos sufren, la infidelidad e ingratitud de amigos y vecinos, las desventuras de la nación.

En general, el sufrimiento es presentado en su conjunto psico-físico. El sufrimiento físico repercute en el alma y en la psiquis. El sufrimiento moral repercute en el cuerpo, se somatiza muchas veces.

7. A través de nuestros sufrimientos leemos el sufrimiento de la historia de la humanidad, ya que todo hombre sufre y en cualquier tiempo penúltimo, salvo en el último.

El hombre sufre cuando experimenta algún mal. El sufrimiento es el efecto, en nosotros, de algún mal. El mal es la causa del sufrimiento. El sufrimiento es estar afectado por algún mal.

No se identifica con el mal, que es objetivo. Es la consecuencia subjetiva que ese mal me causa. Por eso, para los mismos males, hay distintos tipos de sufrimiento según la sensibilidad de las personas que lo padecen.

El sufrimiento puede ser activo o pasivo.
Activo es el procurado directamente. Pasivo (de padecer) es el que se me procura. Pero aún el sufrimiento activo, queda luego pasivo metafísicamente.

Psicológicamente, la experiencia del mal puede traer abatimiento, tristeza, desilusión, desesperación. Que es por cierto también una actividad.

Pero entonces, ¿qué es el mal?.

No se identifica con el sufrimiento, pero se interrelaciona.

La respuesta cristiana no es la misma de algunos orientalismos que pretenden que la vida es un mal del cual hay que liberarse. La existencia es esencialmente buena. Y ese bien proclama la Bondad del Creador y la bondad de las creaturas.

El sufrimiento es causado por el mal, que es una carencia de un bien que debería estar y no está.

El mal está siempre referido a un bien ausente que debería estar presente y no lo está. No tiene esencia metafísica, no tiene ser, es algo que debería estar y no está.

8. El mundo del sufrimiento humano coexiste con el hombre, y él pasa de distintos modos por él.

Cada hombre constituye una pequeña parte de ese mundo, y ese mundo está en él como una entidad finita e irrepetible (pequeña e irrepetiblemente).

A esto debemos agregarle la dimensión interpersonal y social. Los hombres que sufren se hacen semejantes entre sí por la semejanza de la situación y la búsqueda de atención y sentido de su padecer. Implica, por lo tanto, un desafío a la comunión y a la solidaridad.

A veces, este sufrimiento, considerado en su forma personal y colectiva, se hace particularmente denso. Así sucede en casos de calamidades, desastres naturales, pestes, inundaciones, terremotos, guerras, miseria.

La guerra es un flagelo muy especial.
La amenaza nuclear lleva en sí un incomparable acumularse de sufrimientos, hasta llegar a la posible autodestrucción de la humanidad.

Así, este mundo del sufrimiento se va transformando, en nuestra época actual, en un particular “sufrimiento del mundo”.


Gustavo Daniel D´Apice.






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