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Ecos y Desafíos del Congreso Internacional de Catequistas
El hombre y la mujer de hoy se acercan a la Iglesia, en no pocas ocasiones, con una solicitud puntual


Por: P. Jose Luis Quijano | Fuente: ISCA.org



Entre el 26 y el 28 de septiembre de 2013, en el contexto del Año de la Fe, se realizó en Roma el Congreso Internacional de Catequesis, con el lema “El catequista, testigo de la fe”. El Padre Luiz Alves de Lima nos solicitó un artículo sobre este Congreso para la revista “Catequese”, que él dirige. Se trata de una publicación bimensual editada por Unisal. Centro Universitario Salesiano de San Pablo, Brasil. Este pedido se convirtió en razón y en motivación para poner en acto, una vez más, uno de los propósitos más genuinos de nuestra identidad: “pensar la Catequesis”


Llegados desde “el fin del mundo”

”Fueron a buscar al Papa hasta el fin del mundo” bromeó Francisco ante la multitud reunida en la Plaza de San Pedro, aquel 16 de marzo de 2013, una vez finalizado el cónclave. Desde el lejano sur, desde allí donde parece terminar el mundo, la delegación argentina llegó al Congreso Internacional de Catequesis. Junto a más de una decena de catequistas de nuestro país, integraron esta delegación 1 Mons. Nicolás Baisi, Obispo Auxiliar de La Plata y miembro de la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica; el Pbro. Carlos Osvaldo Paravizzini, Vicedirector de la Junta Nacional de Catequesis; el Pbro. José Luis María Rey, Director de la Junta Arquidiocesana de Catequesis de Buenos Aires; Silvina Cambría de Grimaldi, Directora Diocesana de Catequesis de Río Cuarto; Raquel Pastrana, responsable del área de Catequesis Familiar de la Arquidiócesis de Salta; y yo, José Luis Quijano en representación del Instituto Superior de Catequesis Argentino.

Nos sentimos verdaderos peregrinos. “No es lo mismo ser un deambulante que un peregrino. El que deambula, camina sin sentido. El peregrino, en cambio, avanza firmemente hacia el encuentro con sus anhelos más profundos y hace de su vida una respuesta leal y generosa a la amistad que Dios le ofrece.” 2 Buscábamos vivir una honda experiencia eclesial que nos hiciera “tocar” la amistad de Dios y, al mismo, tiempo, queríamos escuchar, aprender, reflexionar, desentrañar los desafíos de una Catequesis renovada y cargar nuestras mochilas y voluntades con nuevos proyectos.

Nos sentimos convocados, sobre todo, por una de las finalidades del Año de la Fe, finalidad que hizo suya el Congreso Internacional de Catequesis:


“recuperar ‘la unidad profunda entre el acto con el que se cree y los contenidos a los que prestamos nuestro asentimiento’ (PF 10) porque la fe es, ante todo, un don de Dios y una acción de la gracia que transforma el corazón del creyente. Además, ‘el conocimiento de los contenidos que se han de creer no es suficiente si después el corazón, auténtico sagrario de la persona, no está abierto por la gracia que permite tener ojos para mirar en profundidad y comprender que lo que se ha anunciado es la Palabra de Dios.’ (PF 10) En esta descripción se encierran tanto la persona como el rol del catequista. En una época del fraccionamiento del saber y de la experiencia, es urgente, sostener, promover y formar catequistas capaces de captar los desafíos del tiempo presente, para ofrecer un testimonio capaz de hacer posible la propuesta del Dios de Jesucristo a nuestros contemporáneos.”3 “


El contexto plural (con delegaciones provenientes de los diversos continentes) nos invitó a abrirnos a la diversidad de planteos, situaciones y propuestas y, al mismo tiempo, a adentrarnos en nuestra propia identidad latinoamericana. Desde allí, desde la profundidad de lo auténticamente nuestro, pudimos imaginar, pensar, comparar y observar desde lo propio. Distintos y coexistentes escenarios latinoamericanos se nos hicieron presentes, como animándonos en la búsqueda de una tierra prometida más humana y más justa en la que la fe se elige y se encarna como algo propio, absolutamente vital e irrenunciable.” 4



Un nuevo lugar para la Catequesis

Comenzamos a partir de esta constatación: el hombre y la mujer de hoy se acercan a la Iglesia, en no pocas ocasiones, con una solicitud puntual. Regresan, a veces, después de mucho tiempo y se encuentran con un dispositivo pastoral que consiste en un proceso diseñado para los que tienen fe y que, muchas veces, no tiene en cuenta la falta de continuidad. Se produce, entonces, una dicotomía entre la solicitud de los destinatarios y lo que la Iglesia se dispone a darles. Sus propósitos son diferentes: la Iglesia ofrece el crecimiento en la fe y la inserción en Cristo y en la comunidad y los destinatarios piden, sobre todo, "ritos de paso", generalmente, de orden social.



Este escenario nos lleva a seguir pensando, no sólo en la concepción de Catequesis en términos de un nuevo paradigma catequético, como ya venimos haciendo desde hace años, sino también en el lugar que ella ocupa en el proceso evangelizador. Esta reflexión a la cual nos sentimos interpelados, desde hace tiempo, se inserta hoy en el cambio de lugar que se le ha asignado a la Catequesis en el conjunto de oficinas y organismos que integran la curia romana. En la rica sinfonía del Magisterio petrino5 correspondiente al Año de la Fe, que culminó el domingo 24 de noviembre, Solemnidad de Cristo Rey, se realizaron, también, algunas acciones que permiten visualizar un horizonte pastoral de renovación: la realización del Sínodo sobre la Nueva Evangelización para la Transmisión de la Fe Cristiana y el traslado de la Catequesis de la Congregación para el Clero al Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización.

Este cambio de lugar no es aleatorio y está cargado de sentido. “Hacer más orgánica la relación entre la Catequesis y la Nueva Evangelización permite, ante todo, consolidar el camino que el concilio Vaticano II ha querido expresar en modo innovador para las diversas etapas de la misión de la Iglesia en su tarea de evangelizar. Al mismo tiempo, ofrece al proyecto de la Nueva Evangelización un instrumento altamente calificado para aclarar mayormente el camino que ella está llamada a recorrer.”6 Como instrumento privilegiado de la Nueva Evangelización, la Catequesis se interroga hoy a sí misma acerca de la conversión que ha de experimentar en el actual contexto eclesial y cultural.


Estar situada en el ámbito de la Congregación para el Clero implicaba un paradigma en el cual se la concebía prioritariamente vinculada a los sacramentos. Suponía una continuidad en un camino jalonado de "etapas" adecuadas a las distintas edades, en el que los sacramentos se insertaban como "momentos" fuertes en el seno de una continuidad sin interrupciones. La Catequesis se asumía, casi exclusivamente, como instrumento de preparación para la recepción de esos sacramentos.



La ubicación de la Catequesis en el ámbito del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización supone un paradigma catequético diferente. Nos lleva a pensar en una Catequesis evangelizadora en la cual la dimensión misionera constituye un subrayado particular: se trata de una Catequesis que sale a buscarnos en las diversas “edades de nuestra fe” y en nuestros distintos lugares de encuentro teológico con Dios, para proponernos a Jesús y su Evangelio.


“La relación que induce a unir ‘Nueva Evangelización’ y ‘Catequesis’ conlleva, inevitablemente, la exigencia de una renovada interpretación del proceso catequético leído a la luz de la Nueva Evangelización; esto supone, por lo tanto, interpretarla como herramienta de la comunidad cristiana para ir al encuentro de los creyentes y de todos los que están buscando el sentido de la vida. Los primeros no deberán desestimar la exigencia de una Catequesis expresada y desarrollada en clave misionera para recuperar la fuerza del anuncio en todos los que tienen un papel activo en la comunidad cristiana. Para los otros, la Catequesis puede convertirse en anuncio – a veces, en un primer anuncio - , para entender gradualmente la novedad de la fe y su importancia en la vida.” 7


La palabra del Papa en el Congreso

El Santo Padre se dirigió en dos oportunidades a los catequistas reunidos en Roma con motivo del Congreso. Lo hizo el 27 de septiembre en el aula Pablo VI, dirigiéndose a todos los que participaban en dicho Congreso y dos días más tarde, durante la homilía de la Misa celebrada con una muchedumbre reunida en la Plaza San Pedro. En ambas oportunidades, focalizó su enseñanza en la identidad del catequista. Como cuando era el Arzobispo de Buenos Aires, en estas dos oportunidades, durante el Congreso, Francisco se dirigió a “sus catequistas”.


Los argentinos reconocimos bien su estilo y temáticas predilectas. Sin hacer teorizaciones sobre modelos catequéticos, no se detuvo en la filigrana de una teología reservada sólo a unos pocos, no cayó en reiteradas quejas sobre los males de este tiempo ni se entretuvo en vericuetos metodológicos. Sencillamente, les habló a sus catequistas a quienes, con exigencia educativa de pastor les dijo: _ “Ser catequistas es mucho más que trabajar de catequista”.

En la Catequesis del viernes 27 perfiló la identidad del catequista a partir de actitudes que manifiestan un don invalorable: el amor de Cristo, amor que nos hace capaces del testimonio. Se trata, según manifestó el Santo Padre de “recomenzar desde Cristo” y, para ello, precisó tres actitudes que forjan la identidad del catequista:


La familiaridad con Jesús: sólo unidos a Él los catequistas podremos dar fruto. Sentirnos en la presencia del Señor y dejarnos mirar por Él. Esto constituye un modo de rezar y nos deja tener acceso al fuego de la amistad de Cristo. Nos hace sentir que Él verdaderamente nos mira, está cerca de nosotros y nos ama.

Imitar a Jesús en el salir de uno mismo para ir al encuentro del otro:
”porque ¡quién pone en el centro de la propia vida a Cristo se descentra! Más nos unimos a Jesús y Él se convierte más en el centro de nuestra vida, más nos hace salir de nosotros mismos, nos descentra y nos abre a los otros.” El catequista es un hombre o una mujer que, a partir de Cristo, optan por vivir una verdadera cultura del encuentro.


No tener miedo de ir con Jesús a las periferias: ahora en las palabras del Obispo de Roma, y antes en las del Arzobispo de Buenos Aires, descubrimos el mismo impulso misionero que invita a salir al encuentro de los que no creen, de quienes se alejaron y aprendieron a vivir sin fe, a pesar de su humano e inefable anhelo de trascendencia. Y, en este reiterado llamado del Santo Padre, una vez más, su invitación a acercarnos a las periferias, sobre todo a las periferias existenciales de los que sufren y de los que tiene el corazón desgarrado por el sinsentido. Reiterando aquella contundente opción expresada en sus primeros meses de pontificado, Francisco volvió a decir que “prefiere una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma", una Iglesia inquieta, que sale, se mueve, se cuestiona y se arriesga.Si salimos a llevar el Evangelio de Cristo con amor, Él camina con nosotros y llega antes porque, en realidad, Él ya está en aquellas periferias a las que nosotros nos dirigimos impulsados por su llamado.


Días más tarde, el domingo 29 de septiembre, en la Plaza de San Pedro, durante la Misa, resonaban las palabras del Profeta Amós: y“¡Ay de los que se fían de Sión,... acostados en lechos de marfil!” Y el Santo Padre agregaba: “Comen, beben, cantan, se divierten no se preocupan por los problemas de los demás”. En términos similares Francisco se refirió, también, a aquel hombre rico del Evangelio, incapaz de compartir de verdad la riqueza de su banquete con el pobre que aguardaba, en la puerta, un poco de humana solidaridad.


La indiferencia y la falta de compasión nos deshumanizan. Como constatación de esta tragedia, el Papa se detiene en este hecho que puede pasar inadvertido: ese hombre rico no tiene nombre. Esto es como no tener rostro. Podríamos decir que las “ventanas” de su identidad están herméticamente cerradas. A nosotros puede pasarnos lo mismo: podemos pretender ser aquello mismo que poseemos, podemos encerrarnos en la pequeñez de nuestros propios límites y olvidarnos de dónde venimos y hacia dónde vamos. Podemos perder la memoria de Dios.


“Si falta la memoria de Dios, todo queda rebajado, todo queda en el yo, en nuestro bienestar. La vida, el mundo, los demás, pierden la consistencia, ya no cuentan nada, todo se reduce a una sola dimensión: el tener. Si perdemos la memoria de Dios, también nosotros perdemos la consistencia, también nosotros nos vaciamos, perdemos nuestro rostro como el rico del Evangelio.”


El catequista de verdad no el que simplemente trabaja de catequista, es el que cuida y alimenta la memoria de Dios, la cuida en sí mismo y sabe despertarla en los otros, sus interlocutores.

“La fe contiene la memoria de la historia de Dios con nosotros, la memoria del encuentro con Dios, que es el primero en moverse, que crea y salva, que nos transforma; la fe es memoria de su Palabra que inflama el corazón, de sus obras de salvación con las que nos da la vida, nos purifica, nos cura, nos alimenta. El catequista es precisamente un cristiano que pone esta memoria al servicio del anuncio; no para exhibirse, no para hablar de sí mismo, sino para hablar de Dios, de su amor y su fidelidad. Hablar y transmitir todo lo que Dios ha revelado, es decir, la doctrina en su totalidad, sin quitar ni añadir nada.”

NOTAS
1. Patricia López, Mónica Bearzot de Torino, Mónica Gomez , Cristina Cavoti, Hna. Norma Beatriz Andrada, Santiago Álvarez, P.Gabriel Marronetti, P. Eugenio Uda, Laura Martínez, María Ayelen Díaz Lapergola, Cristina Pieroni de Gigena, Graciela Pagliaricci de Holmberg y Evangelina Casero.

2. Cfr. Quijano, José Luis, “Misionar el tiempo y la cultura” en “Iglesia misionera hoy”, Buenos Aires, 2008.

3. Cfr. “Orientaciones y destinatarios del Congreso Internacional de Catequesis”, Roma, 2013, http://www.isca.org.ar/congreso/destinatarios.php

4. Cfr. Quijano, José Luis, “Una mirada latinoamericana en un encuentro europeo”, ISCA, Buenos Aires, 2008.

5. Como trasfondo y guía, nos acompañó, a lo largo del Año de la Fe, la Palabra de la Iglesia a través del Magisterio de Benedicto XVI y de Francisco. La Carta Apostólica Porta fidei nos invitó a “redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo” (Cfr. Benedicto XVI, Porta fidei Nº 2, 11 de octubre de 2011) y la Encíclica Lumen fidei nos convocó a vivir disponibles a esa gracia que viene de Dios. “La característica propia de la luz de la fe es la capacidad de iluminar toda la existencia del hombre. Porque una luz tan potente no puede provenir de nosotros mismos; ha de venir de una fuente más primordial, tiene que venir, en definitiva, de Dios” (Cfr. Francisco, Lumen fidei Nº 4, 29 de junio de 2013).

6. S.E.R. Mons. Rino Fisichella, Artículo para la promulgación de Fides per doctrinam de Benedicto XVI, 16 de enero de 2013. Se han transferido al Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización las competencias que, en materia de Catequesis, la Constitución Apostólica Pastor bonus, del 28 de junio de 1988, había encomendado a la Congregación para el Clero. Según el artículo 2 de Fides per doctrinam se transfirió, también, al Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización el Consejo Internacional para la Catequesis, creado por Pablo VI el 7 de junio de 1973. De tal Consejo asume la presidencia el presidente del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización.

7. Cfr. Mons. Rino Fisichella, “Preludio”, Congreso Internacional de Catequesis, 26 de septiembre de 2013.

8. Los encomillados correspondientes a las relaciones del Dr. Petroc Willey, del Rvdo. Manuel José Jiménez Rodríguez, del Prof. Mons. Pierangelo Sequeri y del P. Robert Dodaro fueron publicados en el Face – book de la Junta Catequística de la Arquidiócesis de Buenos Aires. También han sido publicadas las síntesis de las comunicaciones del Rvdo. Krzysztof Kaucha, del Dr. Jem Sullivan, del Rvdo. Alberto Franzini y del Prof. Joël Molinario y la última relación del Congreso, a cargo de Mons. Javier Salinas Viñals (Miembro del Consejo Internacional para la Catequesis).
https://www.dropbox.com/s/zxyl2iihpn8qo4s/Congreso%20Internacional%20de%20Catequesis%20-%20Resumen.pdf. La síntesis de todas las relaciones y comunicaciones pueden encontrarse, a continuación del “Preludio” de Mons. Fischella, en el sitio del ISCA. http://www.isca.org.ar/congreso/expositores.php

9. http://www.isca.org.ar/congreso/frutos-congreso.php

 

 

 

 



 

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