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Monasterio de San José
La vida dedicada por entero a la contemplación, siguen siempre ocupando un lugar preclaro en el Cuerpo Místico de Cristo


Por: M.M: Carmelitas Descalzas de Medina Rioseco | Fuente: M.M: Carmelitas Descalzas de Medina Rioseco



Somos una Comunidad de monjas Carmelitas Descalzas, una Comunidad de mujeres consagradas a "Dios sumamente amado"en el seno de la Iglesia Católica, dedicadas fundamentalmente a la oración, a la escucha y meditación de la Palabra de Dios, a la adoración y glorificación de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

"Guardamos la Regla de Nuestra Señora del Carmen y cumplida ésta sin relajación"
(Sta. Teresa, Vida XXXVI, 26)

Los institutos dedicados por entero a la contemplación, por mucho que urja la necesidad del apostolado activo, siguen siempre ocupando un lugar preclaro en el Cuerpo Místico de Cristo, en el que todos los miembros no tienen la misma función (Rom. 12, 4).

Pues ellos ofrecen a Dios un eximio sacrificio de alabanza, ilustran al pueblo de Dios con frutos ubérrimos de santidad, lo arrastran con su ejemplo y lo dilatan con una misteriosa fecundidad apostólica.
De esta forma son gala de la Iglesia y manantial de gracias celestiales."
(Perfectae Caritatis nº7)

La VIDA CONTEMPLATIVA es una llamada al AMOR por el AMOR en Sí mismo. Dice Santa Teresa de Lisieux: "En el Corazón de mi Madre, la Iglesia, yo seré el AMOR". Exactamente eso somos las contemplativas: formamos el Corazón de la Iglesia, y desde él impulsamos todas las demás vocaciones que el espíritu Santo suscita en el Cuerpo Místico. ¡Es precioso! Nosotras no sabemos, porque no se ve, dónde o en quién recae el fruto de nuestra oración, pero sabemos que nada de cuanto vivimos, sufrimos, gozamos y ofrecemos se pierde. Dios lo recoge todo y va dando a cada uno lo que necesita; dicho de otro modo: en el Corazón de Dios se van almacenando nuestras vidas hechas oración, y allí se transforman en Gracia que EL va derramando según convenga.

Existe otra faceta de la Vida Contemplativa más desconocida -si cabe- que la anterior de oración-intercesión, que es la de la ADORACION, la del holocausto. Parece que suena a dramático dicho así, sin más explicaciones, pero es quizás la sublimación más alta a que se puede llevar el Amor, la Filiación divina, la Alabanza.... ¡¡¡Adorar...!!! Y eso... ¿en qué consiste? Consiste -sobre todo- en cantar, alabar, proclamar su Gloria... ¡¡Adorar...!! ¡Cuántas resonancias y ecos inefables suscita esa palabra en un alma verdaderamente enamorada del Dios-Amor...!

Siempre el supremo y más alto acto de adoración ha sido el holocausto. En los tiempos del Antiguo Testamento había dos modos de ofrecer dones a Dios: sacrificios y holocaustos. En el sacrificio se inmolaba una víctima, una res generalmente; se le ofrecía a Dios, pero su carne la aprovechaban después los sacerdotes. En los holocaustos, sin embargo, una vez ofrecida la res, se quemaba por completo y no se podía aprovechar nada del animal. Esta "inutilidad" es la expresión más alta de adoración, porque da a entender que Dios es tan grande que merece que se le dediquen los mejores regalos sin otra utilidad que la de dárselo, que la de brindarle lo que ya es suyo.

Este es el significado de las contemplativas: no hacemos catequesis, no servimos a la sociedad, no predicamos la Palabra. Es una vida inútil, inservible; justamente por eso nuestra vida contemplativa consagrada a Dios en el silencio, en el anonimato, en la ausencia de motivaciones y recompensas o frutos materiales, y alimentada única y sustancialmente de la fe y la esperanza en el Amor de Dios, es un acto continuo de adoración, pues patentiza la Supremacía de Dios, la total validez de su Amor como Valor Absoluto que plenifica, realiza y da sentido a una vida humana que se le entrega por completo. La presencia de la Vida Contemplativa en la Iglesia constituyendo el Corazón del Cuerpo Místico quiere dejar claro antes todos los hombres que Dios es tan grande, tan inmenso, que vale la pena entregarle la vida que EL nos regaló primero para que se consuma, sin ningún otro provecho, en su honor, en total abandono y desprendimiento, por pura adoración, por puro amor al Amor, sin buscar más motivos: es DIOS y eso basta.


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