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Las cualidades de una buena Dirección Espiritual.
La Dirección espiritual, encuentro entre personas debe ser siempre un encuentro formativo.


Por: Guadalupe Magaña | Fuente: Escuela de la fe



1.-Cómo debe ser la dirección espiritual


Encontramos varios adjetivos como descripción de las cualidades: fecunda, renovadora, transformadora, enriquecedora.


Al leer atentamente estos adjetivos, nos daremos cuenta que cada uno de ellos nos habla de vida, porque en realidad la dirección espiritual siempre debe suscitar nueva vida espiritual y apostólica en el dirigido. ¡Pobres de nosotros y pobres de nuestros dirigidos si no aprovecháramos este encuentro para crecer! Cristo en el Evangelio nos dejó un reto que conquistar y una meta para cumplir: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn. 10,10), y también: “Sean perfectos como mi Padre celestial es perfecto” (Mt. 5,48).




2. ¿Qué características debe tener?

Si queremos que nuestra dirección espiritual sea como la hemos descrito, y no la reduzcamos a una charla espiritual, un simple desahogo o al cumplimiento formal de un compromiso, debe reunir una serie de características. La dirección espiritual debe ser: periódica, motivadora y exigente, concreta, cordial y amable, profunda.


- Periódica.


Nuestra santificación no se produce de la noche a la mañana, como la semilla plantada no crece de un día para otro. El proceso de nuestra santificación, como labor, se realiza en el tiempo. Hoy captamos una luz en este prisma de nuestra vida consagrada, mañana otro, y así, día a día, nos va cautivando toda su belleza y su atractivo. Dios nos va conquistando y transformando poco a poco. Se requiere ir a su paso con constancia. Una labor aislada puede quizás dar un pequeño empujón, pero no deja huella profunda. Por eso es esencial el seguimiento periódico de la dirección espiritual para moldear con paciencia y perseverancia la obra de arte descrita en nuestro ideal de vida.


La periodicidad se pide tanto a la dirigida, que debe mantener la continuidad en su dirección espiritual, como a la orientadora, que debe analizar el número de religiosas que atiende en dirección espiritual y ver si puede realmente ofrecer a todas ellas la posibilidad de una dirección espiritual periódica.


Cada una de las mujeres consagradas debe tener un encuentro con su orientadora espiritual por lo menos una vez al mes, ya que la dirección espiritual no puede depender del capricho o del gusto personal, ni por parte de la orientadora ni por parte de la dirigida. La mayoría de las veces la falta de regularidad en la dirección espiritual la encontramos, sobre todo, en no haber marcado previamente el día y la hora. Resulta normal que al carecer de una cita fija, se corra el riesgo de suplantar la dirección espiritual por cualquier otro compromiso, incluso menos importante. Por otro lado, se requiere también de cierta formalidad: cita hecha, cita mantenida. Si la orientadora cumple, la orientada verá la seriedad del compromiso y no lo pospondrá fácilmente. Al final de la dirección espiritual, ayudará concretar la siguiente cita apuntándola en sus respectivas agendas.


Nuestra recomendación a las personas que tienen esta delicada misión: de consagrar una buena parte del día a atender en dirección espiritual, dejando a un lado la creencia de ser tiempo perdido que podría dedicarse a otras actividades, aparentemente más urgentes, pero nunca más importantes. Descubrimos que las almas que realmente progresan en su vida espiritual, en su entrega a Dios y en su vida apostólica son las que no fallan a la dirección espiritual, y las directoras más fecundas, son las que son fieles en impartirla.


¿Cuánto tiempo debe dedicarse a cada dirección? No es posible determinar el tiempo requerido para una buena dirección. Se empleará el necesario, tomando en cuenta la edad y situación de la persona. Si formamos a la orientada para que la prepare bien, con precisión y delicadeza, ordinariamente será breve. No se trata de decir muchas cosas, sino de elegir sabiamente las que interesan para el provecho espiritual y las que conviene por tanto manifestar. Algunas personas requieren más tiempo que otras; hay almas más abiertas y espontáneas, otras más reservadas, debemos tomarlo en cuenta a la hora de citarlas.


El buen uso del tiempo nos exigirá también saber detectar las razones presentes en una persona que habitualmente exige más atención de la necesaria para así ayudarla a poner soluciones en la raíz, puesto que las direcciones prolongadas pueden ser contraproducentes. Por otra parte debemos evitar a toda costa dar impresión de agobio, de tener prisa, o de tener un horario restringido, ya que el orientado puede sentir que es un número más, o que nos quita tiempo. Por lo mismo, importa mucho no mirar el reloj indiscretamente al orientar a las hermanas.


Motivadora y exigente.


“No permita que, por ningún motivo, las religiosas se conformen con un grado de santidad más o menos «aceptable». Pero llévelas por el camino de la vida espiritual siempre de una forma positiva y constructiva, haciendo más hincapié en el atractivo de la santidad y en los medios para conquistarla que en las limitaciones y obstáculos que les son contrarios. Invítelas a subir más alto, a llevar su amor y fidelidad a Cristo hasta sus últimas consecuencias en la entrega de su vida diaria al servicio De Dios. Muéstreles la hermosura del camino de progresiva intimidad con Jesucristo que exige sacrificio y renuncia como medios de identificación con Él y de participación en su cruz redentora. Convénzales de que cuando un alma se deja tocar por su amor, y se abraza sin reservas a la cruz de Cristo, se transforma, se «transfigura» a lo divino. Dios no puede tocar un alma y dejarla igual”. (Recomendación de un sacerdote a una formadora).


Leer este extracto nos da luz para comprender que nuestra labor es presentar la cara hermosa de la lucha en el camino de la propia santificación.


La buena orientadora alimentará continuamente la confianza en la misericordia de Dios. Tratará de acercar a las almas a Dios, y por ello deberá caracterizarle el ser siempre positiva y motivadora. La motivación constituye el germen de la perseverancia; en ella se gesta realmente la perseverancia. La motivación conduce al amor y el amor es el fundamento de la vida, de la disponibilidad y de la generosidad.


Cuando se sabe orientar, motivar y exigir; cuando se sabe tener paciencia, Dios nuestro Señor bendice con creces la labor de la orientadora. Encerrada en las cuatro paredes de un pequeño despacho colabora con Dios en dar cauce a las grandes entregas en bien de la Iglesia. Creer en esto es creer en la pedagogía educativa, en el sistema formativo que llevará a las almas a Dios. Aunque no siempre resulta tarea fácil, sabemos que toda labor pastoral tiene sus ratos de alegría y de sufrimiento íntimo hasta ver revestidos de Cristo a aquellas que nos han sido confiadas en la dirección espiritual.


La labor positiva reviste una especial importancia en la dirección de mujeres, pues debido a su emotividad, su sensibilidad y su fina percepción de los detalles, suelen crearse una imagen negativa de sí mismas. Ante pequeños fallos se recriminan fácilmente: «soy mala», «no valgo», «no puedo»... si las impulsamos a la confianza en Dios y en sí mismas, se logrará mucho más que con impaciencias o incomprensiones.


En este sentido, un análisis del Evangelio nos descubre casos muy hermosos de cómo Cristo, incluso ante el pecado de la mujer, siempre reacciona de una forma positiva y motivadora. Encontramos un claro ejemplo en el episodio de la mujer adúltera (Jn. 8,1-11) Jesús no corresponde a la actitud de aquellos hombres, armados con piedras, decididos a acabar con ella. Pero tampoco cierra los ojos al pecado como si nada hubiera ocurrido. Más bien Cristo le deja ver que conoce su falta; pero penetrando en sus sentimientos adopta la actitud de quien busca ayudar a un alma. Así, cuando todos se han ido, le dice con ternura y firmeza: "Vete y en adelante no peques más".


Si la orientadora se proclama defensora de la verdad, no puede abdicar de ella. Sin embargo, la presentará con bondad, de forma que la dirigida se sienta motivada. Recordará en todo momento la unidad de alma y cuerpo presente en el ser humano; unidad de espíritu y sentimiento; recordará que el hombre tiene necesidad de ser comprendido, de ser aceptado y de ser animado.


"El director ha de saber compaginar la suavidad y dulzura de su trato, con el imperioso deber de corregir los defectos del alma dirigida. Ha de tener siempre presente que, aunque la finalidad misma de la dirección es eminentemente positiva -llevar al alma hasta la cumbre de la perfección-, no podrá lograrse jamás ese ideal sin la constante labor negativa de corregir y arrancar defectos, que nunca faltan del todo en ninguna de las etapas de la vida espiritual” (Antonio Royo Marín, Teología de la Perfección Cristiana, BAC, Madrid, 1988, n. 690, p.823).


Exigencia y motivación van de la mano. Quien quiera exigir, debe saber motivar, y nunca exigir sin haber motivado, de otra manera la dirección espiritual caerá en saco roto.



-Profunda.


La dirección espiritual cobra esta dimensión especial, porque en ella, como hemos dicho frecuentemente, se busca descubrir la voluntad de Dios sobre el alma de cada persona. En esta búsqueda se compromete todo el hombre: inteligencia, voluntad, libertad, afectividad, sentimientos, emociones, pasiones, ideales.


Las orientadoras han de potenciar a cada una de sus dirigidas, que no se queden solamente en la tarea de ver si sus orientadas hacen la meditación sin distraerse, o si su examen de conciencia es más o menos bueno.


Para ello, la dirección espiritual no puede ser una entrevista superficial o un compromiso social. Recalcamos cómo tampoco puede ser un diálogo más o menos corto que ayude, sí, pero que no lleve a la profunda formación y transformación de la persona. Hay que evitar convertir la dirección espiritual en una serie de consejos espirituales, y no en una verdadera dirección del alma que Dios les ha confiado. Nos recuerda que cada dirección debe ayudar a fraguar un poco más, y más sólidamente, al santo, a la mujer de Dios, al apóstol; para lograrlo deberemos permanecer alerta para descubrir qué grado tiene la hermana a quien dirijo de formación de la conciencia, y ver si su conciencia está recta y sólidamente formada, o en qué campo se debe trabajar para lograr este tipo de conciencia.


“…hagan de la dirección espiritual un trabajo en profundidad para bajar a la conciencia y a las actitudes de fondo de la dirigida, y ayudarle a interiorizar los valores y principios de su vida cristiana y a tomar decisiones eficaces y duraderas”..


Podríamos hacernos las siguientes preguntas, en un momento de meditación después de una tarde de orientaciones.


¿Crecen espiritualmente? ¿Son más apóstoles? ¿Se nota su presencia benéfica en la vida de comunidad, en el campo de su apostolado, en la vivencia de su vocación? ¿Voy a fondo en mis direcciones? ¿Cómo puedo ayudar mejor a esta alma? ¿La ayudo verdaderamente a formar su conciencia? ¿Llego a la raíz de los problemas?.


Cuando la persona trate un problema, busquemos llegar a la causa de fondo, sólo así la dirección espiritual resultará acertada y eficaz. No podemos dar respuestas prefabricadas. En conformidad con la problemática de fondo, vendrá dada la solución. Esto es vivir la caridad en plenitud, buscar lo mejor para el alma, aunque implique mayor esfuerzo.



-Cordial y amable.


La seriedad y profundidad que caracteriza a la dirección espiritual, no puede transformarla en algo frío, lejano, impositivo. Por el contrario, la dirección espiritual deberá desarrollarse en un clima de diálogo cordial y amable, porque la hermana dirigida habla de lo más íntimo de sí, de lo más preciado, y lo pone en consideración, con toda confianza, ante quien lo orienta. Se sentirá alentada a abrirse si encuentra cordialidad sincera.


Conviene, por tanto, que la orientadora recuerde a quién representa y de quién es instrumento. Su conversación reflejará entonces los rasgos amables que descubrimos en los diálogos de Cristo, en su rostro, en sus palabras, en sus movimientos, en su dedicación total a cada persona. Permanecerá atenta a evitar aquello que pueda crear barreras y bloqueos. Dejará de lado cómo se siente, sus prisas y sus problemas personales, sus antipatías naturales, sus modos, sus prejuicios, su humor... y, en cambio, fomentará un gran amor a quien tiene delante, ya que el alma puede percibir todo, también a través del lenguaje corporal no verbal.


Incluso antes de hablar, la orientadora influye sobre la dirigida por su modo de comportarse y de acogerla. Se puede recordar aquí a san Pablo: "Gracias sean dadas a Dios que nos hace triunfar en Cristo, y valiéndose de nosotros esparce en todo lugar la fragancia de su conocimiento” (Cor. 2,14-15.) Su sola presencia debe revelar a Cristo y difundir los valores del Evangelio.


La cordialidad y amabilidad, junto con la serenidad de la orientadora, harán sentir confianza, de modo inmediato, a quien acude a la dirección espiritual. Sonreír, levantarse para abrir la puerta, saludar con cortesía y cordialidad... Desde el punto de vista humano, todos estos elementos generan confianza.



-Concreta.


El diálogo espiritual debe centrarse en la vida espiritual y en las inquietudes y problemas del momento que atraviesa la persona que es ayudada espiritualmente. Por ello, el diálogo espiritual debe asentarse fundamentalmente sobre el proyecto de vida espiritual que cada una ha de tener. Este proyecto de vida espiritual es un medio sencillo, claro, exigente, de metas concretas, que determina la orientación del propio esfuerzo en la búsqueda de la virtud y en la práctica de la vida cristiana. La revisión periódica y frecuente del mismo ayuda a desterrar los defectos y a cultivar la virtud

RECUERDA:

-La dirección espiritual siempre debe suscitar nueva vida en la dirigida.
-La dirección espiritual debe ser: periódica, motivadora y exigente, concreta, cordial y amable, profunda.

-Cada religiosa debe tener un encuentro con su orientadora espiritual por lo menos una vez al mes; y para que la dirección espiritual no dependa del capricho o del gusto personal, ni por parte de la orientadora ni por parte de la dirigida, conviene calendarizarla.
-Las almas que realmente progresan en su vida espiritual, en su entrega a Dios, en su vida apostólica, son las que no fallan a la dirección espiritual; y las orientadoras más fecundas son los que son fieles en impartirla.
-Cuando se sabe orientar, motivar y exigir, y cuando se sabe tener paciencia, Dios nuestro Señor bendice con creces la labor de las orientadoras.


CUESTIONARIO PERSONAL:
1. ¿Son las direcciones que imparto fecundas, renovadoras, transformadoras, enriquecedoras? ¿En qué lo noto?
2. ¿Qué características de la dirección espiritual debo mejorar como orientadora?
3. ¿Llevo mis direcciones espirituales con periodicidad? ¿Las tengo organizadas con día y hora? ¿Soy formal y exijo formalidad?
4. ¿Qué medios me propongo para elevar la calidad de las direcciones espirituales que imparto?


REFLEXIÓN EN EQUIPO:

1. Dificultades y soluciones ante el problema de la periodicidad en la dirección espiritual.

2. ¿Qué motivaciones ayudan más a las hermanas a quienes dirigimos?

3. Leer y comentar el pasaje de la Samaritana (Jn 4) viendo cómo refleja las características de la dirección espiritual: transformadora, renovadora, enriquecedora, fecunda.


REFLEXIÓN DE FE IV-1

“Cuando Natanael se acercaba al Señor, todavía con cierta desconfianza, llevado de la mano de Felipe, que le arrastraba, Jesucristo venció sus últimas resistencias con aquellas palabras: «antes que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera» (Jn. 1,48). Ningún exégeta podrá aclarar nunca el sentido cierto de esta expresión, que tocaba la experiencia íntima de Natanael y le envolvía con singular afecto de Jesucristo, ya que le hacía comprender que, antes de que nadie le hubiese hablado a Natanael de Jesús, ya él, Jesús, le seguía con atención personal de amor. Son detalles que hacen abrirse el corazón.
Igualmente, el joven rico se acercó al Señor atraído por la corriente irresistible de su bondad. Al llegar a Él, le brota espontáneo del corazón el saludo «¡Maestro bueno!» (Mc. 10,17). En la conversación entra después en el campo propio de la dirección espiritual, formulando la pregunta no ya de doctrina teórica, sino de aplicación práctica: «¿Qué me falta todavía?» (Mc. 19,20). En ese momento, el evangelio de San Marcos anota la mirada amistosa que brilló en el rostro de Jesucristo: «Jesús, fijando en él la mirada, le amó» (Mc. 10, 21). Jesucristo le envolvía en su afecto divino. Le mostraba que le quería de verdad. De ese amor manifiesto brotará la invitación que le va a dirigir” (Luis Ma. Mendizábal, Dirección Espiritual, BAC, Madrid, 1994, pág.74)


REFLEXIÓN DE FE IV-2

“La dirección espiritual es una labor no espectacular, con frecuencia agotadora e ingrata, es también provechosísima para el mismo orientador que, además de ejercitarse en la confianza en Dios, aprenderá también a escuchar no sólo al que habla, sino también al Espíritu Santo que, a través de las palabras, trata de expresarse.

Para el orientador el diálogo constituye un verdadero ejercicio espiritual, pues le permite contemplar de cerca, sea el lado negativo del mundo espiritual - el peso de los estímulos carnales, la oscuridad de algunas conciencias, el enmascaramiento interior frecuentemente aceptado, la lentitud y pereza en obedecer al Espíritu Santo, la fuerza corrosiva del egoísmo y la sensualidad, la potencia tenebrosa del demonio obstaculizando la acción de Dios -, sea también su lado luminoso - la alegría de constatar que, en medio de tantas miserias, el Espíritu Santo prosigue su obra de purificación y fecundación de tantas almas apresurando el advenimiento del Reino de Dios; el abrirse lentamente, pero de modo irresistible, del alma a Dios, como la flor de la escarpada que, tras los últimos hielos de invierno, se abre y se vuelve hacia el sol, anhelante de vida y aire puro; el asistir maravillado a la prodigiosa transformación de la persona, cuando definitivamente Dios ha hecho presa en ella -.
Cuando Dios le dé la gracia de entrar en contacto con un alma transparente y dócil, él mismo acudirá a la escuela del Espíritu que enseña a comprender a través de la luz de otros”
.


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