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Merry del Val: cardenal, secretario de Estado, músico, deportista, fotógrafo… ¿y beato?
Merry del Val: cardenal, secretario de Estado, músico, deportista, fotógrafo… ¿y beato?

Recuento de la vida del Card. Rafael Merry del Val quien fuera un sacerdote ejemplar cuyo testimonio es significativo para intelectuales y comunicadores.


Fuente: Zenit.org



Este jueves se cumplen 75 años de la muerte del cardenal Rafael Merry del Val (1865-1930), joven secretario de Estado durante el pontificado de Pio X y mentor del Colegio Español de Roma. Zenit ha entrevistado para esta ocasión a su biógrafo Alberto José González Chaves, sacerdote español.

González Chaves observa como este eclesiástico que está en proceso de beatificación «aun teniendo grandes dotes intelectuales, se hacía pequeño con los pequeños».

El libro de Alberto J. González Chaves «Rafael Merry del Val», de la Editorial San Pablo, se presenta este jueves en Roma en el Colegio Español de San José, y después sigue una misa conmemorativa a las 19.00 horas dentro del centenario de la concesión por parte de Pío X del título de «Pontificio» al Colegio, en un documento que lleva la firma de Merry del Val, uno de los principales mentores y primer director espiritual de esta institución.

La investigación biográfica de González Chaves sobre el purpurado es un trabajo divulgativo articulado sobre tres ejes históricos: Merry del Val antes, durante y después de San Pío X.

«Con esta obra pretendo, fundamentalmente, contribuir con toda humildad a desempolvar la fascinante trayectoria humana y espiritual del purpurado español que tanto trabajó y sufrió junto a Pío X, por el bien de la Iglesia y de las almas», revela González a Zenit.

--¿Por qué Rafael Merry del Val es un personaje excepcional?

--González: Por muchos capítulos. Cuando Dios escoge a una persona para una determinada misión, la capacita convenientemente, dándole las gracias suficientes y necesarias para desarrollarla.

Con Rafael Merry del Val llamado a desempeñar un singular papel en la Iglesia, en los albores del siglo XX, Dios «se volcó» asombrosamente. Su porte sumamente distinguido, sin afectación, era el continente de una educación esmerada, un talento clarísimo, una voluntad de trabajo disciplinada y enérgica: era difícil encontrar juntas tantas cualidades en una sola persona.

Cosmopolita, políglota, cultísimo, diplomático, músico, deportista, fotógrafo, profundamente espiritual, incansablemente apostólico, será, ante todo, sacerdote.

León XIII supo captar su valía y le encomendó servicios eminentes a la Santa Sede, nombrándole arzobispo y presidente de la Pontificia Academia de Nobles Eclesiásticos a sus 35 años.

A la muerte del pontífice fue nombrado secretario del Cónclave que eligió Papa (no sin la providencial y oculta intervención de Merry...) al cardenal Giuseppe Sarto, que tomó el nombre de Pío X. Este, a los tres meses, el 9 de noviembre de 1903, le nombró su Secretario de Estado y Cardenal, con sólo 38 años: tal vez el Cardenal Secretario más joven a lo largo de los 350 años de la existencia de esa oficina en la Curia romana.

Sin embargo, su rica personalidad se impuso pronto a la consideración de todos y reveló cuán acertada fue la decisión de San Pío X, a quien sirvió como Secretario de Estado durante los once años de su pontificado: de 1903 a 1914.

Pero, con todo, el rasgo más saliente es su honda espiritualidad sacerdotal. Alma de oración, aunque era de familia noble, vivió con gran sencillez y austeridad, y su amor a los necesitados se manifestó de mil modos. En su testamento dejó todo lo que poseía a la Congregación de «Propaganda Fide» para las misiones más pobres.

Aun teniendo grandes dotes intelectuales, se hacía pequeño con los pequeños. Cada día, después de celebrar la Santa Misa, rezaba sus conocidas, impresionantes, «Letanías de la humildad», en las que suplicaba al Señor «verse libre del deseo de ser estimado, elogiado, ensalzado, preferido, consultado... Libre del temor de ser humillado, despreciado, calumniado, olvidado, ridiculizado, injuriado... Y anhelar que otros sean más estimados, más considerados que yo; que otros crezcan en la opinión del mundo, y yo mengüe; que otros sean empleados en cargos, y se prescinda de mí; que otros sean ensalzados, y yo no; que otros sean preferidos a mí en todo... Que otros sean más santos que yo, con tal que yo lo sea en cuanto puedo...».

Ocupando altísimas dignidades, no dejó de desarrollar, todas las tardes durante cuarenta años, un apostolado oculto y muy fecundo entre las familias menesterosas y los jóvenes del Trastévere, donde había fundado para ellos la «Pía Asociación del Sagrado Corazón de Jesús», una de las agrupaciones juveniles más activas y florecientes de Roma, durante largos años. En su tumba, en la cripta vaticana, quiso que se escribiera solamente su nombre con estas palabras: «Da mihi animas, caetera tolle», - «Dame almas, y quítame lo demás» -«la aspiración de toda mi vida».

--¿Su beatificación sigue en curso, o se detuvo?

--González: El Pontificio Colegio Español de San José de Roma --regido por la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Corazón de Jesús--, en cuya fundación tanto valió la colaboración del joven Monseñor Merry del Val con el Beato Manuel Domingo y Sol, fue comisionado por el entero episcopado español a raíz del Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona en 1952, para encargarse de los trámites en orden a la glorificación del Cardenal.

La súplica del Episcopado a Pío XII, rogándole se dignase incoar el proceso de beatificación, terminaba así: «La fama de su santidad no ha disminuido entre el pueblo ni entre el clero, que le miran como a un sacerdote santo, digno de merecer el honor de los altares.»

Con el Rector del Colegio, don Jaime Flores, como postulador de la Causa, el proceso se abrió el 26 de febrero de 1953, aniversario de la muerte del Siervo de Dios. «L´Osservatore Romano», y los periódicos de España mostraron su admiración por el gran cardenal, cuya proyección española fue trascendental, a pesar de que nunca vivió largas temporadas en España.

Pero este proceso parece hoy haberse dado por vencido ante ciertas predicciones pesimistas. El Colegio Español, actor del proceso, es destino, aún hoy, de cartas de España, Italia, Inglaterra, América, Canadá, Polonia..., pidiendo material sobre Merry.

Por ello, y porque muchos creemos piadosamente que la vida santa del insigne cardenal es un sugerente ejemplo para la Iglesia de hoy y un destello de la gloria de Dios, que se manifiesta en sus santos, el postulador del proceso, don Tomás Amable Díez Olano, no cede al desaliento.

Con la conmemoración de este 75 aniversario, promovido también por el Rector del Colegio Español, don Lope Rubio Parrado, se pretende relanzar el conocimiento de esta gran figura eclesial en orden a una futurible beatificación, cuando la Iglesia Jerárquica así lo determine.

--Fue Secretario de Estado con Pío X. ¿En qué se caracterizó su mandato?

--González: «Trabajaremos juntos y juntos sufriremos por amor a la Iglesia», le dijo el Papa, como una profecía, al nombrarle su secretario de Estado. Sinceramente humilde, de vista amplia y capacidad sintética, devoto incondicional del pontífice, ajeno a todo compromiso y obligación, Merry del Val fue ministro fiel de un Papa santo, en uno de los pontificados más difíciles de la Historia.

Las virtudes de Merry --diría años después el Papa Pío XII-- eran «las de la raza española, cuando ésta conserva prístinas sus esencias de cristiana e intachable caballerosidad.» Ecuánime en sus juicios y deliberaciones, su diplomacia era expresión sincera de su sinceridad, que no admitía ni el simple subterfugio de una frase, tanto en las conversaciones particulares como en los asuntos de Estado.

Una diplomacia tejida de bondadosa longanimidad, de señorial afabilidad, de férrea firmeza, como el honor de la Iglesia y del papado exigían.

Hay que destacar la contribución del cardenal a la solución de los problemas que tuvo que afrontar en aquel período Pío X. Tuvieron q sufrir juntos – se lo había avisado el Papa – trabajando por «la cuestión romana» (Merry tendría un papel nada desdeñable en la preparación del Tratado de Letrán, con el que, en 1929, surgirá el Estado del Vaticano); por la valiente defensa de la libertad en Francia, Alemania, Portugal, Méjico, Rusia...; y por el estallido de la Gran Guerra, que hizo morir de pena a Pío X: «Deseé evitarlo y no pude. Sólo me queda mi dolor...»

Pero no por ello ha de ser visto Merry del Val principalmente como un estadista o un estratega político. Fue inestimable su estrechísima colaboración con el Papa a nivel pastoral, que trajo consigo consecuencias preciosas y trascendentales para fortalecer la vida cristiana y así contrarrestar la difusión del laicismo: la reforma de la música sacra (Merry era un excelente pianista y un finísimo compositor); la invitación a la comunión temprana de los niños, y diaria en todos; el impulso del Catecismo y de los estudios bíblicos, limpios de excrecencias naturalistas y de errores luteranos, con la fundación del Pontificio Instituto Bíblico; la codificación del Derecho Canónico; la reforma de la Curia Romana; la promulgación de leyes para la mejor disciplina del clero, con la reforma de los Seminarios; el fomento de la santidad sacerdotal, con la Exhortación apostólica «Haerent animo»...

Especialmente, Pío X y Merry del Val tuvieron que sufrir juntos librando la batalla contra el modernismo, «cifra de todas las herejías».

--¿Y es vigente hoy un personaje que condenó el modernismo?

--González: Algunos ven en Pío X un arquetipo de intransigencia doctrinal frente a las corrientes intelectuales de su época. Pero como se trata de un santo canonizado, se presenta a su secretario de Estado como verdadero responsable de la política vaticana. Tejida la leyenda negra, Merry sería así un inquisidor implacable.

Propiamente, Merry del Val no condenó nada. Como Secretario de Estado, secundó siempre las iniciativas del Papa y le orientó en las materias en que este solicitaba su valioso parecer.

A la muerte de León XIII la Iglesia vivía con una relativa tranquilidad externa; sin embargo, ciertas corrientes teológicas amenazaban la unidad de la fe católica. Ya León XIII lo había previsto, condenando el Americanismo (reviviscencia de la herejía pelagiana, traducida en un activismo naturalista), orientando los estudios bíblicos con su Encíclica «Providentissimus», y dando nuevo empuje a la Teología de Santo Tomás.

Pero el modernismo no mostró su descaro hasta los días de San Pío X, constituyendo el ambiente agresivo y complejo dentro del cual debió moverse su pontificado. La firmeza del Papa marcó una etapa renovadora.

Los de su pontificado fueron once años de vigorización del espíritu religioso que produjeron una fecunda floración de vida cristiana. La condenación del modernismo con la publicación de la Encíclica «Pascendi» y del Decreto «Lamentabili» orientó a los católicos en un tiempo en que, más que rebrotar las herejías de antaño, se adulteraba la genuina doctrina católica de manera que poco a poco se confundiese con la parte más caduca y viciada del progreso moderno.

En 1906 escribía el cardenal: No me sorprendería nada que, más pronto o más tarde, el Santo Padre deba denunciar las modernas herejías, que están haciendo un daño incalculable, destruyendo la fe a derecha e izquierda... Yo veo el juego... Intentan hacer ver que muchas de sus opiniones pueden clasificarse como la doctrina de Newman, y así se colocan tras este gran nombre para eludir la censura.

Las modernas herejías que denuncia aparecían como moderadas, y sus argumentos especiosos convencían a muchos y lograban condescendencias y hasta complacencias. Merry, con Pío X, desenmascara los peligrosos sofismas que tratan de presentarse como modernas conquistas de la cultura.

Así pues --respondiendo ya directamente a su pregunta-- es un personaje de plena vigencia para la Iglesia de hoy, cuando ciertos sectores progresistas, creyendo haberse liberado de muchos lastres multiseculares de la tradición católica --que estaría plagada de ignorancias, errores y falsificaciones--, y apartándose ostensiblemente del infalible Magisterio del Romano Pontífice, están convencidos de que han llegado a descubrir el verdadero cristianismo.

--¿Qué le dice a la Europa de hoy un personaje como Merry del Val, nacido en Londres, fallecido en Roma y testigo excepcional de la historia convulsa de Europa del primer tercio del siglo XX?

--González: Rafael Merry del Val tenía sangre irlandesa, inglesa, escocesa, holandesa y, sobre todo, española: las mejores cualidades de cinco naciones, a las que habría que sumarles Italia, su segunda patria. Era realmente un hijo de Europa, de la que conocía lenguas y tradiciones culturales.

Todo un hombre de su tiempo. Por ello, en buena medida, Pío X lo nombró su Secretario de Estado. Y ambos --ha escrito recientemente monseñor Justo Mullor, arzobispo español sucesor de Merry como Presidente de la Academia Pontificia Eclesiástica-- «trataron de ser testigos de una Iglesia contemplativa y activa en uno de los momentos más complejos y determinantes de la moderna historia europea: esa en que el racionalismo exacerbado, de una parte, y los intereses nacionalistas, de otra, pusieron las coordenadas que, en el interior de la Iglesia habrían de crear desasosiegos profundos, y en el ancho mundo --sobre todo en Europa-- dos absurdas y sangrientas guerras mundiales y una larga guerra fría.»

Hoy, cuando se nos quiere imponer una Europa sin Dios, despojada de sus raíces cristianas, en que el materialismo de rostro capitalista y el liberalismo agnóstico acaban negando la Ley natural y conducen a increíbles aberraciones morales bajo capa de modernidad; hoy cuando la Iglesia es ninguneada, si no ridiculizada o abiertamente perseguida como la oscura representante de posiciones atávicas, ya superadas; hoy el ejemplo de Merry del Val nos recuerda la frase de Juan Pablo II en su última visita a España: «Se puede ser moderno y profundamente fiel a Jesucristo».

El venerable cardenal, a los 75 años de su muerte, nos repite que la Iglesia católica, contra la que no prevalecerán las puertas del infierno, es aun hoy portadora de la radiante luz de Jesucristo, Salvador del mundo.

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