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Tiempo Ordinario

Nueva instrucción a los apóstoles
Mateo 10, 16-23. Tiempo Ordinario. Estar atentos para escuchar la voz del Espíritu Santo que día a día trata de hablarnos.


Por: Santiago Garza | Fuente: Catholic.net



Del santo Evangelio según san Mateo 10, 16-23

Os envío como ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas. Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. «Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará. Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra. Yo os aseguro: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre.



Reflexión:


Leyendo la historia de algunos santos y mártires se percata que tienen mucho en común. Lo primero que los caracteriza es el profundo amor a Jesucristo. Un amor que se volcó hacia los demás olvidándose muchas veces de sí mismos. Un amor que estuvo fundado en el dolor y en el sacrificio. En definitiva un amor que traspasó las fronteras humanas. Pero esto no es lo único que tienen en común. Además del amor a Dios, otra característica en común es la apertura al Espíritu Santo. El evangelio de hoy dice: “ Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros”

Estos grandes hombres supieron abrir sus oídos interiores para escuchar la voz del Espíritu, fueron dóciles instrumentos de la gracia divina. Así pues, nosotros, los que nos encontramos en nuestras ocupaciones ordinarias del trajín del día, los que trabajamos, o los que estudiamos, debemos estar atentos para escuchar la voz del Espíritu Santo que día a día trata de hablarnos.

Pongámonos a reflexionar si alguna vez lo hemos escuchado. Muchas veces no llegamos a percibir su voz, no porque no nos hable, sino porque nosotros estamos absorbidos por nuestra “música interior” que no nos permite escucharlo. Hagamos pues, una parada en nuestras vidas, y revisemos si nuestra “música” no está demasiado fuerte, como para que el Espíritu Santo pueda ser escuchado.


 

Artículo patrocinado.

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