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Tiempo Ordinario

La verdadera pureza
Marcos 7, 14-23. Tiempo Ordinario. Seguir las huellas de Cristo, aunque el camino esté lleno de abrojos y espinas.


Por: Misael Cisneros | Fuente: Catholic.net




Del santo Evangelio según sanMarcos 7, 14-23

En aquel tiempo Jesús llamó de nuevo a la gente y les dijo: «Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.
Quien tenga oídos para oír, que oiga.
Cuando dejo a la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola. Él les dijo: «¿Conque también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y va a parar al excusado?» - así declaraba puros todos los alimentos -. Y decía: «Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.



Reflexión:


Esta sería una de las predicaciones por las que Cristo se ganó el odio de algunos judíos. Lo que contamina al hombre no son las cosas externas sino la actitud con las que se aceptan en el interior, pues Cristo sabía que no estaban obrando con rectitud. Son claras sus palabras, y a pesar de ello sus apóstoles no le entendían. Les faltaba fe e inteligencia para comprenderle.

A nosotros también se nos presentan a diario muchas de realidades en la vida que tal vez no las juzgamos debidamente sino más bien las criticamos pasional e injustamente. ¿No será que nos falta ver los sucesos menos agradables con un poco más de comprensión y caridad? Nosotros somos los que le damos un colorido a la vida más o menos combinado o por el contrario se lo damos con colores opacos. De la misma forma, al ver lo que pasa a nuestro alrededor hemos de aprender a juzgar con los mismos ojos con los que Cristo juzgaría, pensar de los demás como Cristo pensaría, perdonar como Él perdonó a los que le crucificaron y sobre todo amar como Cristo nos ama a cada uno de nosotros.

Esto significa ser verdadero cristiano. Seguir las huellas de nuestro maestro, aunque el camino esté lleno de abrojos y espinas. A pesar de los sufrimientos caminemos alegres y seguros porque ese es el camino de nuestro maestro.





 

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