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Tiempo Ordinario

El Hijo del hombre
Lucas 6, 1-5. Tiempo Ordinario. Quien actua con los sentimientos de Cristo, jamás se equivoca.


Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net



Del santo Evangelio según san Lucas 6, 1-5

Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban y comían espigas desgranándolas con las manos. Algunos de los fariseos dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito en sábado? Y Jesús les respondió: ¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban? Y les dijo: El Hijo del hombre es señor del sábado.

Oración introductoria


Señor, te alabo y te bendigo por todo lo que has hecho para nosotros. Gracias por tus dones. No permitas que una actitud farisaica me aleje de tu ley del amor. Que esta oración guíe mi día para amarte hoy más que ayer, porque sólo Tú eres digno de ser amado sobre todas las cosas.

Petición
Dios mío, te pido me concedas vivir con fidelidad el primer mandamiento de tu Ley que me manda amarte con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas.

Meditación del Papa Francisco

La Palabra de Jesús va al corazón porque es Palabra de amor, es palabra bella y lleva al amor, nos hace amar. Estos cortan el camino del amor: los ideólogos. Y también el de la belleza. Y se pusieron a discutir ásperamente entre ellos: ‘¿Cómo puede éste darnos de comer su carne?’. ¡Todo un problema de intelecto! Y cuando entra la ideología en la Iglesia, cuando entra la ideología en la inteligencia del Evangelio, no se entiende nada.
Son los que caminan sólo por el camino del deber: es el moralismo de cuantos pretenden realizar del Evangelio sólo lo que entienden con la cabeza. No están en el camino de la conversión, esa conversión a la que nos invita Jesús: Y estos, por el camino del deber, cargan todo sobre las espaldas de los fieles. Los ideólogos falsifican el Evangelio. Toda interpretación ideológica, independientemente de donde venga –de una parte o de otra– es una falsificación del Evangelio» (S.S. Francisco, 19 de abril de 2013).

Reflexión:

Cristo no ha venido a abolir la ley sino a que tenga pleno cumplimiento. Sin embargo podríamos pensar que Cristo aquí, como en otros pasajes evangélicos, se contradice consigo mismo. ¿Cómo puede permitir que sus apóstoles hagan lo que no está permitido por la ley? ¿Estaría en contra de ella? ¿Podría ser que estuviese el mismo Dios en contra de sí mismo?

El sentido de sus palabras, muy por el contrario, es otro. No está aboliendo el cumplimiento del sábado, día de reposo sagrado entre los judíos. Está dándole el sentido exacto. Nos quiere conducir al espíritu de la ley, no a la esclavitud de la ley por la ley.

Sus apóstoles tienen hambre. Seguro que han caminado por duros senderos todos esos días. Han dormido mal, han comido mal, han predicado con el Maestro hasta los límites de las fuerzas humanas. Resulta que es sábado, la gente está en su casa guardando el precepto y ven que hay abundantes espigas. ¡Buen momento para comer! Nadie los está molestando. Comienzan a arrancar espigas y a comerlas. Merecen comer por el bien que han hecho los otros días. Está el Maestro allí y seguro que les miraría con una gran sonrisa. Les miraría con entrañable amor. Y ellos, felices, que bien conocían las tradiciones de sus mayores, no sentirían el peso de la conciencia que les hubiese recriminado hacer algo indebido como arrancar espigas en sábado. Estaban tranquilos porque el Señor del sábado les acompañaba. No estaban, en realidad, quebrantando el precepto. Lo cumplían mejor que los demás. Habían comprendido que no estaba el mal en arrancar o no espigas en el día del Señor, que no era un pecado estar sucios por fuera cuanto por dentro, que no sucedía nada si hacían el bien que no hacer nada. Habían dado gloria a Dios y lo estaban haciendo comiendo ante la mirada de su Señor. Mal harían si desacralizaran el día consagrado a Dios con acciones deshonrosas y pecaminosas, con insultos al hermano, con malos pensamientos, con egoísmos ciegos y estériles.

Los fariseos, al ver lo que hacían, replicaron al Señor lo mal que hacían los discípulos al no guardar el sábado. Cristo les responde citando la acción aparentemente mala de uno de los personajes más importantes de Israel como era el rey David. ¿Había obrado mal éste haciendo lo prohibido por la ley? Obviamente los fariseos se dieron cuenta que no es la rigidez de la ley la que salva sino su espíritu, que no son ciertos actos sino las intenciones profundas del corazón, los actos verdaderamente pecaminosos los que ofenden a Dios como haber pensado mal del otro.

Y como con una suerte de “ley” Cristo enuncia su famosa sentencia: El Hijo del Hombre es Señor del sábado. Quien obra con los sentimientos de Cristo, que son también los sentimientos de la Iglesia, jamás se equivocará, jamás desacralizará el sábado o el día consagrado al Señor, sino que le dará pleno cumplimiento. Y ante sus ojos estaremos tan bien que sea que comamos, sea que durmamos estaremos dando gloria a Dios, santificando su día.

Propósito

Hacer una oración por las personas que critican a la Iglesia, y a sus pastores, para que encuentren el camino a su conversión.






 

Artículo patrocinado.

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