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Vivir juntos sin casarse
Vivir juntos sin casarse

Ella quiere


Por: . | Fuente: ForumLibertas



Los hombres lo ven como sexo sin compromiso, dice un estudio, las mujeres, en cambio, piensan que es como un paso previo a casarse y que se hace por amor. No protege del divorcio ni la ruptura.

"¿Y si vivimos juntos?", dijeron él y ella llenos de ilusión.

Pero en realidad querían decir cosas distintas y estaban pensando en cosas distintas, según un estudio de la Universidad de Michigan que pronto se publicará en la revista Journal of Family Issues.

Ella quiere "vivir juntos" para compartir el amor. Él quiere sexo.

Ella piensa que vivir juntos es un paso previo (intermedio) hacia el matrimonio, que es un paso más hacia el compromiso, la vida adulta. Él, en cambio, piensa que es "una manera conveniente y con poco riesgo" de probar el producto. "Poco riesgo" quiere decir "poco o nulo compromiso", sensación de provisionalidad y salida fácil.

Cuando les preguntas las desventajas de la cohabitación, la mujer lo compara con el matrimonio: "veo menos legitimidad y compromiso que en el matrimonio", admite. El hombre, en cambio, ni piensa en compararlo con el matrimonio: al oír la palabra "desventajas" recuerda cuando vivía sólo y dice: "cohabitar limita mi libertad".

Las diferencias son entre hombres y mujeres

Esos son los principales resultados de una investigación con 96 hombres y 96 mujeres de EEUU, de entre 25 y 30 años, repartidos a partes iguales entre blancos, negros e hispanos. Los investigadores les hicieron entrevistas en profundidad y también grupos de enfoque, y hablaron de las razones que lelvan a las parejas a cohabitar o lo que cambia cuando asumen esta relación.

Las respuestas no variaban mucho por etnia, pero sí por sexo: cada sexo buscaba, temía o esperaba cosas distintas en la cohabitación. "Una brecha por género", en las palabras de Pamela Smock, socióloga del Centro de Estudios de Población de la Universidad de Michigan.

Smock llevó a cabo el estudio con Penélope Huang, del Colegio Hastings de Leyes en la Universidad de California; Wendy Manning de la Universidad estatal Bowling Green, y Clara Bergstrom Lynch, de la Universidad estatal del Este de Connecticut. La investigación tuvo el apoyo de donaciones del Instituto Nacional Eunice Kennedy Shriver de Salud Infantil y Desarrollo Humano.

Los entrevistados dieron tres razones básicas para vivir juntos:

- Poder pasar más tiempo con su pareja (algo que se podría conseguir de otras formas)
- Compartir la carga financiera (una razón economicista)
- "Comprobar" la compatibilidad (algo que nunca se ha demostrado que la cohabitación consiga: al contrario, muchos estudios muestran que los que cohabitan antes de casarse luego se divorcian más).

Las mujeres mencionaron el “amor” como una razón para vivir juntos tres veces más a menudo que los hombres, en tanto que los hombres mencionaron el “sexo” como una razón para vivir juntos cuatro veces más que las mujeres.

A pesar de las distintas expectativas, Smock afirma que los jóvenes ven la cohabitación como algo poco menos que inevitable, como "algo que ha de ocurrir"... una especie de fatalismo acrítico más que una opción consciente y razonada.

Los niños que nacen de la cohabitación, víctimas de separación

En 2010, Pamela J. Smock y la Universidad de Michigan ya estudiaron los efectos de la cohabitación y publicaron en el "Journal of Marriage and Family" (con el título: "Married and Cohabitating parents´ Relationship Stability", abstract aquí ) que una vez se han tenido en cuenta los factores étnico-estadísticos, se descubre que los niños que han nacido en parejas cohabitadoras multiplican por cinco su riesgo de vivir la separación de sus padres, con respecto a los niños nacidos dentro del matrimonio. Los datos de la profesora Smock muestran que en 15 años, el número de mujeres de 35 a 39 años que han cohabitado en EEUU se ha doblado (de un 30 por ciento han pasado a un 61 por ciento).

Cohabitar aumenta el riesgo de divorcio y ruptura

La mitad de las parejas de Estados Unidos que cohabitan se casan a los tres años. Pero haber "probado" a su pareja no les protege de la ruptura en absoluto. Hay estudios estadounidenses sobre ello, pero los canadienses son más claros todavía: un estudio del profesor Zheng Wu, de la Universidad de Victoria, llega a la conclusión de que quienes viven juntos antes del matrimonio se casan más tarde y se divorcian más.

El estudio, publicado en 1999 en la Canadian Review of Sociology and Anthropology, revela que 55% de las parejas canadienses que cohabitan terminan casándose. ¿Salen matrimonios estables de la experiencia? No, al contrario. Aunque se casan con 33-34 años (5 ó 6 años después el que canadiense medio) y se supone que son más adultos y se conocen bien tras años de cohabitar, no resultan más estables. Según el estudio, las mujeres que han convivido con su pareja antes de casarse tienen una probabilidad mayor de divorciarse (80% ) que las que no lo han hecho. En el caso de los hombres, el aumento de probabilidad es de 150%. El riesgo de ruptura es aún mayor si alguno de los miembros de la pareja ha cohabitado antes con otra persona.

Otro trabajo canadiense, a partir de los datos de la Encuesta Social General Canadiense (analizada por Le Bourdais et al., Canadian Social Trends, 56) es muy clara al respecto: el 33% de las mujeres de 20-30 años que se casa directamente vio roto su matrimonio, mientras que si sumamos las que cohabitaron y luego se casaron y las que cohabitaron sin llegar a casarse nos sale un 66% de mujeres que ven rota su relación de compromiso. Una relación de cohabitación sería el doble de arriesgada que una de matrimonio.

Un tercer trabajo canadiense (A. Milan, Canadian Social Trends, 56, año 2000) comprobó que más del 50% de las uniones en cohabitación quedan disueltas antes de 5 años. Los matrimonios que se rompen antes de 5 años son un 30%
 





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