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Tema XV: Conclusiones.

Tema XV: Conclusiones.
Es necesario encomendarnos mucho al Espíritu Santo para que guíe todas nuestras acciones.


Por: P. Juan Antonio Torres, L.C. | Fuente: Catholic.net



No quitar el ojo del objetivo final

En el día al día es importante no perder de vista el objetivo. Es fácil, por ejemplo, que cuando estamos cansados o con mucho trabajo, damos a los hijos todos los permisos que piden "con tal de que me dejen en paz..."

Hay que recordar siempre que todo comunica. Si un día bajamos la guardia, es posible que perdamos la labor de un mes o de un año o más.

Pero del mismo modo, también es necesario ser flexibles y tolerantes con lo que no es esencial. No todo tiene la misma importancia. A veces la intransigencia puede ser contraproducente. No podemos usar la misma regla con un niño de cinco años que con un adolescente de catorce.

Recuerde que con sus palabras y acciones usted está escribiendo un mapa en el alma de sus hijos. ¿Cómo puede verificar si está escribiendo bien ese mapa?

La forma más sencilla para descubrir la efectividad de su "escritura" es observar cómo el hijo toma sus decisiones; decisiones pequeñas, no necesariamente trascendentales.

Por ejemplo, un matrimonio amigo me contó la siguiente historia. Tienen tres hijas pequeñas entre diez y cuatro años. Toda la familia ha estado participando por varios años en misiones de semana santa. Van a los pueblos de alrededor y predican el evangelio casa por casa.

En una ocasión, por el mes de febrero, los papás reunieron a sus hijas y les dijeron: "hoy tenemos una sorpresa: la próxima semana santa iremos a la playa. Vamos a descansar de las misiones..." Para su sorpresa, la noticia no causó ninguna gracia; las niñas comenzaron a ponerse serias y una a una comenzaron a expresar su desacuerdo: "yo voy de misiones con mis amigas"; "yo se lo prometí a Jesús..." Así, que los papás no tuvieron más remedio que ir de misiones como siempre lo habían hecho...

Esa pequeña decisión de las niñas se puede trasportar imaginariamente al futuro. Cuando tengan veinticinco años: ¿cuál será su jerarquía de valores: el descanso personal o ayudar a los demás?

Tener la mirada puesta en el objetivo, ayuda a redimensionar las contrariedades de cada día y a no ahogarse en un vaso de agua.

Saber educar es saber esperar: no desesperarse con los berrinches y rabietas del niño cuando se le niega un permiso o cuando se le castiga o se le da una reprimenda.

Esas rabietas y caprichos son expresión de algo muy positivo: se está provocando un cambio importante en su conducta, en su sistema de valores, en sus actitudes, y eso le duele; ese dolor es saludable porque se está borrando un vicio y escribido una virtud...

Pero nunca seremos perfectos

Finalmente una palabra de aliento: por más esmero que pongamos, nunca podremos decir que hemos sido perfectos. La misión de educar será siempre muy superior a nuestra capacidad. Habrá errores y equivocaciones.

Ante los momentos de desaliento, siempre debemos tener el consuelo de que a pesar, o incluso gracias a nuestras deficiencias, Dios sabrá hacer una obra de arte en nuestros hijos.

Necesitamos dar espacio al Espíritu Santo en nuestra labor educativa. Él es el verdadero Maestro y el Artífice de las obras de arte vivientes que serán nuestros hijos el día de mañana.

Es necesario encomendarnos mucho al Espíritu Santo para que guíe todas nuestras acciones. Por más esfuerzo que pongamos, siempre seremos muy limitados y defectuosos. Necesitamos su ayuda.


(Ejercicio)

Rezar la siguiente oración al inicio del día durante una semana.


"Espíritu Santo,
inspírame lo que debo pensar,
lo que debo decir,
lo que debo callar,
lo que debo escribir,
lo que debo hacer;
cómo debo obrar para buscar el bien de los hombres,
el cumplimiento de mi misión, y el triunfo de tu Reino. Amén".



(Lectura para los hijos)

EL HIJO PRÓDIJO

(Evangelio según san Lucas 15, 11-32)


Un día Jesús dijo: «Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: "Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde." Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino.

«Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros."

Y, levantándose, partió hacia su padre. «Estando él todavía lejos, le vió su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente.

El hijo le dijo: "Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus siervos: "Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado." Y comenzaron la fiesta.

«Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. El le dijo: "Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano." El se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: "Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!"

«Pero él le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado."»



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