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Tema # 6 ¿Cómo combatir a los aliados?
Tema # 6 ¿Cómo combatir a los aliados?
Curso Educar para el perdón


Por: Mayra Novelo de Bardo | Fuente: Francisco Ugarte Corcuera,“Del Resentimiento al Perdón. Una Puerta para la Felicidad”.




Autor: comunidad de Educadores Católicos
Fuente: Mons. Francisco Ugarte Corcuera,“Del Resentimiento al Perdón. Una Puerta para la Felicidad”. 12ª reimpresión, 2008.

Disponible en las estas librerías católicas:

https://www.beityala.com/

http://www.rialp.com



Segunda parte: La persona resentida

Tema 3 ¿Cómo combatir a los Aliados?

En las sesiones anteriores nos hemos avocado a comprender el resentimiento y los aliados del resentimiento. Ahora veremos cómo combatir estos aliados.

Uno de los medios especialmente eficaces para evitar que el veneno del rencor pueda invadir nuestro corazón, porque se oponen frontalmente al egoísmo y a los demás aliados del resentimiento que hemos analizado anteriormente; son la GRATITUD y la GENEROSIDAD.

La gratitud

Es la capacidad de reconocer los dones y beneficios recibidos. Es una virtud implica la aptitud para descubrir todo lo positivo que hay en nuestra vida y verlo como un regalo por el que nos sentimos movidos a dar gracias.

La gratitud es un valor que lo tienen las almas grandes. Agradecer es encontrar motivos para dar gracias. Se encuentran si tenemos los ojos bien abiertos y el corazón dispuesto para descubrir los miles de gestos que nos regalan los demás a todas horas.

La generosidad:

La generosidad es la capacidad de desprendimiento personal de quien sabe prescindir de algo propio para ponerlo al servicio de los demás.

Es generoso quien comparte con los demás su tiempo, sus cualidades, sus bienes pocos o muchos, en fin todo lo que tiene a su disposición. Esta virtud no surge de la noche a la mañana, hay que educarse en ella, hay que formar la conciencia para que responda con prontitud a las necesidades de los otros aunque esto implique pequeños o grandes sacrificios.

Algunos consejos para vivir estas dos virtudes de la gratitud y la generosidad
• Fíjate en las cosas buenas y en lo bueno de las personas.
• Reconoce sinceramente lo bueno que tienes y eres y pon lo que está de tu parte para ser mejor.
• No lamentarte por lo que no tienes o no eres.
• Mira siempre las necesidades de los demás y ante un sufrimiento piensa que hay gente que sufre más
• No exijas otras cosas, sino agradece aquello que se te ofrece.
• Di siempre gracias con una sonrisa y valora el sacrificio de quienes buscan hacerte el bien.
• Comparte las cosas y de buen modo
• De vez en cuando regala algo que sea valioso para ti.
• Comparte una sonrisa aunque te sientas mal
• Escucha con atención lo que los otros tengan que decirte, aunque tenga otras cosas que hacer o realmente no te interese mucho lo que te digan.
• Estar siempre dispuesto a ayudar y hacerlo aunque no te lo pidan
• Haz algo cada día por el bien de los demás.


Si sigues estos consejos desarrollaras las virtudes de la gratitud y la generosidad. Estas virtudes son muy raras en los hombres y son muy propias de los que conocen a Cristo porque él inspira con su ejemplo a vivir así.

¿A caso no te ha sucedido recibir un regalo, un gesto que te ha hecho sentir bien y sentir la necesidad de responder de la misma manera? ¿Y de hacerlo no tanto por educación o para quedar bien, sino por verdadera gratitud, por amor sincero? Seguramente sí.

Si nos sucede a nosotros, te puedes imaginara a Dios, Dios que es amor. Él intercambia siempre cada gesto que hacemos a nuestros semejantes, por dones abundantes. Esta es una experiencia que los cristianos, los católicos experimentamos muy seguido.

¿Has hecho tú la experiencia? ¡Prueba! Pero hazlo no por ver los resultados, sino porque quieres agradecer a Dios. Tal vez digas: “pero si yo no tengo nada que dar, ni mucho menos agradecer”

Al primero a quien tienes que agradecer es a Dios que te ha dado la vida, el espacio para vivir, la naturaleza y no quedando saciado nos entregó a su hijo que es el ejemplo más cercano de generosidad y gratitud. Ya encarnarse, hacerse hombre como nosotros supone un acto infinito de generosidad. “En la cruz, Cristo lo entrega todo, se queda sin nada: sin nada material pues hasta sus vestiduras fueron presas por los soldados, sin la propia vida pues la entrego por todos nosotros pagando así nuestras ofensas al padre y la entrego por amor; se quedo incluso sin su madre, María , a quien nos la entregó como madre nuestra. Nadie más generoso que Cristo, nadie más agradecido como él. Él es para todo católico el modelo de toda virtud y de manera especial de la Generosidad y la gratitud”.

Mira a tu alrededor: cuántos enfermos en los hospitales, tantos ancianos solos, jóvenes que vagan por el mundo sin más consuelo que el alcohol y la droga. Niños abandonados, personas que sufren mucho más que tú. Asume el comportamiento de un buen hombre: Dar y agradecer.

Jesús mismo nos recomendó en el evangelio “Dad y se os dará; una medida buena, apretada, colmada, rebosante, será derramada en vuestro regazo. La medida que con otros usareis, ésa, se usará con vosotros”. Y él mismo nos llenó de dones por los cuales debemos estar agradecidos.

Tal vez te preguntes que tienen que ver la gratitud y la generosidad con el resentimiento. Resulta que el resentimiento y la gratitud, el resentimiento y la generosidad, no pueden coexistir porque el resentimiento bloquea percibir y experimentar la vida como don y el agradecer por este don inmerecido. Mi resentimiento me dice que no se me da lo que merezco. En cambio quien no espera nada, ni exige nada para sí, se alegra por lo que recibe y ordinariamente le parece que es más de lo que merece. Además suele experimentar el deseo de corresponder, aunque tantas veces se considera incapaz de hacerlo de la misma proporción de lo recibido.


Reflexión:

Un joven que pagaba sus estudios trabajando de vendedor ambulante, sentía hambre pero no tenía dinero para comer. Decidió vencer la vergüenza que le daba mendigar y pedir algo de comer en la próxima puerta que tocase. No obstante, perdió su nervio cuando una hermosa joven le abrió la puerta. En lugar de pedir comida pidió solo un vaso de agua.

Ella, sin embargo, se apiadó de él y le trajo un vaso de leche. El se lo tomó tímidamente y preguntó, "¿Cuánto le debo?". - "No me debe nada," respondió ella. "Mi madre nos enseñó a nunca aceptar pago por hacer un favor." "Entonces le agradezco de corazón.", respondió el joven.

Aquel joven llamado Howard Kelly se fue de aquella casa, no solo sintiéndose fortalecido en su cuerpo sino también en su fe en Dios y en la humanidad. Antes del incidente estaba pensando en rendirse y renunciar.

Muchos años más tarde aquella joven, ya mayor, enfermó gravemente. Los doctores locales estaban muy preocupados. Finalmente la enviaron al hospital de una gran ciudad donde practicaba un famoso especialista en aquella enfermedad.
Cuando el médico se dio cuenta del nombre de su nueva paciente y del pueblo de procedencia, inmediatamente se levantó y fue a verla. La reconoció inmediatamente. Volvió a su oficina resuelto a hacer todo lo posible para salvar su vida. La lucha fue larga pero la señora se salvó.

Por su parte la señora andaba muy preocupada sabiendo que el precio de su estancia en el hospital sería astronómico. Sin que ella supiese, el doctor envió órdenes que le pasaran a él la cuenta final. Después de examinarla escribió un mensaje al pie de la cuenta antes de que fuese enviada a la señora.

Ella abrió aquella cuenta con gran temor, pensando que pasaría el resto de sus días pagándola. Finalmente miró y cuál fue su asombro cuando leyó al pie de la lista de enormes cifras:
Todo Pagado por completo con un vaso de leche.
Firmado: Dr. Howard Kelly.

http://www.corazones.org/articulos/anecdotas/vaso_leche.htm



Cuestionario práctico


1. ¿vivo para los demás? ¿busco servir sin esperar nada a cambio?

2. ¿Valoro las capacidades y cualidades personales? ¿Agradezco a Dios el regalo que me ha dado con estas cualidades y capacidades?

3. ¿Doy gracias a Dios por el don de la vida? ¿Considero que estar redimido por Cristo en la cruz y tener abierta la puerta del cielo, es la más grande prueba de amor de Dios?

4. ¿Me auto compadezco por no recibir agradecimiento por mis servicios?

5. ¿Siempre espero que otros se ofrezcan o hagan las cosas por mí? ¿busco servir siempre que puedo, sin condiciones?

6. ¿Enseño a mis hijos a ser agradecidos y generosos con Dios, con los demás, con la familia?




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