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Importancia de las actividades al aire libre para influir en la cultura
Importancia de las actividades al aire libre para influir en la cultura

Fe y Creación


Por: Hugo Río | Fuente: Catholic.net



5- FE Y CREACIÓN

En este capítulo veremos la Creación bajo la luz de la Fe, como virtud infusa.

Más adelante desarrollaremos las actividades al Aire Libre como herramienta para incrementar o iluminar nuestra fe.

Sobre lo que venimos diciendo parecería que no hay mucho que agregar sobre el tema, y es precisamente este al aspecto débil con relación al impacto que podemos hacer los Católicos al momento de compartir nuestra fe con quienes nos rodea. Básicamente tenemos que poner énfasis en aquellas personas que nos suelen acompañar en las actividades y no comparten nuestra fe.

Los cristianos que gracias a Dios hemos tenido la oportunidad de cimentar nuestros conocimientos desde la fe hay muchas cosas que nos parecen normales y no lo san tanto, sobretodo para los que no comparten con nosotros la fe.

Reflexionemos por ejemplo en “la igualdad” de los seres humanos, por favor en un breve momento de reflexión pensemos, en qué somos iguales los seres humanos. La respuesta inmediata es “la dignidad”, dignidad ¿por que?.

Dignidad de “pertenecer” al género humano. Bien es sabido que actualmente se está dejando de hablar de sexos para hablar de géneros, “La expresión género humano designa al conjunto de todos los seres humanos que habitamos el planeta Tierra.(…) Desde hace algunos años, algunos denominan género a lo que parece diferenciar la identidad femenino de masculino; así como las múltiples características que conllevan: comportamiento, actitud, consideración social, etc... (…) autores que ya en el siglo XX diferencian entre sexo y género; asignando lo primero a una realidad biológica y lo segundo a una creación social. El siglo XXI comienza con la inserción de los estudios de género en las líneas de investigación de las universidades americanas y europeas. Algunas publicaciones de principios de siglo XXI, como la obra de Judith Butler (El género en disputa, Deshacer el género), parecen afirmar que el género en sí no existe; cuestionando la obra de Freud, la Teoría queer y el feminismo, se pregunta hasta qué punto las conductas que diferencian a los hombres y mujeres son biológicas o sociales. Las marcadas diferencias de género quedan vinculadas así al machismo, propio de sistemas y civilizaciones que, aunque respetables, más subdesarrolladas.

Por lo tanto el hecho de pertenecer a un género, en las condiciones que lo entiende la modernidad, básicamente nos separa en dos (por ahora), habría que estudiar dentro de estas perspectivas, al menos cual de los dos es más digno, pero quedamos sin argumentos al momento de decir que todos somos iguales por pertenecer al mismo género.

Si decimos que nuestra igualdad en dignidad depende de la inteligencia, nos vemos forzados a desplazar (en dignidad) a los que carecen de ella por motivos de enfermedad. Sin pretender alargar esta discusión vamos hacia lo que potencialmente sería lo máximo, el hombre más inteligente tendría la capacidad de ser un tirano, con argumentos “inteligentes” con los que manejaría la maza, de todos modos, estamos habando de grados de inteligencia, por lo que deja de ser una posibilidad para ser iguales.

No hablemos de raza, color de piel, medidas antropométricas, edad, cultura y muchas mas circunstancias que si damos un paso más y las combinamos entre sí nos lleva a diferencias en grado casi infinito. Y expreso casi, porque la cantidad de hombre en el mundo, existentes, que han pasado y están por pasar, es muy grande en número pero nunca infinito. Estas consideraciones nos llevan a considerar que cada hombre es único más que igual a sus semejantes.

Queridos amigos, lo que mucha gente dice “suelta de cuerpo”, somos todos iguales es patrimonio del Cristianismo, es un concepto judeocristiano, es una verdad “revelada”, es decir el hombre por su sola inteligencia no la puede descubrir, es más como dicen en el campo de mi Patria “no aclaren que oscurece”, mientras más queramos explicar con nuestra inteligencia esta igualdad más se complica el panorama.

¿Que tiene que ver esto con el Aire Libre?, o mejor dicho las actividades al aire libre. He experimentado en forma personal, que cuando el hombre deja la ciudad para internarse en medio de las montañas, paisaje muy propio de mi provincia, o en la inmensidad del mar, o se maravilla ante la perfección de un ser viviente, que puede ser una flor un insecto, etc. Todas aquellas cosas que “descubre” en un tiempo de pausa, y que nos lleva a extasiarnos. Es la oportunidad para abordar este tema, muy unido a este concepto, que usualmente se nos “escapa”.

Existimos y las cosas existen porque Dios nos ama en general a todos por igual, pero a los hombres con predilección.

No pretendo tratar en estos artículos temas filosóficos a fondo ni teológicos, pero suele pasar, que se nos escapan temas o conceptos similares al que tratamos, como son el concepto paz, creación, hermandad, historia, fin principio de la vida etc. Temas que damos por supuestos, y que pueden tener para nuestros amigos o compañeros de aventuras, justamente ribetes de revelación.

El marco que nos ofrece el aire libre, donde generalmente hay tiempo; hay momentos de “corazones abiertos”. Se puede hablar de estos temas, no como una discusión filosófica, ni como una imposición, sino más bien en el plano de la opinión. Estas pueden ser “novedades” para algunos, motivos de reflexión para otros; con sus infinitas consecuencias, aquí si me animo a hablar de infinitas, porque estas consecuencias dependen de dos personas, Dios y un hombre (varón o mujer), que se encuentran en la tranquilidad de un fogón bajo un manto estrellado o en silencio de una cumbre.

Descubrir o redescubrir que nada menos que Dios nos ama tanto que se ha quedado presente en la Eucaristía y que nos ha dado su vida y hasta a su “Madre”.Jn 19-27 “Luego dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre". Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa”.

Son motivos que no solo nos llena de orgullo, como dice el recordado punto 274 de Camino escrito por San Josemaria Escrivá “Padre -me decía aquel muchachote (¿qué habrá sido de él?), buen estudiante de la Central-, pensaba en lo que usted me dijo... que soy hijo de Dios!, y me sorprendí por la calle, "engallado" el cuerpo y soberbio por dentro... hijo de Dios!" Le aconsejé, con segura conciencia, fomentar la "soberbia".

Tenemos grandes oportunidades para dar lugares a muchos temas que casi no se hablan actualmente. Como el caso de esta reflexión nos sobrecoge en la confianza y quizás nos convierte en medio para llevar a nuestros alumnos a descubrir, más allá de una hermosa cascada, un apacible atardecer, una noche estrellada la vivencia plena de una filiación Divina que nos estremece el alma.

Preguntas y comentarios al autor de este artículo



Este tema se puede profundizar mucho más en http://lichugorio.blogspot.com





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