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¿De que le sirve ser campeón del Mundo?
¿De que le sirve ser campeón del Mundo?

¿De que le vale a un hombre ser campeón del mundo, si al final arruina su vida?






Campeón del mundo
Si bien del talento deportivo es un don con el cual Dios dotó al ser humano, también este tiene la libertad para hacer de ese don lo que “le venga en gana”. Unos de los más queridos deportistas colombianos, tal vez el único caso en el que el Estado, la sociedad, y sus vecinos le han cooperado en su infortunio, es el de Pambelé. En el se desenvuelve la historia de un hombre que de frustraciones en frustraciones, derrotas en derrotas, y de alegrías en alegrías, logró la victoria cuando fue descubriendo su talento deportivo, que empleó como instrumento de superación económica. Este pugilista, conquistó el titulo mundial de las 140 libras, versión Asociación Mundial de Boxeo (A.M.B), el 28 de octubre de 19762, en el Gimnasio Nuevo Panamá, ante el panameño Alfonso “Pepermint” Frazer. Pambelé defendió este título en 10 ocasiones durante tres años y ocho meses, hasta que en Julio de 1976 lo perdió ante el Puertorriqueño Wilfredo Benitez.

Dios perdona; la vida pasa la cuenta de cobro
Aún sus admiradores le siguen queriendo y admirando, aún le siguen perdonando sus limitaciones y decadencias, aún Dios le perdonará muchas ofensas; pero lo cierto es que la manera como administró para si mismo el don de la vida y el don del deporte; la vida misma y su propio cuerpo se lo seguirá cobrando. ¡ y de qué manera!

Algún escritor de la costa norte de este país dijo respecto de su admirado personaje: “Entones Pambelé para mí es como el líder de los perdedores. La vida es para perder. Pambelé empezó como perdedor. Logró ese brillo fugaz en el boxeo, fue capaz de destruir el éxito. Destruir el fracaso es sencillo porque todo el mundo quisiera ir hacia la luz. Pambelé destruyó el éxito. Pambelé fue el tipo que más dinero ganó en el deporte colombiano en esa época y lo tuvo todo. Y para destruir el éxito uso todo lo que tuvo en sus manos: el perico, las putas, el bazuco y lo logró”..

Dios como titular de la vida
Sigamos mas bien como ejemplo las propias palabras de un futbolista escocés; Brian Irving propone tengamos para la vida la misma motivación que usamos para la competencia deportiva: “Yo veo en mi vida cristiana como cada parte de toda mi vida y para mí que soy futbolista, veo que el fútbol es el lugar donde el me ha llamado a servirle, y servirle en todo cuanto yo haga. No soy yo, ni es mí club, es Dios a quien yo pongo en primer lugar antes que todo. (citado por Stuart Weir: “What the book says about sport”).

De Pambelé a Maradona

La historia de Pambelé, no es la única tragedia deportiva, de donde podamos leer la frágil condición humana, muchos otros deportistas, evidencian que somos miembros de una precaria familia humana, que aceptamos ser salvados o perdernos del todo, aunque vengamos dotado de talentos dados por Dios. Actualmente seguimos muy de cerca las noticias médicas que produce el también admirado jugador de fútbol argentino Diego Armando Maradona a quien la vida y su propio cuerpo le están pasando cuenta de cobro.

¿De que le vale ser campeón mundial?
A propósito del don malgastado de la vida en estos deportistas, es preciso traer a la meditación aquella expresión de Jesús que pone como condición a sus discípulos: “…..Pues de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida” (Mt 16, 26).














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