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Juan Pablo II y el Deporte (5)
Juan Pablo II y el Deporte (5)

Discursos del Papa Juan Pablo II al mundo del deporte, durante el período de 2001 a 2005.


Por: Juan Pablo II | Fuente: www.vatican.va




DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II AL CARDENAL ANTONIO MARÍA ROUCO VARELA CON MOTIVO DEL ENCUENTRO DE ORACIÓN PARA IMPLORAR DE DIOS LA PAZ Y EL FIN DEL TERRORISMO . Vaticano, 6 de enero de 2001, Solemnidad de la Epifanía del Señor y clausura del Gran Jubileo.


Al Señor Cardenal
ANTONIO MARÍA ROUCO VARELA
Arzobispo de Madrid
Presidente de la Conferencia Episcopal Española
He sabido que los fieles de las diócesis de San Sebastián, Bilbao y Vitoria, así como de la Archidiócesis de Pamplona, presididos por sus Pastores, se van a reunir, junto con otros hombres y mujeres de buena voluntad, el sábado día 13 de enero para un Encuentro de oración en las Campas de San Prudencio (Vitoria) para implorar de Dios la paz y el fin del terrorismo. Con esa ocasión me uno espiritualmente a todos los congregados en ese lugar, elevando mi plegaria por la radical y sincera conversión de todos a la ley santa de Dios, fundamento de la convivencia pacífica y del respeto de los derechos de toda persona, para que así se restablezca el entendimiento justo y concorde entre los hombres, las familias y pueblos en el País Vasco, en Navarra y en toda la querida Nación española, profundamente afectados por la crudeza de la situación presente a causa de la violencia terrorista que se prolonga desde hace años.
La tan deseada paz social es, ante todo, un don del Salvador, cuya venida acabamos de celebrar especialmente en la Navidad: la Navidad del Año del Gran Jubileo de su Encarnación. En esos días, retomando el anuncio de los ángeles en Belén (cf. Lc 2, 14), los creyentes hemos expresado nuestro convencimiento de que sólo Cristo es "nuestra paz" (Ef 2, 14), reafirmando así que Él mismo es un don de paz del Padre a toda la humanidad. Destruyendo el pecado y el odio, y llamando a todos a la concordia y a la fraternidad, vino a unir lo que estaba dividido; por eso, Él es el "principio y el ejemplo de la humanidad renovada, llena de amor fraterno, de sinceridad y de espíritu de paz, a la que todos aspiran" (Ad gentes, 8).
En esta circunstancia deseo alentar a las comunidades cristianas, que con su vida y su acción hacen presente a Jesucristo, a que acrecienten su unión con Él, intensificando la oración confiada y perseverante por la paz. Nuestras súplicas harán de cada uno de nosotros instrumentos de paz, sembradores de concordia, artífices del perdón. En una sociedad marcada por fuertes tensiones, las Iglesias particulares de los territorios que desgraciadamente padecen con tanta frecuencia la herida del terrorismo, tienen la misión de promover la unidad y la reconciliación, rechazando todo tipo de violencia, de terror y de chantaje, pues con esas tristes situaciones es toda la sociedad la que sufre.
Por encima de todo es necesario levantar, una vez más, la voz en favor del valor de la vida, de la seguridad, de la integridad física, de la libertad. En efecto, la vida humana "no puede ser considerada como un objeto del cual disponer arbitrariamente, sino como la realidad más sagrada e intangible que está presente en el escenario del mundo. No puede haber paz cuando falta la defensa de este bien fundamental. No se puede invocar la paz y despreciar la vida" (Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2001, 19).
Las comunidades cristianas han de ser lugares privilegiados de acogida y de compromiso generoso con la paz auténtica, contribuyendo a remover obstáculos, a derribar muros, a favorecer iniciativas y proyectos en colaboración y diálogo social con tantas personas y grupos interesados en alcanzarla. En esta tarea, es menester tener presentes a los jóvenes, a los que hay que educar siempre y en todas partes: en las escuelas y universidades, en los ambientes de trabajo, en el tiempo libre y en el deporte, en la cultura de la paz. Paz dentro y fuera de ellos, paz siempre, paz con todos, paz para todos. A ellos, y a toda la sociedad quiero decir: Indarkeria ukatuz, pake zale, pake eskale ta pake egile izan zaitezte (Rechazando la violencia sed amigos de la paz, orantes por la paz y constructores de la paz).
¡Que Dios misericordioso conceda la paz social al País Vasco, a Navarra, a toda España! ¡Que con un renovado estilo de vida seamos merecedores de ese don divino! Mi bendición y mi afecto acompaña siempre a todos los que se comprometen en esta extraordinaria y necesaria tarea de alcanzar la paz, del cese del terrorismo y la violencia, del fomento del desarrollo y la convivencia en justicia y verdad.
6 de enero de 2001, Solemnidad de la Epifanía del Señor y clausura del Gran Jubileo.

6. Por tanto, los fieles laicos no deben limitar su acción a la comunidad cristiana, permaneciendo, por decirlo así, dentro de las paredes del "templo". Después de recibir la luz de la Palabra y la fuerza de los sacramentos, deben anunciar y testimoniar a Cristo, único Redentor del hombre, en la sociedad de la que forman parte. Como "sal" y "luz", están llamados a actuar proféticamente en la familia y en la escuela, en el ámbito de la cultura y de la comunicación social, en la economía y en el mundo del trabajo, en la política y en el arte, en el campo de la salud y donde hay enfermedad y sufrimiento, en el deporte y en el turismo, al lado de los marginados y entre los numerosos inmigrantes. No puede faltar tampoco su valiente iniciativa en los ámbitos donde se decide el destino de la vida y de la dignidad de la persona, de la familia y de la sociedad misma.

En realidad, si cada miembro de la Iglesia participa en la dimensión secular, los laicos lo hacen con una "modalidad de actuación" que, según el Concilio, es "propia y peculiar" de ellos. Esa modalidad se designa con la expresión "índole secular", como "lugar en que les es dirigida la llamada de Dios" y, por esto, como lugar privilegiado de su misión, según la lógica de la Encarnación y "a la luz del acto creador y redentor de Dios" (Christifideles laici, 15).

MENSAJE DEL PAPA JUAN PABLO II A LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE SICILIA . Al venerado hermano, Cardenal SALVATORE DE GIORGI, Arzobispo de Palermo, Presidente de la Conferencia episcopal siciliana. Vaticano, 19 de marzo de 2001.

7. Los laicos tienen la tarea de llevar el Evangelio a todos los ámbitos de la existencia humana y dar la contribución original y siempre actual de la doctrina social de la Iglesia. Deben preocuparse constantemente por no ceder a la tentación de reducir las comunidades cristianas a agencias sociales y, al mismo tiempo, por rechazar decididamente la tentación, no menos insidiosa, de practicar una espiritualidad intimista, que no está en sintonía con las exigencias de la caridad, con la lógica de la Encarnación y, en definitiva, tampoco con la misma tensión escatológica del cristianismo. En efecto, aunque esta última nos hace conscientes de la acción de la Providencia en la historia, no nos exime de ningún modo del deber de trabajar activamente en el mundo para favorecer en él la afirmación de todo valor auténticamente humano. A este propósito, sigue siendo muy actual la enseñanza del concilio Vaticano II: "El mensaje cristiano no aparta a los hombres de la construcción del mundo ni les impulsa a despreocuparse del bien de sus semejantes, sino que les obliga más a llevar a cabo esto como un deber" (Gaudium et spes, 34).

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LOS JÓVENES DE LA DIÓCESIS DE ROMA, Jueves 5 de abril de 2001


5. "Remar mar adentro" significa rechazar todo lo negativo que se os ofrece, y poner vuestra creatividad y vuestro entusiasmo al servicio de Cristo. He escuchado las iniciativas con las que queréis emprender, junto con toda la comunidad diocesana, un camino de bien arduo pero fecundo. Os animo a trabajar en constante comunicación entre vosotros, con la ayuda de los servicios diocesanos para la pastoral juvenil. Asimismo, pido a los movimientos y a las nuevas comunidades que inserten sus experiencias en la Iglesia local y en las parroquias, para que tenga éxito esta obra misionera que siempre es preciso promover y realizar juntos.

Con la ayuda de los adultos y de los sacerdotes de vuestras comunidades organizad momentos formativos sobre las cuestiones actuales más importantes. Al compartir la vida de vuestros coetáneos en los lugares de estudio, de diversión, de deportes y de cultura, procurad llevarles el anuncio liberador del Evangelio. Reactivad los oratorios, adaptándolos a las exigencias de los tiempos, como puentes entre la Iglesia y la calle, con particular atención a los marginados, a quienes atraviesan momentos de dificultad, y a los que han caído en las redes del extravío y de la delincuencia. En la pastoral de la escuela y de la universidad esforzaos por organizar grupos estudiantiles y laboratorios culturales que sean un punto de referencia para vuestros amigos. No olvidéis tampoco acompañar a quienes viven momentos de dolor y enfermedad: en esas situaciones es más fácil que nunca abrirse al Dios de la vida.

Que en la base de todo esté la relación diaria y sincera con el divino Maestro, es decir, la oración, la escucha de la palabra de Dios y la meditación, la celebración eucarística, la adoración de la Eucaristía y el sacramento de la confesión. A este propósito, me complace la hermosa iniciativa de muchos de vosotros de reuniros, todos los jueves por la noche, para rezar en la iglesia de Santa Inés en Agone, en la plaza Navona. Asimismo, acompañaré espiritualmente a los que participéis en la peregrinación a Tierra Santa, programada para el próximo mes de septiembre. Volver a las fuentes de la fe y a la oración no significa refugiarse en un vago sentimentalismo religioso, sino más bien contemplar el rostro de Cristo, condición indispensable para poder reflejarlo después en la vida.
6. Así pues, os propongo una vez más el arduo pero exaltante ideal evangélico. Amadísimos jóvenes, no tengáis miedo y no os sintáis solos. Junto a vosotros están vuestras familias, vuestros educadores y vuestros sacerdotes. También el Papa está cerca de vosotros. Y, sobre todo, está cerca de vosotros Jesús, el primero en obedecer a la voluntad del Padre y permitir que lo clavaran en la cruz para redimir al mundo. Como recordé en el Mensaje para la Jornada mundial de la juventud, que celebraremos el próximo domingo, el camino de la cruz es la senda que él nos propone.

Jóvenes centinelas de esta alba del tercer milenio, no temáis asumir vuestra responsabilidad misionera, que deriva de vuestro bautismo y de vuestra confirmación. Y si el Señor os llama a servirlo más de cerca en el sacerdocio o en un estado de consagración especial, seguidlo con generosidad.

Os acompaña a cada uno María, la joven Virgen de Nazaret, que dijo "sí" a Dios y dio a Cristo a la humanidad. Que os ayuden vuestros numerosos coetáneos cuya plena fidelidad al Evangelio ha reconocido la Iglesia, proponiéndolos como ejemplos dignos de imitar e intercesores que podéis invocar. Entre estos, quisiera recordar al beato Pier Giorgio Frassati, de cuyo nacimiento precisamente mañana se celebrará el centenario. Tratad de conocerlo. Su existencia de joven "normal" demuestra que se puede ser santos viviendo intensamente la amistad, el estudio, el deporte y el servicio a los pobres, mediante una relación constante con Dios. A él le encomiendo vuestro compromiso misionero.

En cuanto a mí, os acompaño con el afecto y la oración, a la vez que os bendigo de corazón a vosotros, así como a vuestras familias y a los jóvenes de toda la ciudad de Roma.
MENSAJE DEL PAPA JUAN PABLO II A LOS MIEMBROS DEL MOVIMIENTO JUVENIL GUANELIANO. Vaticano, 20 de abril de 2002

Amadísimos jóvenes "guanelianos":

5. Queridos amigos del Movimiento juvenil guaneliano, proseguid con entusiasmo y generosidad el camino que habéis emprendido, en íntima comunión con toda la comunidad eclesial. Esforzaos por ser, en todo ambiente, "sal de la tierra y luz del mundo" (cf. Mt 5, 13-14): en la escuela y en la universidad, en el mundo de trabajo y en el deporte, en la familia y entre los amigos.

DEL SANTO PADRE GIOVANNI PAOLO II AI PARTECIPANTI ALLA XXII EDIZIONE DELLA MARATONA DI PRIMAVERA.
Domenica, 12 maggio 2002

Sono lieto di rivolgere il mio cordiale saluto a tutti voi, convenuti così numerosi per partecipare alla tradizionale "Maratona di primavera", organizzata in occasione delle Giornate di festa delle Scuole cattoliche romane.
Questo appuntamento vede coinvolti alunni, docenti, collaboratori, ex-alunni e sostenitori della Scuola cattolica per un momento di gioia e di fraternità, nel desiderio di dare visibilità ad una realtà sociale ed educativa, impegnata ad attuare un progetto di formazione ispirato al Vangelo.
Esorto le varie Scuole cattoliche di Roma a perseverare con coraggio e dedizione in questa loro importante missione al servizio delle giovani generazioni. Auspico, al tempo stesso, che possano giungere a buon fine i passi già avviati sulla strada della effettiva parità tra la scuola statale e non statale.
Carissimi, auguro a tutti voi una buona corsa lungo le vie di Roma. Che sia una festa di amicizia e di speranza! Con il vostro entusiasmo e la vostra allegria, comunicate a quanti incontrate la gioia del Cristo risorto.
Tutti vi benedico con affetto.
MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II. A LOS PARTICIPANTES EN EL "SUPERCONGRESO DEL GRUPO "GEN 3" , Vaticano, 18 de mayo de 2002

Queridos muchachos y muchachas, Cristo os llama a ser heraldos y testigos de esta espléndida verdad. Os llama a ser apóstoles de su paz. Construid la paz en todas las situaciones en las que os toque vivir diariamente: en vuestra familia, en la escuela, entre vuestros amigos, en el deporte, en el tiempo libre... Estad siempre dispuestos a la escucha, al diálogo y a la comprensión.
Conjugad la valentía y la mansedumbre, la humildad y la tenacidad en el bien. Aprended del Maestro divino que la verdad no se defiende con la violencia, sino con la fuerza de la verdad misma. En la escuela del Evangelio, mantened siempre unidos la justicia y el perdón, porque la paz verdadera es fruto de ambos. Animados por el Espíritu de Jesús, amad a quien no os ama, y quered a quien no os quiere, para que crezca en el mundo el reino de Dios, que "es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo" (Rm 14, 7).Queridos jóvenes, de este modo seréis verdaderamente constructores de unidad y de paz.
DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LA ASOCIACIÓN DEPORTIVA DEL FÚTBOL CLUB REAL MADRID
Lunes 16 de septiembre de 2002

Señor Presidente,
Señoras y Señores:
Me es grato recibir a los miembros de la Junta Directiva, a los técnicos y deportistas del Fútbol Club Real Madrid, así como a sus acompañantes. Agradezco las amables palabras del Señor Presidente de la entidad, que ha querido interpretar vuestros sentimientos.
La Iglesia, como señalé durante el Jubileo de los deportistas (29.X.2000), considera el deporte como un instrumento de educación cuando fomenta elevados ideales humanos y espirituales; cuando forma de manera integral a los jóvenes en valores como la lealtad, la perseverancia, la amistad, la solidaridad y la paz. El deporte, superando la diversidad de culturas e ideologías, es una ocasión idónea de diálogo y entendimiento entre los pueblos, para la construcción de la deseada civilización del amor.
Os invito, pues, a poner en práctica estos valores, basados en la dignidad de la persona humana, frente a posibles intereses que pueden ensombrecer la nobleza del deporte mismo. Que para ello os acompañe siempre la protección maternal de la Virgen de la Almudena, Patrona de Madrid. Al renovaros mi agradecimiento por vuestra visita, os imparto con afecto mi Bendición Apostólica, que hago extensiva a vuestras familias.

JUAN PABLO II, ÁNGELUS, Castelgandolfo, Saludo a las “Sapientiadi”. Domingo 13 de julio de 2003


Al final de esta semana tendrán lugar en Roma dos iniciativas destinadas al mundo universitario: la primera edición de las "Sapientiadi", juegos de deporte y cultura con motivo del séptimo centenario de la Universidad "La Sapienza", y el Simposio sobre "Universidad e Iglesia en Europa". A la espera de reunirme, el sábado próximo, con los participantes, desde ahora les doy una cordial bienvenida.


DISCORSO DI GIOVANNI PAOLO II ALLA DELEGAZIONE DELLA NAZIONALE POLACCA DI CALCIO ED AGLI ATLETI DELLA NAZIONALE ITALIANA DI CALCIO
Martedì, 11 novembre 2003


Saluto con grande cordialità la delegazione della Nazionale Polacca di Calcio e gli atleti della Nazionale Italiana di Calcio, con i loro dirigenti e accompagnatori, in particolare saluto il Presidente della Federazione Italiana Gioco Calcio, il Sig. Franco Carraro. Alla vigilia della partita amichevole in programma domani a Varsavia, voi, carissimi, avete voluto rendermi visita per formularmi i vostri voti augurali. Vi ringrazio per questa gentile iniziativa, e, mentre assicuro per ciascuno un ricordo nella preghiera, tutti di cuore vi benedico.
ALOCUCIÓN DEL PAPA JUAN PABLO II A VARIOS GRUPOS DE PEREGRINOS, Sábado 13 de diciembre de 2003


Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Me alegra mucho encontrarme con vosotros, y os doy a cada uno mi cordial bienvenida.
Saludo, en primer lugar, al presidente, honorable Mario Pescante, y a los miembros de los cuarenta y nueve Comités olímpicos europeos, que participan en la asamblea anual del Comité olímpico internacional. Aprovecho esta ocasión para destacar, una vez más, el valor y la importancia del deporte, especialmente en la formación de la juventud. Europa es la cuna del deporte moderno, que deriva de las competiciones de los antiguos griegos, caracterizadas por el respeto recíproco y la amistad. Que el conocido lema de las Olimpiadas modernas, "Citius, altius, fortius", siga distinguiendo la práctica deportiva de las nuevas generaciones.

2. Saludo, asimismo, al grupo de la Asociación italiana de ópticos y al de la Asociación italiana para la investigación de las enfermedades de los ojos. Que vuestra patrona santa Lucía, cuya fiesta celebramos hoy, os ayude a realizar siempre con gran esmero vuestra actividad en favor de quienes tienen problemas de vista. Se trata de un importante servicio que prestáis a la sociedad.
3. Por último, os dirijo un saludo a vosotros, miembros del grupo "Interdis", y os agradezco esta visita. Os doy las gracias también por el generoso apoyo que dais a las iniciativas de caridad del Papa en favor de los más necesitados.

Queridos hermanos, al acercarse la santa Navidad, os expreso mis mejores deseos a vosotros y a vuestros familiares, y aseguro a cada uno un recuerdo en la oración. Os bendigo de corazón a todos.
DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II AL PRIMER GRUPO DE OBISPOS DE FILIPINAS EN "VISITA AD LIMINA" Jueves 25 de septiembre de 2003

4. Así, de una manera muy realista, la auténtica Iglesia de los pobres contribuye en gran medida a la necesaria transformación de la sociedad, a la renovación social basada en la visión y en los valores del Evangelio. Esta renovación es un compromiso cuyos agentes principales y fundamentales son los fieles laicos. Por eso, es preciso proporcionar a los laicos los instrumentos necesarios para que desempeñen con éxito ese papel. Esto supone una formación completa en la doctrina social de la Iglesia, y un diálogo constante con el clero y los religiosos sobre las cuestiones sociales y culturales. Como pastores y guías espirituales, vuestra atención esmerada a esas tareas contribuirá en gran medida al cumplimiento de la misión "ad gentes" de la Iglesia, porque "en virtud de la gracia y de la llamada del bautismo y de la confirmación, todos los laicos son misioneros; y el campo de su trabajo misionero es el mundo vasto y complejo de la política, de la economía, de la industria, de la educación, de los medios de comunicación, de la ciencia, de la tecnología, de las artes y del deporte" (Ecclesia in Asia, 45).
DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II AL QUINTO GRUPO DE OBISPOS DE FRANCIA EN VISITA "AD LIMINA" Viernes 30 de enero de 2004

3. Para adaptar las estructuras pastorales a las exigencias de la misión, la fisonomía de vuestras diócesis se ha modificado profundamente. La perspectiva de la eclesiología de comunión, que tiende a edificar la Iglesia como casa y escuela de comunión, ha orientado, en parte, vuestros proyectos pastorales. La disminución del número de sacerdotes no es la única causa de las "reorganizaciones" pastorales que resultaban necesarias. Al realizarlas, habéis constatado la reducción numérica de las comunidades. En el aspecto positivo, esto ha permitido a algunos laicos participar activamente en el dinamismo de su comunidad, tomando conciencia de las dimensiones profética, real y sacerdotal de su bautismo. Son numerosos los que han aceptado generosamente comprometerse en la vida parroquial para asumir, bajo la responsabilidad del pastor y respetando el ministerio ordenado, el deber de la evangelización, así como el servicio de la oración y de la caridad. Conozco la valentía apostólica que los anima, al tener que afrontar la indiferencia y el escepticismo del ambiente. Llevadles el saludo afectuoso del Sucesor de Pedro, que los acompaña con su oración diaria.

Velad para que vivan, en una interacción fecunda, tanto sus compromisos de laicos en el seno de las comunidades cristianas como la dimensión profética de su testimonio en el mundo, recordando que es importante "la evangelización de las culturas, la inserción de la fuerza del Evangelio en la familia, el trabajo, los medios de comunicación social, el deporte y el tiempo libre, así como la animación cristiana del orden social y de la vida pública nacional e internacional" (Pastores gregis, 51). Para que este testimonio sea fecundo, es importante que sea sostenido espiritualmente en las parroquias y en las asociaciones de fieles. Por tanto, todos, en la legítima diversidad de las sensibilidades eclesiales, han de esforzarse siempre por participar plenamente en la vida diocesana y parroquial, y por vivir en comunión con el obispo diocesano. Así se realizará la comunión en torno a los sucesores de los Apóstoles, y los obispos tienen la misión de velar por ella. Os pido que llevéis mi más afectuoso saludo a todos los fieles laicos comprometidos en los movimientos y en los servicios eclesiales, sobre todo a los que trabajan en el campo de la solidaridad y en la promoción de la justicia, manifestando con su presencia en los lugares de división de la sociedad la cercanía y el compromiso de la Iglesia con las personas que sufren enfermedad, exclusión, precariedad o soledad. Coordinando cada vez mejor sus actividades, recuerdan sin cesar a las comunidades cristianas la exigencia común de permanecer activamente presentes junto a todos los hombres que sufren (cf. Christifideles laici, 53).

DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II A LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE AUSTRALIA EN VISITA "AD LIMINA" Viernes 26 de marzo de 2004

3. El testimonio de esperanza que da la Iglesia (cf. 1 P 3, 15) es especialmente fuerte cuando se reúne para el culto. La misa dominical, por su especial solemnidad, por la presencia obligatoria de los fieles y por celebrarse en el día en que Cristo venció a la muerte, expresa con gran énfasis la dimensión eclesial propia de la Eucaristía: el misterio de la Iglesia se hace presente de un modo más palpable (cf. Dies Domini, 34). En consecuencia, el domingo es el "día supremo de la fe", "un día indispensable", "el día de la esperanza cristiana".

Todo debilitamiento de la observancia dominical de la santa misa debilita el seguimiento de Cristo y ofusca la luz del testimonio de su presencia en nuestro mundo. Cuando el domingo pierde su significado fundamental y se subordina al concepto secular de "fin de semana", dominado por cosas como el entretenimiento y el deporte, la gente se encierra en un horizonte tan estrecho, que ya no logra ver el cielo (cf. Dies Domini, 4). En vez de sentirse verdaderamente satisfecha o revitalizarse, permanece atrapada en una búsqueda sin sentido de la novedad y privada de la frescura perenne del "agua viva" (Jn 4, 11) de Cristo. Aunque la secularización del día del Señor os causa naturalmente mucha preocupación, os puede consolar la fidelidad del Señor mismo, que sigue invitando a su pueblo con un amor que desafía y llama (cf. Ecclesia in Oceania, 3). A la vez que exhorto a los queridos fieles de Australia -y de modo especial a los jóvenes- a permanecer fieles a la celebración de la misa dominical, hago mías las palabras de la carta a los Hebreos: "Mantengamos firme la confesión de la esperanza (...) sin abandonar vuestra propia asamblea, (...) antes bien, animándoos" (Hb 10, 23-25).

A vosotros, los obispos, os aconsejo que, como moderadores de la liturgia, deis prioridad pastoral a programas catequísticos que instruyan a los fieles sobre el verdadero significado del domingo y los estimulen a observarlo plenamente. Para este fin, os remito a mi carta apostólica Dies Domini. Describe la índole peregrina y escatológica del pueblo de Dios, que puede quedar fácilmente ofuscada hoy por una concepción sociológica superficial de la comunidad. Como memoria de un acontecimiento pasado y celebración de la presencia viva del Señor resucitado en medio de su pueblo, el domingo también mira a la gloria futura de su retorno y a la plenitud de la esperanza y la alegría cristianas.
ADDRESS OF JOHN PAUL II TO MRS DORA BAKOYIANNIS MAYOR OF ATHENS (GREECE)
Saturday, 15 May 2004

I am pleased to receive you, Madam Mayor, and welcome you and the delegation you have brought with you.
I express the hope that the forthcoming celebration of the Olympic Games in your city will be a demonstration of brotherhood for all the participants, and a message of peace and "encounter" for the public of spectators watching all over the world. In this spirit, I invoke upon you and all of the organizers of this event divine Blessings.
Vaticano, 30 de mayo de 2004, Solemnidad de Pentecostés

JOANNES PAULUS Iih5>
El Vaticano crea una nueva Oficina del Deporte

Ciudad del Vaticano.- El Papa Juan Pablo II, en vísperas de las Olimpiadas de Atenas, ha decidido crear una «Oficina del Deporte», que funcionará al interior del Pontificio Consejo de los Laicos. En el comunicado se señala que el deporte «ocupa hoy un papel relevante, tanto a nivel personal, como global».
30 de Mayo de 2004
El Santo Padre ha asignado a la nueva sección «Iglesia y Deporte», entre otras, las siguientes tareas:

• Ser punto de referencia en la Iglesia para las organizaciones deportivas nacionales e internacionales.

• Sensibilizar a las iglesias locales respecto de la atención pastoral de los ambientes deportivos.

• Proponer el estudio de temáticas específicas referidas al deporte.

• Organizar y sostener iniciativas que ayuden a suscitar testimonios de vida cristiana entre los deportistas. (ACI).
DISCURSO DE JUAN PABLO II DURANTE EL ENCUENTRO CON LOS JÓVENES EN EL PALACIO DE DEPORTES DE BERNA Sábado 5 de junio de 2004

3. Pues bien, yo os digo a vosotros, queridos jóvenes: No tengáis miedo de encontraros con Jesús. Más aún, buscadlo en la lectura atenta y disponible de la sagrada Escritura y en la oración personal y comunitaria; buscadlo participando de forma activa en la Eucaristía; buscadlo acudiendo a un sacerdote para el sacramento de la reconciliación; buscadlo en la Iglesia, que se manifiesta a vosotros en los grupos parroquiales, en los movimientos y en las asociaciones; buscadlo en el rostro del hermano que sufre, del necesitado, del extranjero.
Esta búsqueda caracteriza la existencia de muchos jóvenes coetáneos vuestros que se han puesto en camino hacia la Jornada mundial de la juventud, que se celebrará en Colonia en el verano del año próximo. Ya desde ahora os invito cordialmente también a vosotros a esa gran cita de fe y de testimonio.
También yo, como vosotros, tuve veinte años. Me gustaba hacer deporte, esquiar, declamar. Estudiaba y trabajaba. Tenía deseos e inquietudes. En aquellos años, ya lejanos, en tiempos en que mi patria se hallaba herida por la guerra y luego por el régimen totalitario, buscaba dar un sentido a mi vida. Lo encontré siguiendo al Señor Jesús.
(S.S. Juan Pablo II, Discurso a los muchachos de la Acción Católica italiana, jueves 21 de diciembre, 2000)

DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LOS MIEMBROS DEL CENTRO DEPORTIVO ITALIANO EN EL 60 ANIVERSARIO DE SU FUNDACIÓN.
Sábado 26 de junio de 2004

Queridos amigos del Centro deportivo italiano:

1. Bienvenidos a este encuentro, que recuerda el 60° aniversario de vuestra benemérita institución, fundada para evangelizar el mundo del deporte en Italia. Os acojo y saludo a todos con afecto.
Saludo a los prelados presentes y, en primer lugar, al cardenal Camillo Ruini, presidente de la Conferencia episcopal italiana. Le expreso mi agradecimiento, en particular, porque acaba de ilustrarme los programas y los proyectos de vuestra asociación. Saludo a los dirigentes, a los entrenadores, a los árbitros, a los animadores y a los consiliarios. Dirijo un saludo cordial a monseñor Vittorio Peri, consiliario nacional, y al presidente nacional, señor Edio Costantini. Os saludo sobre todo a vosotros, queridos jóvenes atletas, y os agradezco vuestra afectuosa acogida.

2. "Levántate" (Lc 7, 14). Quisiera renovar en esta circunstancia la invitación del Señor al joven de Naím, que fue el tema de mi reciente peregrinación apostólica a Suiza, para reflexionar también con vosotros sobre el sentido de vuestra misión en la Iglesia y en la sociedad.

"Levántate", "escucha", "ponte en camino". Dirigí estas palabras a los jóvenes reunidos en el Palacio de hielo de Berna el pasado día 5 de junio. Os repito esa misma invitación a vosotros, queridos amigos del Centro deportivo italiano. Cada uno de vosotros está llamado a seguir a Cristo y a ser su testigo en el ámbito deportivo.

Sois bien conscientes de esta singular vocación, y, en el proyecto cultural y deportivo de la asociación, afirmáis que no pretendéis que vuestra presencia en la sociedad italiana tenga como objetivo sólo la promoción del deporte, sino que queréis contribuir a responder a los profundos interrogantes que se plantean las nuevas generaciones sobre el sentido de la vida, su orientación y su meta. Así, deseáis fomentar una mentalidad y una cultura deportiva que "haciendo deporte" y no sólo "hablando de deporte" ayude a redescubrir la verdad plena sobre la persona.

3. El Centro deportivo italiano nació hace sesenta años con el fin de proponer a los jóvenes, marcados entonces por las funestas consecuencias de la segunda guerra mundial, la práctica del deporte no sólo como fuente de bienestar físico, sino también como ideal de vida valiente, positivo y optimista, como medio de renovación integral de la persona y de la sociedad. Mi venerado predecesor, el siervo de Dios Pío XII, pidió entonces a vuestra asociación que fuera levadura de cristianismo en los estadios, en los caminos, en los montes, en el mar, dondequiera que se enarbole con honor vuestro estandarte (cf. Discurso al Centro deportivo italiano, 1955).

A lo largo de los años, queridos amigos, habéis tratado de manteneros fieles a esta consigna, presentando el Centro deportivo italiano como escuela de auténtica formación humana. Habéis trabajado para que niños, jóvenes y adultos conocieran, a través de las diversas disciplinas deportivas, la riqueza y la belleza del Evangelio. Les habéis ayudado a encontrar a Jesús y a elegirlo como razón última de su existencia.

4. Esta sigue siendo vuestra misión, y la sociedad continúa necesitándola. El esfuerzo de vuestras sociedades deportivas por promover el deporte como experiencia formativa en las parroquias, en la escuela y en el territorio ayudará a las nuevas generaciones a elegir y cultivar los valores auténticos de la vida: el amor a la verdad y la justicia, el gusto por la belleza y la bondad, la búsqueda de la auténtica libertad y de la paz.

En nuestro tiempo, el sistema del deporte parece a veces condicionado por las lógicas del lucro, del espectáculo, del dopaje, de la combatividad exasperada, y por episodios de violencia. También tenéis la misión de anunciar y testimoniar la fuerza humanizadora del Evangelio con respecto a la práctica del deporte que, si se vive según la visión cristiana, se convierte en "principio generativo" de relaciones humanas profundas y favorece la construcción de un mundo más sereno y solidario.

Especialmente a vosotros, queridos jóvenes atletas, os deseo que practiquéis el deporte con lealtad y sano espíritu agonístico. Así, os ayudará a afrontar la ardua carrera de la vida con valentía y honradez, con alegría y confianza serena en el futuro.

Encomiendo al Señor, por intercesión de María, a toda la familia del Centro deportivo italiano y todos sus proyectos, a la vez que con afecto os bendigo a todos.
JUAN PABLO II, ÁNGELUS. Domingo 8 de agosto de 2004

2. Dentro de algunos días se inaugurará en Atenas la vigésima octava edición de los Juegos olímpicos. Envío mi saludo cordial a las delegaciones oficiales, a los representantes de las naciones, a los atletas y a cuantos van a participar en las Olimpíadas. Deseo saludar también con especial afecto a la ciudad de Atenas, recordando la cordialidad con la que el pueblo griego me acogió con ocasión de mi peregrinación tras las huellas del apóstol san Pablo.

Deseo de corazón que en el mundo, hoy turbado y a veces trastornado por numerosas formas de odio y de violencia, el importante acontecimiento deportivo de los Juegos constituya una ocasión de sereno encuentro y sirva para promover el entendimiento y la paz entre los pueblos.

ENTREGA AL SANTO PADRE DE LA LA "CARTA DE LOS JÓVENES CRISTIANOS DE EUROPA" Jueves 2 de septiembre de 2004

...”Nos comprometemos a acoger a toda persona, a valorar las ocasiones de contacto entre los pueblos que ya tenemos, y a crear nuevas redes de relaciones que ayuden a superar las barreras culturales, desarrollando la comprensión mutua a través de los lenguajes del arte, la música, el deporte, la religión...”
DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LOS OBISPOS DE NUEVA ZELANDA EN VISITA "AD LIMINA" Lunes 13 de septiembre de 2004

3. Todos los fieles de Aotearoa, por su vocación bautismal, están llamados a compartir vuestro testimonio de la esperanza que tiene la Iglesia (cf. 1 P 3, 15). No existe mejor modo de hacerlo que la participación alegre en el culto. La misa dominical, más que cumplimiento de una solemne obligación, es una epifanía gloriosa de la Iglesia en la que el pueblo santo de Dios, participando activa y plenamente en la misma celebración litúrgica (cf. Dies Domini, 34), testimonia "el día de la fe por excelencia", "un día indispensable", "el día de la esperanza cristiana".

El debilitamiento de la observancia de la misa dominical, del que cada uno de vosotros ha hablado con profunda preocupación, disminuye la luz del testimonio de la presencia de Cristo en vuestro país. Cuando el domingo se subordina al concepto popular de "fin de semana" y queda indebidamente dominado por la diversión y el deporte, las personas, en vez de ser verdaderamente santificadas y revitalizadas, quedan atrapadas en una búsqueda incesante, y a menudo sin sentido, de novedad, y no experimentan la frescura del "agua viva" de Cristo (Jn 4, 11). A este respecto, citando las palabras de la carta a los Hebreos, me uno a vosotros para exhortar a los laicos de Nueva Zelanda, y de modo especial a los jóvenes, a que permanezcan fieles a la celebración de la misa dominical: "Mantengamos firme la confesión de la esperanza, (...) sin abandonar vuestra propia asamblea, antes bien, animándonos" (Hb 10, 23-25).

MENSAJE DE JUAN PABLO II PARA LA XXV JORNADA MUNDIAL DEL TURISMO (27 DE SEPTIEMBRE DE 2004)

Deporte y turismo: dos fuerzas vitales para la comprensión mutua,
la cultura y el desarrollo de los países

1. Con motivo de la próxima Jornada Mundial del Turismo, que se celebrará el próximo 27 de septiembre, me es grato dirigirme a todos los que ejercen su labor en este sector de la actividad humana, para ofrecer algunas reflexiones que destaquen los aspectos positivos del turismo. Éste, como ya he indicado en otras ocasiones, contribuye a incrementar la relación entre personas y pueblos, que, cuando es cordial, respetuosa y solidaria, es como una puerta abierta a la paz y la convivencia.
En efecto, muchas de las situaciones de violencia que sufre la humanidad en nuestros tiempos tienen su raíz en la incomprensión, e incluso en el rechazo de los valores y la identidad de las culturas ajenas. Por eso, podrían superarse tantas veces mediante un mejor conocimiento recíproco. En este contexto, pienso también en los millones de emigrantes, que han de participar en la sociedad que los acoge basándose sobre todo en el aprecio y reconocimiento de la identidad de cada persona o grupo.
La Jornada Mundial del Turismo, por tanto, no sólo ofrece de nuevo la oportunidad de afirmar la aportación positiva del turismo a la construcción de un mundo más justo y pacífico, sino también de profundizar en las condiciones concretas en que se gestiona y practica.
A este respecto, la Iglesia no puede dejar de reiterar una vez más el núcleo de su visión del hombre y de la historia. En efecto, el principio supremo que debe regir la convivencia humana es el respeto a la dignidad de cada uno, creado a imagen de Dios y, por tanto, hermano de todos los demás.
Este principio debería guiar toda la actividad política y económica, como ha sido puesto de relieve en la Doctrina Social de la Iglesia, e inspirar también la convivencia cultural y religiosa.
2. Este año el tema de la Jornada es «Deporte y turismo: dos fuerzas vitales para la comprensión mutua, la cultura y el desarrollo de los países». Deporte y turismo hacen referencia ante todo al tiempo libre, en el que se han de fomentar actividades que ayuden al desarrollo físico y espiritual. Pero hay numerosas situaciones en que turismo y deporte se entrelazan de manera específica y se condicionan recíprocamente, como cuando el deporte se convierte precisamente en el motivo determinante para desplazarse tanto dentro del propio país, como por el extranjero.
En efecto, deporte y turismo están estrechamente unidos en los grandes acontecimientos deportivos en los que participan los países de una región o de todo el mundo, como en los Juegos Olímpicos, que no han de renunciar a su alta vocación de avivar ideales de convivencia, comprensión y amistad. Pero también en muchos otros casos menos espectaculares, como en las actividades deportivas de ámbito escolar o de las asociaciones del propio barrio o localidad. En otros casos, practicar un determinado deporte es precisamente lo que motiva programar un viaje o unas vacaciones. Es, pues, un fenómeno que atañe tanto a los deportistas de élite, a sus equipos y seguidores, como a modestos clubes sociales, así come también a muchas familias, jóvenes y niños y, en fin, a cuantos hacen del ejercicio físico uno de los motivos importantes de su viaje.
Al tratarse de una actividad humana que implica a tantas personas, no es de extrañar que, no obstante la nobleza de los objetivos proclamados, se produzcan también en muchos casos abusos y desviaciones. No se puede ignorar, entre otros fenómenos, el mercantilismo exacerbado, la competitividad agresiva, la violencia contra las personas y las cosas, hasta llegar incluso a la degradación del medio ambiente o la ofensa a la identidad cultural de quien acoge.
3. El Apóstol san Pablo proponía a los cristianos de Corinto la imagen del atleta para ilustrar la vida cristiana, como ejemplo de esfuerzo y de constancia (cf 1 Co 9,24-25). En efecto, la práctica correcta del deporte debe estar acompañada por la templanza y la educación a la renuncia; con mucha frecuencia requiere también un buen espíritu de equipo, actitudes de respecto, aprecio de las cualidades de los demás, honestidad en el juego y humildad para reconocer las propias limitaciones.
El deporte, en fin, especialmente en sus formas menos competitivas, invita a una celebración festiva y a la convivencia amistosa.
También el cristiano puede encontrar en el deporte una ayuda para desarrollar las virtudes cardinales – fortaleza, templanza, prudencia y justicia – en la carrera por la corona “que no se marchita”, como escribe san Pablo.
4. Ciertamente, el turismo ha dado un poderoso impulso a la práctica del deporte. Las facilidades que ofrece, e incluso las muchas actividades que promueve o patrocina por iniciativa propia, han incrementado de hecho el número de quienes aprecian el deporte y lo practican en su tiempo libre.
De este modo, se han multiplicado las ocasiones de encuentro entre pueblos y culturas diversas en un clima de buen entendimiento y de armonía.
Por ello, sin dejar de prestar la debida atención a las desviaciones que lamentablemente siguen produciéndose, deseo exhortar encarecidamente y con renovada esperanza a promover «un deporte que tutele los débiles y no excluya a nadie, libere a los jóvenes del riesgo de la apatía y de la indiferencia, y suscite en ellos un sano espíritu de competición; un deporte que sea factor de emancipación de los países más pobres y ayude a eliminar la intolerancia y a construir un mundo más fraterno y solidario; un deporte que contribuya a hacer que se ame la vida y que eduque al sacrificio, al respeto y a la responsabilidad, llevando a una plena valorización de cada uno” (En el Jubileo de los deportistas, 29-10-2000, n 3)
Con estas consideraciones, invito a los que están relacionados con el deporte desde el propio campo del turismo, a los deportistas y a todos los que lo practican en sus viajes, a proseguir sus esfuerzos para alcanzar estos nobles objetivos, a la vez que invoco sobre cada uno de ellos abundantes bendiciones divinas.
Vaticano, 30 de mayo de 2004, Solemnidad de Pentecostés.
DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II A LA ASAMBLEA PLENARIA
DEL CONSEJO PONTIFICIO PARA LOS LAICOS. Jueves 25 de noviembre de 2004

Señores cardenales;venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;amadísimos hermanos y hermanas:

1. Me alegra acogeros con ocasión de la asamblea plenaria del Consejo pontificio para los laicos. Saludo con viva cordialidad al presidente, monseñor Stanislaw Rylko, y le doy las gracias por las palabras que me ha dirigido en vuestro nombre. Saludo a los miembros y a los consultores, a los oficiales y al personal de este dicasterio, que con esmero cumple su misión encaminada a revitalizar en los bautizados, mediante numerosas iniciativas, la conciencia de su identidad y su vocación cristiana.

2. Pienso, por ejemplo, en el encuentro de católicos de Europa del este, organizado el año pasado en Kiev, Ucrania, que puso de relieve el papel que han desempeñado los fieles laicos en la reconstrucción espiritual y material de aquellas naciones después de tantos años de totalitarismo ateo.

Conozco también la solicitud de vuestro Consejo pontificio por la "nueva fase asociativa" de los laicos, que se caracteriza por una colaboración más estrecha entre las diversas asociaciones, comunidades y movimientos. Al respecto, el "Catálogo de las asociaciones internacionales de fieles" es un instrumento valioso.

También me han informado sobre los primeros pasos de la sección "Iglesia y deporte", recientemente instituida, así como de los consoladores frutos del Foro internacional de los jóvenes sobre la pastoral universitaria.

Por otra parte, no puedo por menos de referirme a la intensa preparación de la Jornada mundial de la juventud, que se celebrará en Colonia (Alemania), en agosto de 2005. Esta cita, que tiene por tema: "Hemos venido a adorarlo" (Mt 2, 2), estimula a toda la Iglesia, y especialmente a los jóvenes, a ponerse en camino como los Magos para encontrarse con el Dios hecho hombre por nuestra salvación.

3. Terminado el ciclo de las asambleas dedicadas a los sacramentos de la iniciación cristiana, con esta plenaria comenzáis a reflexionar sobre la parroquia, tema que trataréis durante los próximos años.

La primera etapa, como puede verse en la agenda de trabajo, consiste en ayudar a los fieles laicos a redescubrir el verdadero rostro de la parroquia, "expresión más visible e inmediata" de la Iglesia que "vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas" (Christifideles laici, 26). La parroquia es la célula vital en la que se realiza naturalmente la participación de los laicos en la edificación y en la misión de la Iglesia en el mundo. Es presencia que invita constantemente a todo hombre a confrontarse con el sentido último de la vida; es puerta abierta a todos, para que cada uno pueda acceder al camino de la salvación. En una palabra, la parroquia es el lugar por excelencia del anuncio de Cristo y de la educación en la fe. Precisamente por eso necesita renovarse constantemente para llegar a ser verdadera "comunidad de comunidades", capaz de una acción misionera verdaderamente incisiva.

4. Por último, en este año dedicado a la Eucaristía, no podemos por menos de recordar que la Eucaristía es el corazón de la parroquia, fuente de su misión y presencia que la renueva continuamente. En efecto, la parroquia es "una comunidad de bautizados que expresan su identidad principalmente por la celebración del sacrificio eucarístico" (Ecclesia de Eucharistia, 32).

Amadísimos hermanos y hermanas, deseo de corazón que la reflexión sobre la parroquia, que el Consejo pontificio para los laicos comienza con esta reunión, ayude a todos a comprender aún más que la comunidad parroquial es lugar del encuentro con Cristo y con los hermanos. Os acompaño con la oración, a la vez que os encomiendo a vosotros y a vuestros seres queridos a la protección materna de María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia.

Con estos sentimientos, os bendigo a todos.
ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II AL CLUB DE FÚTBOL DE CRACOVIA. Martes 4 de enero de 2005

Os saludo cordialmente a todos. Me alegra poder acoger a los representantes de un club tan insigne, que ya desde hace cien años se inscribe en el panorama de nuestra ciudad. Sé que durante este siglo ha habido años de esplendor, pero no han faltado tampoco períodos difíciles. Me agrada saber que en los últimos años se han obtenido nuevos éxitos. Deseo que sean cada vez más. El Cracovia debe dar testimonio de que el deporte, formando el carácter y enseñando la nobleza en la competición y la solidaridad en el esfuerzo, puede ser expresión de los más altos valores humanos y sociales. Dios os bendiga.
DISCURSO DEL PAPA JUAN PABLO II A UNA REPRESENTACIÓN DE LA SOCIEDAD ITALIANA FERRARI. Lunes 17 de enero de 2005

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Me alegra acogeros a cada uno de vosotros, representantes de la gran "familia" de la Ferrari que, a lo largo de los años, ha cosechado éxitos y trofeos. En particular, me congratulo con vosotros por la victoria en el reciente campeonato mundial.

Os saludo con afecto a todos: dirigentes, pilotos y técnicos, que habéis venido a entregarme el "modelo" del coche de fórmula uno. Saludo especialmente al presidente Luca de Montezemolo, y le agradezco las palabras que me ha dirigido en vuestro nombre. Dirijo un saludo afectuoso a los oficiales, a los obreros y a los que desde Maranello están unidos a nosotros a través de la televisión. A todos llegue mi más cordial saludo.

2. Queridos amigos de la Ferrari, vuestra presencia me brinda la oportunidad de poner de relieve cuán importante es el deporte también en la sociedad actual. La Iglesia considera la actividad deportiva, practicada con pleno respeto de las reglas, un valioso instrumento educativo, especialmente para las jóvenes generaciones.

Además, la Ferrari, como acaba de destacar vuestro presidente, es una singular "comunidad de hombres" en la que existe un gran entendimiento. Sus notables resultados deportivos e industriales se deben sobre todo al entusiasmo que deriva del espíritu comunitario. Queridos hermanos, seguid cultivando este estilo de trabajo, y que el crecimiento constante en la solidaridad sea uno de vuestros objetivos principales. Así, difundiréis los valores del deporte y contribuiréis, al mismo tiempo, a construir una sociedad más justa y solidaria.

3. Con estos sentimientos, a la vez que os aseguro a vosotros y a vuestras familias un recuerdo particular en la oración, imparto de buen grado a todos mi bendición
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