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Grito victorioso
Grito victorioso

El grito agónico de Jesús en la cruz, y su palabra "Consumatum est", expresa la culminación de la obra creadora del Padre, como una carrera de un atleta.


Fuente: Catholic.net



Más de una hora después del arribo a la meta, que el corredor por Etiopía Mamo Wolde, había alcanzado para su primer puesto en la Maratón de los décimo novenos juegos olímpicos que tuvieron lugar en Ciudad de México del 12 al 27 de octubre de 1968; cuando ya muchos de los espectadores empezaban a retirarse, pues el espectáculo del ingreso de los corredores supuestamente ya se había terminado, entró al estadio el último corredor, John Akhwari, que había venido desde la republica de Tanzania; mas que con un paso de derrota, caminaba lento, pero con la actitud de estar jugándose su propia historia y la de su pueblo.

John venía cojeando, su rostro mostraba unas muecas de dolor, el dolor que le producía cada paso que daba por la pista atlética; a pesar que traía vendada unas de sus rodillas, se le notaba la sangre esparcida por la tela; el publico que permanecía en el estadio se puso de pié y animó al atleta durante los últimos momentos mas dramáticos de esta maratón; entonces, un gran grito de victoria, tal vez mayor que el que le propiciaron al primero que llegó a la meta, se escuchó en ese estadio cuando el maratonista sobrepasó forzosamente la línea de llegada.

Mas tarde cuando los periodistas le preguntaron de porque no se había retirado de la competencia, el corredor por Tanzania contestó: “Mi país no me envió a 7.000 millas para que comenzara una carrera, me envío a 7.000 millas para que la terminara”.

Con esta declaración el atleta expresó estar conciente de haber sido enviado para terminar su misión, y que su tarea la realizaba voluntariamente. Así, de este mismo modo heroico, conciente y obediente, se puede leer la forma como el Evangelio de San Juan nos describe la última palabra de Jesús, “Queda terminado. Y reclinando la cabeza entregó su espíritu”(Juan 19, 30).

La palabra griega empleada por el evangelista, es tetelestai; de ella se han dado algunas traducciones tales como “Queda terminado”. “Consumatum est”, “todo se ha consumado”, “está cumplido”, “Está terminado”, “está completado”, y “está acabado”. Sin embargo los usos de este vocablo en el griego en que Juan escribió su evangelio tienen un espectro mucho más amplio, los cuales veremos a continuación.

Cuando una persona hacía un préstamo, firmaba un documento legal por en el cual constaba el monto adeudado, la forma de pago y la fecha de vencimiento del pago; después que el deudor pagaba la deuda, el acreedor estampaba un sello en el documento legal con una palabra para protocolizar el hecho de la cancelación, esta palabra era, “tetelestai”, al parecer, los deudores ya redimidos, salían gritando con gran satisfacción: tetelestai, tetelestai.

Este vocablo también se usaba en el mundo del arte; después de dar la última pincelada a su obra de arte, el pintor decía, tetelestai. El término en referencia se empleó también en el trato del esclavo; Cuando un amo ordenaba a su esclavo hacer algo y este cumplía a cabalidad lo ordenado, decía a su amo: tetelestai; Con esa palabra se pronunciaba el hecho de completar a cabalidad una obra o una deuda.

En las odas con que Píndaro cantó en homenaje a los campeones de los juegos Olímpicos, Nemeos, Píticos e Istmitos, el poeta empleó el verbo Teleo), del cual proviene la palabra Tetelestai, para resaltar que el atleta alcanzó el premio. Para los competidores griegos llegar a la meta es lo mismo que alcanzar el premio. No sería inusual que cuando los atletas llegando a la meta emitíeran un fuerte y agónico grito de victoria, y poco después, decían algo referente a la culminación de su proeza, con la palabra tetelestai, expresando así su conciencia de estar cumpliendo con la misión para la cual su ciudad les había enviado a Olimpia.

Tetelestai es pues, la última palabra que el Evangelio de Juan trae como expresión de Jesús al final de su vida, el grito es como el de un atleta que al termino de la dura carrera emite una agónica exclamación, con la que por un lado da el parte de victoria y al mismo tiempo anuncia que ha alcanzado la meta que se le había propuesto; significa en el contexto joanico, completar o dar por finalizada la misión para la cual ha sido enviado; es decir; dar por completado la obra de la creación; y que para los efectos del presente y del futuro tiene sus consecuencias. Jesús, el logos en la Cruz, diríamos nosotros, como un atleta, ha cumplido de manera conciente, cabal y exhaustivamente la obra para lo cual el Padre le envió, y entrega su espíritu, dejando la continuidad de la misión cocreadora, en manos de nosotros, y regresa al Padre.

El grito “Todo se ha consumado”, no es propiamente de un débil perdedor, es el de un físicamente débil y espiritualmente victorioso luchador, que ha cumplido con el pago que tenía que pagar por nosotros, el de un Jesús que a lo largo de su maratónica carrera por este mundo tuvo que, como un vigoroso atleta, sortear muchos obstáculos tales como el de evadir el intento de su asesinato por parte del Rey Herodes; el rechazo de su familia, el trato de falso profeta que le hicieron las autoridades religiosas de su país, el abandono y la negación de sus propios discípulos; el arresto, las falsas acusaciones, su crucifixión, y su horrible muerte en la cruz; y sin embargo no cayó en la tentación de retirarse de la carrera.

El contenido victorioso del grito tetelestai de Jesús puede ser también resaltado, teniendo en cuenta la traducción que algunos hacen de unas de sus siete palabras; “Elí, elí, lamá sabactaní” que se encuentra en Mateo 27, 46; Argumentan estos traductores modernos, que el arameo hablado por Jesús era propiamente el sirio caldeo, en el que ELI, ELI, en efecto significa “Dios mío, Dios mío”. La palabra LEMA que proviene de la raíz LMNA significaría: “Para este propósito”, o “Por esta razón”, y SABACHTANI significaría “Reservado”, “Dejado, “Guardado”; “Elegido”. Si nos atenemos a esta versión, podríamos también contemplar a Jesús, como el atleta victorioso.

Si algún periodista deportivo de hoy le preguntara a Jesús, de porqué no accedió a retirarse de su dolorosa carrera (vía crucis), entonces le hubiera contestado concientemente, como el atleta de Dios: Mi padre no me envió a iniciar una carrera sino a terminarla. Lo que en términos de los evangelistas, consiste en, “hacer la voluntad del Padre”.

El deportista cristiano tomará plena conciencia que vino con una misión a esta vida, y voluntariamente la llevara a feliz termino; sabe que no vino aquí a comenzar uno, otro y otro tras otro proyecto sin terminar ninguno, que vino a terminar la misión para la cual ya tiene conciencia, solo así al final entrega victoriosos su espíritu. El deportista cristiano, y también el cristiano como un deportista, aprende de Jesús, que cuando se llega a la meta, se gana una medalla, se obtiene un trofeo, o se corona un campeonato; eso, no es el fin, que el fin se encuentra cuando al final del certamen de la vida, pueda exclamar: tetelestai, entregar su espíritu agonístico al Padre y por lo tanto obtener una corona imperecedera.

Amigos y colegas del mundo del deporte, hemos venido aquí no a comenzar una carrera, vinimos a terminarla; Dios tiene la magnanimidad para premiar, como lo hicieron los espectadores de aquel estadio olímpico, tanto al primero como al último en llegar. Seamos victoriosos.

Comentarios al Prof. Tomás Bolaño: trosime@une.net.co





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