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Comunicando el evangelio a través del deporte
Comunicando el evangelio a través del deporte

San Pablo emplea el lenguaje deportivo para trasmitir el Evangelio.


Por: P. Kevin Lixey |



La comunicación se hace advenediza con el conocimiento del auditorio. Ya sea en Atenas o en Corinto, Pablo estaba muy atento a su público. Tanto así que el Apóstol de las gentes sacó conceptos, imágenes, términos, modos expresivos, datos filosóficos y literarios no sólo de las tradiciones Judaicas, sino también de la cultura helénica para llevar el mensaje de Cristo a todos y esto se extendía hasta el deporte.

Acerca de esto, el Siervo de Dios Juan Pablo II en el Jubileo de los deportistas del 12 de abril de 1984, resaltaba como Pablo “no ha titubeado en incluir el deporte entre los valores humanos, que le servían como puntos de apoyo y de referencia para el diálogo con los hombres de su tiempo.” Así la actitud de Pablo ante el deporte no fue de refutarlo ni eludirlo, antes bien fue de respeto, estima y sobretodo de rescate y elevación. Dice también Juan Palo II en el Jubileo de 1984 : “Pablo ha reconocido, por lo tanto, la fundamental validez del deporte, considerado no sólo como términos de analogía para ilustrar un ideal superior ético o ascético, sino también en su intrínseca realidad de coeficiente para la formación del hombre y de un componente de su cultura y civilidad.”


Desde el tiempo de Pablo hasta hoy no ha cambiado tanto; así el deporte es ahora más difundido en nuestra cultura de hoy como uno de los fenómenos relevantes que, con un lenguaje comprensible para todos, puede comunicar valores muy profundos. Recordamos tres lecciones del Jubileo del deporte de 1984 que Juan Pablo II lanzó a propósito del discurso de Pablo a los Corintios, y que son válidos aún hoy:


El deporte es valoración del cuerpo, esfuerzo por alcanzar las condiciones somáticas óptimas, con notables consecuencias de gratificación sicológica […] “En efecto habéis sido comprados a un alto precio (esto es con la sangre de Cristo redentor). ¡Glorificad así pues a Dios en vuestro cuerpo!” (1 Cor. 6, 19-20).”
El deporte es competencia, lucha para adjudicarse una corona, una copa, un título, un primado. Pero en la Fe cristiana sabemos que vale más la “corona incorruptible”, la “vida eterna”, que se recibe de Dios como donación pero que es también el término de una conquista cotidiana en el ejercicio de la virtud.


Y si hay una imitación verdaderamente importante, siempre según San Pablo, es esta: “Aspirad a carismas más grandes” (1 Cor. 12, 31), lo cual equivale a decir a los dones que mejor sirvan para el crecimiento del reino de Dios en vosotros y en el mundo!


El deporte es alegría de vivir, juego, fiesta, y como tal debe ser valorado y talvez rescatado, hoy, de los excesos del tecnicismo y de la profesionalización, mediante la recuperación de su gratitud, de su capacidad de establecer vínculos de amistad, de favorecer el diálogo y la apertura de los unos ante los otros, como expresión de la riqueza del ser, mucho más válida y apreciable que el tener, y por lo tanto bien por encima de las duras leyes de producción y consumo y de toda otra consideración puramente utilitaria y hedonística de la vida.


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El P. Kevin Lixey es el encargado de la sección Iglesia y deporte, adscrita al Pontificio Consejo para los laicos.
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Traduccción del italiano por Silvio José Bolaño Robledo.





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