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Sensatez, periodismo y Santa Sede
Sensatez, periodismo y Santa Sede
La necesidad de prudencia y buen juicio ante el aluvión periodístico sobre la Santa Sede
Por: Dr. José María Montiu de Nuix, Sacerdote | Fuente: Catholic.net

Recientemente, con ocasión de la renuncia del Santo Padre y de la elección de un nuevo Romano Pontífice, se ha escrito mucho sobre la Santa Sede. Se constata al respecto la aparición de muchos artículos periodísticos entre sí contradictorios. Pero, ciertamente, la verdad no puede estar en todos ellos, pues ésta no puede residir a la vez en la afirmación de una tesis y en su negación. Más aún, se constata la existencia de afirmaciones periodísticas diametralmente opuestas en puntos de capital importancia. Llegando incluso algunas inteligencias a vulnerar el siempre válido sentido común o sensatez. Así pues, frente a tamaña montaña de hojas impresas se precisa de un criterio de discernimiento.
Jaime Balmes en su magnífica obra El Criterio recuerda algo tantas veces comprobado: que no se puede confundir afirmación periodística con objetividad. Más aún, no raramente existe moneda falsa de muchos reconocida.
No es raro que la información periodística, supuestamente objetiva, esté teñida de subjetividad. Ahora bien, operari sequitur esse, la operación sigue al ser. Cada uno actúa según es. Cada persona escribe según su forma mental o mentalidad, según su corazón. No resulta así difícil que quién se ha formado en el falso y trasnochado análisis marxista proyecte sus ideas internas inventando la realidad, suponiendo así grandes luchas de poder en la Santa Sede, pues sólo sabe pensar en función del concepto de lucha de clases. Así su imaginación llegará a forjar una inmensidad de intrigas y un montón de problemas inexistentes. Esto es: cree que todos son de su condición.
Seamos objetivos: ¿Qué institución se ha engalanado con más méritos y con mayor manto de belleza que la Santa Sede por cuanto respecta a la defensa de la vida, a la exaltación de la genuina familia, a la apología de la dignidad y de los derechos del hombre, ? ¿Cómo es que no se le reconozca esta belleza y la estén apedreando? ¡Por qué no se le reconocen sus aciertos? Ciertamente, estos sentimientos contrarios, eventualmente laicistas, no obedecen a cariño a la Santa Madre Iglesia, esposa de Cristo. ¿Por qué ello? ¿Por qué en este mundo traidor cuando una mujer es radiantemente bella no raramente es criticada por sus amigas? ¿Por qué hay tanta envidia podrida? ¿No habrá en algunos de los aludidos artículos también algo de corazón estropeado? Ciertamente, no raramente, los enfoques muy defectuosos nacen de un problema del corazón. Haciendo éste ver las cosas de manera distinta a su auténtico ser. Además, es tanta la limitación humana que nunca llueve a gusto de todos. En todo caso, si alguien no ve el Sol, no es que éste no exista, sino que tiene una venda en los ojos. Pero, se podrá objetar: ¿Es qué también el Sol tiene sus manchas? Claro que sí, pero esto no justifica que cambiéis el Sol por la negra noche.
En definitiva y en resumen, la película de ciencia ficción tan exagerada que se ha llegado a construir sobre la Santa Sede revela además de ausencia de objetividad, poca sensatez.
Dr. José María Montiu de Nuix, Sacerdote
Por: Dr. José María Montiu de Nuix, Sacerdote | Fuente: Catholic.net

Recientemente, con ocasión de la renuncia del Santo Padre y de la elección de un nuevo Romano Pontífice, se ha escrito mucho sobre la Santa Sede. Se constata al respecto la aparición de muchos artículos periodísticos entre sí contradictorios. Pero, ciertamente, la verdad no puede estar en todos ellos, pues ésta no puede residir a la vez en la afirmación de una tesis y en su negación. Más aún, se constata la existencia de afirmaciones periodísticas diametralmente opuestas en puntos de capital importancia. Llegando incluso algunas inteligencias a vulnerar el siempre válido sentido común o sensatez. Así pues, frente a tamaña montaña de hojas impresas se precisa de un criterio de discernimiento.
Jaime Balmes en su magnífica obra El Criterio recuerda algo tantas veces comprobado: que no se puede confundir afirmación periodística con objetividad. Más aún, no raramente existe moneda falsa de muchos reconocida.
No es raro que la información periodística, supuestamente objetiva, esté teñida de subjetividad. Ahora bien, operari sequitur esse, la operación sigue al ser. Cada uno actúa según es. Cada persona escribe según su forma mental o mentalidad, según su corazón. No resulta así difícil que quién se ha formado en el falso y trasnochado análisis marxista proyecte sus ideas internas inventando la realidad, suponiendo así grandes luchas de poder en la Santa Sede, pues sólo sabe pensar en función del concepto de lucha de clases. Así su imaginación llegará a forjar una inmensidad de intrigas y un montón de problemas inexistentes. Esto es: cree que todos son de su condición.
Seamos objetivos: ¿Qué institución se ha engalanado con más méritos y con mayor manto de belleza que la Santa Sede por cuanto respecta a la defensa de la vida, a la exaltación de la genuina familia, a la apología de la dignidad y de los derechos del hombre, ? ¿Cómo es que no se le reconozca esta belleza y la estén apedreando? ¡Por qué no se le reconocen sus aciertos? Ciertamente, estos sentimientos contrarios, eventualmente laicistas, no obedecen a cariño a la Santa Madre Iglesia, esposa de Cristo. ¿Por qué ello? ¿Por qué en este mundo traidor cuando una mujer es radiantemente bella no raramente es criticada por sus amigas? ¿Por qué hay tanta envidia podrida? ¿No habrá en algunos de los aludidos artículos también algo de corazón estropeado? Ciertamente, no raramente, los enfoques muy defectuosos nacen de un problema del corazón. Haciendo éste ver las cosas de manera distinta a su auténtico ser. Además, es tanta la limitación humana que nunca llueve a gusto de todos. En todo caso, si alguien no ve el Sol, no es que éste no exista, sino que tiene una venda en los ojos. Pero, se podrá objetar: ¿Es qué también el Sol tiene sus manchas? Claro que sí, pero esto no justifica que cambiéis el Sol por la negra noche.
En definitiva y en resumen, la película de ciencia ficción tan exagerada que se ha llegado a construir sobre la Santa Sede revela además de ausencia de objetividad, poca sensatez.
Dr. José María Montiu de Nuix, Sacerdote
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