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Diferentes en el mundo emocional
Consejos sabios para aprender a amar al otro sexo (VI)


Por: Mujer Nueva | Fuente: Mujer Nueva



Siempre se ha dicho que uno de los campos en donde mujeres y hombres parecen más distintos es el tema del mundo emocional, ese mundo tan complicado que a unos y a otros les hace sentirse sobre un suelo que se mueve al caminar. De ahí la necesidad de profundizar en ese tema, en el que ya de partida podemos afirmar la enorme diferencia que caracteriza al hombre y al a mujer en este campo, no siendo cosa de educación, como algunos pretenden sino de naturaleza, lo cual es más complicado. A pesar de todo ambos deben hacer un gran esfuerzo por comprender cómo funciona ese mundo del otro para no confundirse, para no chocar inútilmente, para no fracasar en la comunicación.

1. El mundo emocional del hombre.

Generalmente el hombre domina la vida emocional con la razón, lo cual quiere decir que no sea emocionalmente sensible, como a veces se critica, sino que pone la vida emocional al servicio de alguna razón o causa que le permite estirarse y comprimirse en este campo, eso sí causando incomprensión en la mujer.

a. El hombre es naturalmente poco emotivo en sus manifestaciones afectivas. Sin embargo, trata de serlo cuando entiende que hay una razón o causa para ello. Esta actitud lo puede conducir, lógicamente, a dejar de serlo, cuando cree que ya ha cumplido el objetivo que buscaba con su actitud. Ante ello, la mujer se sorprende, porque piensa que ella ha hecho algo mal. No hay de hecho nada raro en la actitud del hombre. Se trata de una vida emocional dirigida desde la razón. Es como si usara algo con los objetivos concretos. Realizado el objetivo, al menos para él, la actitud suya cambia hasta el punto de poder parecer frío.

b. El hombre cree que una vida emocional a flor de piel e intensa en los sentimientos puede afectar su ego bajo formas de debilidad. Por ello, suele vivir una vida emocional más interna y profunda. No le gusta que se le note externamente, lo cual no quiere decir que no viva las emociones fuertemente. Sin embargo, a la mujer frecuentemente esto se le hace como desinterés, falta de ilusión. Ella gritaría las cosas. Pero él no. A veces se derivan acusaciones al hombre porque “no siente”, porque “no le importan las cosas”.

c. El hombre prefiere no compartir su vida emocional, salvo casos especiales. Prefiere meterse a su cueva y allí discutir consigo mismo, llorar sus sufrimientos, rebelarse contra las cosas. Puede venir de un momento complicado, y ese mundo emocional no lo domina, salvo rasgos de mal humos o de distracción, porque sus pensamientos están lejos. La mujer llega a pensar que el hombre sólo se conmueve ante realidades espectaculares. Incluso a veces le acusa, lastimando su ego, de ser terriblemente insensible ante todo. Marca así unas diferencias que harían imposible cualquier comunicación hombre-mujer.

d. El hombre busca en lo que siente soluciones, lo cual provoca que la mente se ponga a trabajar enseguida y el sentimiento mengüe, apareciendo que se emociona muy rápidamente y deja de emocionarse igualmente. El lenguaje de esta experiencia podría sonar a pobreza emocional para la mujer. En este caso, cuando el hombre transforma en emociones lo que siente, lo que está evitando es construirse un sufrimiento inútil. Es otro modo de comportarse ante la vida emocional.

e. Finalmente, el hombre encuentra grandes dificultades para expresar verbalmente su vida emotiva. Mientras usa términos aceptables para hablar de estados anímicos ligados al mundo profesional, cuando éste no funciona, se encuentra con serias dificultades para expresarse. La mujer a veces exige excesivamente en este campo, poniendo en conflicto al hombre que para librarse de alguna forma de esta presión termina por alejarse, lo cual solivianta a la mujer en serio.

2. El mundo emocional en la mujer.

Tal vez se haya hablado mucho del mundo emocional de la mujer hasta exagerarlo, peor lo cierto es que la vida emocional de la mujer trascurre por otros caminos, opuestos a los del hombre, que chocan generalmente de una forma violenta contra éste, quien se convierte injustamente muchas veces en acusador, llegando incluso a considerar a priori casi una enfermedad una riqueza que bien usada potencia grandemente a la mujer. Vamos a tratar de definir un poco ese mundo emotivo de la mujer.

a. En la mujer la vida emotiva adquiere un papel esencial, hasta llegar muchas veces a poner a la razón a su servicio. Se dice que la mujer piensa según se siente y de ahí que su imaginación juegue un papel tan capital alimentada desde la vida emocional. Esto exaspera al hombre que no puede seguir el ritmo de la vida emocional de la mujer. Mientras para el hombre el mundo emotivo sigue una lógica, para la mujer el mundo emotivo es rico, variado y desordenado.

b. En la mujer la vida emotiva se vive fundamentalmente a flor de piel, con lo cual no se pretende por nada afirmar que sus sentimientos no sean profundos. También podríamos decir que los vive en una corriente de agua tan clara que, aún siendo profundos, se ven fácilmente. Por eso, la mujer llora, se emociona, tiene ciertas exclamaciones de admiración o de horror. Esto al hombre le puede parecer como algo infantil y es injusto, porque solamente se trata de otra forma de reaccionar frente a los hechos.

c. En la mujer la vida emotiva se nutre mucho de la imaginación, la cual no siempre es objetiva. Más aún, frecuentemente la imaginación aporta datos a la vida emotiva o falsos o exagerados. Por nada o por cosas poco importantes, la mujer fácilmente se exalta emotivamente, lo cual desconcierta al hombre radicalmente, al no poder constatar una causa objetiva de una alteración emocional. El hombre se despista frecuentemente ante esta realidad y tal vez puede llegar a despreciar a la mujer en su interior o en sus conversaciones con otros hombres.

d. En la mujer la vida emotiva está profundamente afectada por dos realidades generalmente desconocidas para el hombre: los problemas de autoestima y realidades de tipo hormonal. Mientras generalmente goza de un autoestima exagerada, fruto de la vanidad personal, la mujer generalmente convive consigo misma en un clima de no aceptación total o incluso de rechazo. No se puede mantener una ecuanimidad cuando no se vive en paz con uno mismo. A ello se añade ciclos hormonales que complican la vida emotiva de la mujer. En todos estos casos el hombre generalmente no entiende lo que está pasando.

e. Finalmente, la emotividad de la mujer está más expuesta que la del hombre a todos los avatares y enfermedades. Le afectan más las cosas; se derrumban más fácilmente cuando no se cumplen sus expectativas; alimenta su vida emotiva con otras mujeres de una forma excesiva; es más secundaria en sus vivencias pasadas; en definitiva, está más sometida a presiones emotivas. El hombre se desespera ante esta maraña.

3. Hacia una buena comunicación desde la diferencia.

El hecho de ser tan radicalmente distintos en este campo, convierte este mundo de diferencias en uno de los objetivos más importantes de cara a una buena comunicación. Para ello hay que caer en la cuenta de una serie de factores importantes en este campo.

a. Primeramente aceptar la realidad emocional del otro sexo como es sin descalificar enseguida ese mundo desde el propio. El hecho de ser hombre o mujer es simplemente una realidad que no se os consultó y lo mejor para cada quien es ser lo que se es. Quien descalifica un modo de ser del otro sexo, no sólo se empobrece a sí mismo, sino que además está colocando unas barreras que van a hacer imposible el acercamiento y la comunicación. Así el hombre debe respetar ese mundo emocional de la mujer a veces descarnado, fuerte, externo, y la mujer a su vez debe respetar ese mundo emocional del hombre más silencioso, discreto y tal vez hasta frío.

b. En segundo lugar, para la mujer es muy importante, comprender que el hombre también tiene sentimientos. Y de ahí debe ella procurar no impacientar al hombre acusándolo de insensible. Así mismo debe evitar el hurgar con el fin de sacar a flote sus sentimientos. Tampoco debe ridiculizar al hombre ante los demás con frases ofensivas respecto a sus emociones. Debe tratar de comprender que él vive las cosas de otra forma, sabiendo que sin duda el hombre la acompaña desde su mundo emotivo aunque sea torpe tal vez para expresarlo. Se impone, por tanto, un respeto absoluto.

c. En tercer lugar, para el hombre es muy importante el esfuerzo por compartir lo que siente con la mujer, sin miedo y sin prejuicios. No disminuye, sino que enriquece su personalidad, ese aire fresco de los sentimientos vividos con equilibrio y con ecuanimidad. Y de cara a la mujer tampoco debe considerar como defecto su intensa vida emocional. Debe tratar de comprenderla para compartirla o al menos para entenderla, es decir, para hacerse presente o para retirarse según las circunstancias. Si el hombre comprende el mundo de la mujer, sabrá tratarla con delicadeza, con finura, con respeto, acercándola a sí.

d. Y finalmente, ambos deben saber que en este campo que estamos analizando es donde más frecuentemente se distancian los corazones que se sienten incomprendidos y heridos, tanto del hombre como de la mujer. La verdadera comunicación entre hombre y mujer pasa necesariamente por esta capacidad de acercar hacia un medio equilibrado esos mundos masculino y femenino que generalmente se encuentran en los extremos. Ojalá podamos hablar de mujeres que han dominado la vida emotiva poniéndola plenamente al servicio de sus facultades superiores y de hombres que han humanizado su razón enriqueciéndola con la noble aportación de los sentimientos.

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