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Diferentes en las motivaciones
Consejos sabios para aprender a amar al otro sexo (IV)


Por: Mujer Nueva | Fuente: Mujer Nueva



Los hombres se motivan y adquieren fuerza cuando se sienten necesarios y las mujeres se motivan y adquieren fuerza cuando se sienten queridas. Nos encontramos nuevamente ante aspectos enormemente diferenciales entre el hombre y la mujer, fundamentales a la hora de entenderse, comprender y poder comunicarse. Cuántas veces los hombres y las mujeres se extrañan de las reacciones de la otra parte porque ignoran cuáles son las teclas más importantes que pueden hacer reaccionar a la otra persona. Cuando en una relación afectiva el hombre no se siente necesario, poco a poco se vuelve pasivo; por el contrario, cuando se siente necesario, está motivado para todo. Al igual las mujeres, cuando no se sienten queridas, se desaniman y se cuestionan si no está ella dando demasiado. Vamos a profundizar en este tema.

1. Lo que una mujer debe saber.

El hombre al querer al alguien encuentra el camino generalmente para salir de sí mismo, para pensar que vale la pena dar algo de sí mismo, para convencerse de que no vale la pena estar metido dentro de su propio yo. Sin embargo, para el hombre sentirse querido es algo así como sentirse necesitado. Sintiéndose necesitado, el hombre es capaz de todo, sobre todo, de no tener sentimientos egoístas. Más aún, si además comprueba que ha sido capaz de demostrar su valía, su autoestima crece y su estado emocional mejora enormemente. Por el contrario, cuando la mujer no le hace sentir que es necesario, el hombre suele regresar a su estado más común: la indiferencia o el egoísmo. No sentirse necesario es para el hombre una muerte lenta. Muchos problemas en el matrimonio se deben a que al hombre lo hacen sentir necesario en otros ambientes fuera de su hogar. Sentirse necesario, en resumen, es que el hombre sienta que se valora, que se confía en él y que se le acepta. A partir de ahí a mujer tiene un enorme campo de acción para tratar de mantener una relación afectiva en la que el hombre se encuentre a gusto y capaz de intercambiar con la mujer lo que ésta necesita.

2. Lo que el hombre debe saber.

Para una mujer es fundamental sentirse querida y halagada. Cuando está agobiada, preocupada, abrumada, no necesita muchas veces más que compañía. Necesita sentir que no está sola; necesita sentirse ayudada y atendida. La solidaridad, la comprensión, la valoración y la compasión son formas en las que la mujer lee que es querida por el hombre. Mientras para el hombre lo mejor, al estar disgustado, es encontrarse solo; para la mujer es todo lo contrario. Su instinto siempre le enseña a la mujer lo importante que es para ella la proximidad, la intimidad y la comunicación. Cuando la mujer se siente querida y halagada casi nunca se pregunta por lo que ella está dando. No es así cuando las cosas son al revés. Fácilmente se cuestiona si vale la pena lo que está haciendo y lo que está dando y muchas veces deja de hacerlo. Paralelamente al hombre, en muchos matrimonios, las cosas se complican cuando la mujer encuentra un cierto afecto, que no encuentra en su marido, en otras personas compañeras de trabajo o de sociedad.

3. Se han inventado ciertas huidas.

Con frecuencia, la falta de respuesta en temas afectivos o en el modo de comprender la comunicación a través del afecto, lleva a hombres y mujeres, en le matrimonio, a buscar huidas a sus problemas.

a. El hombre busca las huidas o bien buscando realidades en las que se siente necesitado o bien tratando de olvidar su vacío existencial. Así se sabe que para muchos hombres el trabajo, los amigos, el juego, la bebida, la infidelidad, se convierten en caminos falsos de “olvido” de problemas más personales e importantes. De todas formas todo ello le lleva al alejamiento de la mujer y a hacer imposible la comunicación.

b. La mujer busca las huidas o bien en quienes le hagan sentirse querida o bien en realidades sustitutivas. Para muchas mujeres los hijos, la infidelidad afectiva o física, la amistad con otras mujeres, e incluso, la religión, se convierten en caminos de satisfacer las necesidades afectivas que experimenta y que no encuentra en su cónyuge.

c. Ninguno de los dos satisface así sus más profundas necesidades y lo anterior se convierte simplemente en eso, en una huida, en un escape, en una forma de olvidar un problema. Lo grave es que se rompe profundamente la comunicación que brota del corazón.

4. Algunas recomendaciones para ambos.

a. Al hombre hay que recomendarle que esté atento y vigilante a esta necesidad de la mujer de sentirse querida y halagada. Son muchas las formas que a lo largo del día un hombre puede vivir este propósito, haciendo un esfuerzo de conciencia, aunque para él ciertas cosas no sean tan importantes. No se trata de que simule algo, sino de que regale lo que realmente a ella le gusta, como se suele hacer a la hora de comprar algo para alguien: se supone qué le puede gustar o atraer. Desde hacerle sentir desde la lejanía su recuerdo, desde alabarla por un vestido o una comida, desde demostrarle una capacidad de sacrificio ante un deseo suyo, desde respetarle sus gustos o deseos, desde valorarle lo que ella hace en casa, desde cuidar los detalles hasta repetirle muchas veces que la quiere hay un sinfín de modos de vivir esta dimensión de la relación mutua que acerca los corazones y predispone para una buena comunicación.

b. A la mujer hay que pedirle que procure ser consciente de esta necesidad del hombre de sentirse necesitado, valorado, apreciado, reconocido, solicitado. También son variadas las formas concretas en que la mujer puede hacer sentir esto al hombre. De no descalificarlo continuamente en temas que ella sabe que no son su campo, desde pedirle ayuda en otras muchas cosas, desde reconocer su valía y capacidad, desde hacerle sentir que es muy necesaria su presencia, desde echarle de menos hasta decírselo con palabras, hay muchas formas de hacerle sentir esto. Así abre el corazón del hombre y facilita esos otros momentos que se requieren para hablar más profundamente desde el corazón.

5. Conclusión.

Muchas veces el amor humano o se lo espiritualiza tanto o se lo materializa tanto que desgraciadamente se le priva de una necesidad vital, que es la dimensión “emocional”, esto que hemos recorrido de alguna forma y no completamente en este capítulo. Muchos escritores ven en la falta de sentimiento en las relaciones hombre-mujer, en el matrimonio y en otras situaciones de la vida, una de las causas más frecuentes de distanciamiento y de resentimiento. Es como afirmar que entre hombre y mujer no hay nada en común, ni siquiera en el mundo de los intereses y necesidades personales. Por ello es tan importante tomar conciencia mutua de estas necesidades profundas de ambos que, sin duda, ayudarán a mejorar continuamente la calidad de la comunicación.
 

Artículo patrocinado.

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